Una gavilla de ladrones
El Día.
9 de mayo de 1904.
El comisario de la sección 2ª señor Luciano
Fernández, acaba de realizar una pesquisa que bien podemos calificar de
importante por más que no entienda así la reconocida modestia de aquel estimable
y laborioso funcionario.
He aquí los detalles de ese hábil trabajo
policial.
Estaba requerida en la orden del día Nº
4416, el menor de 14 años Vicente Luciardo o Lichardi, (a) Cacerola por haber solicitado su captura el Fiscal de Menores
doctor Victoriano M. Martínez, y anteayer el sargento Sotero Diez procedió a su
detención conduciéndolo a la comisaría.
El señor Fernández que tenía conocimiento
de que Luciardo o Lichardi había andado gastando dinero con otros menores,
decidió interrogarle y aun cuando el muchacho se mostró impenetrable en los
primeros momentos acabó por confesar que el dinero procedía de varios robos que
había efectuado en compañía de sus camaradas Juan Enrique González, (a) Ladroncito, Juan Pérez, (a) Burrro blanco, Francisco Orio (a) Nemo y Francisco Rodríguez (a) Cuestita quienes habían formado una
verdadera gavilla con el honesto
propósito de desvalijar a medio mundo.
En virtud de las declaraciones de Luciardi,
el comisario de la 2ª ordenó el arresto de los compinches, que tenían establecido
un cuartel general de operaciones en una casa situada en la calle Guaraní núm.
86, que ocupaba el individuo Modesto Pérez.
Interrogado por el señor Fernández,
confirmando no sin antes tratar de salvar su responsabilidad, las
manifestaciones de Luciardo y de los datos suministrados a aquel funcionario se
vino en conocimiento de que habrán realizado los siguientes robos:
Doscientos pesos en el almacén y tienda de
los señores Salvo hermanos, situada en el Paso del Molino; 30 pesos en la
fábrica de bicicletas de don Baltasar Volonté, calle Agraciada entre Nueva York
y Miguelete; un reloj de oro de tres tapas, a doña Concepción Aguarse,
establecida con lechería en la calle Andes núm. 130; un reloj de plata a don
Rodolfo Bermúdez, domiciliado en la Avenida La Paz 95; dos relojes de plata,
una cadena de doublé y un medallón de plata a don Juan Bassi, domiciliado en la
Avenida Rondeau esquina Nicaragua, un reloj metal a don Luciano Lopane,
establecido con tambo en la Avenida La Paz núm. 101; una bandurria en el 3º de
GG. NN. y otros objetos que no recuerdan donde lo han sustraído.
La mayor parte de las alhajas robadas
fueron halladas en la casa del ya mencionado, Modesto Pérez y en cuanto al
dinero, dicen los de la gavilla que lo han gastado.
Como se ve la pesquisa realizada sin bomba
y platillo por el comisario de la 2ª, tiene verdadera importancia, pues merced
a ella la población se encuentra libre de una gavilla de ladrones, que sabe
Dios hasta donde hubiera llegado sino le cortan las alas.