sábado, 31 de marzo de 2018

Baltasar Brum


Mato y Muero



El 20 de octubre de 1929 se produce el fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, sin duda fue un fuerte golpe para el país –se terminó el equilibrio de la política-; se iba uno de los hombres que había marcado el ritmo del nuevo siglo. A este clima sumemos que a los pocos días se produce la depresión en los EE.UU., la que sumada a la crisis europea. El Uruguay al igual que al resto de los países latinoamericanos se ven arrastrados por esta situación.

No es nuestro objetivo analizar la misma, si debemos tener presente que hay un aceleramiento de deterioro en el ámbito social, es claro el declive del nivel de vida, no es necesario decir, pero la situación llevo a quiebras económicas, huelgas y paros, siendo una situación que el país no había vivido. Sin duda fueron años difíciles.

Las medidas adoptas desde el Consejo Nacional de Administración no logran la eficiencia esperada. El 1º de marzo de 1931, asumió el vigesimosexto presidente constitucional, el batllista Gabriel Terra, quien se impuso al Partido Nacional por tan solo 15.185 votos.

Es bueno recordar que Terra, no fue bien visto por el batllismo, dado para Don Pepe, todos los batllistas debían de concentrar sus esfuerzos en el Consejo Nacional de Administración y no en la Presidencia de la República. Además recordemos el Dr. Terra fue el convencional que no votó a Batlle para la segunda Presidencia de este en 1910, no asistiendo a la misma en forma deliberada, pues prefería a otro candidato para ese cargo.

Es probable que su fuerte personalidad hiciera que no contara con el apoyo de los Batlle Pacheco, y casi de inmediato comenzaron las críticas por la integración del gabinete ministerial, designación de embajadores y otros temas.


No se hace espera las críticas a la Constitución, por tal motivo Terra emprende una gira por el país marcando las deficiencia del colegiado. Por su parte el herrerismo realiza algo similar con el eslogan “Plebiscito o Revolución”. Se puede decir que el país comienza a darse cuenta de la incapacidad del Consejo Nacional de Administración, que se hacía imperioso un cambio.

En este clima llegamos al 30 de marzo de 1933, el Presidente Terra envía a la Asamblea General Legislativa un mensaje, el cual es rechazado sobre el uso de facultades extraordinarias tomadas por el Presidente –el resultado fue 64 por la afirmativa (levantar las medidas) y 42 por la negativa-.

Por el cual se establece la disolución del Parlamento y el Consejo Nacional de Administración, los que son sustituidos por una Junta de Gobierno y se convoca a elecciones para establecer una Asamblea Constituyente. Se pone fin a la segunda constitución del país.

La Junta de Gobierno estaba integrada por: Teniente General Pablo Galarza, Dr. Demicheli, Dr. Francisco Ghigliani, Dr. Andrés Puyol, Dr. Pedro Manini Ríos, Dr. José Espalter, Dr. Roberto Berro, Aniceto Patrón y Dr. Alfredo Navarro.

Estos acontecimientos así fueron vistos por los británicos; “Aunque el Golpe de Estado del 31 de marzo tenía como objeto ostensible la abolición de un sistema de gobierno considerado desde tiempo atrás como insatisfactorio, y al cual el Dr. Terra, desde su instalación como Presidente de la República el 1º de marzo del 31 había hecho todo lo posible por desacreditar aún más. Igualmente ocasionó, y quizá haya sido su propósito primario el fin de la larga dominación de la familia Batlle. La gente, declaró el Dr. Terra después de su "revolución" no había titubeado en repudiar la oligarquía.

El hecho de que el gobierno hubiera sido derrocado tan fácilmente, parece sostener esta afirmación. A las pocas horas, el Dr. Terra tenía el absoluto control de la situación y sus tropas no se vieron obligadas a hacer uso de sus armas. Aún un tan prominente y supuestamente popular batllista como el Dr. Baltasar Brum fracasó al tratar de reunir algunos partidarios alrededor suyo, a pesar de su negativa de rendirse vivo”.[1]

La debilidad del poder

Si entendemos que el golpe de Estado fue producto de la debilidad y no de la fortaleza del gobernante. Ahí está la clave para comprender el desenlace de esa jornada.

El país había vivido 35 años  donde se respetaba la norma jurídica, y ante la adversidad del momento se arrojó todo por la borda.

Baltasar Brum vislumbrando el golpe de Terra, le expresa a don Domingo Arena; “No olvide que las libertades siempre se han asentado sobre sangre de dirigentes”.[2]

Una visión diferente es la del socialista Emilio Frugone; “…no agitó mucho las ondas de la vida nacional ni levantó grandes olas de indignación…”.[3]

Realmente la sociedad civil casi ni se perturbo por el acontecimiento de la disolución del poder, desde las organizaciones de los trabajadores el propio Secretario General del Partido Comunista Eugenio Gómez; “…las centrales obreras no habían podido ponerse de acuerdo”.[4]

Hasta la vida siguió su ritmo normal.

Prueba de ello están las propias declaraciones del Dr. Conrado Hughes –amigo de Brum- que se las realizo el mismo día de la tragedia; “Nosotros hemos pedido al pueblo que nos acompañe, tenemos la necesidad de demostrarle que el sacrificio por un ideal no es difícil. El pueblo precisa sangre de dirigentes y yo le ofrezco la mía. Este gobierno que hoy se inicia durará veinte años; con mi muerte quizás yo reduzca esos veinte años a cinco”.[5]

Este quiebre institucional sin duda agarro a muchos desprevenidos, todos los consejeros nacionales fueron detenidos en sus domicilios, misma suerte corrieron los diputados batllistas, algunos no hacía mucho que se habían acostado, dado que la sección había finalizado a las siete de la mañana.


Pero en el seno de la familia Baldomir días antes ocurría esta escena, contada por la sobrina Lilí Delgado Brum de Cardozo; “Un domingo almorzábamos papa, mamá y yo con Mamá Tela (la madre de Baltasar Brum) Baltasar y Blanca (la esposa). Papá saca el tema del golpe de Estado que estaría programando Terra, Baltasar dice entonces que se rehusaba a creer que un hombre que dio su palabra de respetar la Constitución pueda faltar a ella. Papá insiste y Baltasar le responde: “en ese caso un dirigente debe darle el ejemplo quitándose la vida, pero como no hay nada más triste que un suicidio fallido, hay que calzar el revólver en esta forma. Y poniéndose la mano izquierda sobre el corazón, calzó el índice de la derecha”. (…) Silencio total en la familia. (…) Al rato Baldomir retomó la palabra hablando de otra cosa y no se tocó más el tema”.[6]

Pistola en mano

En la noche del 30 de marzo mi tío José María Delgado se enteró que Brum se iba a matar si lo prendían y aterrorizado corrió a hablarle  para convencerlo de refugiarse en una embajada, pero Baltasar le dijo: “yo no soy Irigoyen”.

La mañana del 31 de marzo a las 7 y cuarto de la mañana estando acostados y Baldomir tomando mate, sonó el timbre de la puerta de la calle. Baldomir dijo (a su señora): “ahí vienen a prenderme. Ustedes se quedan acá”. Se levantó rápidamente, se puso el salto de cama y las chinelas y tomó dos revólveres que colocó uno en cada bolsillo de la bata. Era un consumado tirador lo mismo que sus hermanos y lo hacía con ambas manos… Luego se fue al escritorio que quedaba frente a la escalera a esperarlos. Pasados cinco minutos Blanca se puso muy nerviosa y poniéndose el salto de cama fue a ver qué pasaba. Llegó justo en el momento en que los militares (nota: en realidad eran policías) le decían: “Comprenda doctor Brum, nosotros venimos a cumplir una orden”. Baltasar les contestó: “si dan un paso adelante, disparo”. Y como simultáneamente avanzaron ambos, Baltasar sacando las manos de los bolsillos, disparó. A uno le voló la gorra y al otro la bala le pasó junto a la oreja, yendo a dar a una marina de Castellanos.

Los policías aterrados salieron hacia la escalera. Al llegar al primer escalón se dieron vuelta y ambos dispararon. Blanca al verlos apuntar gritó: “¡cuidado, Baltasar!” Agarrando una maceta que estaba en la baranda de la escalera se las tiró; Brum disparó de nuevo, una de las balas dio en la pared y la otra fue a incrustarse en un cuadro de Puig, pero ya los policías habían huido. Luego de esto Baltasar corrió a su cuarto, se quitó el piyama, se puso los pantalones y sobre la camiseta que tenía puesta se puso el saco, se calzó los zapatos sin ponerse medias y corrió escaleras abajo. El no quería que lo agarraran dentro de la casa, quería pelear y morir frente al pueblo y no en una ratonera. Casi enseguida llegaron Lauro, José, Alfeo, José Luis y Lalo, sus hermanos como también el doctor Eduardo Acevedo que tenía entonces 80 años y era el suegro de Terra. Venía acompañado de su hijo Eduardo Acevedo Álvarez, el yerno de Terra, en ese momento ministro. Tío Baltasar quedó emocionadísimo…”.[7]

Todo parece indicar que los policías no tenían ninguna intención de tirar, sin duda pesaba  más el matar al Dr. Baltasar Brum. Sin duda la segunda presencia de los policías ahora el turno le correspondía a Bonino y Casas, estando ante la situación lo cierto que tampoco cumplieron la orden de arrestarlo, es probable que esa negativa se dio más por las consecuencias inmediatas, el estallido de una batalla campal, algo que Brum venia repitiendo desde hace días.

A las 9 y media Blanca ordenó a la empleada que bajara sillas a la veredas. La gente ya llenaba las calles pero era mantenida lejos de los soldados.

A todo esto varios embajadores le ofrecieron asilo, pero Baltasar se negaba siempre. Su idea fija era morir frente al público peleando pero mi padre Asdrúbal a quien quería y respetaba muchísimo le dijo: “pero Baltasar, va a morir mucha gente inocente”. Eso fue lo que le hizo desistir de un enfrentamiento con los soldados. Las mujeres de la familia estaban en el balcón pero él mandó que se retiraran porque no quería que dijeran que se amparaba en las mujeres; estás hicieron caso, pero de vez en cuando se asomaban”.[8]

A las doce Brum dijo que tenía hambre y los demás también, así que pidió a Blanca que les sirvieran algo; está, mandó pasteles y uvas; fue entonces que tío Baltasar se hecho a reír y dijo: “no deja de tener gracia que estemos aquí comiendo muy tranquilos mientras nos apuntan los soldados”.[9]

En este ambiente también hubo gente que se acercó para tomarle fotografías, todo ello sin dejar las armas.

A las 15 y 30 Baltasar cambió de táctica. Convencido que los soldados no lo iban a atacar y que esperarían hasta que lo rindiera el cansancio le dijo a mi padre: “Pueden hablar con el embajador de España”. (…) Entre todos decidieron que mi cuñado Conrado Hughes que estaba con ellos fuera hasta la embajada para correr los trámites. Mientras tanto Brum subió según dijo a prepararse. Fue al baño, se lavó y peinó luego le dio un beso a su madre y le dijo: “Siempre le dije en mis duelos que iba a volver, hoy no puedo decirle lo mismo”. Luego se despidió de Blanca y le dijo: “Blanca, lo que voy a hacer si no lo hiciera la primera que me despreciaría sería usted”. Sería más o menos las cuatro menos diez. Blanca me dijo que ni por un momento le habló de muerte o suicidio, pero al verlo bajar tuvo una corazonada y pensó: “¿Y si Baltasar se matase?” Corrió entonces escaleras abajo, abrió angustiada la puerta de calle junto a la que estaba papá y llegó junto a él en el preciso momento en que él gritó “¡Viva Batlle!” y poniendo el revólver entre los dedos de la mano izquierda que tenía sobre el corazón, apretó el gatillo. Tío José fue quien adivinando el gesto corrió junto a él en el momento en que se desplomaba. Luego llegaron Blanca y mamá casi juntas y papá. Blanca me dijo que antes Baltasar había arengado el público pero que ella no lo oyó”.[10]

Brum recibió a balazos a quienes iban a prenderle aquella mañana y se quitó la vida después de resistir 8 horas armado en la puerta de su casa, rodeado de familiares y unos pocos amigos.


La sangre de los buenos nunca es derramada en vano. La vida humana no es toda la vida la muerte es vía y no término
José Martí.

Como siempre ante un hecho histórico siempre hay otras miradas, que pueden ser complementarias o diferir, pero es necesario conocerlas, y que el lector saque sus conclusiones.

El diputado batllista Orlando Pedragosa Sierra da su versión; “Terminada la Asamblea General de la noche del 30 y madrugada del 31 de marzo, fuimos a “El Día” para reanudar el trabajo en la redacción de “El Ideal”. Estábamos con Pereira González, Oliver, Bordoni, Falco y Duncan Batlle proyectando “El Ideal” de ese día que mutilaba la censura de prensa, cuando llegó un sobrino del presidente del Consejo de Administración don Antonio Rubio, trayendo la noticia de la aprehensión de aquél ciudadano en su domicilio particular. Pedimos de inmediato comunicación con la casa del consejero Brum y no se nos contestó, el doctor Fusco, que se encontraba presente, propuso que fuéramos en su auto particular y con él salimos en procura de Brum.

A las ocho de la mañana subíamos con Fusco la escalera de la casa de Brum y poco más arriba en ese instante hacían lo propio dos funcionarios policiales. Comprendimos lo que significaba la presencia de los agentes y apurando nuestro ascenso al patio los interrogamos.

-Venimos a aprehender al doctor Brum, nos dijeron.

Apuramos los pasos adelantándonos a los policías y fuimos hacia Brum que ya llegaba al hall de entrada avisado por la sirvienta.

No olvidaremos la impresión singular que nos hizo la mirada de Brum, fuerte, serena, como denunciando una enérgica y deliberada resolución. (…) Frente a los comisarios que esperaban de pie en el escritorio, el doctor Brum reclamó de aquellos una perentoria explicación de su presencia.

-Tenemos órdenes superiores, doctor, de reducirlo a prisión –contestaron.

-Díganle a quien los ha mandado –replicó Brum- que estoy resuelto a matar y a morir. ¡Qué no me entrego!

Los comisarios ensayaron una respuesta y se movieron en su posición nerviosamente, cosa que indujo quizá a que Brum creyera que se aprontaban para cumpliendo las órdenes superiores que antes invocaron. Los acometió entonces, les desarrajó dos tiros, siendo uno de los comisarios herido en un brazo –así nos informaron después- y al otro una bala le atravesó su kepí.

Quedamos solos con Brum en una compleja posición espiritual. Pugnaban en nuestro interior el gran cariño al amigo y lo que nosotros rechazábamos por lo inusitado de aquella actitud fatalista, que escapaba a nuestra percepción. La idea que teníamos sobre la “resistencia a muerte” de Brum era opuesta a la suya. Nos interesaba el impedir su inmolación y a todo trance a costa de malquistarnos con él, como ocurrió enseguida, cuando nos oponíamos enérgicamente a lo que ya era su inquebrantable designio… -fueron a la casa de Ghigliani-

-¿Qué pasa? –interrogó nervioso.

-Que Brum está sitiado por la policía –contestamos- que no se entrega (…).

Más sosegado ahora preguntó qué podía hacer él.

-Pídele a Demicheli la contraorden de prisión. –dijimos.

Fue al teléfono y trajo el informe que se aceptaba la proposición siempre que nos hiciéramos responsables de la “entrega de Brum”.

-De ninguna manera –dijimos- porque Brum no lo tomarán vivo y no contrariaremos su resolución…

De inmediato fuimos en busca del doctor Alfeo Brum quien ajeno a lo que ocurría estaba todavía entregado al sueño descansando como muchos de nuestros amigos, de la jornada larga e intensa que terminara con la Asamblea a las siete de la mañana de ese día. Vueltos con él al domicilio del doctor Brum estaban ya los señores Lauro, José y Hotacilio Brum, quienes no pudieron modificar la firme resolución de su hermano…”.[11]

Otro de los amigos de Brum, Américo Perea, a más de un mes presenta su visión de los acontecimientos a requerimiento del diario El Plata; “Durante las horas que permanecieron en la calle el doctor Brum y sus amigos, una de las sirvientas de la casa les alcanzó el almuerzo arreglado con algo que ya había en el domicilio y algo que se consiguió afuera, sin que ello fuese impedido por la policía. Hubo jamón, pan, tallarines, milanesa y huevos duros. Esto último pedido expresamente por el doctor Brum. Luego uvas. No se bebió. Y él no probo ni agua en todo ese tiempo…

-¿Llegó a acceder a su propia entrega por mediación de terceros?

-Nada lo demuestra, al contrario… Algunos amigos le hablaron en el sentido de la conveniencia de salvar su preciosa vida… Llegó un momento en que el doctor Brum contestó:

-“¡No me hablen más del asunto, me molesta!”

Sin embargo el señor Delgado (Asdrúbal) insistió… Entonces el doctor Brum le dijo:

-“Bueno, dígale al ministro (España) que venga”.

Los aludíos marcharon apresuradamente a proceder en ese sentido… Yo me incliné hacia el interior de la puerta de calle para decirle a la esposa del doctor Brum que estaba inmediata y sobre cuyas mejillas corrían dos lágrimas enormes, aunque se mantenía siempre serena:

-Parece que el doctor  Brum acepta la intervención del ministro de España.

En ese momento di vuelta la cabeza y vi al doctor Brum en actitud de pegarse un tiro, con la cabeza en alto y como si emitiera algunas palabras que no alcancé a oír por la emoción que esa trágica escena me produjo. Sin duda gritó algo pero la detonación cubrió sus palabras”.[12]

La visión del diplomático norteamericano J. Butler Wright; “…el Dr. Brum y sus seguidores se mantuvieron firmes con las armas en las manos hasta las tres de la tarde. (…) Aproximadamente a esa hora, las negociaciones entre representantes del Dr. Brum y del presidente culminaron con el consentimiento de éste último para que se otorgara al Dr. Brum un salvoconducto para ir desde su residencia a la Embajada Argentina o a la Legación de España, representaciones que le otorgarían un salvoconducto para salir del país. Se afirma que en este punto de las negociaciones el Dr. Brum aprobó este arreglo. De repente y aparentemente sin dar aviso alguno a sus compañeros a los que se dice llamó traidores y cobardes en un tono que denotaba claramente agotamiento sino alteración mental, el Dr. Brum se levantó de su silla, caminó hasta el medio de la calle y se disparó en el corazón muriendo casi instantáneamente…”.[13]

¿Por qué tal decisión?

Mucha tinta corrió para responder esta interrogante.

El propio Luis Batlle Berres se preguntó; “… ¿por qué se mató Brum? ¿No  habría hecho inmenso bien presidiendo la reorganización de la defensa? ¿Es más grande como símbolo, que lo que pudiera serlo poniendo su musculo y su pensamiento al servicio de la legalidad?

¡Difícil es decirlo! Lo que es evidente, es que como símbolo quedará ya por los siglos de los siglos y su gesto ha traspasado las fronteras para encarnar una idea mundial.

Brum ya lo había dicho: “si hasta mi casa llega la Policía a prenderme, mato y muero”.

Él estaba dispuesto a provocar una batalla campal en el instante en que fuera detenido…

…¿Será cierto, como dicen sus asesinos, que Brum murió decepcionado porque no vio llegar hasta él a sus amigos? Para nosotros esto no es sino una mezquina invención de los responsables de esa muerte, que buscan enturbiar el ambiente y herir reputaciones, porque les roe el alma ver que, frente a ellos, existen prestigios morales ante los cuales sus dardos envenenados son impotentes…

Brum no podía esperar al Pueblo, porque sabía que el Pueblo estaba indefenso frente al ejército armado y él, habría visto con horror que el Pueblo diera su sangre estérilmente. Además, ya mil veces lo había dicho el 30 de Marzo y días anteriores y un documento publicado por “El Día” que fue encontrado entre sus papeles, diciendo que él estaría en las puertas del Consejo Nacional durante la manifestación del 8, atestiguan su resolución de dar frente  con su sola persona”.[14]

Para Frugoni fue; “El gesto heroico y sublime… tal vez produjo un efecto psicológico que no era por cierto el deseado por el mártir. Hizo creer que el nuevo régimen venía montado con una fortaleza invencible y el que no quisiese quedar sometido a su poderío, no tenía más remedio que pegarse un tiro como protesta”.[15]

Continuemos con el informe del funcionario norteamericano; “…Para apreciar cabalmente su estado físico y mental hay que tener en cuenta que varios años atrás, fue golpeado en la cabeza por un trozo de yeso que cayó al derrumbarse un techo y mucha gente piensa que el accidente dañó o alteró su mente. De hecho su esposa me dijo hace unos meses que la incapacidad de su marido para recordar idiomas extranjeros desde el accidente era bastante evidente. (…) El Dr. Mañé actual Ministro de Relaciones Exteriores que es cirujano, afirmó que su exagerada locuacidad y su presunción de superioridad mental corresponde a una fase de determinado trastorno mental causado por contusión de cráneo”.[16]

Claro que no es el único, su compañero de Consejo Nacional el Dr. Victoriano Martínez –tiene un libro Gabriel Terra el hombre, el político, el gobernante- escribe en esta línea; “Desde días atrás había un poco de desequilibrio en él. Estaba estudiando demasiado al extremo que se propuso buscar el origen de la devaluación del peso. Otro antecedente se une a éste: la circunstancia de que Brum permaneció un tiempo aislado en una quinta de Santa Lucía”.[17]

Con esta visión también está el Dr. Julio César Mussio Fournier; “Los síntomas principales de ese desequilibrio eran una extrema irritabilidad, una impulsividad incontenible, una especie de sordera espiritual para las ideas ajenas teñidas frecuentemente con un fuerte matiz de delirios de grandeza. La irritabilidad y la impulsividad explican los numerosos incidentes que el Dr. Brum tuvo con hombres conocidos”.[18]


Como en tantos casos, solo el protagonista sabrá los motivos que lo llevaron a tal acto.

¿Cuál fue la reacción de Terra ante el desenlace? En un reportaje los hijos de Gabriel manifestaron; “Estaba en casa de mi padre cuando vino la noticia que Brum se había suicidado –expresó Matilde Terra- Papá quedó tan anonadado que le vi hasta lágrimas en los ojos. ‘No puede ser –decía- ¿Cómo  pudo haber pasado eso? ¡Si había decidido albergarse en la Embajada de España!’ Mi padre le tenía gran aprecio. No creo que su consternación al recibir la noticia haya sido menor que la que experimentaron quienes estaban acompañando a Brum. Sintió profundamente su muerte. Ellos se tenían una gran amistad tanto personal como política. Más le digo: dos o tres días antes del golpe de Estado, papá recibió en casa la visita de Brum. Cuando se retiró él comentó con mi hermano Antonio: ‘Si todos fueran como Brum no tendríamos tantos problemas’. Dio a entender que era un hombre comprensivo y conciliador”.[19]

El día después

En los tiempos políticos que se vivía en ese momento, la prensa se vio censurada, por ejemplo El País contaba con nueve espacios censurados, actividad que desarrollaba el Ministro del Interior. Se aprecia el siguiente título: “Ayer se pegó un tiro el doctor Baltasar Brum”.

El Plata, mostraba las fotos de acontecimiento se podía leer “versión oficial de los hechos”.

El Ideal, si bien habla del acontecimiento, no se encuentra una línea sobre la disolución de la Asamblea.

Algo en común de los cuatro órganos de prensa, ninguno de ellos daba datos del lugar del velatorio, ni la hora y lugar del sepelio.

La tarde del 1º de abril fue testigo del sepelio de Baltasar Brum, el mismo fue a las 15 horas en el Cementerio Central, acompañado con la presencia del pueblo, según las versiones entre 5.000 y 10.000, se notaron algunas ausencias, por ejemplo, nadie del cuerpo diplomático, como también autoridades del gobierno y claro está por fuerza mayor ningún dirigente batllista.


El golpe de Estado cayó, en cierto modo, como una piedra en un charco. Salpicó lodo sobre quienes la arrojaron, pero no agitó muchas ondas de la vida nacional ni levantó grandes olas de indignación pública”.
Emilio Frugoni[20]

Por muchos años fue una cita obligatoria para el Partido Colorado, la realización de homenaje, ya sea en la Casa del Partido como en el propio Cementerio, y en el 2015 ante instancias electorales se realizó en la propia puerta del domicilio de Baltasar.  Pero han pasado años y casi ha pasado desapercibido.

Baltazar Brum
Tabaré Etcheverry
"Crónicas de Hombres Libres"
(1972)



Recitado:
En 1933 de nuevo
intereses extraños a esta tierra
encadenan otra vez las libertades
y ponen de dictador a Gabriel Tierra.

La afrenta que el perjuro
hizo a la patria,
encontró a todos
con conciencias muertas.

Sólo Baltazar Brum
tuvo coraje,
sólo Baltazar Brum
tuvo vergüenza.

Cantado:
Allí están, son esos pocos
don Baltazar,
cuatro o cinco lo acompañan.
Y ya se van en la puerta, vidalita
casi toda mañana.
Coraje del hombre solo,
son Baltazar,
porque él sólo se ha plantado
la camisa abierta al pecho, vidalita
y un revolver en la mano.

Declamado:
¿Dónde están Coroneles y Generales?
¿Dónde está ese partido que me eligió?
¿Dónde están, ciudadanos montevideanos?

Cantado:
¿Dónde están oficiales de la nación?
Aparecen a prenderlo, vidalita
y a balazos le contesta.
Pues la vida loca importa,
don Baltazar.
Otra cosa es lo que cuenta.
Soledad de un hombre solo,

don Baltazar,
solo en calle desierta,
la patria está junto a él, vidalita,
haciendo guardia en la puerta.

Declamado:
¿Dónde están los soldados que no aparecen?
¿Dónde está todo el pueblo que me eligió?
¿Dónde están Generales y Coroneles?

Cantado:
¿Dónde están los oficiales de la nación?

Recitado:
El treinta y uno de marzo
se va estirando en la tarde
y se hace larga la sombra
del hombre solo, que aguarda.
A las cuatro de la tarde
cruza el centro de la calle.
La camisa abierta al pecho
y el pecho abierto a la patria.
A las cuatro de la tarde
se escucha un tiro en la calle
y se hace noche de pronto
de un sudario de espanto.

Cantado:
A la cuatro de la tarde, vidalita
se fue doblando, doblando.
Para irse erguido por siempre
don Baltazar,
a las cuatro de la tarde.
Y la cuidad parecía muerta, vidalita,
el pueblo no se asomó
y estaban los uniformes,
don Baltazar,
saludando al dictador.









[1] Ferreiro Aspiroz, Hernán- El 31 de marzo de 1933 según algunos documentos británicos. En Boletín Histórico del Ejército. Nº 279-282.  19990.
[2] Cigliuti, Carlos W.- El gesto heroico de Brum. Correo de los Viernes. 2 de Abril de 1982.
[3] Frugoni, Emilio- Revolución del machete.
[4] Gómez, Eugenio – Historia del Partido Comunista del Uruguay.
[5] [5] Di Candía, César- Suicidio de Brum: ¿acto de heroísmo, decepción o consecuencias de desequilibrio? En quepasa/historias coleccionables. Nº 110. Julio 2002. p. 6.
[6] Di Candía, César- p. 4.
[7] Di Candía, César- pp. 4-5.
[8] Di Candía, César-  p.5.
[9] Di Candía, César-  pp. 4-5.
[10] Di Candía, César- p. 6.
[11] BUSQUEDA- Las dos versiones de la muerte de Brum. César di Candia. 6 febrero de 1997.
[12] El Plata. 21 de mayo de 1933.
[13] Trochon, Yvette – Vidal, Beatriz-El régimen terrista (1933-1938). Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo. 1993. pp. 98-99.
[14] Batlle Berres, Luis- Cobardía y traición. Buenos Aires. 1933. pp.68-69.
[15] Frugoni, Emilio- Ob. Cit. p.
[16] Di Candía, César-  p. 7.
[17] Di Candía, César- p. 8.
[18] Di Candía, César- p. 8.
[19] BUSQUEDA- 31 de marzo de 1933, golpe de Estado de Gabriel Terra. ¿Tercera República o república de tercera? (10). 13 Febrero 1997.
[20] Frugoni p. 175.

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