Ojo por ojo diente por diente
El país
había encontrado el rumbo, la administración de Bernardo Berro, lo encauso pero
claro comenzaron aparecer escollos, las cenizas solo necesitaban una brisa para
reavivar los viejos odios partidarios.
El
domingo 19 de abril, fecha que recuerda unos de los hechos de nuestra patria,
se produce un nuevo desembarco, ahora no era contra un poder extranjero…
El
gobierno tomo la resolución inmediata de la movilización de la Guardia
Nacional, distribuyendo las fuerzan y sus respectivos oficiales al mando en
todo el país.
El
Gral. Venancio Flores el lunes 20 de abril de 1863 establecía su proclama; “Las puertas de la patria que os había
cerrado la tiranía, se han abierto y vamos a liberar a nuestros compatriotas de
los vejámenes que sufren. Nos hemos armado en su suelo para combatir al
Gobierno de los déspotas que vencidos siempre han aplaudido y continuado los
escándalos originados de la bárbara hecatombe de Quinteros”.[1]
Otro
elemento que sumo Flores, fue la utilización de grandes banderolas con una cruz
roja, también se encuentran algunas con un corazón de tela colorada en fondo
blanco. Unamos esto con una proclama que repetía el Cnel. Fidelis –jefe
brasileño del ejército invasor, al frente de una división auxiliadora- que
finalizaba; “¡Viva la religión católica!
¡Viva la constitución política del Estado! ¡Vivan nuestras leyes e
instituciones! ¡Viva el bravo general libertador!”[2]
Esto no solo tenemos que asociarlo con el tema de los cementerios,[3]
sino que se arrastra desde la administración de Gabriel Pereira, cuando este determinó
la expulsión de los jesuitas. Es así que una de las primeras medidas de Don
Venancio fue decretar el regreso de los jesuitas, como la libertad de actuación
de todas las congregaciones religiosas, que tenían entre su actividad la
educación.
El
clima por el cual atravesaba el país hizo postergar los comicios generales de
senadores y diputados que se debían de llevar adelante en noviembre de 1863;
una vez realizados debería de elegir al nuevo Presidente que debía de asumir el
1º de marzo.
Berro
llegaba al final de su mandato sin lograr pacificar al país, más allá de los
intentos. Si pudo dejar el sur del Río Negro despejado de los revolucionarios,
el otro lado del río era algo más complicado. El Gral. Caraballo estaba
sitiando Paysandú, mientras que las fuerzas de Flores hacían lo mismo en Salto
y Fray Bentos.
El
Gral. Venancio Flores toma la decisión en enero de tomar Paysandú. Para ello
concentra sus fuerzas que andaban alrededor de 1.100 hombres. Al no obtener los
resultados esperado en forma inmediata, Flores enfila rumbo a Montevideo, sus
fuerzas llegaron a la zona del Paso Molino, no pasaron más de cinco día cuando
retoma la marcha ahora hacia el interior nuevamente.
Llegado el 1º de
marzo, y al no llevarse a cabo las elecciones de diputados, le correspondió al
Presidente del Senado asumir la primer magistratura, Don Atanasio C. Aguirre,[4]
deja en claro su visión sobre los tiempos que se estaban atravesando; “La rebelión que ha perturbado el orden
constitucional de la República y que riega de sangre el suelo de la patria hizo
imposible la elección de los representantes del pueblo que habrían en este día
procedido, conforme al código fundamental, al nombramiento de jefe del Estado.
En tan grave situación he sido llamado como Presidente del
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Senado al desempeño
de las funciones del Poder Ejecutivo… en presencia de la rebelión y de la torpe
ambición que quiere abrirse paso a costa de la sangre y de la ruina del país,
no puede haber tregua ni descanso, no puede haber paz hasta su destrucción o
completa sumisión a la ley”.[5]
Buscando encausar la situación, por ello casi de inmediato levanta la medida a
los destierros impuestos por su predecesor a los senadores Juan P. Caravia y Vicente
Vázquez.
No se
hizo esperar la respuesta del caudillo colorado; “Acéfalos los poderes públicos, ¿qué resta hacer sino constituirlos; qué
otro camino sino reorganizarlos apelando a la soberanía del pueblo fuente de
todo derecho y de toda reorganización, cuanto sucesos como los que han ocurrido
interrumpen el orden regular de todas las cosas; qué otra resolución posible se
alcanza en tan crítica y ruinosa situación?”[6]
La estrategia de
las fuerzas de Flores fue ir evitando el enfrentamiento directo, hasta que
quedaron solamente las plazas de Paysandú y Salto en manos del gobierno. La
situación era esta al llegar una nueva fecha del 25 de agosto, Leandro Gómez
establecía; “Debemos jurar en presencia
de Dios y a la vista patria amenazada morir mil veces luchando con extranjeros
y traidores sin mirar el número, antes que consentir que la libertad del pueblo
oriental y su independencia sean pisoteadas por la planta ominosa de los
soldados brasileños y de los traidores que han de ser impotentes para conseguir
tan tremenda iniquidad”.[7]
Sumemos la nota que le dirigió al Ministro de Guerra, cuando Venancio Flores
estableció el sitio a la ciudad; “Una
tumba existe en esta heroica ciudad abierta por la mano de sus defensores y en
la que han de caer el asesino traidor Flores y sus hordas, o en ella han de
bajar cubiertos de gloria los soldados que defienden la independencia nacional
a mis órdenes, puesto que la lucha que ha de tener lugar ha de ser a muerte
necesariamente”.[8]
Comandancia Militar
de Paysandú
Mucho se puede
leer sobre los acontecimientos, una heroica defensa de la ciudad, ante un
adversario superior en fuerzas –solo el grueso del ejército brasileño era de 9000 hombres y más de 40
cañones, en los último 8 días se dio un combate sin cuartel-; pero este no es
nuestro centro de interés sino los primeros momentos de haberse producido la
victoria de las fuerzas revolucionaria esta situación el lunes 2 de enero el
Gral. Leandro Gómez solicita un armisticio de tan solo 9 horas, con el fin de
enterrar a los muertos y poder atender dignamente a los heridos, el mismo fue
denegado por Tamandaré y Venancio Flores. “El
general Gómez, antes de romper las hostilidades, quiso contestar esa nota…
Mientras hacía el cambio de comunicaciones la voz de tregua se hizo resonar
artificiosamente por los enemigos que venían a las mismas trincheras de la
plaza a estrechar las manos a los soldados, invocando el nombre cariñoso de
hermanos y predicando con la más afectada sinceridad el olvido y perdón de la
sangrienta lucha. De modo que nuestros cantones vinieron a quedar a
retaguardia… Cuando el general Gómez leyó la nota de Flores y Tamandaré mandó apresuradamente
al comandante Estomba que ordenara a los jefes de trinchera que no dejaran
penetrar a ningún enemigo, pero ya 200 de estos aunque desarmados estaban en la
plaza, dándose con nuestros soldados el abrazo fraternal en medio de los vivas
entusiastas a los valientes de la guarnición y al general Gómez. El Coronel
Estomba volvió con esta noticia y encontró delante del general Gómez a dos
jefes brasileños, a los comandantes colorados Belén y Mora y varios oficiales
que lo abrazaban con efusión y vivaban como los demás asegurado al general
Gómez que venían autorizados por los generales brasileños y por Flores para
garantirle su vida y la de sus oficiales. Pero el general Gómez les contestó
que esperaba el resultado de la nota que estaba haciendo escribir y que debía
enviar con el comandante Braga”.[9]
La Iglesia de
Paysandú
Esa nota era:
Paysandú, enero 2 de 1865
Señr. Genral. Dn. Leandro Gómez.
Después de la obstinada
resistencia hecha pr. la Guarnición a su mando, sin esperanza alguna de
salvación, no puede hacerse lugar a la tregua que V.E. solicita.
Dentro de las ocho horas que
solicita de tregua, debemos hallarnos en posesión de esa Plaza conceder esa
tregua sería concurrir por nuestra parte al aumento de las calamidades de la
guerra; y si quiere V.E. que se atienda a los heridos y se dé sepultura a los
muertos, evitando al mismo tiempo la ruina de la población y la efusión de
sangre, cuya responsabilidad pesa exclusivamente sobre V.E., ríndase con la
Guarnición de su mando en calidad de prisioneros de guerra, en cuya condición
serán tratados con las consideraciones debidas, única proposición que podemos
hacerle.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Venancio Flores
Juan Propicio Mena Barreto
Joaquim Marques Lisboa
(Almirante Tamandaré) (1807-1897)
En una
situación especial es que se produce el hecho que nos convoca.
Una vez
producida la caída de la plaza en manos de los invasores, defensores
extenuados, hambrientos, sin municiones. Este no era el fin que habían pensado,
estaba tomada la idea que no se entregarían, antes volarían la ciudad, antes de
caer en manos del enemigo. No se llegó a ese extremo por las negociaciones del
armisticio impidió el mismo.
Leandro Gómez fue sorprendido en la
Comandancia, por la presencia de las fuerzas brasileñas al mando del Cnel.
Oliveira Bello, no pudiendo reaccionar, se le comunico que finalizó la lucha y
que ahora era un prisionero, anunciándole que se le garantiza la vida. Más allá
de alguna protesta de los compañeros de Gómez, la actitud de las fuerzas
brasileñas era inflexible. Por ello Leandro pidió ser llevado ante Flores y
Tamandaré, acto seguido hace entrega de su espadín, pidiendo para sus oficiales
y soldado y nada para él.
Al
emprender la marcha Leandro Gómez y sus oficiales,[11]
se encuentran con el comandante Belén y algunos jefes colorados, se abrazan con
los sitiadores, le manifiestan que Flores como los jefes brasileños
garantizaban su vida. Belén pide llevar a los prisioneros, la situación se
salva al manifestar Leandro Gómez, prefería ser conducido por sus compatriotas.
“Según una versión, se cruzaron treinta
jinetes floristas al mando de Gregorio Suárez, quien les habría dicho: “¿A
dónde llevan Uds. a ese hombre? ¿Hasta han de llegar las condescendencias y
compadrazgos que hasta lo llevan del brazo? Entréguenlo Uds. a esos muchachos”.
Y como no obedecieron su orden, agrego: ‘Está bien, llévenselo, pero allá lo
veremos’”.[12]
Un
aspecto que no nos debe de sorprender, Leandro Gómez sabía cómo terminaba todo
esto, porque sabía el triste fin de la guarnición de Florida, donde fueron fusilados.
“Sin embargo, agradeció por el trato que
se le estaba dispensando, Leandro Gómez sacó su reloj y se lo regaló a Belén. Éste,
que no esperaba ese trato, expreso lo que tal vez fueran sus verdaderas
intenciones al exhibir el regalo ante sus compañeros al tiempo que decía:
“Señores, este reloj me lo regaló el general Gómez”. No parece difícil
interpretar su auténtico pensamiento: “Que nadie crea que me quedé con él
después de haberlo ultimado”. Pocos pasos más adelante estaba la casa de
Maximiano Ribero donde el coronel Suárez… Algunos testigos aseguran que al
comunicarle Belén que traía a los prisioneros, “Goyo Jeta” vociferó: “¡No lo
quiero ver! ¡Sáquenlos de mi presencia, carajo!” Y luego ordenó a Belén:
“¡Páselos para el fondo y cumpla con su deber!” Al indicarle que hiciera lo que
correspondía pero sin indicarle específicamente en qué consistía, Gregorio
Suárez no hacía más que transferir la responsabilidad a su subalterno. Esas
ambigüedades le sirvieron de excusa cuando Flores y Tamandaré le recriminaron
por su proceder. El único culpable del crimen, adujo, había sido Belén actuando
por decisión propia”.[13]
Una vez en la
casa de Maximiano Ribero, los prisioneros son conducidos a las caballerizas,
después de un tiempo de espera, fueron sacados uno a uno, colocados en un muro
se procedió al fusilamiento. El primero de ellos fue el General Leandro Gómez
–vaya tal paradoja, su ejecución se produce a los 33 días del sitio de la
ciudad-, la paradoja de la vida al caer todavía tenía en sus manos la nota de
los jefes atacantes en la que se manifestaba el respeto a la vida.
Joaquim Marques Lisboa
(Almirante Tamandaré) (1807-1897)
Por su
parte el comandante Federico Aberastury, pudo salvar su vida dada la jugada de
vestirse de mujer y poder escapar a Entre Ríos, desde donde escribe lo visto en
esos momentos; “…fueron conducidos a la
casa de don Maximiano Ribero en cuya quinta fueron ejecutados, salvándose sólo
el comandante Estomba que había sido liberado un momento antes y don Atanasio
Ribero. El general Gómez fue acribillado a balazos y después hecho trizas a
puñaladas, habiéndosele mutilado hasta dejarlo completamente desfigurado. Ese
fue el principio de la matanza. Los asesinos se sucedían con los detalles más
horrorosos y con los más asombrosos episodios de valor y patriotismo por parte
de los más asombrosos episodios de valor y patriotismo por parte de los
defensores. Los hombres peleaban hasta con cascotes cuando los agarraban
inermes y el engaño y la felonía jugaron su rol aún en estas últimas escenas de
este drama de sangre y de crímenes”.[14]
Al ser
increpado el Gral. Gregorio Suárez por Venancio Flores y Tamandaré, lo
único que pudo argumentar como justificativo fue la muerte de su madre en manos
de los blancos; “A mi pobre madre la
hicieron caminar veinticinco leguas, luego la ataron a un poste de su rancho y
prendieron fuego a todo. Desde entonces no pido ni doy cuartel”.[15]
Algunos
aspectos para tener presente de que esto no fue un hecho más en la historia de
nuestro país.
“El periodista y
escritor Rómulo F. Rossi entrevistó, a comienzos del siglo XX, a varios
testigos de la Defensa de Paysandú. Entre los consultados se encontraba Pablo
A. Dugrós, práctico de la escuadra brasileña durante el bombardeo. En el marco
de una extensa entrevista, relata que “Al acallar los cañones --repito—bajé a
tierra acompañado por el capitán Núñez del “Araguaya”.
Caminando por la calle
18 de Julio, llegamos a la esquina de la Plaza, siendo más o menos las siete u
ocho de la mañana cuando sentimos una descarga de fusilería. Sorprendidos al
principio, nos detuvimos pensando que muy bien podrían ser los defensores de
algún cantón que quemaban sus últimos cartuchos; pero a poco, un hombre que se
cruzó con nosotros, que nos dirigíamos en dirección hacia la casa de Maximiano
Ribero que era donde habían partido los tiros, nos dijo:
-Ahí acaban de fusilar a Leandro Gómez y a otros
compañeros más.
Penetramos al local; y allí, en
el jardín, frente a una pared que miraba hacia el oeste, estaban tendidos en el
suelo, sin sus ropas exteriores, los cadáveres de Gómez, Braga, Acuña y
Fernández, este último de filiación colorada pero que defendía la plaza y dicen
que cuando fue fusilado, tenía prendida en su casaquilla la medalla ganada en
la batalla de Caseros…
-¿Y cómo, siendo
colorado, peleaba contra sus correligionarios?
-Porque según lo decía
el mismo, entendía que como buen militar, cumplía con su deber defendiendo al
gobierno legalmente constituido.
Leandro Gómez y sus compañeros yacen en tierra minutos
después de haber sido fusilados.
La barba de Leandro Gómez
-Se ha dicho,
--preguntamos al señor Dugrós, --que a Leandro Gómez, le cortaron la barba. ¿Es
verdad eso?”…
“--Es cierto el dato; pero ese acto no se
ejecutó como una profanación, sino como exteriorización de sentimentalismo.
-¿Saben ustedes quién
fue que le cortó la pera a Leandro Gómez? Pues nada menos que un primo de los
viejos Ramírez, un tal Mujica, mayordomo del saladero Paysandú, que vestía en
ese día, un traje de jaquet claro, prenda que recién se empezaba a usar.
A poco de haber ocurrido lo del gaucho, llegó el señor Mujica, quien luego de
contemplar los cadáveres, nos pidió permiso para cortar la pera a Leandro Gómez
con el fin, --dijo—de llevársela como recuerdo a la familia de éste.
Nosotros le
contestamos que éramos simples espectadores como él; y que entendíamos que con
tales propósitos, no se cometería ninguna profanación. Yo le expliqué a Núñez,
que aquí era corriente cuando moría un ser querido, que sus deudos le cortasen
el cabello para hacer cuadros simbólicos o cadenas para el reloj.
Y así fue que, Mujica extrajo de una
cartera de bolsillo una tijerita; y agachándose cortó con sumo cuidado la barba
del general, la que ató después por el centro, con una cinta celeste que
extrajo del bolsillo posterior de su jaquet.
Veinte años después
Veinte años después y
en circunstancias que yo regresaba de Buenos Aires, a bordo de uno de los
buques de la carrera, no recuerdo si el “Minerva” o el “Apolo”, a donde había
ido piloteando un barco, me encontré con mi viejo amigo, el coronel Vicente
Maciel, quien viajaba acompañado de su suegro y de Leandro Gómez, hijo éste del
general.
Pedí a Maciel que me presentase al joven Gómez, pues siempre tuve deseos de
saber si se les había hecho entrega del recuerdo; y de boca del hijo del
general, supe que Mujica había cumplido su misión entregándoles la barba que
tanta marcialidad diera al enérgico rostro del bravo militar, que tan
trágicamente muriera en la heroica defensa de Paysandú”.[16]
Comunicado del fusilamiento en Paysandú
“EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA AL PUEBLO ORIENTAL”
Conciudadanos.
Las fuerzas brasileras unidas á los traidores
que acaudilla Venancio Flores han cometido un acto de repugnante crueldad y
barbarie.
La heroica Paysandú sucumbió al fin, después
de haber luchado como luchan los héroes por la independencia de la patria.
Los bárbaros y cobardes vencedores, tuvieron
la vileza de mandar fusilar á los héroes Leandro Gómez, Estomba, Braga y Fernández!!
[17]
Guardias Nacionales! Pueblo Oriental!! Ese
nuevo y bárbaro atentado reclama de nuestra parte una actitud digna y resuelta
y cual compete á la venganza de los mártires de la Patria, A los inmortales
defensores de Paysandú.
Esa situación reclama la resolución hecha, el
juramento inquebrantable de alistarnos para vengar á nuestros hermanos,
salvando ilesa la dignidad nacional.
Pueblo Oriental! El Presidente de la República
os lo promete, -desde este instante no habrá sacrificio por penoso que sea que
el Gobierno no arrastre en el firme propósito de la salvación de la
Independencia Nacional!
Defensores de la capital! La sangre de los
mártires de Paysandú nos pide venganza –juremos todos á una que será cumplida
esa venganza.
Atanasio
C. Aguirre
Después de la ejecución el cuerpo de Leandro Gómez fue tirado en una fosa
común. Pudo ser recuperado su cuerpo por su suegro el Dr. Pedro Lenguas, lo
entierra cerca de la fosa común pero al ser reconocido por el Dr. Mongrell,
exhuman nuevamente los restos y son colocados debajo de su cama por unos días,
hasta que son llevados a Concepción del Uruguay, quedando en manos de un
cura –al sacerdote Domingo Ereño y Larrea-. Los mantuvo en su residencia hasta
que, obligado a marchar a Buenos Aires, transfirió a su pariente Pedro Aramburú.[19]
Se tuvo que esperar 19 años, que un 2 de enero pero de 1884,
se produce la repatriación de los restos del Gral. Leandro Gómez, a la ciudad
de Montevideo.
En el Cementerio Central se había realizado un túmulo, el
mismo fue construido en 1866. El regreso de las cenizas del héroe son
conducidas en una urna de nogal, y son recibidos por una guardia de honor, con
integrantes de sus compañeros de la defensa de Paysandú, entre ellos
encontramos a los Sargentos Mayores Doval, Larravide, Hernández, también
excombatientes como Rafael Pons y Orlando Ribero.
Es importante recordar este es el lugar donde Leandro Gómez había dicho que quería ser enterrado, incluso
donde su familia, realizo las gestiones correspondientes para lograr dicho
objetivo.
En 1964 bajo la administración del segundo colegiado del
Partido Nacional, se estableció por ley al conmemorarse los 100 años de los
acontecimientos, el traslado de sus restos a la ciudad de Paysandú. Esto no se
pudo concretar por razones económicas.[20]
En base a esta ley el 2 de enero de 1984, el gobierno militar realiza el
traslado. Esto motivo el descontento de los blancos y familiares del Héroe de la Heroica. Siendo paradojal la
situación ya quien lo realiza justamente son aquellos que han violado
Constitución y por la construcción del fastuoso mausoleo.
Esto no quedo ahí, mientras eran trasladados los restos a la
altura de la ciudad de Trinidad, son detenidos unos jóvenes militantes del
Partido Nacional, al colocarse de espalda al pasaje del cortejo. En la ciudad
sanducera, el pueblo no se hizo presente demostrando claramente lo impopular de
los actos que el gobierno buscaba llevar adelante.
En la Plaza
Constitución el 18 de noviembre del 2009, a las 3.30hs entraron al mausoleo
del Gral. Leandro Gómez, los profanadores van directo a la urna que ocupa el
lugar central del panteón y retiraron las dos tapas, una de madera y otra de
chapa, las mismas fueron encontradas en el suelo.
La Justicia no ha podido establecer el verdadero móvil de
tal acto vandálico.[21]
Posteriormente los restos del general Leandro Gómez fueron recuperados y
permanecieron en custodia de la Jefatura de Policía de Paysandú por orden del
Poder Judicial.
Ante esto es bueno aclarar que algunos restos sin certeza de
su autenticidad, que permanecían en custodia en la Jefatura de Policía, sean
reintegrados a la Intendencia de Paysandú, quien tiene el Mausoleo bajo su
jurisdicción. “‘no tenemos ninguna
seguridad’ que “todos los huesos que están en la urna pertenezcan realmente a
Leandro Gómez”, dijo Secco, quien explicó que “hay tres grupos de huesos”
conocidos, uno de ellos que continúa sin aparecer y que estuvo vinculado al
ofrecimiento a un diario montevideano por parte de un residente en Paysandú,
que resultara procesado por buscar lucro a través de esos huesos, supuestamente
pertenecientes al general Leandro Gómez. “Los huesos más pequeños, son
indubitativamente de Leandro Gómez, y están en la urna”. Un segundo grupo de
huesos “fue recuperado de un tacho de basura, dejado por la persona que dijo
tener los huesos de Leandro Gómez”. También están en la urna.
Con ambos grupos a la
vista, “pedimos el apoyo de un patólogo de la Facultad de Medicina” para
estudiar la posibilidad de realizar un ADN, pero “tras ver los huesos dijo que
no, porque hacerlo -con los métodos actuales- sería destruir los huesos que sí
sabemos pertenecen a Leandro Gómez. Los dejamos en la urna en previsión que en
el futuro aparezca otra técnica menos invasiva y así poder realizar el examen
de ADN”.
En cuanto al tercer
grupo, “no se sabe dónde está, después que fuera recuperado tras aquel
incidente con el diario montevideano. Vino a la Jefatura de Policía y fue al
Instituto Médico Forense. No se sabe si no fueron devueltos o están en otro
lado”.[22]
Este lamentable episodio puso nuevamente en el tapete el destino de los restos del héroe.
“A los héroes no es
necesario homenajearlos llevando sus restos al sitio donde realizaron su mayor
hazaña.
Bien dice Jaime Secco,
“nadie pide sin embargo trasladar a Artigas a Las Piedras, Lavalleja a Sarandí
o Rivera a las Misiones”.
Para los sanduceros ha
llegado la hora de una reflexión colectiva, acerca de si permaneceremos siendo
cómplices de una profanación de los restos, nada menos que de Leandro Gómez, un
héroe que hoy todos reconocemos como un héroe de dimensión nacional.
No necesitamos de sus
restos para rendirle homenaje, tal como lo hacemos los sanduceros desde
siempre, junto a todos los heroicos defensores.
Sus restos deben
volver al Cementerio Central para su descanso definitivo y proclamar entonces,
con la frase de Zorrilla de San Martín, pronunciada por el Teniente Coronel
Baudeant. “Pisan tumbas de héroes… ¡Ay del que las profane!!!”[23]
La masonería lo
recuerda así:
“El tema escogido para
dirigirme a ustedes en tan solemne ocasión tiene como finalidad de brindar un
merecido y apropiado homenaje al “Hermano Leandro Gómez”.[24]
Para mí es un honor
ocupar el sitial de la elocuencia para tributar un justo homenaje a una de las
figuras más importantes de la Masonería del Uruguay.
En esta ocasión
procuraremos poner de manifiesto el accionar de un Hermano Masón que durante
toda su vida hizo un culto a la virtud, por lo que exaltó y honró las doctrinas
y principios que rigen nuestra conducta moral y el conjunto de principios de
nuestra Augusta Institución…
Su sacrificio final
fue, para quienes no conocían su militancia masónica, solamente un hecho
profano, para nosotros sus Hermanos, una consecuencia lógica y esperable de sus
compromisos morales con los valores de la Institución. Como sabemos, la vida
masónica de nuestros templos y la conducta de los Hermanos en el mundo profano,
es una e indivisible, la que se adquiere luego de pasar por el Cuarto de Reflexiones
y de haber prestado el compromiso de honor ante el Ara triangular de los
juramentos, con lo que nos comprometemos definitivamente para el resto de
nuestras vidas.
Como hombre de recia personalidad,
convencido defensor de sus ideales, como un ser totalmente persuadido que la
dignidad del hombre no es canjeable ni renunciable, puso su espada, su voz y su
corazón al servicio de una causa que entendió justa y correcta. Artiguista
militante, buscó a través del ejemplo del Protector de los Pueblos Libres,
armonizar las palabras con la acción, conjuntados en un ejemplo de vida que
trasciende más allá de la existencia, para forjar un molde de conducta para
toda la eternidad.
Con Leandro Gómez se
supieron sacrificar en defensa de la Patria y de sus instituciones legalmente
constituidas, varios Hermanos entre los que descollaron Lucas Píriz, Pedro
Ribero, Federico Aberasturi, Emilio Raña, Adolfo Areta, Felipe Argentó, y
otros, que sobrevivieron al asedio y los fusilamientos como Federico Fernández,
Vicente Mongrell, y Ovidio Warnes.
Previamente, había
sucumbido defendiendo las instituciones legales el Hermano Jacinto Párraga, de
la Respetable y Augusta Logia “Fe”, que fuera vilmente fusilado tras la toma de
Florida el 4 de agosto de 1864.
La defensa de Paysandú
por encima de cualquier otra interpretación o apreciación, más que un hecho en
los anales de nuestra historiografía nacional, más que una gesta en los anales
partidarios, es un hito en la defensa de la soberanía de la Patria, de la
libertad y por encima de todo el más claro y vivo ejemplo de la responsabilidad
de un Jefe en el cumplimiento del Deber, aunque éste sea sellado con la propia
muerte.
El 26 de diciembre de
1864 dirá Leandro Gómez: “Pelearemos contra los brasileños y contra Flores
y si nos toca morir, aquí moriremos por la independencia de la Patria”.
Recordaba de Artigas
que: “La energía es el recurso de las almas grandes”…, por lo que solo cabe
entregarle el compromiso sagrado de Vencer o Morir. ¿Por qué Vencer o Morir?
Porque ésta es la otra alternativa de la Independencia. Él sabía que ofrendando
su vida y su ejemplo, la Independencia se salvaría. Sabía que a partir de ese
momento, otras manos y otros hombres volverían a empuñar la bandera de la
patria, libre, justa y soberana.
El gobierno presidido
por el Cap. Gral. Máximo Santos dispuso que el 2 de enero de 1884, que los
restos de Leandro Gómez fueran trasladados al Cementerio Central, y en la
ocasión el escritor, novelista y Hermano Eduardo Acevedo Díaz pronunció la
siguiente alocución: “Esta urna no encierra tan solo restos helados; ella
simboliza los principios de la verdad y de la Justicia, que sobreviven a los
hombres y a los tiempos, principios invencibles de que el héroe fue carne y
acción que en este día de apoteosis por aquí vagan con su sombra, como genios
tutelares de nuestra vida y de nuestro pensamiento.......Nadie podrá remontar
la corriente de nuestra historia contemporánea sin sentirse profundamente
subyugado ante este ejemplo de virtud cívica, porque nunca se confió a más
esforzado prócer el honor de la República y a brazo más robusto el mástil de su
bandera”.
Como soldado,
disciplina a la que jamás soñó pertenecer, dignificó su uniforme sirviendo a la
Patria y a las instituciones legalmente constituidas en forma valerosa,
desinteresada y leal, llegando su actitud hasta el sacrificio final en aquel
acto de poderosa y afirmativa fuerza moral y espiritual, como fue la defensa de
la imperecedera Paysandú.
Fue uno de los grandes
Hermanos que contó la Masonería uruguaya. Procuró que la Libertad, la Igualdad
y la Fraternidad se consolidasen en una joven República que buscaba
fortalecerse, para que pudiera afirmarse en nuestra Patria de un modo
definitivo, para mejorar las condiciones espirituales, morales y materiales de
sus habitantes.
Como tal, ha sido tomado como modelo por muchas generaciones de hombres libres
y de buenas costumbres.
Sin lugar a dudas, la
Patria, la Masonería, el Partido Nacional y el Ejército Nacional deben sentirse
orgullosos de haber podido contar entre sus integrantes a tal excelso y
preclaro ciudadano.
Hoy nos descubrimos ante tu gloria inmarcesible, agradeciéndote a ti, Hermano
Leandro Gómez, por el ejemplo vivificador de tus virtudes que constituyen un
mandato imperativo para todas las generaciones de uruguayos.
Y al inclinarnos
reverentes ante nuestro Hermano, no podemos dejar en el olvido a otros Hermanos
que junto al héroe, inmolaron sus vidas o dieron lo mejor de sí, y que en medio
de la acritud del combate, como decía Almafuerte, “no se dieron por vencidos,
ni aún vencidos….”.[25]
Al conmemorarse los 200 años del nacimiento del General
Leandro Gómez, el 13 de marzo de 2011, se llevaron diferentes actos entre ellos
el intendente Bertil Bentos e integrantes de la comisión del Bicentenario
colocaron una ofrenda floral en el mausoleo del general. Representantes de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay y
de la Logia 25 de Agosto –este hecho
es poco común de ver públicamente a integrantes de la Gran Logia-, que también homenajearon a Gómez por su carácter de
masón.
El canto popular
también recogió esta página de nuestra historia:
1972 Al General Leandro Gómez- Rubén Lena.
1976 Heroica Paysandú- Carlos María Fossati
1978 Leandro Gómez- Larbanois-Carrero.
1990 Hasta Sucumbir- Carlos María Fossati.
1997 Paysandú- Tabaré Etchegoyen y Alberto
Candea.
|
Al General
Leandro Gómez
Rubén Lena
El General Leandro Gómez,
señores, tengan presente, señores, tengan presente, el General Leandro Gómez tenía una estrella en la frente. El General Leandro Gómez –Patria mía, por quererte–. Patria mía, por quererte el General Leandro Gómez gritó: «Independencia o muerte». Y en las bocas del misterio el General Leandro Gómez, el General Leandro Gómez se afirmó: «Muera el imperio». Se afirmó: «Muera el imperio». El General Leandro Gómez le hizo una marca de luz… Le hizo una marca de luz, el General Leandro Gómez, al cielo de Paysandú. Señores, la historia canta. Leandro Gómez se levanta de su muerte y se agiganta. Leandro Gómez se levanta. Señores, la historia canta. Leandro Gómez se levanta de su muerte y se agiganta. |
Heroica
Paysandú
Carlos
María Fossati
Heroica Paysandú yo te saludo
hermana de la Patria en que nací tus glorias y tus triunfos esplendentes se cantan en tu tierra como aquí Los bardos que tenemos en el plata te dan en el olimpo su canción dedican este pueblo de valientes su más grande y sincera admiración dedican este pueblo de valientes su más grande y sincera admiración. Hermanos en las luchas y en las glorias lo mismo de que allá en Ituzaingó son hechos nacionales que la historia en uno y otro pueblo mencionó Heroica Paysandú yo te saludo la Troya americana porque (--) dedican este pueblos de valientes y cuna de los bravos 33 saludan este pueblos de valientes y cuna de los bravos 33 |
Hasta
Sucumbir
Carlos
María Fossati
Independencia o la muerte
le proclama a sus soldados los dados ya están echados todos hemos de morir mas con honor sucumbir del tirano y sus aliados Hasta sucumbir, hasta sucumbir liberar la patria o sino morir Vamos valientes, les dice toquen dianas y tambores superemos los dolores que las heridas nos causan defendamos nos sin pausa contra tantos invasores Hasta sucumbir, hasta sucumbir liberar la patria o sino morir Ruinas, gritos, hambre, sangre patético 2 de enero cuando lo hacen prisionero sin que medien condiciones mas el pide a los mandones no lo lleve un brasilero Hasta sucumbir, hasta sucumbir liberar la patria o sino morir |
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Eduardo Larbanois - Julio Mora
Carlos
Benavides: Retrato
de Leandro Gómez - Canción del paisanito - Los gauchos de Paysandú - Los
héroes silenciosos - La rosa de los vientos de la defensa - Por la sanduceña
- Mazurka de la heroica - Memoria de Leandro Gómez
Carlos
María Fossati: Saludo
a Paysandú – Paysandú - Encina - Leandro
Gómez
Eduardo
Larbanois: ¿Quién
era ese hombre?
Julio
Mora: Los gauchos
de Paysandú - El país de Leandro Gómez - La rosa de los vientos de la defensa
- Por la sanduceña[26]
|
[1]
Acevedo, Eduardo- Anales Históricos del Uruguay. Tomo III.
Barreiro y Ramos. Montevideo. 1933. Anales.
p. 47.
[2]
Ídem. p. 48.
[4]
Atanasio de la Cruz Aguirre Aguado:
Montevideo 2 de junio de 1801- 20 de setiembre de 1875.
[5]
Ob. Cit. p. 259.
[6]
Ibídem.
[7]
Ídem. p. 267.
[8]
Ibídem.
[9]
Ídem. p. 281.
[10]
Bervejillos, Hugo- Una cinta ancha de bayeta colorada.
Desandanzas del Goyo Jeta. Montevideo. Rumbo. 2005. p. 116.
[11]
Juan Mª Braga, Federico Fernández, Eduviges Acuña, Atanasio Ribero, Belisario
Estomba y Ernesto de las Carreras.
[12]
Reyes
Abadie, W. Vázquez Romero, A.-
Crónica General del Uruguay. Tomo 4. El Estado Oriental. Montevideo. Ediciones
de la Banda Oriental. 2000. p. 454.
[13]
Di Candia, César- Sólo cuando sucumba. Testimonios de los que
sobrevivieron al sitio de Paysandú. Fin de Siglo. Montevideo. 2003. p. 89.
[14]
Ídem. p. 90.
[15]
Ídem. p. 92.
[17]
Aguirre recibió la noticia de que el Coronel Estomba se hallaba entre los
oficiales fusilados, pero esta información fue desmentida días después.
[18]
El Plata. Enero 4 de 1865.
[19]
La historia esas cosas: Ereño en el Gobierno del Cerrito, es quien realiza la
ceremonia de casamiento de Leandro Gómez con Faustina Lenguas, termina siendo
el custodio de sus restos. En la Iglesia
de la Medalla Milagrosa, en la Unión.
[20]
Es necesario recordar que la única nieta uruguaya de Leandro Gómez
declaró por esa fecha en el Parlamento la oposición de la familia a nuevos
traslados de sus restos y reclamó que se respetara el testamento.
[21] La Dirección Nacional de Información e Inteligencia y
la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Policía de Paysandú,
trabajaron en forma conjunta, logrando la recuperación de lo robado. A
resultas, fue procesada una persona por encubrimiento en reiteración real con
un delito de estafa en calidad de autor.
[23] Stagno Oberti, Rubens - Restos de Leandro Gómez deben ser devueltos al cementerio
Central
[24] “El ilustre
Hermano Leandro Gómez es afiliado a la Logia Fe el 7 de noviembre de 1856,
siendo exaltado el 18 de noviembre del mismo año. El 3 de febrero de 1857 se le
confiere el grado 18, y el 20 de noviembre de 1859 alcanza el Grado 33° del
Rito Escocés, Antiguo y Aceptado. El 5 de septiembre de 1862 es nombrado
miembro activo del Supremo Consejo de la Orden.
Fue electo como orador titular de la Logia Fe Nro. 8
durante seis ejercicios (1858-1863), como lo testimonian las acta de tenidas de
aquellos años”.
Alfredo Corvalán- General Leandro Gómez. http://www.gadu.org/masones-ilustres/general-leandro-gomez/
[25] Autor: R. G. R.-
Logia Obreros de San Juan
En el año 2011 el ensayo
anual que realiza la Gran Logia de la
Masonería del Uruguay correspondió a Leandro
Gómez.









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