sábado, 26 de octubre de 2019

Julio César Grauert


Capítulo 16

Los dolores que quedan son las libertades que faltan[1]

  
Si se cree que el acto de Baltasar Brum ponía fin a la dictadura de Terra, se está muy equivocado. Está seguirá teniendo hechos sangrientos en su haber.
En esta oportunidad se suma el cuarto recordatorio de un nuevo aniversario del fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, por tal motivo se realizaron algunos homenajes –claro con previa autorización del régimen terrista-, se realizaron una serie de actos en locales cerrados que contaban con autorización policial.  Dentro de esos límites permitidos por la autoridad, Grauert logró dicho permiso,  para celebrar un acto público en el Teatro Escudero, de la ciudad de Minas, el 23 de octubre de 1933.

Oradores bajo la lupa

El lunes 23 se realiza el acto en el Teatro Escudero de la ciudad de Minas, los oradores fuero: María Inés Navarra, Federico Capurro Calamet, Julio César Grauert, Pablo Minelli, Juan F. Guichón, Carlos Massiotti Silveira y Aldo Ciasullo.

La concurrencia fue masiva, quedo chica la sala por ello se colocaron afuera parlantes para que la concurrencia no perdiera la oratoria, que sin duda la misma traspaso al objetivo del mismo convirtiéndose en un mitin antidictatorial, reclamando el retorno de las libertades públicas.
Al finalizar la reunión, se hicieron cada vez más fuertes los rumores de que se había librado orden de arresto  para Grauert, Minelli y Guichón. La medida fue adoptada por el Jefe de Policía de Lavalleja, Sr. Bonino, dado que los discursos pronunciados por estos incitaban a la violencia contra el gobierno, siendo una clara violación de las disposiciones vigentes.
Una vez finalizado el acto, los oradores se reúnen en un café de las inmediaciones los cuales fueron acompañados por una numerosa concurrencia de los presentes. En ese lugar fue donde se le comunicó por parte de la policía que deberían presentarse como detenidos en la comisaría local.
La respuesta de Minelli fue clara y contundente, que no iban a acatar esa orden de arresto. Ante esta situación la policía de Minas desiste de arrestarlos allí, dado que llevar adelante tal medida implicaba la utilización el uso de la fuerza, pudiendo deparar consecuencias peores con una concurrencia que tomaría parte por los detenidos.

Las comunicaciones

Ante esta postura el comisario pidió instrucciones por telegrama al jefe de Policía de Montevideo, Alfredo Baldomir, quien manifiesta: “Trate de prenderlos sin recurrir a medios violentos que puedan ocasionar desgracias personales. Sugiérole idea inutilizarles autos para evitar puedan emprender viaje. Salúdalo, Coronel Baldomir”.[2] La solución estaba en que le permitieran regresar a Montevideo, Baldomir aceptó esa solución. Veamos la comunicación telegráfica:
Recibido de Minas el día 24 de octubre de 1933 las 2 y 45.
A la Presidencia de la República. Montevideo.
Oradores Guichón, Minelli y Grauert encuéntrase detenidos en las afueras de la ciudad rodeados por varios autos con familias quienes manifestaran no acatan órdenes de las autoridades expresando que están dispuestos a hacerse matar. Por tal causa espero me haga saber si proceso, no obstante la actitud de dichos señores a la detención de los mismos. Firma Jefe de Lavalleja.

Montevideo 24 de octubre de 1933.
Confidencial, directo, urgente.
Referente a su confidencial número 1 trate de prenderlos sin recurrir a medios violentos puedan ocasionar desgracias personales. Surgiérole idea inutilizarles autos para evitar puedan emprender viaje. Saludos (Firma) Coronel Baldomir”. (Recibido en Minas el día 24 de octubre de 1933 a las 4 y 25).

A coronel Baldomir. Montevideo.
Para evitar desgracias propuse se comprometieran a constituirse en prisión al llegar a esa una vez dejadas familias. No aceptaron proposición continuando primitiva actividad. Diga si sería posible dejarlos seguir hasta esa y proceder ahí a detención pudiendo escoltarlos policía. Salúdalo. (Firma Jefe de Policía de Lavalleja).

Montevideo, octubre 24 de 1933.
A Jefes de Policía de Lavalleja, Minas. Confidencial.
Puede proceder de acuerdo a su confidencial número 2. Salúdalo. (Firma) Coronel Baldomir. (Recibido en Minas, el día 24 de octubre de 1933 a las 5 y 25).

A coronel Baldomir. Montevideo.
Conforme instrucciones confidencial número 2 siguieron ésta custodiados por el oficial 1º y comisario 1ª sección en tres o cuatros autos. Ruego señor Jefe al entrar ese departamento prestarle concurso con policía a sus órdenes. Salúdalo (Firma) Jefe de Policía de Lavalleja”.[3]

Siguiendo las órdenes de los superiores, se decidió escoltar la caravana de vehículos que partió de regreso a Montevideo con los oradores y los acompañantes residentes en la capital. La misma estaba constituida por cinco vehículos entre los cuales estaba el coche de Minelli donde viajaba éste junto a Grauert y Guichón.
No fue fácil el regreso, se los detuvo en varios destacamentos, ya nomás al salir de la ciudad de Minas, en Solís, ahí el comisario local pretendió realizar el arresto. Después de idas y venidas, de acalorados diálogos, se llegó a manejar la posibilidad que se entregaran a las autoridades una vez que llegaran a Montevideo.
Continuaron el viaje rumbo a la capital. Ni las autoridades de Lavalleja, ni las de Montevideo, parece ser que no querían ser ellos los responsables de proceder a la prensión de los legisladores.

Tensión

La situación se complica cuando llegan a las inmediaciones de Pando.
A la altura de la ruta 8, en el kilómetro 34 se los intercepta por intermedio de un destacamento que comandaban los comisarios Cavassa, Berrueta y Gilomén, bastante desproporcionado; unos treinta policías de Investigaciones, armados como para la guerra, un vehículo policial se le atraviesa delante del automóvil de Minelli de forma inmediata proceden a cortarles los neumáticos. Al lado fue franqueado por dos motocicletas blindadas equipadas con elementos para el lanzamiento de gases lacrimógenos.
Una nueva negociación con ribetes de dramatismo entre los integrantes de la comitiva que acompañaba a los parlamentarios y la policía, los tres legisladores se mantenían firmemente en su posición. No se entregarían sin una orden judicial; hay versiones que dicen que manifestaron  que no los tomarían con vida.
La negativa se basaba en que no había ninguna orden de juez para su arresto. “Esperamos alrededor de una hora –recordaba Minelli–. Transcurrido ese tiempo volvió Cavassa acompañado por dos motocicletas blindadas y armadas de unos aparatos larga gases. Se colocaron las motocicletas una del lado derecho del auto y la otra por la parte de atrás, a una distancia relativamente corta. Los policías, armados a Mauser y revólver, nos apuntaban. Llamé al comisario Cavassa y le pregunté lo que haría. Me contestó que procedería a lanzarnos gases. La espera fue probablemente de poco más de un minuto. Yo sentí un conjunto de estampidos simultáneos (y) mi desvanecimiento fue inmediato y total. Afirmo bajo mi palabra de honor que no disparé un solo tiro ni siquiera al aire. Y afirmo también que tampoco lo hicieron Grauert y Guichón”.[4]

Se precipitan los acontecimientos

Después de ese dialogo Guichón recordó; “Cuando nos dieron la voz de presos, nosotros, apuntándolos con nuestras armas, les dijimos que nunca nos entregaríamos. En ningún momento pensamos en tirar contra gente inocente. Le reitero que estábamos dispuestos a ir al sacrificio pero no a provocar al sacrificio de nadie. Cuando se acercó Cavassa tuvimos un cambio de palabras bastante fuerte. Luego él fue sin duda a pedir instrucciones a Montevideo por teléfono. Al volver reunió a su gente detrás del auto y sin mediar intimación nos balearon a mansalva”.[5]
A esa altura se encontraban los actores a las 7 de la mañana del martes 24, se producen las acciones de los efectivos, gases lacrimógenos y disparos de armas largas.
Las consecuencias son prácticamente inmediatas para los civiles, Minelli se debió arrojar del vehículo, quedando desmayado en la cuneta.
Por su parte Guichón y Grauert fueron alcanzados por las balas, siendo el resultado para el primero, el brazo derecho con fractura de hueso, en la cadera y en el pie derecho; el segundo, en las piernas y en el pie. Aclaremos que no se utilizaron las balas convencionales, sino que fueron balas explosivas que producían enormes desgarros al penetrar en el cuerpo.
Otra vez entramos en el terreno de versiones diferentes y hasta contradictorias. Para la  versión de la policía, en principio estableció que se limitaron al empleo de gases lacrimógenos y que los balazos provinieron de los propios ocupantes del vehículo, las heridas sin duda  partieron de la confusión, provocándose ellos mismos las heridas.
Desde  Montevideo el Jefe de Policía Cnel. Baldomir establece la versión oficial: se establece quien inicia los disparos es Minelli contra Cavassa, motivando la respuesta de la policía, dejando en claro que los disparos fueron apuntando hacia abajo, es decir la chapa del auto.
Por su parte los parlamentarios tenían Colt calibre 32 habrían disparado 12 proyectiles contra la policía. También le paso factura a la policía de Minas,  acusándolos de haber actuado con mucha tolerancia.
Sin duda la versión no es nada convincente, la oposición la cuestiono en base a: los vidrios del coche se encontraban cerrados y se constató que solo había sólo dos perforaciones, entonces la pregunta que se hacen inmediatamente  ¿cómo era posible que se dispararan 12 tiros desde dentro del coche? Por otra parte, hubo otra rotura en los cristales producida por las bombas de gases lacrimógenos.



Algunos días después de todos estos acontecimientos el Jefe de Policía de Montevideo el Cnel. Alfredo Baldomir, fue entrevistado por el diario La Mañana –recordemos que pertenecía a la fracción colorada riverista alineada al terrismo-; “El doctor Minelli hizo un disparo contra Cavassa y al éste arrojarse a una cuneta para evitar el impacto, los agentes policiales creyendo que había sido alcanzado por un proyectil, abrieron fuego contra el automóvil, el que fue contestado por los viajeros que alcanzaron a hacer doce disparos”.[6] Pasado el tiempo se aprecia un giro en la información de los incidentes, no teniendo nada que ver con las declaraciones primarias que se hicieron sobre el mismo.
A los días se supo que el Ministro dio paso a un sumario, pero una vez conocido el mismo, quedo claro que no se quería saber lo ocurrido:
III)      A la altura del quilómetro 35 de la carretera Maldonado fuerzas policiales de los departamentos de Lavalleja, Canelones y Montevideo interceptaron el paso del automóvil en que viajaban las personas nombradas.
IV)      Al procederse a la detención de los doctores Minelli y Grauert y el señor Guichón mediante la aplicación de gases lacrimógenos, se produce un tiroteo a consecuencia del cual resultaron heridos el doctor Julio César Grauert y el señor Juan Guichón.
V) El automóvil tipo voituret o cabriolet que ocupaban presenta cuatro perforaciones producidas por proyectiles de armas de fuego.
VI)      El vehículo de la policía presenta así mismo dos perforaciones producidas por los proyectiles disparados desde el interior de la voituret.
VII)     El examen pericial de las armas pertenecientes a los Dres. Grauert y Minelli y señor Guichón denuncia que fueron utilizadas aunque no pudo comprobarse el número de cápsulas detonadas.
VIII)   Está probado en autos que los empleados policiales que intervinieron en el procedimiento, hicieron disparos con sus armas sobre el vehículo de los señores Minelli, Grauert y Guichón.
IX)      No existen en los obrados elementos de convicción en el sentido que los disparos hayan respondido a ninguna orden de los superiores que dirigieron el procedimiento explicándose esos disparos como una reacción espontánea de los empleados policiales subalternos cuyo ánimo había sido prevenido por la actitud de los señores Minelli, Grauert y Guichón al resistir enérgica y prolongadamente la acción policial.
XIV) Los funcionarios superiores que intervinieron en el procedimiento, omitieron adoptar medidas para individualizar a los empleados policiales que habían hecho disparos con armas de fuego.

¿El objetivo era detenerlos…?

Una vez ocurrido el tiroteo los heridos serán trasladados a la ciudad de Pando, en primera instancia son llevados a los calabozos de la comisaría local. Fueron prácticamente tirados en una “jaula”, no se contaba ni con camas ni sillas, un lugar sucio, no olvidemos que estaba heridos, sin ninguna atención médica.
Cerca de una hora después son trasladados al hospital de Pando, quedando su ingreso a la 9 y 15 de la mañana. Siendo atendidos en primera instancia por el Dr. Héctor Peluffo, a Grauert le practicó una cura de emergencia y vendándolo en la herida –este procedimiento será cuestionado, dado que el tipo de herida lo recomendable era dejarla expuesta al aire, para prevenir que se pudiera producir una infección.
Así lo atestigua Guichón; “Nos metieron a cada uno en un calabozo. El mío no tenía cama ni colchón y tuve que acostarme en el suelo. Al cabo de unas horas me llevaron al hospital de primeros auxilios y allí me encontré con Julio (Grauert). Las heridas de ambos, aunque dolorosas no eran graves. Julio bromeó: “¿cuándo hacemos la próxima gira?” La última impresión que tuve de él fue la de un hombre optimista, seguro de sí mismo, convencido que su sangre, nuestra sangre iba a manchar a la dictadura y a provocar la reacción de las masas”.[7]
Se apersonaron algunos médicos amigos –Julián Zavala Muniz, Rubino y Rodríguez Guerrer-, pero le fue impedido ver a los heridos, incluso no pudieron ingresar al hospital, fue aún peor, cuando son detenidos y expulsados de la ciudad de Pando.
Sobre las 19:30hs del miércoles 25, parten rumbo a Pando una comitiva constituida por: Francisco Forteza, Soria, Valiño y Sueiro, acompañados por el cirujano Nin y Silva. Se encontraron con la misma imposibilidad de ver a los heridos hasta que no llegó el Director del Hospital, Dr. Correche. Las medidas llegaron a poner en la sala en que se encontraba Grauert, un centinela armado con un máuser.
Recién a las 21hs. se dio la llegada del Director, el mismo estaba en reunión con el Ministro de Salud Pública, Eduardo Blanco Acevedo, quien dio la autorización para realizar el traslado de los heridos a Montevideo.
Habían estado detenidos más de 24hs. y a esa altura se sabía que el estado de Grauert no era bueno, dado que las heridas se estaban complicando por la gangrena, dado que no se realizó la adecuada curación de las mismas.
En ambulancia fueron trasladados al Hospital Militar de Montevideo, Grauert y Guichón, llegaron en la noche del 25 de octubre a las 22.30 hs., lo atendieron los médicos Albo, Nin y Silva y Romeu.

Un final previsible

De las medidas que se podían optar para Grauert, se descartó la intervención quirúrgica, dado el avanzado proceso de la gangrena. Por lo tanto se busca aliviarle la agonía, por intermedio de un baño de suero, transfusiones de sangre y una dosis de morfina.
Una vez que estuvo Grauert en Montevideo se dio el encuentro con su esposa; “Cuando entré en la habitación… vi que todo estaba perdido. Julio me reconoció, pronunció mi nombre muy bajito y me tendió la mano. La gangrena le impedía hablar. Le rogué al doctor Albo un médico del hospital que era amigo nuestro, que intentara cortarle la pierna, pero me contestó que ya era tarde”.[8]
Diferente era la situación de Guichón, se encontraba en condiciones más favorables, por lo cual pudo ser operado con éxito.
Para Grauert la madrugada del 26 fue difícil, le comenta a su esposa; “Te juro, Maruja, que no disparamos un solo tiro... todavía no sé por qué nos atacaron!...”.
Viendo que se acercaba el fin, mostrando una grandeza que pocos tienen en esos momentos Grauert le solicita a su esposa que saliera un instante de la sala, para poder hablar con sus compañeros políticos, para marcar la cancha en el futuro; “Que esto no sirva de pretexto para hacer locuras. No hay que precipitar los acontecimientos. Es preciso luchar, luchar hasta el fin y por el bien social...”.
Finalizada esa conversación, vuelve a sala Maruja, estrechándose en un abrazo, no eran necesarias las palabras… a las 4 de la mañana entra en estado de coma, se realizan todo lo que estaba al alcance de los médicos, incluso una segunda transfusión de sangre, peor Julio César Grauert fallecía a las 4:35hs.

Sin duda el testimonio dado por Maruja Iglesias de Grauert al periodista César Di Candia termina desarmando la versión oficial; “Mi marido no fue armado, no tenía armas ni sabía manejarlas. Íbamos al campo con frecuencia y jamás acompañaba a la gente a cazar. No le gustaban las armas, jamás había tenido una entre las manos. Julio era por encima de todo un soñador. ¡Las veces que discutí con él sobre este tema! El creía que el mundo, que la sociedad tenía que cambiar, que al capitalismo si no se le podía eliminar, había que suavizarlo. Sabía el peligro que corría en las giras pero también sabía que vivo era más útil que muerto. Nunca pensó que su sacrificio pudiera servir de guía a las masas”.[9]

El último adiós

Para muchos montevideanos todavía estaba presente en su retina la concurrencia que acompaño a los restos de Baltasar Brum, y ahora nuevamente volvían hacer testigo de una manifestación de la misma índole, capaz más enardecidos dada las circunstancias de la muerte de Julio César Grauert.
Una multitud se congrego en la principal avenida de la capital, para el Dr. Emilio Frugoni calcula que se dieron cita una diez mil personas; pretendió realizar un acto en la Plaza Cagancha, se escuchaban gritos pidiendo venganza. Uno de los oradores fue el político blanco Salvador Ferrer Serra –tío de Grauert-;  muy cerca de ahí en 18 de Julio y Cuareim –Palacio Santos- Gabriel Terra contaba con un despacho, pero solo quedo en el intento; dado que el accionar policial fue expeditivo. Las fuerzas policiales cargaron contra la multitud con bombas lacrimógenas, sablazos y golpes de machete, el féretro cayó al suelo y se produjo una escena que ni en los peores momentos se hubiera pensado que se llegara hasta esos extremos. Los resultados de la refriega fueron numerosos heridos. Entre la multitud se destacó una joven estudiante de abogacía: Alba Roballo.

Así recordaba un batllista opositor estos incidentes; “El entierro de Julio César Grauert fue algo inolvidable. Sacamos el cuerpo en hombros de la Casa del Partido, el Dieciocho frente al Gaucho, con rumbo al Cementerio Central, pero el propósito era trasladado primero a la Plaza Libertad y hacerle allí un pequeño homenaje. Íbamos cantando el Himno Nacional mientras a nuestros costados nos flanqueaban docenas de policías en motocicletas con sidecar en cuyo asiento había un agente portando una ametralladora. Cuando vieron que no doblábamos por Yaguarón hacia el Cementerio, empezó una batalla campal. Sablazos, carga de policías a caballo, tiros desde encima de la Casa de Gobierno que estaba en el Palacio Santos. Como pudimos logramos depositar el féretro frente a la estatua, cubierto por una bandera embarrada. Después hubo conversaciones y el entierro se desvió por Ibicuy hacia abajo”.[10]


Quedaba un diputado muerto y un senador herido, pero como en la nerviosidad de aquellos momentos, nadie sabía quienes habían dado la orden ni recordaba quienes habían tirado, no podían ser identificados los culpables.

El presente

El pasar del tiempo aún mantiene en la memoria este lamentable episodio de nuestra historia, así fue en el 2007, 2013, y la iniciativa del 2015 en el departamento de Colonia.
Durante 70 años, el parque de Carrasco -que es atravesado por la Av. Arocena- llevó el nombre de Gabriel Terra, por resolución del 6 de diciembre de 1937.
En 2007 fue aprobado por la Junta Departamental de Montevideo el cambio de nombre por el de Dr. Julio César Grauert. (1902-1933).[11]

A 80 años de su asesinato, Julio César Grauert es patrimonio de todos los uruguayos en la lucha histórica por un mundo mejor, más justo y solidario. El Museo de la Memoria – MUME, la Asociación de Amigas y Amigos del MUME, y la Fundación Zelmar Michelini realizan este homenaje, consecuentes con la misión de promocionar los Derechos Humanos y la Memoria de las luchas por la Libertad, la Democracia y la Justicia Social, entendiéndolos como conceptos culturales en permanente construcción. El Museo de la Memoria recibirá, en esta conmemoración, dos placas de bronce que estaban en la tumba de Julio César Grauert, una dedicada por la FEUU y la otra por la Agrupación Avanzar, donadas al museo por su hija Raquel Grauert.[12]
Con el nombre de “Julio César Grauert” los ediles del Partido Colorado, Gustavo Torres y Gabriel Gabbiani (S), plantearon denominar a la actual calle “Viena” de la ciudad de Juan Lacaze, en homenaje al periodista, abogado y político uruguayo que diera su vida en defensa de las instituciones democráticas.
Al respecto, el edil departamental (S) Gabriel Gabbiani, autor de la iniciativa, señaló que “esta idea tiene por objeto evocar y rescatar del sepulcro del olvido y la indiferencia a una figura histórica de incuestionables virtudes que, de haber sido un símbolo, con el paso de los años ha ido quedando relegado entre el silencio y el desinterés, y que, sin embargo, es junto a Baltasar Brum el modelo de lucha contra la opresión y la tiranía en suelo uruguayo”.[13]
En el lugar de la detención
Con el nombre de este capítulo, no solo está el recuerdo de Julio César Grauert, también sin duda para un Manuel Sanguinetti, y para todos aquellos que se jugaron en esos momentos cruciales de la vida del país, y que sin duda son tan héroes como los recordados por la historia.

Casi treinta años después de los acontecimientos el Dr. Juan Francisco Guichón reflexiona sobre los mismos; “Lo nuestro era como un suicidio. Nosotros sabíamos que tarde o temprano, la dictadura iba a intentar prendernos porque si no lo hacía arriesgaba perder todo su prestigio. Nosotros íbamos a resistir y morir si era preciso. Minelli y yo habíamos elaborado durante mucho tiempo esa decisión. Estábamos dispuestos a ir al sacrificio como Brum para precipitar la caída de la tiranía. Julio que no compartía esa tesis nuestra fue sin embargo el único que murió. No me cansaré de elogiar la dignidad con que lo hizo. No vaciló en acompañarnos en el auto en pleno conocimiento de que en cualquier lugar del camino estaría la policía esperándonos”.[14]

Desafiando a la autoridad

Los acontecimientos ocurridos en el cortejo de Grauert, depararon más allá de la situación personal de Leonardo Magri –que debió ser amputada una pierna-; el destierro de varios políticos de la oposición que fueron acusados de participar en las manifestaciones del cortejo y de haber pronunciado discursos en el acto del mismo.
El año termina agitado, cuando en diciembre se descubre una nueva conspiración, la que deja a políticos detenidos de ambos partidos tradicionales y varios militares de baja. Según la prensa pasaron unos 67militares por la justicia acusados de conspiración. La frontera con Brasil fue el lugar elegido para organizar la misma entre los integrantes se destacan: Tomás Berreta, Luis Batlle Berres, Ismael Cortinas, Carlos Quijano y Arturo González Vidarte.
El nuevo año deparo, la aprobación del nuevo proyecto constitucional y la elección en abril por un nuevo período presidencial a Gabriel Terra. El nuevo marco constitucional no calmo las aguas políticas, se estaba trabajando para realizar una gran manifestación  en contra de la situación, bajo el lema “por las libertades públicas”. Siendo todo un símbolo la utilización de la bandera de los 33 Orientales, destacándose Melo, Tacuarembó, San Carlos, Dolores, Salto, Paysandú. En principio para el 14 de julio, pasando después para el 11 de agosto. Por lo que en el interior del país se estaban organizando para luego converger en Montevideo; en este clima el 4 de agosto en la ciudad de Dolores se producen los siguientes acontecimientos que sufrió el Comité por la Libertad y contra la Dictadura; “Eran cerca de las 20 horas del día 4 de agosto de 1934 cuando la manifestación organizada por el “Comité por la Libertad y contra la Dictadura” de la ciudad de Dolores venía ya, cumplida la máxima parte de su recorrido... Era intenso el entusiasmo en las filas de la columna manifestante, integrada por no menos de dos mil personas,…que marchaban entonando incesantemente el Himno Nacional y La Marsellesa. …El pueblo de Dolores realizaba el acto preparatorio que le permitía organizar la columna cívica que el día…11 de agosto se incorporaría, con las procedentes de todo el país, para desfilar por las calles de Montevideo…
La manifestación ha desfilado en su mayor parte y sólo restan pasar frente al edificio de “El Momento” –periódico de orientación terrista- las últimas filas de la columna. Y lo inesperado ocurre… De una ventana del local que ocupa el periódico  -que está a oscura y con la puerta del zaguán cerrada- han partido varios disparos de arma de fuego –no menos de cinco- sembrando el explicable desconcierto… entre las nutridas filas, al ver caer fulminado a un manifestante, el apreciable vecino Manuel Sanguinetti, y herido el joven Raúl Anselmi.
El pánico más impresionante se produce entonces… poco dura, sin embargo, la indecisión en las filas populares. Con el sonar del último disparo un hombre ha derribado, con irresistible ímpetu, la puerta del zaguán. Su ejemplo es la señal con que se inicia la indignada reacción de la muchedumbre que invade el local e irrumpe entre las habitaciones en busca del autor o los autores de la incalificable agresión.
Dos hombres del pueblo,…han detenido a Correa, el director del periódico terrista, en momentos que intentaba huir por una salida situada al fondo de la finca. Todo esto ocurre en medio de la explotación clamorosa, incontenida, terrible, conque todas las muchedumbres desatan su furia vengadora. Doblado, vencido, pálido, bamboleado y sacudido como un pelele de cera, Correa recibe con el terror dibujado en el rostro los apóstrofes y las vociferaciones de la multitud que se abalanza sobre él, imprecadora y amenazante…
Con enérgica intervención el Dr. Fusco, exponiendo la suya propia, salva la vida de Correa cuando ya su linchamiento parecía decreto a cumplirse de la voluntad irresponsable y sin forma de la muchedumbre…”.[15] El resultado final fue destituciones de funcionarios públicos, muchos de ellos habían firmado el manifiesto, por lo que se les considero subversivos.





[1] Manifiesto de Córdoba 1918: en la que Grauert siguió la línea de los grandes luchadores y pensadores argentinos como fueron: Alberdi, José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Esteban Echeverría. Debemos tener presente cuando esto ocurre en la vecina orilla, Grauert también era estudiante universitario de abogacía.
[3] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[4] Diario El Ideal. Octubre 28 de 1933.
[5] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[6] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[7] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[8] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[9] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[10] Trochon, Yvette – Vidal, Beatriz- El régimen terrista (1933-1938) Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo. 1993. pp. 100-101.
[14] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[15] Trochon pp. 101-102. Lo toman del libro de Ricardo Paseyro. Pasado y Presente pp. 168-172.

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