lunes, 28 de enero de 2019

Hecatombe de Quinteros



Atmósfera de sangre y violencia


 Si lo que vimos hasta el momento, nos parece bárbaro, que nombre le daremos a lo que se nos viene…

Soplan nuevos tiempos para el país, se acerca una nueva instancia de elección presidencial por parte de la Asamblea General. Esto motivo el regreso del General César Díaz, que se encontraba al frente de la delegación oriental en Buenos Aires, para encabezar los trabajos que sus amigos en Montevideo habían iniciado en favor de su candidatura. Diríamos modernamente su plataforma política estaba en base a; “Observancia de la Constitución, conservación a todo trance de la paz interior, tolerancia nacional en cuanto a todo el que pretendiese envolver al país en nuevas desgracias; fomento de la industria; repatriación de los emigrados”.[1]
En la vereda del frente estaba el candidato respaldado por los caudillos que firmaron el Pacto de la Unión, Don Gabriel Antonio Pereyra;[2] quien publica su futuro programa de gobierno; “En el franco y leal cumplimiento de la Constitución buscaré la fuerza y la sanción de todos mis actos gubernativos… Colocado en esa altura, si el hombre privado conserva alguna simpatía por tal o cual partido, el jefe del Estado, padre de la gran familia oriental, no tendrá más colores que los purísimos colores de la bandera de la patria. Debajo de su sombra cabemos todos; esos colores simbolizan recuerdos sin mancha; son acaso el único vínculo que puede todavía unirnos. Ellos me impondrán el deber de iniciar mi Gobierno proclamando la unión, la concordia, el olvido de nuestras malas pasiones… Mande quien mandé, la mitad del pueblo oriental no puede conservar en eterna tutela a la otra mitad”.[3]
No nos olvidemos la presencia de un tercer candidato en la disputa presidencial del Dr. Florentino Castellanos, que al decir del Gral. Venancio Flores, la misma estaba impuesta por la diplomacia brasileña.

A medidas que se acerca la fecha, el clima se espesaba, así lo denuncia el diputado Mateo Magariño;  El día 2 del corriente –febrero-, a la salida de una casa de familia honesta, se tomaba a todas las personas que no tenían una papeleta de nacionalidad extranjera o que no llevaban en su bolsillo el diploma de excepción del servicio militar, llegando el desacato de los ejecutores de tan arbitraria medida hasta detener a algún representante de la Nación, coincidiendo ese acto con la interpelación que ese mismo día se había hecho al Ministro respectivo… También coincide ese proceder con la aglomeración de fuerzas de la Campaña sobre la Capital, en circunstancias en que debe abrir sus sesiones ordinarias el Cuerpo Legislativo”.[4]
En este ambiente el Gral. Flores que se desempeñaba como Comandante de Armas, haciendo una demostración de fuerza, pasa revista a sus tropas en la Plaza Artola –actual Plaza de los 33-. En momentos que en las barras de Diputados se producen arrestos por parte de la policía; motivando una asonada de italianos a consecuencia del fallecimiento de un menor de dicha nacionalidad, la desgracia se debió a una bala  escapada del Cuartel de Guardias Nacionales. Se produce prisión y destierro de varios de los oficiales de la vieja legión italiana que fuera liderada por el nizardo Giuseppe Garibaldi.

Sin duda eran tiempos difíciles. Al domicilio del Gral. César Díaz, la policía venía desde hace un tiempo realizando una vigilancia rigurosa, por lo que el dueño de casa entendió que era momento de buscar un lugar más seguro, por lo cual pide asilo en la Legación de España, acompañado por el Coronel Francisco Tajes conjuntamente con otros amigos.
El presidente en ejercicio Don José María Plá Machado, tomo la resolución de dejar sin efecto la prohibición que pesaba sobre los diputados Muñoz, Torres y Beltán, por lo que pueden regresar al país como todos los emigrados políticos, las puertas de la patria se encontraban abierta para todos ellos.
Calmados los ánimos, la designación de la primer magistratura recayó en el candidato de los pactistas de la Unión, Gabriel Antonio José Pereira Villagrán, por los 33 legisladores de los 45 que constituían la Asamblea.[5]
El Presidente casi de inmediato pretende dar señales a la población de su distanciamiento con los caudillos, que lo habían propulsado a dicho cargo. Para ello la primer medida está destinada a dejar
Gabriel Pereira
sin efecto las medidas militares que fueron tomadas en diciembre de 1855, la que se encuentra la Comandancia de Armas  que estaba a cargo de Venancio Flores.

Como también había llegado otro estilo de entender la política institucional; “Jamás Administración alguna halló al país en el estado de postergación y desquicio en que los encuentra la del señor Pereyra; pero tampoco Administración alguna ha encontrado jamás mayor cooperación, más sincero deseo de ser ayudada. Del exceso del mal ha surgido el bien. La animación que se nota, la confianza en el porvenir y la esperanza que todos abrigamos de superar las dificultades que nos rodea, no tienen otra base que la persuasión en que todos estamos de que el Gobierno va a emprender con mano firme la reforma que la Administración del país reclama, y de que el Gobierno va reorganizar, regularizar y movilizar esa Administración”.[6] Y si a esto le sumamos  el regresos de emigrados radicados en la vecina orilla, parece ser que se encausaban las cosas en el país.
Entre los regresos estaba la llegada de los diputados José María Muñoz, Fernando Torres y Eduardo Beltrán, cuando fueron a ocupar sus lugares en la Cámara, al  ascender las escaleras del Cabildo, Torres fue agredido, situación que se repitió con otros diputados al terminar la sesión. Estos hechos se produjeron ante la pasividad de la guardia de cárceles y de la policía. Los agresores vitoreaban el nombre de Palomeque, Presidente de la Cámara de Diputados.
El titular del Poder Ejecutivo, tomo las medidas para encontrar los responsables de los acontecimientos, pero todo quedo en una simple pantalla, pasaron 14 meses para que llegara al Juzgado del Crimen.
El juez libro orden de arresto de: Narciso del Castillo, Francisco Oribe, Eduardo Díaz, Pedro P. Díaz, Santiago Botana, Manuel Méndez Caldeira, Francisco Ramos da Rúa y al capitán Malbárez. La policía no pudo “aprehender” a ninguno, por lo que se debería de hacer un exhorto para todos los departamentos.

Recordemos que todo esto está sucediendo en el primer mes de asumido Pereira, se produce un hecho que determino el destierro a Bs. As. del Gral. César Díaz, Cnel. Francisco Tajes, del Comandante Susine y de los capitanes Fernández y Larragoitia. Por descubrirse que estaban conspirando, así lo deja en claro el Presidente en su comunicación a la Asamblea; “Que en la noche del 26 (marzo) y en las noches anteriores, se hacían reuniones en casa del general César Díaz, cuyo número llegó a ser de 80 y de 100 individuos, entre algunos jefes y oficiales que se nombran, y eso sin contar otras reuniones en casas inmediatas a la del general Díaz; que al mismo tiempo se intentaba seducir a los soldados del Escuadrón de Artillería, y aún a su comandante el sargento mayor don Benigno Evia quien se ofreció con reiteración el empleo de coronel de artillería y mando absoluto del cuerpo y todo el dinero que necesitase para sí y su familia, garantiendo esto con firmas del comercio de esta plaza”.[7]
Era claro que el clima no era el mejor para encausar la vida de la república; “Se intenta voltear el ministerio, dicen unos y no expresan quién lo intenta ni por qué. Habrá un conflicto, dicen otros, luego que las Cámaras se cierran y no se dice por qué ni para qué. El Gobierno está preparado y toma sus medidas, es también una moneda que corre y tiene crédito. Los generales del pacto se aprestan y cada uno reúne más o menos ostensiblemente sus recursos. Y en medio de esta lluvia de rumores y de cálculos en que no intervienen sino los deseos puramente individuales, pocos se acuerdan de que en un país constitucionalmente dirigido, que tiene su carta clara y explícita, que se halla en una época rigurosamente normal, nadie gobierna sino el Gobierno, y que cada uno de esos rumores que toma cuerpo como los fantasmas de la noche en la imaginación de los niños, aleja de Montevideo a todo el que tiene algo que perder y en qué emplear su tiempo tranquila y útilmente. Así, de día en día, merced a esa fiebre de creaciones políticas, nos vamos quedando sin comercio, sin rentas, sin población, porque no hay que engañarse; si a media docena de individuos puede convenir que el río se revuelva, a cien mil no les conviene sino que corra tranquilo y claro como es natural”.[8] A pesar de esto, el país pudo encausar un tiempo de tregua, la que perdura hasta que se reanudan los trabajos para las elecciones de 1857.
Se produce el regreso desde Bs. As. de Juan Carlos Gómez, desde Entre Ríos el Gral. Venancio Flores y el Gral. Manuel Oribe retoman la senda política, estos últimos con el mismo espíritu fusionista que los unió no hace mucho tiempo.

Aunque se levanta espíritus contrarios, como es el caso Club de la Defensa, identificado con los generales César Díaz y Enrique Martínez y el Cnel. Francisco Tajes, quienes manifestaron; “Declaramos que nuestros principios son los que se sostienen en la Defensa de Montevideo contra la invasión armada que trajo a la patria Manuel Oribe”.[9]

Realicemos un simple cuadro para ver lo intrincado de la política:

Los conservadores en el
Club de la Defensa
Juan C. Gómez
Buscaba el fin del gobierno de Gabriel Pereira.
Colorados situacionistas en el Club de la Unión
Gral. Medina, Manuel B. Bustamante, Luis Lamas, José G. Palomeque, Mateo Magariño.
Alrededor del gobierno, buscan la fusión de colorados y blancos
Colorados seguidores de Venancio Flores

Fusión pero en oposición a Gabriel Pereira.
Blancos fusionistas
Cándido Joanicó, Manuel Errasquin, José Brito del Pino, Antonio de las Carreras, José Vázquez Sagastume.
Apoyando al Presidente Pereira.
Blancos fusionistas

Si bien apoyan al Presidente, responden a Manuel Oribe.

El domingo 1º de noviembre de 1857, estaba programado un acto público en el Teatro San Felipe, por parte de Juan Carlos Gómez. El mismo fue prohibido por decreto presidencial; “Empeñado el Presidente de la República, decía el preámbulo, en conservar la paz, como se lo preceptúa muy especialmente la Constitución y como lo exigen los verdaderos intereses del país que empieza recién a reparar los inmensos quebrantos causados por las disensiones de partidos; persuadido íntimamente de que el único medio de conservar aquellos bienes tan deseados por la gran mayoría sensata y pacífica de la población nacional y extranjera, es la realización del programa que regula la política del Gobierno y que ha sido aceptado por el país, así también como es el medio de anarquizar el país el levantar la bandera de alguno de los viejos partidos que han ensangrentado la República… Y considerando que por mucho que sea el acatamiento del Gobierno al libre ejercicio del derecho electoral, que por lo mismo de ser sagrado dentro de sus justos límites no debe consentirse su abuso empleándolo para concitar a la guerra civil, alegando falsos peligros para la independencia del país cuyo pabellón tiene el orgullo el Presidente de la República de mantener en su mayor altura…”.[10]
A las horas se procede al arresto y destierro con destino a Bs. As. de Juan Carlos Gómez, Vicente Garzón, Isaac de Tezanos entre otros jefes y oficiales.

El jueves 12 de noviembre de 1857, en el Paso Molino se produce el fallecimiento de Manuel Oribe, el Ministro de Gobierno, Carlos San Vicente al inhumarse los restos, hizo uso de la palabra; “Ante estos recuerdos de grandeza y de gloria nacional deben acallarse las discordias de partido, deben extinguirse las mezquinas pasiones de egoísmo y de individualidad, en este momento doloroso y solemne no somos, no podemos ni debemos ser sino orientales, y los orientales no olvidaremos jamás, no podemos olvidar que el general  don Manuel Oribe fue uno de los héroes que al lado de Lavalleja nos dieron patria y libertad”.[11]

La reacción inmediata fue la abstención electoral, y desde la vecina orilla se comienzan los preparativos revolucionarios, como en los viejos tiempos, estos contaban con el apoyo del partido unitario y con el concurso moral de la prensa. A mediados de diciembre en Uruguay se produce una intentona en el Escuadrón de Artillería, la que tuvo como consecuencia el arresto y destierro de César Díaz, como también de varios jefes y oficiales y los dueños y redactores de algunos periódicos como el caso de  El Comercio del Plata.
El Jefe Político de Minas, el Cnel. Brígido Silveira, fue llamado para que diera explicaciones, pero todo indica que las mismas fueron satisfactoria porque volvió a su departamento para continuar en el su cargo.[12] La medida no fue muy oportuna, ya que a las horas se produce el alzamiento al frente de 500 hombres, conjuntamente con los comandantes Pollo, Caballero y Farías.


El 1º de enero dado el alzamiento el gobierno tomo las medidas del caso; “Declárase reos de lesa patria a los traidores Brígido Silveira y demás jefes y oficiales que se hayan prestado o se prestaren a apoyar la rebelión contra el Gobierno. Ordénase a las autoridades civiles y militares de la República, que en el caso de ser aprehendidos los autores de la rebelión, procedan a juzgarlos con brevedad y pronta aplicación de la ley”.[13]  A los pocos días Silveira se encontraba delante de Montevideo, después de vencer en el Colorado a las fuerzas policiales de Zenón Freire.[14] Mientras tanto debían llegar nuevos integrantes desde Bs. As. y un alzamiento en el cuerpo de artillería en Montevideo, al mando del Sargento Mayor Aurelio Freire, y la captura del Presidente por parte de un grupo de 40 italianos “los lombardos”, los mismos fueron capturados antes de concretar su plan. Motivando un manifiesto de Pereira a los extranjeros para que mantuvieran la más estricta neutralidad ante los acontecimientos que se venían produciendo.
El parte policial establecía; “…De una nota del señor Comandante de la Guardia Nacional aparece que en la noche del dos de Enero, se encontraron en la casa de la calle Canelones, como cien escopetas y doscientos paquetes de fusil a bala. De las declaraciones del Oficial y Guardias Nacionales que concurrieron a la casa en la noche del 2 de Enero, resulta que al llegar al zanjón que está inmediato a dicha casa, recibieron  una descarga de un grupo de hombres que habían estado reunidos en ella, de cuyos tiros murió el Guardia Nacional D. Anjel Vidal. De la declaración de D. Benito Cruces aparece que la reunión que tuvo en su casa la noche del 1º de Enero, se componía de D. Timoteo Rodríguez, Coronel D. Matías Barrios, D. José Feo, D. Felipe Alonso, el Capitán D. Ramón Bermúdez, D. Manuel Rosendo y Mr. Monetot, cuyas personas tenían la costumbre de ir a su casa a pasar el rato…
…Los expresados individuos declaran haber estado haber visto vender armas ni entrar gente en la casa. Resulta plenamente probado que el día dos de Enero del corriente año, hubo una conspiración de lombardos en la casa de D. Emilio Insaurraga, calle Canelones, cuyo número llegó a cuarenta hombres: que todos ellos estuvieron armados de escopetas y puñal con el designio de atacar la casa del Presidente de la República, saquearle y compartirse el robo; que en la casa se halló un crecido número de escopetas de uno y dos tiros cargados a bala –puñales de diferente formas, municiones y divisas coloradas- y que el piquete de Guardías Nacionales que se acercó a tomar posesión de la casa, recibió una descarga, de la que murió en el acto D. Anjel Vidal, uno de los que componían el piquete, cuya agresión fue hecha por un grupo de los mismos conspiradores que se habían conservado en las inmediaciones de la casa. En el día se trata de investigar el paradero de los ocupantes de la casa, y al efecto se han librado las requisitorias competentes. Tal es el estado de la causa. Ramón de Santiago, Oficial 1º de Policía. Narciso del Castillo, Escribano Público…”.[15] El movimiento fue delatado por uno de los compatriotas Ángel Presbitte. Pero es justo decir que no se tiene mucha certeza que esta conspiración estuviera coordinada con los rebeldes, pero al gobierno le vino como dedillo al dedo.

La prensa de la Provincia de Bs. As. reflota viejos ánimos, así lo vieron en esta orilla; “Preciso es que los hombres de la Defensa recuerden lo que han sufrido y lo que sufrirían en caso de tener algún contraste las armas de la libertad. Preciso es recordar los quebrantos que ha sufrido la República, ocasionados por hombres que vendieron su patria a un tirano, y con arreglo a ello marchar con firmeza, dando principio al exterminio y confiscación en todos los puntos que dominen las armas de la libertad. De lo contrario la guerra es desigual y viendo los soldados de la libertad que no se adopta una marcha enérgica y firme, pronto entrará el desaliento, faltarán los recursos, y ellos con su antigua táctica, tomarán vuelo y llevarán la ventaja que siempre han llevado… La experiencia nos ha mostrado ya que sin esa medida es imposible que se acabe la guerra civil en las dos márgenes del Paraná y del Plata, y siendo esta una necesidad imprescindible, es preciso endurecer el corazón y adoptarla: a quienes guerra a muerte saben hacer, con guerra a muerte se les debe responder. Si ellos abrieron la escuela para destruir todo lo bueno, para degollar a todo hombre de honor y si son los verdaderos autores de todos los males que han sufrido las dos Repúblicas del Plata, abren de nuevo la misma escuela de Rosas y Oribe que ellos establecieron para acabar con todo lo bueno y para asesinar lo más notable de nuestra patria, ¿qué cosa más llana y sencilla que lavar con sangre la manchas de sangre?... La fusión es una mentira, la fusión es imposible, es tolerantismo, un crimen de lesa patria, y los soldados de la libertad deben preferir que se acabe la especie humana, antes que se pierda la campaña… Con el terrorismo, el robo y el pillaje alentó Rosas y Oribe a sus tropas de bandidos; con el terrorismo se les debe contestar, y a quienes son tan amaestrados en la guerra a muerte, con la guerra a muerte se les debe responder”.[16]

Los revolucionarios procedentes desde Bs.As. lo realizaban en la goleta Maipú –propiedad del gobierno de la Provincia de Bs. As.-, llegan el miércoles 6 de enero a las costa del Cerro en pleno día, al mando del Gral. César Díaz, los comandantes Eugenio Abella y Juan C. Vázquez, sargentos mayores Felipe Arroyo, Esteban Sacarello y José M. Cabot y capitanes Manuel Pagola y Juan Manuel de la Sierra, además de uno setenta y tantos hombres. Se produce el encuentro con las fuerzas en tierra. Al mando de las mismas se puso César Díaz, desde el Cerrito bajo a la plaza de Montevideo, con intenciones de atacarla, las operaciones duraron dos días, llegaron hasta el Templo Inglés y la calle Piedras.

Al no tener noticas del Cuerpo de Artillería, Díaz resolvió retirarse al interior para continuar con su campaña bajo una nueva estrategia.   Esta decisión será una mala jugada. Recordemos que César Díaz y sus seguidores tenían sus fuerzas y vinculaciones en Montevideo, y no contaban con apoyo en la campaña, lo que si podía tener el Presidente.
Motivando una seguidilla de derrotas a los revolucionarios, el 16 de enero era derrotada la caballería del Cnel. Silveira a manos del Cnel. Benardino Olid en las puntas del Solís. El 18 aunque en este caso las versiones son diferentes. Díaz continúo su marcha al Paso de Quinteros, donde fue alcanzado por las fuerzas del Gral. Anacleto Medina, donde los insurgentes se declaran vencidos.
Ese mismo día Gral. Medina le informa al Presidente; “Hemos triunfado completamente, pues el ejército rebelde que logramos alcanzar, todos se ha sometido y ha entregado sus armas, pertrechos y bagajes… El general don César Díaz, Freire, el coronel Tajes y 14 jefes más están prisioneros en nuestro poder”.[17]
Llegando a Montevideo, el lunes 8 de febrero nuevamente Medina escribe; “Después de derrotados completamente los rebeldes por la vanguardia del ejercito constitucional, quedaron reducidos en el Paso de Quinteros con su infantería y tres escuadrones de caballería, donde el grueso del ejército que había tomado la retaguardia del enemigo los embistió circunvalándolos para cargarlos. Entonces fue cuando tentaron la capitulación por primera vez y segunda vez que no quise oír, hasta que habiéndola propuesto por tercera vez, les intimé se rindieran a discreción y sin condiciones en el término de media hora, so pena de ser inmediatamente acuchillados por el ejército. Se rindieron efectivamente y considerándolos, como realmente eran, traidores tomados con las armas en la mano, los puse a disposición del Gobierno”.[18]

Por su parte los rebeldes pudieron hacer sus cartas para sus familiares, que serían enviadas con las notificaciones oficiales a Montevideo. Es el caso de César Díaz, el 29 de enero le escribe a su hermana y esposa; “Mi querida Angelita: ayer hemos sido obligados a capitular con el general Medina. Mediante un parlamento se convino en que serían garantidos todos los oficiales y soldados y que los jefes obtendríamos un salvoconducto para salir del país. En efecto, se nos dio el pasaporte, expresando en él que seríamos acompañados hasta la frontera del Brasil por el Jefe Político de Cerro Largo don Dionisio Coronel, y la tropa fue entregada con sus armas. Pero aun  cuando estaba convenido de palabra que ayer mismo saldríamos para nuestro destino, estamos hasta hoy en el campo del ejército. Se nos dice que es para que marchemos junto con la división de aquel departamento, que debe salir de hoy a mañana…

 
César Díaz
Mi querida Pepa –esposa-: después de extraordinarios esfuerzos para sostener la campaña, nos hemos visto ayer obligados a capitular. El general Medina ha garantido la vida de todos los oficiales y soldados que me acompañaban. En cuanto a mi y los demás jefes, no ha dado un pasaporte para marchar a la frontera del Brasil, bajo una escolta de las fuerzas a su mando. Esto ha sido pactado antes de deponer las armas. Y tengo en mi bolsillo el expresado pasaporte; …No me figuro que el general Medina sea capaz de violar  un convenio celebrado con todas las formalidades de la guerra; pero no puedo sn embargo hablar con seguridad de mi futura suerte. ¿No llevarán al Brasil? ¿Nos llevarán a Montevideo? ¡Quién sabe! Pienso a todas horas en ti”.[19]
O el caso de Vicente Garzón en carta a su madre; “Hemos sido vencidos por la incapacidad de nuestro general; el enemigo ha sido muy generoso con nosotros. Lasala me ha sacado de entre los prisioneros y me tiene a su lado”.[20]


Por su parte Juan Manuel de la Sierra nos presenta la rendición de la siguiente manera; “Al llegar al Paso de Quinteros en el río Negro, quedaron en contacto los dos ejércitos: el de Medina fuerte de 2.500 hombres y el de César Díaz, que ya no alcanzaba a 500 en razón de haberse retirado varias partidas ante el anuncio de una transacción. Después de algunos combates aislados, el general Díaz envió un parlamentario contra la opinión del coronel Tajes, quien se inclinaba a seguir luchando por falta de confianza en la actitud de los adversarios. El mayor Espinosa, que era el parlamentario, regresó con una carta de Medina y, luego de leerla, dijo César Díaz a Tajes: “El general Medina me dice aquí que garante la vida de todos nosotros; por consiguiente trato con él y no con los blancos”. Volvió Espinosa al campo de Medina y regresó con un pliego que establecía las siguientes condiciones: las fuerzas sublevadas se someterán al jefe del ejército constitucional; los oficiales y soldados serán conducidos a la Capital para ser puestos a disposición del Presidente de la República; el general y los demás jefes pasarán con sus respectivos pasaportes al Brasil… Estas condiciones estaban firmadas por Medina y fueron leídas a los oficiales y soldados después de su aceptación por los jefes superiores.
Mientras se pactaba una suspensión de armas, en que los jefes de Medina se daban por interiorizados de las condiciones de la capitulación.
César Díaz se quedó con el original y pasó una copia bajo su firma a Medina. En el acto del canje de las notas, don Dionisio Coronel notificó a los jefes de la revolución que debían ponerse en marcha para el Brasil, custodiado por el escuadrón del capitán Álvarez, y ya la columna se había puesto en marcha y había andado unas tres leguas cuando se mandó retrogradar.

Antes de llegar la orden de fusilamiento hubo en el ejército un movimiento contra la vida de los prisioneros, que obstó al cumplimiento inmediato de la capitulación, resolviéndose esperar la palabra del Gobierno.

La orden llegó el 1º de febrero y en el acto fueron fusilados el general César Díaz, quien al caminar hacia el sitio del suplicio y al enfrentarse con Medina le increpó su conducta en estos términos: “¿qué vale ya la palabra de un general oriental?”, el general Manuel Freire, el coronel Francisco Tajes, el coronel Eulalio Martínez, y al día siguiente los comandantes Isidro Caballero, Eugenio Abella, Benigno Islas, Juan José Poyo y Ramón Islas, los sargentos mayores Esteban Sacarello, Manuel Espinosa, Aurelio G. Freire y varios oficiales subalternos”.[21]

Otro aspecto a tener presente son las comunicaciones y los plazo que estas son conocidas, ¿por qué esto? Simple, el único medio de comunicación que existía en el país era la de los mensajeros a posta de caballo. Es así que el Presidente el sábado 30 de enero, celebró en acuerdo de ministro; “Resuelto el Gobierno a salvar el país de la desmoralización a que lo  han conducido las continuas maquinaciones de los enemigos de todo orden que sin más pretexto que sus bajas pasiones conspiran contra la sociedad atacando a los gobiernos legítimos que la representan, y no pudiendo clasificarse de otra manera que la banda de forajidos entregados a todos los excesos del pillaje y del exterminio la aglomeración de hombres que han osado venir sobre la Capital y en cuya persecución han marchado las fuerzas nacionales, que no pueden tardar en castigar a esos delincuentes malvados, puestos ya fuera de la ley en virtud de los decretos y órdenes dictados para el caso de ser aprehendidos; y considerando el Gobierno que aunque autorizado para usar de la clemencia compatible con las circunstancias, no puede extenderla a los jefes y oficiales tomados con las armas en la mano, porque además de aparecer débil e inconsecuente con las promesas hechas al país, contraería para con él una sería responsabilidad: en cumplimiento de lo dispuesto en el decreto de 1º de enero del corriente año, que declara reos de lesa patria a todos los jefes y oficiales que se hayan prestado o se prestaren a apoyar la rebelión contra el Gobierno, ha acordado que se oficie al General en Jefe del ejército nacional para que haga pasar por las armas a los generales y jefes que aprehenda hasta la clase coronel inclusive, y que desde la de teniente coronel hasta la de alférez sean quintados[22] para sufrir la misma pena. Y que si entre estos mismos hubiese algunos que se hubieran distinguido por hechos de una criminalidad remarcable en asesinatos y saqueos, sean exceptuados de la quinta y fusilados sin entrar en ella.
Pereira, Antonio de las Carreras, Juan A. Gómez, Federico Nin Reyes”.[23]

A los dos día se tiene conocimiento del parte oficial de lo ocurrido en el campo de batalla, lo que motivo, un cambio en el Presidente, que le comunica a su ministro de guerra, donde se mantiene la ejecución de los jefes de coronel arriba, pero quedaba sin efecto a los oficiales inferiores.  Pero ya era tarde… no olvidemos que seguía vigente el decreto del 1º de enero.

A los cuatro días de la derrota ocurre lo inesperado: el fusilamiento de los generales César Díaz y Manuel Freire –integrante de la Cruzada de los 33 Orientales-, los coroneles Francisco Tajes, Eugenio Abella e Isidoro Caballero, y una veintena de jefes y oficiales, como también otros que se fueron sumando a medida que se marchaba rumbo a Montevideo.
El Cnel. Caballero le envió correspondencia al redactor de La Reforma Pacífica, Nicolás A. Calvo, en momento que César Díaz se despedía; “Cuando nos arrojamos a la revolución, vinimos a triunfar o a ser vencidos, y en este caso sabíamos que jugábamos nuestras cabezas. No es este pues, el momento de pensar en las balas que nos van a atravesar. Lo que es preciso es saber morir. –acto seguido abrió su pechera para que le disparara- Deseo que esta sangre que va a derramarse sirva realmente para la verdadera unión de los orientales”.[24]
Por su parte el Sargento Mayor Juan Manuel de la Sierra, cuando le toca el turno al Cnel. Caballero este manifestó; “Si supiera que mi sangre habría de redimir a mi patria, moriría contento; pero si cae al suelo por el capricho de un hombre o de un partido, del suelo la han de recoger mis hijos algún día”.[25] Según el mismo testigo Francisco Tajes se disparó dos tiros, sin lograr su objetivo, quitarse la vida, estando en esa situación se le fusila.

Para finalizar el tema, veamos el discurso del Presidente al inaugura una nueva legislatura en febrero de 1858; “…según lo reclamaban los altos y bien entendidos intereses del país, al cual era preciso darle ejemplo saludable y seguridades de que para el futuro no volviera la anarquía a levantar la cabeza en nuestra tan hermosa cuando desgraciada patria. Por profundo que fuese el sinsabor que debía apurar el Gobierno aprobando y decretando ese grande acto de justicia penal, después de haber ofertado inútilmente el perdón y el olvido en los primeros momentos, tuvo que sobreponerse a todo sentimiento de clemencia, para no mirar sino la senda estricta y severa del deber y de la necesidad nacional”.[26]


Sin duda este episodio abrió un mundo de opiniones, que parecen hoy en día saldadas, en apariencia, dado que cada tanto todavía  aparecen columnas de opinión levantado voces de un lado y otro.

¿Qué pasó?

El Presidente Pereyra y el general Medina eran dos personajes culminantes del Partido Colorado, pero ellos contaban principalmente con el concurso de los blancos, sus antiguos adversarios políticos, que dominaban en el ministerio con Carreras, Nin Reyes y Andrés A. Gómez, y en el ejército de Quinteros con Lasala, Dionisio Coronel, Burgueño, Timoteo Aparicio, Madariaga, Rafael Rodríguez y Bernardino Olid.
La hecatombe, decía don Nicolás A. Calvo en “La Reforma Pacífica” de 1864, fue dictada para ahogar las revoluciones y no para favorecer a un partido político… “la responsabilidad de Quinteros no es de un partido, es de un gobierno y de un gobierno mixto”.
De un gobierno mixto en que dominaban los blancos, pudo y debió agregar”.[27]
 
Cementerio Central



Los lamentables acontecimientos de Paso Quinteros produjeron una gran conmoción a nivel nacional como internacionalmente. Los colorados tenían servida en bandeja, la bandera del martirio. En una sociedad caudillista, de “barbarie”, no hay otra forma que la venganza iba por el mismo camino. Era cuestión de esperar el momento propicio. Los más sanguinarios caudillos colorados pedían la cabeza de su antiguo camarada, el Gral. Medina y no descansarían hasta obtenerla.


[1] Acevedo, Eduardo- Anales Históricos del Uruguay. Tomo II. Barreiro y Ramos. Montevideo. 1933. p. 598.
[2] Gabriel A. Pereira 17 de marzo de 1794 – 14 de abril de 1861. Soldado artiguista, constituyente del año 30, ministro, legislador y Presidente de la República. Fue fundador de la Logia  Los Independentistas en 1819, Logia Caballeros Orientales en 1822, del Capitulo Independencia en 1830, de la Logia Tolerancia en 1830 y de la Logia Constante Amistad en 1831, Gran Comendador del Supremo Consejo de Grado 33º. Biografías masónicas orientales. Gran Logia de la Masonería del Uruguay. Tomo I. 1991. pp. 108-109.
[3] Acevedo, Eduardo- Ob. Cit. p. 598.
[4] Ibídem.
[5] La votación fue la siguiente: 24 votos a Pereira, 7 para Florentino Castellanos, 1 voto a José Ellauri y 1 para Juan Miguel Martínez.
[6] Acevedo, Eduardo- Ob. Cit. p. 603. Estas líneas son del diario El Mercurio, en su momento apoyaba la candidatura del César Díaz.
[7] Ídem. p. 605.
[8] Ídem. p. 607.
[9] Ibídem.
[10] Ídem. p. 618.
[11] Ibídem.
[12] Debemos recordar que el día de las elecciones, el Jefe Político patrocinaba una lista en la que se hallaban los jefes civiles del Partido Conservador que se encontraban desterrados en Bs. As.: Juan Carlos Blanco, José Mª Muñoz y Pedro Bustamante. El acto eleccionario quedo sin efecto por decreto del gobierno.
[13] Acevedo, Eduardo- Ob. Cit. p. 623.
[14] Sin entrar en la polémica, ya que la misma ha dado ríos de tinta, dejamos la misma planteada. En dicho enfrentamiento murió Luis Pedro Herrera –hermano del Dr. Juan José de Herrera-, donde su cuerpo después de ser brutalmente tortura, atado a la rueda de una carreta fue mutilado.
[15] Dotta Ostria, Mario- Caudillos, Doctores y Masones. Protagonistas en la Gran Comarca Rioplatense (1806-1865). Montevideo. 2006. p. 280.
[16] Acevedo, Eduardo- Ob. Cit. 632-633.
[17] Ídem.  p. 634. La misma llega a manos del Presidente el 1º de febrero.
[18] Ídem. p. 635.
[19] Ídem. p. 636.
[20] Ídem. p. 637.
[21] Ídem. pp. 638-639.
[22] Quintar era sortear entre cinco y uno se fusilaba.
[23] Ídem. p. 639. Es probable que la comunicación llegara entre el 3 y el 4 de febrero.
[24] Ídem. p. 627.
[25] De la Sierra, Juan Manuel- La Revolución de 1857 y la Hecatombe de Quinteros. Por un testigo presencial. La Tribuna. Montevideo. 1866. p. 58.
[26] Acevedo, Eduardo- Ob. Cit. p. 642.
[27] Ídem. pp. 627-628. Recordemos que en 1856 desde nuestras tierras los generales argentinos José Mª Flores y Jerónimo Costa, organizan una revolución contra el Gobierno de la Provincia de Bs. As., el final es similar al de Paso de Quinteros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario