Mato y Muero
El 20 de octubre de 1929 se produce el fallecimiento de José
Batlle y Ordóñez, sin duda fue un fuerte golpe para el país –se terminó el
equilibrio de la política-; se iba uno de los hombres que había marcado el
ritmo del nuevo siglo. A este clima sumemos que a los pocos días se produce la
depresión en los EE.UU., la que sumada a la crisis europea. El Uruguay al igual
que al resto de los países latinoamericanos se ven arrastrados por esta
situación.
No es nuestro objetivo analizar la misma, si debemos tener
presente que hay un aceleramiento de deterioro en el ámbito social, es claro el
declive del nivel de vida, no es necesario decir, pero la situación llevo a
quiebras económicas, huelgas y paros, siendo una situación que el país no había
vivido. Sin duda fueron años difíciles.
Las medidas adoptas desde el Consejo Nacional de
Administración no logran la eficiencia esperada. El 1º de marzo de 1931, asumió
el vigesimosexto presidente constitucional, el batllista Gabriel Terra, quien
se impuso al Partido Nacional por tan solo 15.185 votos.
Es bueno recordar que Terra, no fue bien visto por el batllismo, dado
para Don Pepe, todos los batllistas debían de concentrar sus esfuerzos en el
Consejo Nacional de Administración y no en la Presidencia de la República.
Además recordemos el Dr. Terra fue el convencional que no votó a Batlle para la
segunda Presidencia de este en 1910, no asistiendo a la misma en forma
deliberada, pues prefería a otro candidato para ese cargo.
Es probable que su fuerte personalidad hiciera que no contara con el apoyo de los Batlle Pacheco, y casi de inmediato comenzaron las críticas por la integración del gabinete ministerial, designación de embajadores y otros temas.
No se hace espera las críticas a la Constitución, por tal
motivo Terra emprende una gira por el país marcando las deficiencia del
colegiado. Por su parte el herrerismo realiza algo similar con el eslogan “Plebiscito o Revolución”. Se puede decir
que el país comienza a darse cuenta de la incapacidad del Consejo Nacional de
Administración, que se hacía imperioso un cambio.
En este clima llegamos al 30 de marzo de 1933, el Presidente
Terra envía a la Asamblea General Legislativa un mensaje, el cual es rechazado sobre
el uso de facultades extraordinarias tomadas por el Presidente –el resultado
fue 64 por la afirmativa (levantar las medidas) y 42 por la negativa-.
Por el cual se establece la disolución del Parlamento y el
Consejo Nacional de Administración, los que son sustituidos por una Junta de Gobierno y se convoca a
elecciones para establecer una Asamblea Constituyente.
Se pone fin a la segunda constitución del país.
La Junta de Gobierno estaba integrada por: Teniente General
Pablo Galarza, Dr. Demicheli, Dr. Francisco Ghigliani, Dr. Andrés Puyol, Dr. Pedro
Manini Ríos, Dr. José Espalter, Dr. Roberto Berro, Aniceto Patrón y Dr. Alfredo
Navarro.
Estos acontecimientos así fueron vistos por los británicos;
“Aunque el Golpe de Estado del 31 de
marzo tenía como objeto ostensible la abolición de un sistema de gobierno
considerado desde tiempo atrás como insatisfactorio, y al cual el Dr. Terra,
desde su instalación como Presidente de la República el 1º de marzo del 31
había hecho todo lo posible por desacreditar aún más. Igualmente ocasionó, y
quizá haya sido su propósito primario el fin de la larga dominación de la
familia Batlle. La gente, declaró el Dr. Terra después de su
"revolución" no había titubeado en repudiar la oligarquía.
El hecho de que el
gobierno hubiera sido derrocado tan fácilmente, parece sostener esta
afirmación. A las pocas horas, el Dr. Terra tenía el absoluto control de la
situación y sus tropas no se vieron obligadas a hacer uso de sus armas. Aún un
tan prominente y supuestamente popular batllista como el Dr. Baltasar Brum
fracasó al tratar de reunir algunos partidarios alrededor suyo, a pesar de su
negativa de rendirse vivo”.[1]
La debilidad del poder
Si entendemos que el golpe de Estado fue producto de la
debilidad y no de la fortaleza del gobernante. Ahí está la clave para comprender
el desenlace de esa jornada.
El país había vivido 35 años
donde se respetaba la norma jurídica, y ante la adversidad del momento
se arrojó todo por la borda.
Baltasar Brum vislumbrando el golpe de Terra, le expresa a
don Domingo Arena; “No olvide que las
libertades siempre se han asentado sobre sangre de dirigentes”.[2]
Una visión diferente es la del socialista Emilio Frugone; “…no agitó mucho las ondas de la vida
nacional ni levantó grandes olas de indignación…”.[3]
Realmente la sociedad civil casi ni se perturbo por el
acontecimiento de la disolución del poder, desde las organizaciones de los
trabajadores el propio Secretario General del Partido Comunista Eugenio Gómez;
“…las centrales obreras no habían podido
ponerse de acuerdo”.[4]
Hasta la vida siguió su ritmo normal.
Prueba de ello están las propias declaraciones del Dr.
Conrado Hughes –amigo de Brum- que se las realizo el mismo día de la tragedia;
“Nosotros hemos pedido al pueblo que nos
acompañe, tenemos la necesidad de demostrarle que el sacrificio por un ideal no
es difícil. El pueblo precisa sangre de dirigentes y yo le ofrezco la mía. Este
gobierno que hoy se inicia durará veinte años; con mi muerte quizás yo reduzca
esos veinte años a cinco”.[5]
Este quiebre institucional sin duda agarro a muchos
desprevenidos, todos los consejeros nacionales fueron detenidos en sus
domicilios, misma suerte corrieron los diputados batllistas, algunos no hacía
mucho que se habían acostado, dado que la sección había finalizado a las siete
de la mañana.
Pero en el seno de la familia Baldomir días antes ocurría
esta escena, contada por la sobrina Lilí Delgado Brum de Cardozo; “Un domingo almorzábamos papa, mamá y yo con
Mamá Tela (la madre de Baltasar Brum) Baltasar y Blanca (la esposa). Papá saca
el tema del golpe de Estado que estaría programando Terra, Baltasar dice
entonces que se rehusaba a creer que un hombre que dio su palabra de respetar
la Constitución pueda faltar a ella. Papá insiste y Baltasar le responde: “en
ese caso un dirigente debe darle el ejemplo quitándose la vida, pero como no
hay nada más triste que un suicidio fallido, hay que calzar el revólver en esta
forma. Y poniéndose la mano izquierda sobre el corazón, calzó el índice de la
derecha”. (…) Silencio total en la familia. (…) Al rato Baldomir retomó la
palabra hablando de otra cosa y no se tocó más el tema”.[6]
Pistola en mano
“En la noche del 30 de
marzo mi tío José María Delgado se enteró que Brum se iba a matar si lo
prendían y aterrorizado corrió a hablarle
para convencerlo de refugiarse en una embajada, pero Baltasar le dijo:
“yo no soy Irigoyen”.
La mañana del 31 de
marzo a las 7 y cuarto de la mañana estando acostados y Baldomir tomando mate,
sonó el timbre de la puerta de la calle. Baldomir dijo (a su señora): “ahí
vienen a prenderme. Ustedes se quedan acá”. Se levantó rápidamente, se puso el
salto de cama y las chinelas y tomó dos revólveres que colocó uno en cada
bolsillo de la bata. Era un consumado tirador lo mismo que sus hermanos y lo
hacía con ambas manos… Luego se fue al escritorio que quedaba frente a la
escalera a esperarlos. Pasados cinco minutos Blanca se puso muy nerviosa y
poniéndose el salto de cama fue a ver qué pasaba. Llegó justo en el momento en
que los militares (nota: en realidad eran policías) le decían: “Comprenda
doctor Brum, nosotros venimos a cumplir una orden”. Baltasar les contestó: “si
dan un paso adelante, disparo”. Y como simultáneamente avanzaron ambos, Baltasar
sacando las manos de los bolsillos, disparó. A uno le voló la gorra y al otro
la bala le pasó junto a la oreja, yendo a dar a una marina de Castellanos.
Los policías aterrados
salieron hacia la escalera. Al llegar al primer escalón se dieron vuelta y
ambos dispararon. Blanca al verlos apuntar gritó: “¡cuidado, Baltasar!”
Agarrando una maceta que estaba en la baranda de la escalera se las tiró; Brum
disparó de nuevo, una de las balas dio en la pared y la otra fue a incrustarse
en un cuadro de Puig, pero ya los policías habían huido. Luego de esto Baltasar
corrió a su cuarto, se quitó el piyama, se puso los pantalones y sobre la
camiseta que tenía puesta se puso el saco, se calzó los zapatos sin ponerse
medias y corrió escaleras abajo. El no quería que lo agarraran dentro de la
casa, quería pelear y morir frente al pueblo y no en una ratonera. Casi
enseguida llegaron Lauro, José, Alfeo, José Luis y Lalo, sus hermanos como
también el doctor Eduardo Acevedo que tenía entonces 80 años y era el suegro de
Terra. Venía acompañado de su hijo Eduardo Acevedo Álvarez, el yerno de Terra,
en ese momento ministro. Tío Baltasar quedó emocionadísimo…”.[7]
Todo parece indicar que los policías no tenían ninguna
intención de tirar, sin duda pesaba más
el matar al Dr. Baltasar Brum. Sin duda la segunda presencia de los policías
ahora el turno le correspondía a Bonino y Casas, estando ante la situación lo
cierto que tampoco cumplieron la orden de arrestarlo, es probable que esa
negativa se dio más por las consecuencias inmediatas, el estallido de una
batalla campal, algo que Brum venia repitiendo desde hace días.
“A las 9 y media
Blanca ordenó a la empleada que bajara sillas a la veredas. La gente ya llenaba
las calles pero era mantenida lejos de los soldados.
A todo esto varios
embajadores le ofrecieron asilo, pero Baltasar se negaba siempre. Su idea fija
era morir frente al público peleando pero mi padre Asdrúbal a quien quería y
respetaba muchísimo le dijo: “pero Baltasar, va a morir mucha gente inocente”.
Eso fue lo que le hizo desistir de un enfrentamiento con los soldados. Las
mujeres de la familia estaban en el balcón pero él mandó que se retiraran
porque no quería que dijeran que se amparaba en las mujeres; estás hicieron
caso, pero de vez en cuando se asomaban”.[8]
“A las doce Brum dijo
que tenía hambre y los demás también, así que pidió a Blanca que les sirvieran
algo; está, mandó pasteles y uvas; fue entonces que tío Baltasar se hecho a
reír y dijo: “no deja de tener gracia que estemos aquí comiendo muy tranquilos
mientras nos apuntan los soldados”.[9]
En este ambiente también hubo gente que se acercó para
tomarle fotografías, todo ello sin dejar las armas.
“A las 15 y 30
Baltasar cambió de táctica. Convencido que los soldados no lo iban a atacar y
que esperarían hasta que lo rindiera el cansancio le dijo a mi padre: “Pueden
hablar con el embajador de España”. (…) Entre todos decidieron que mi cuñado
Conrado Hughes que estaba con ellos fuera hasta la embajada para correr los
trámites. Mientras tanto Brum subió según dijo a prepararse. Fue al baño, se
lavó y peinó luego le dio un beso a su madre y le dijo: “Siempre le dije en mis
duelos que iba a volver, hoy no puedo decirle lo mismo”. Luego se despidió de
Blanca y le dijo: “Blanca, lo que voy a hacer si no lo hiciera la primera que
me despreciaría sería usted”. Sería más o menos las cuatro menos diez. Blanca
me dijo que ni por un momento le habló de muerte o suicidio, pero al verlo
bajar tuvo una corazonada y pensó: “¿Y si Baltasar se matase?” Corrió entonces
escaleras abajo, abrió angustiada la puerta de calle junto a la que estaba papá
y llegó junto a él en el preciso momento en que él gritó “¡Viva Batlle!” y poniendo
el revólver entre los dedos de la mano izquierda que tenía sobre el corazón,
apretó el gatillo. Tío José fue quien adivinando el gesto corrió junto a él en
el momento en que se desplomaba. Luego llegaron Blanca y mamá casi juntas y
papá. Blanca me dijo que antes Baltasar había arengado el público pero que ella
no lo oyó”.[10]
Brum recibió a balazos a quienes iban a prenderle aquella
mañana y se quitó la vida después de resistir 8 horas armado en la puerta de su
casa, rodeado de familiares y unos pocos amigos.
“La sangre de los buenos nunca es derramada en vano. La vida humana no
es toda la vida la muerte es vía y no término”
José Martí.
Como siempre ante un hecho histórico siempre hay otras
miradas, que pueden ser complementarias o diferir, pero es necesario
conocerlas, y que el lector saque sus conclusiones.
El diputado batllista Orlando Pedragosa Sierra da su
versión; “Terminada la Asamblea General
de la noche del 30 y madrugada del 31 de marzo, fuimos a “El Día” para reanudar
el trabajo en la redacción de “El Ideal”. Estábamos con Pereira González,
Oliver, Bordoni, Falco y Duncan Batlle proyectando “El Ideal” de ese día que
mutilaba la censura de prensa, cuando llegó un sobrino del presidente del
Consejo de Administración don Antonio Rubio, trayendo la noticia de la
aprehensión de aquél ciudadano en su domicilio particular. Pedimos de inmediato
comunicación con la casa del consejero Brum y no se nos contestó, el doctor
Fusco, que se encontraba presente, propuso que fuéramos en su auto particular y
con él salimos en procura de Brum.
A las ocho de la
mañana subíamos con Fusco la escalera de la casa de Brum y poco más arriba en
ese instante hacían lo propio dos funcionarios policiales. Comprendimos lo que
significaba la presencia de los agentes y apurando nuestro ascenso al patio los
interrogamos.
-Venimos a aprehender
al doctor Brum, nos dijeron.
Apuramos los pasos
adelantándonos a los policías y fuimos hacia Brum que ya llegaba al hall de
entrada avisado por la sirvienta.
No olvidaremos la
impresión singular que nos hizo la mirada de Brum, fuerte, serena, como
denunciando una enérgica y deliberada resolución. (…) Frente a los comisarios
que esperaban de pie en el escritorio, el doctor Brum reclamó de aquellos una
perentoria explicación de su presencia.
-Tenemos órdenes
superiores, doctor, de reducirlo a prisión –contestaron.
-Díganle a quien los
ha mandado –replicó Brum- que estoy resuelto a matar y a morir. ¡Qué no me
entrego!
Los comisarios
ensayaron una respuesta y se movieron en su posición nerviosamente, cosa que
indujo quizá a que Brum creyera que se aprontaban para cumpliendo las órdenes
superiores que antes invocaron. Los acometió entonces, les desarrajó dos tiros,
siendo uno de los comisarios herido en un brazo –así nos informaron después- y
al otro una bala le atravesó su kepí.
Quedamos solos con
Brum en una compleja posición espiritual. Pugnaban en nuestro interior el gran
cariño al amigo y lo que nosotros rechazábamos por lo inusitado de aquella
actitud fatalista, que escapaba a nuestra percepción. La idea que teníamos
sobre la “resistencia a muerte” de Brum era opuesta a la suya. Nos interesaba
el impedir su inmolación y a todo trance a costa de malquistarnos con él, como
ocurrió enseguida, cuando nos oponíamos enérgicamente a lo que ya era su
inquebrantable designio… -fueron a la casa de Ghigliani-
-¿Qué pasa? –interrogó
nervioso.
-Que Brum está sitiado
por la policía –contestamos- que no se entrega (…).
Más sosegado ahora
preguntó qué podía hacer él.
-Pídele a Demicheli la
contraorden de prisión. –dijimos.
Fue al teléfono y
trajo el informe que se aceptaba la proposición siempre que nos hiciéramos
responsables de la “entrega de Brum”.
-De ninguna manera
–dijimos- porque Brum no lo tomarán vivo y no contrariaremos su resolución…
De inmediato fuimos en
busca del doctor Alfeo Brum quien ajeno a lo que ocurría estaba todavía
entregado al sueño descansando como muchos de nuestros amigos, de la jornada
larga e intensa que terminara con la Asamblea a las siete de la mañana de ese
día. Vueltos con él al domicilio del doctor Brum estaban ya los señores Lauro,
José y Hotacilio Brum, quienes no pudieron modificar la firme resolución de su
hermano…”.[11]
Otro de los amigos de Brum, Américo Perea, a más de un mes
presenta su visión de los acontecimientos a requerimiento del diario El Plata; “Durante las horas que permanecieron en la calle el doctor Brum y sus
amigos, una de las sirvientas de la casa les alcanzó el almuerzo arreglado con
algo que ya había en el domicilio y algo que se consiguió afuera, sin que ello
fuese impedido por la policía. Hubo jamón, pan, tallarines, milanesa y huevos
duros. Esto último pedido expresamente por el doctor Brum. Luego uvas. No se
bebió. Y él no probo ni agua en todo ese tiempo…
-¿Llegó a acceder a su
propia entrega por mediación de terceros?
-Nada lo demuestra, al
contrario… Algunos amigos le hablaron en el sentido de la conveniencia de
salvar su preciosa vida… Llegó un momento en que el doctor Brum contestó:
-“¡No me hablen más
del asunto, me molesta!”
Sin embargo el señor
Delgado (Asdrúbal) insistió… Entonces el doctor Brum le dijo:
-“Bueno, dígale al
ministro (España) que venga”.
Los aludíos marcharon
apresuradamente a proceder en ese sentido… Yo me incliné hacia el interior de
la puerta de calle para decirle a la esposa del doctor Brum que estaba
inmediata y sobre cuyas mejillas corrían dos lágrimas enormes, aunque se
mantenía siempre serena:
-Parece que el
doctor Brum acepta la intervención del
ministro de España.
En ese momento di
vuelta la cabeza y vi al doctor Brum en actitud de pegarse un tiro, con la
cabeza en alto y como si emitiera algunas palabras que no alcancé a oír por la
emoción que esa trágica escena me produjo. Sin duda gritó algo pero la
detonación cubrió sus palabras”.[12]
La visión del diplomático norteamericano J. Butler Wright; “…el Dr. Brum y sus seguidores se mantuvieron
firmes con las armas en las manos hasta las tres de la tarde. (…)
Aproximadamente a esa hora, las negociaciones entre representantes del Dr. Brum
y del presidente culminaron con el consentimiento de éste último para que se
otorgara al Dr. Brum un salvoconducto para ir desde su residencia a la Embajada
Argentina o a la Legación de España, representaciones que le otorgarían un
salvoconducto para salir del país. Se afirma que en este punto de las
negociaciones el Dr. Brum aprobó este arreglo. De repente y aparentemente sin
dar aviso alguno a sus compañeros a los que se dice llamó traidores y cobardes
en un tono que denotaba claramente agotamiento sino alteración mental, el Dr.
Brum se levantó de su silla, caminó hasta el medio de la calle y se disparó en
el corazón muriendo casi instantáneamente…”.[13]
¿Por qué tal decisión?
Mucha tinta corrió para responder esta interrogante.
El propio Luis Batlle Berres se preguntó; “… ¿por qué se mató Brum? ¿No habría hecho inmenso bien presidiendo la
reorganización de la defensa? ¿Es más grande como símbolo, que lo que pudiera
serlo poniendo su musculo y su pensamiento al servicio de la legalidad?
¡Difícil es decirlo!
Lo que es evidente, es que como símbolo quedará ya por los siglos de los siglos
y su gesto ha traspasado las fronteras para encarnar una idea mundial.
Brum ya lo había
dicho: “si hasta mi casa llega la Policía a prenderme, mato y muero”.
Él estaba dispuesto a
provocar una batalla campal en el instante en que fuera detenido…
…¿Será cierto, como
dicen sus asesinos, que Brum murió decepcionado porque no vio llegar hasta él a
sus amigos? Para nosotros esto no es sino una mezquina invención de los
responsables de esa muerte, que buscan enturbiar el ambiente y herir
reputaciones, porque les roe el alma ver que, frente a ellos, existen
prestigios morales ante los cuales sus dardos envenenados son impotentes…
Brum no podía esperar
al Pueblo, porque sabía que el Pueblo estaba indefenso frente al ejército
armado y él, habría visto con horror que el Pueblo diera su sangre
estérilmente. Además, ya mil veces lo había dicho el 30 de Marzo y días
anteriores y un documento publicado por “El Día” que fue encontrado entre sus
papeles, diciendo que él estaría en las puertas del Consejo Nacional durante la
manifestación del 8, atestiguan su resolución de dar frente con su sola persona”.[14]
Para Frugoni fue; “El
gesto heroico y sublime… tal vez produjo un efecto psicológico que no era por
cierto el deseado por el mártir. Hizo creer que el nuevo régimen venía montado
con una fortaleza invencible y el que no quisiese quedar sometido a su poderío,
no tenía más remedio que pegarse un tiro como protesta”.[15]
Continuemos con el informe del funcionario norteamericano; “…Para apreciar cabalmente su estado físico y
mental hay que tener en cuenta que varios años atrás, fue golpeado en la cabeza
por un trozo de yeso que cayó al derrumbarse un techo y mucha gente piensa que
el accidente dañó o alteró su mente. De hecho su esposa me dijo hace unos meses
que la incapacidad de su marido para recordar idiomas extranjeros desde el
accidente era bastante evidente. (…) El Dr. Mañé actual Ministro de Relaciones
Exteriores que es cirujano, afirmó que su exagerada locuacidad y su presunción
de superioridad mental corresponde a una fase de determinado trastorno mental
causado por contusión de cráneo”.[16]
Claro que no es el único, su compañero de Consejo Nacional
el Dr. Victoriano Martínez –tiene un libro Gabriel
Terra el hombre, el político, el gobernante- escribe en esta línea; “Desde días atrás había un poco de
desequilibrio en él. Estaba estudiando demasiado al extremo que se propuso
buscar el origen de la devaluación del peso. Otro antecedente se une a éste: la
circunstancia de que Brum permaneció un tiempo aislado en una quinta de Santa
Lucía”.[17]
Con esta visión también está el Dr. Julio César Mussio
Fournier; “Los síntomas principales de
ese desequilibrio eran una extrema irritabilidad, una impulsividad
incontenible, una especie de sordera espiritual para las ideas ajenas teñidas
frecuentemente con un fuerte matiz de delirios de grandeza. La irritabilidad y
la impulsividad explican los numerosos incidentes que el Dr. Brum tuvo con
hombres conocidos”.[18]
Como en tantos casos, solo el protagonista sabrá los motivos
que lo llevaron a tal acto.
¿Cuál fue la reacción de Terra ante el desenlace? En un
reportaje los hijos de Gabriel manifestaron; “Estaba en casa de mi padre cuando vino la noticia que Brum se había
suicidado –expresó Matilde Terra- Papá quedó tan anonadado que le vi hasta
lágrimas en los ojos. ‘No puede ser –decía- ¿Cómo pudo haber pasado eso? ¡Si había decidido
albergarse en la Embajada de España!’ Mi padre le tenía gran aprecio. No creo
que su consternación al recibir la noticia haya sido menor que la que
experimentaron quienes estaban acompañando a Brum. Sintió profundamente su
muerte. Ellos se tenían una gran amistad tanto personal como política. Más le
digo: dos o tres días antes del golpe de Estado, papá recibió en casa la visita
de Brum. Cuando se retiró él comentó con mi hermano Antonio: ‘Si todos fueran
como Brum no tendríamos tantos problemas’. Dio a entender que era un hombre
comprensivo y conciliador”.[19]
El día después
En los tiempos políticos que se vivía en ese momento, la
prensa se vio censurada, por ejemplo El
País contaba con nueve espacios censurados, actividad que desarrollaba el
Ministro del Interior. Se aprecia el siguiente título: “Ayer se pegó un tiro el doctor Baltasar Brum”.
El Plata, mostraba
las fotos de acontecimiento se podía leer “versión
oficial de los hechos”.
El Ideal, si bien
habla del acontecimiento, no se encuentra una línea sobre la disolución de la
Asamblea.
Algo en común de los cuatro órganos de prensa, ninguno de
ellos daba datos del lugar del velatorio, ni la hora y lugar del sepelio.
La tarde del 1º de abril fue testigo del sepelio de Baltasar
Brum, el mismo fue a las 15 horas en el Cementerio
Central, acompañado con la presencia del pueblo, según las versiones entre
5.000 y 10.000, se notaron algunas ausencias, por ejemplo, nadie del cuerpo
diplomático, como también autoridades del gobierno y claro está por fuerza
mayor ningún dirigente batllista.
“El golpe de Estado
cayó, en cierto modo, como una piedra en un charco. Salpicó lodo sobre quienes
la arrojaron, pero no agitó muchas ondas de la vida nacional ni levantó grandes
olas de indignación pública”.
Emilio Frugoni[20]
Por muchos años fue una cita obligatoria para el Partido
Colorado, la realización de homenaje, ya sea en la Casa del Partido como en el
propio Cementerio, y en el 2015 ante instancias electorales se realizó en la
propia puerta del domicilio de Baltasar.
Pero han pasado años y casi ha pasado desapercibido.
Baltazar Brum
Tabaré Etcheverry
"Crónicas de Hombres Libres"
(1972)
Recitado:
En 1933 de nuevo
intereses extraños a esta tierra
encadenan otra vez las libertades
y ponen de dictador a Gabriel Tierra.
intereses extraños a esta tierra
encadenan otra vez las libertades
y ponen de dictador a Gabriel Tierra.
La afrenta que el perjuro
hizo a la patria,
encontró a todos
con conciencias muertas.
Sólo Baltazar Brum
tuvo coraje,
sólo Baltazar Brum
tuvo vergüenza.
Cantado:
Allí están, son esos pocos
don Baltazar,
cuatro o cinco lo acompañan.
cuatro o cinco lo acompañan.
Y ya se van en la puerta, vidalita
casi toda mañana.
casi toda mañana.
Coraje del hombre solo,
son Baltazar,
porque él sólo se ha plantado
la camisa abierta al pecho, vidalita
y un revolver en la mano.
son Baltazar,
porque él sólo se ha plantado
la camisa abierta al pecho, vidalita
y un revolver en la mano.
Declamado:
¿Dónde están Coroneles y Generales?
¿Dónde está ese partido que me eligió?
¿Dónde están, ciudadanos montevideanos?
¿Dónde está ese partido que me eligió?
¿Dónde están, ciudadanos montevideanos?
Cantado:
¿Dónde están oficiales de la nación?
Aparecen a prenderlo, vidalita
y a balazos le contesta.
Pues la vida loca importa,
don Baltazar.
Otra cosa es lo que cuenta.
y a balazos le contesta.
Pues la vida loca importa,
don Baltazar.
Otra cosa es lo que cuenta.
Soledad de un hombre solo,
don Baltazar,
solo en calle desierta,
la patria está junto a él, vidalita,
haciendo guardia en la puerta.
Declamado:
¿Dónde están los soldados que no aparecen?
¿Dónde está todo el pueblo que me eligió?
¿Dónde están Generales y Coroneles?
¿Dónde está todo el pueblo que me eligió?
¿Dónde están Generales y Coroneles?
Cantado:
¿Dónde están los oficiales de la nación?
Recitado:
El treinta y uno de marzo
se va estirando en la tarde
y se hace larga la sombra
del hombre solo, que aguarda.
se va estirando en la tarde
y se hace larga la sombra
del hombre solo, que aguarda.
A las cuatro de la tarde
cruza el centro de la calle.
La camisa abierta al pecho
y el pecho abierto a la patria.
cruza el centro de la calle.
La camisa abierta al pecho
y el pecho abierto a la patria.
A las cuatro de la tarde
se escucha un tiro en la calle
y se hace noche de pronto
de un sudario de espanto.
se escucha un tiro en la calle
y se hace noche de pronto
de un sudario de espanto.
Cantado:
A la cuatro de la tarde, vidalita
se fue doblando, doblando.
Para irse erguido por siempre
don Baltazar,
a las cuatro de la tarde.
se fue doblando, doblando.
Para irse erguido por siempre
don Baltazar,
a las cuatro de la tarde.
Y la cuidad parecía muerta, vidalita,
el pueblo no se asomó
y estaban los uniformes,
don Baltazar,
saludando al dictador.
el pueblo no se asomó
y estaban los uniformes,
don Baltazar,
saludando al dictador.
[1] Ferreiro
Aspiroz, Hernán- El 31 de marzo de 1933 según algunos documentos británicos. En
Boletín Histórico del Ejército. Nº 279-282.
19990.
[2] Cigliuti, Carlos W.- El gesto heroico de Brum. Correo
de los Viernes. 2 de Abril de 1982.
[3] Frugoni,
Emilio- Revolución del machete.
[4] Gómez,
Eugenio – Historia del Partido Comunista del Uruguay.
[5] [5] Di Candía, César- Suicidio de Brum: ¿acto de heroísmo, decepción o consecuencias de
desequilibrio? En quepasa/historias
coleccionables. Nº 110. Julio 2002. p. 6.
[6] Di Candía, César- p. 4.
[7] Di Candía, César- pp. 4-5.
[10] Di Candía, César- p. 6.
[11]
BUSQUEDA- Las dos versiones de la muerte de Brum. César di Candia. 6 febrero de
1997.
[12] El Plata. 21 de mayo de 1933.
[13] Trochon, Yvette – Vidal, Beatriz-El régimen terrista (1933-1938).
Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo. 1993. pp. 98-99.
[14] Batlle Berres, Luis- Cobardía y traición. Buenos Aires. 1933.
pp.68-69.
[15]
Frugoni, Emilio- Ob. Cit. p.
[17] Di Candía, César- p. 8.
[18] Di Candía, César- p. 8.
[19] BUSQUEDA- 31 de marzo de 1933, golpe de Estado de Gabriel Terra. ¿Tercera
República o república de tercera? (10). 13 Febrero 1997.
[20] Frugoni
p. 175.






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