viernes, 4 de enero de 2019

Leandro Gómez


Ojo por ojo diente por diente

 
El país había encontrado el rumbo, la administración de Bernardo Berro, lo encauso pero claro comenzaron aparecer escollos, las cenizas solo necesitaban una brisa para reavivar los viejos odios partidarios.
El domingo 19 de abril, fecha que recuerda unos de los hechos de nuestra patria, se produce un nuevo desembarco, ahora no era contra un poder extranjero…

El gobierno tomo la resolución inmediata de la movilización de la Guardia Nacional, distribuyendo las fuerzan y sus respectivos oficiales al mando en todo el país.
El Gral. Venancio Flores el lunes 20 de abril de 1863 establecía su proclama; “Las puertas de la patria que os había cerrado la tiranía, se han abierto y vamos a liberar a nuestros compatriotas de los vejámenes que sufren. Nos hemos armado en su suelo para combatir al Gobierno de los déspotas que vencidos siempre han aplaudido y continuado los escándalos originados de la bárbara hecatombe de Quinteros”.[1]
Otro elemento que sumo Flores, fue la utilización de grandes banderolas con una cruz roja, también se encuentran algunas con un corazón de tela colorada en fondo blanco. Unamos esto con una proclama que repetía el Cnel. Fidelis –jefe brasileño del ejército invasor, al frente de una división auxiliadora- que finalizaba; “¡Viva la religión católica! ¡Viva la constitución política del Estado! ¡Vivan nuestras leyes e instituciones! ¡Viva el bravo general libertador![2]
Esto no solo tenemos que asociarlo con el tema de los cementerios,[3] sino que se arrastra desde la administración de Gabriel Pereira, cuando este determinó la expulsión de los jesuitas. Es así que una de las primeras medidas de Don Venancio fue decretar el regreso de los jesuitas, como la libertad de actuación de todas las congregaciones religiosas, que tenían entre su actividad la educación. 

El clima por el cual atravesaba el país hizo postergar los comicios generales de senadores y diputados que se debían de llevar adelante en noviembre de 1863; una vez realizados debería de elegir al nuevo Presidente que debía de asumir el 1º de marzo.
Berro llegaba al final de su mandato sin lograr pacificar al país, más allá de los intentos. Si pudo dejar el sur del Río Negro despejado de los revolucionarios, el otro lado del río era algo más complicado. El Gral. Caraballo estaba sitiando Paysandú, mientras que las fuerzas de Flores hacían lo mismo en Salto y Fray Bentos.
El Gral. Venancio Flores toma la decisión en enero de tomar Paysandú. Para ello concentra sus fuerzas que andaban alrededor de 1.100 hombres. Al no obtener los resultados esperado en forma inmediata, Flores enfila rumbo a Montevideo, sus fuerzas llegaron a la zona del Paso Molino, no pasaron más de cinco día cuando retoma la marcha ahora hacia el interior nuevamente.
Llegado el 1º de marzo, y al no llevarse a cabo las elecciones de diputados, le correspondió al Presidente del Senado asumir la primer magistratura, Don Atanasio C. Aguirre,[4] deja en claro su visión sobre los tiempos que se estaban atravesando; “La rebelión que ha perturbado el orden constitucional de la República y que riega de sangre el suelo de la patria hizo imposible la elección de los representantes del pueblo que habrían en este día procedido, conforme al código fundamental, al nombramiento de jefe del Estado. En tan grave situación he sido llamado como Presidente del
Presidente Atanasio Aguire
Senado al desempeño de las funciones del Poder Ejecutivo… en presencia de la rebelión y de la torpe ambición que quiere abrirse paso a costa de la sangre y de la ruina del país, no puede haber tregua ni descanso, no puede haber paz hasta su destrucción o completa sumisión a la ley”.[5] Buscando encausar la situación, por ello casi de inmediato levanta la medida a los destierros impuestos por su predecesor a los senadores Juan P. Caravia y Vicente Vázquez.

No se hizo esperar la respuesta del caudillo colorado; “Acéfalos los poderes públicos, ¿qué resta hacer sino constituirlos; qué otro camino sino reorganizarlos apelando a la soberanía del pueblo fuente de todo derecho y de toda reorganización, cuanto sucesos como los que han ocurrido interrumpen el orden regular de todas las cosas; qué otra resolución posible se alcanza en tan crítica y ruinosa situación?[6]

La estrategia de las fuerzas de Flores fue ir evitando el enfrentamiento directo, hasta que quedaron solamente las plazas de Paysandú y Salto en manos del gobierno. La situación era esta al llegar una nueva fecha del 25 de agosto, Leandro Gómez establecía; “Debemos jurar en presencia de Dios y a la vista patria amenazada morir mil veces luchando con extranjeros y traidores sin mirar el número, antes que consentir que la libertad del pueblo oriental y su independencia sean pisoteadas por la planta ominosa de los soldados brasileños y de los traidores que han de ser impotentes para conseguir tan tremenda iniquidad”.[7] Sumemos la nota que le dirigió al Ministro de Guerra, cuando Venancio Flores estableció el sitio a la ciudad; “Una tumba existe en esta heroica ciudad abierta por la mano de sus defensores y en la que han de caer el asesino traidor Flores y sus hordas, o en ella han de bajar cubiertos de gloria los soldados que defienden la independencia nacional a mis órdenes, puesto que la lucha que ha de tener lugar ha de ser a muerte necesariamente”.[8]


Comandancia Militar de Paysandú


Mucho se puede leer sobre los acontecimientos, una heroica defensa de la ciudad, ante un adversario superior en fuerzas –solo el grueso del ejército  brasileño era de 9000 hombres y más de 40 cañones, en los último 8 días se dio un combate sin cuartel-; pero este no es nuestro centro de interés sino los primeros momentos de haberse producido la victoria de las fuerzas revolucionaria esta situación el lunes 2 de enero el Gral. Leandro Gómez solicita un armisticio de tan solo 9 horas, con el fin de enterrar a los muertos y poder atender dignamente a los heridos, el mismo fue denegado por Tamandaré y Venancio Flores. “El general Gómez, antes de romper las hostilidades, quiso contestar esa nota… Mientras hacía el cambio de comunicaciones la voz de tregua se hizo resonar artificiosamente por los enemigos que venían a las mismas trincheras de la plaza a estrechar las manos a los soldados, invocando el nombre cariñoso de hermanos y predicando con la más afectada sinceridad el olvido y perdón de la sangrienta lucha. De modo que nuestros cantones vinieron a quedar a retaguardia… Cuando el general Gómez leyó la nota de Flores y Tamandaré mandó apresuradamente al comandante Estomba que ordenara a los jefes de trinchera que no dejaran penetrar a ningún enemigo, pero ya 200 de estos aunque desarmados estaban en la plaza, dándose con nuestros soldados el abrazo fraternal en medio de los vivas entusiastas a los valientes de la guarnición y al general Gómez. El Coronel Estomba volvió con esta noticia y encontró delante del general Gómez a dos jefes brasileños, a los comandantes colorados Belén y Mora y varios oficiales que lo abrazaban con efusión y vivaban como los demás asegurado al general Gómez que venían autorizados por los generales brasileños y por Flores para garantirle su vida y la de sus oficiales. Pero el general Gómez les contestó que esperaba el resultado de la nota que estaba haciendo escribir y que debía enviar con el comandante Braga”.[9]
La Iglesia de Paysandú

Esa nota era:
Paysandú, enero 2 de 1865
Señr. Genral. Dn. Leandro Gómez.
Después de la obstinada resistencia hecha pr. la Guarnición a su mando, sin esperanza alguna de salvación, no puede hacerse lugar a la tregua que V.E. solicita.
Dentro de las ocho horas que solicita de tregua, debemos hallarnos en posesión de esa Plaza conceder esa tregua sería concurrir por nuestra parte al aumento de las calamidades de la guerra; y si quiere V.E. que se atienda a los heridos y se dé sepultura a los muertos, evitando al mismo tiempo la ruina de la población y la efusión de sangre, cuya responsabilidad pesa exclusivamente sobre V.E., ríndase con la Guarnición de su mando en calidad de prisioneros de guerra, en cuya condición serán tratados con las consideraciones debidas, única proposición que podemos hacerle.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Venancio Flores
Juan Propicio Mena Barreto
Barón de Tamandaré[10]


Joaquim Marques Lisboa
(Almirante Tamandaré) (1807-1897)

En una situación especial es que se produce el hecho que nos convoca.
Una vez producida la caída de la plaza en manos de los invasores, defensores extenuados, hambrientos, sin municiones. Este no era el fin que habían pensado, estaba tomada la idea que no se entregarían, antes volarían la ciudad, antes de caer en manos del enemigo. No se llegó a ese extremo por las negociaciones del armisticio impidió el mismo.
Leandro Gómez fue sorprendido en la Comandancia, por la presencia de las fuerzas brasileñas al mando del Cnel. Oliveira Bello, no pudiendo reaccionar, se le comunico que finalizó la lucha y que ahora era un prisionero, anunciándole que se le garantiza la vida. Más allá de alguna protesta de los compañeros de Gómez, la actitud de las fuerzas brasileñas era inflexible. Por ello Leandro pidió ser llevado ante Flores y Tamandaré, acto seguido hace entrega de su espadín, pidiendo para sus oficiales y soldado y nada para él.
Al emprender la marcha Leandro Gómez y sus oficiales,[11] se encuentran con el comandante Belén y algunos jefes colorados, se abrazan con los sitiadores, le manifiestan que Flores como los jefes brasileños garantizaban su vida. Belén pide llevar a los prisioneros, la situación se salva al manifestar Leandro Gómez, prefería ser conducido por sus compatriotas.
Según una versión, se cruzaron treinta jinetes floristas al mando de Gregorio Suárez, quien les habría dicho: “¿A dónde llevan Uds. a ese hombre? ¿Hasta han de llegar las condescendencias y compadrazgos que hasta lo llevan del brazo? Entréguenlo Uds. a esos muchachos”. Y como no obedecieron su orden, agrego: ‘Está bien, llévenselo, pero allá lo veremos’”.[12]
Un aspecto que no nos debe de sorprender, Leandro Gómez sabía cómo terminaba todo esto, porque sabía el triste fin de la guarnición de Florida, donde fueron fusilados. “Sin embargo, agradeció por el trato que se le estaba dispensando, Leandro Gómez sacó su reloj y se lo regaló a Belén. Éste, que no esperaba ese trato, expreso lo que tal vez fueran sus verdaderas intenciones al exhibir el regalo ante sus compañeros al tiempo que decía: “Señores, este reloj me lo regaló el general Gómez”. No parece difícil interpretar su auténtico pensamiento: “Que nadie crea que me quedé con él después de haberlo ultimado”. Pocos pasos más adelante estaba la casa de Maximiano Ribero donde el coronel Suárez… Algunos testigos aseguran que al comunicarle Belén que traía a los prisioneros, “Goyo Jeta” vociferó: “¡No lo quiero ver! ¡Sáquenlos de mi presencia, carajo!” Y luego ordenó a Belén: “¡Páselos para el fondo y cumpla con su deber!” Al indicarle que hiciera lo que correspondía pero sin indicarle específicamente en qué consistía, Gregorio Suárez no hacía más que transferir la responsabilidad a su subalterno. Esas ambigüedades le sirvieron de excusa cuando Flores y Tamandaré le recriminaron por su proceder. El único culpable del crimen, adujo, había sido Belén actuando por decisión propia”.[13]

Una vez en la casa de Maximiano Ribero, los prisioneros son conducidos a las caballerizas, después de un tiempo de espera, fueron sacados uno a uno, colocados en un muro se procedió al fusilamiento. El primero de ellos fue el General Leandro Gómez –vaya tal paradoja, su ejecución se produce a los 33 días del sitio de la ciudad-, la paradoja de la vida al caer todavía tenía en sus manos la nota de los jefes atacantes en la que se manifestaba el respeto a la vida.

Joaquim Marques Lisboa
(Almirante Tamandaré) (1807-1897)

Por su parte el comandante Federico Aberastury, pudo salvar su vida dada la jugada de vestirse de mujer y poder escapar a Entre Ríos, desde donde escribe lo visto en esos momentos; “…fueron conducidos a la casa de don Maximiano Ribero en cuya quinta fueron ejecutados, salvándose sólo el comandante Estomba que había sido liberado un momento antes y don Atanasio Ribero. El general Gómez fue acribillado a balazos y después hecho trizas a puñaladas, habiéndosele mutilado hasta dejarlo completamente desfigurado. Ese fue el principio de la matanza. Los asesinos se sucedían con los detalles más horrorosos y con los más asombrosos episodios de valor y patriotismo por parte de los más asombrosos episodios de valor y patriotismo por parte de los defensores. Los hombres peleaban hasta con cascotes cuando los agarraban inermes y el engaño y la felonía jugaron su rol aún en estas últimas escenas de este drama de sangre y de crímenes”.[14]
Al ser increpado el Gral. Gregorio Suárez por Venancio Flores y Tamandaré, lo único que pudo argumentar como justificativo fue la muerte de su madre en manos de los blancos; “A mi pobre madre la hicieron caminar veinticinco leguas, luego la ataron a un poste de su rancho y prendieron fuego a todo. Desde entonces no pido ni doy cuartel”.[15]

Algunos aspectos para tener presente de que esto no fue un hecho más en la historia de nuestro país.
El periodista y escritor Rómulo F. Rossi entrevistó, a comienzos del siglo XX, a varios testigos de la Defensa de Paysandú. Entre los consultados se encontraba Pablo A. Dugrós, práctico de la escuadra brasileña durante el bombardeo. En el marco de una extensa entrevista, relata que “Al acallar los cañones --repito—bajé a tierra acompañado por el capitán Núñez del “Araguaya”.
Caminando por la calle 18 de Julio, llegamos a la esquina de la Plaza, siendo más o menos las siete u ocho de la mañana cuando sentimos una descarga de fusilería. Sorprendidos al principio, nos detuvimos pensando que muy bien podrían ser los defensores de algún cantón que quemaban sus últimos cartuchos; pero a poco, un hombre que se cruzó con nosotros, que nos dirigíamos en dirección hacia la casa de Maximiano Ribero que era donde habían partido los tiros, nos dijo:
-Ahí  acaban de fusilar a Leandro Gómez y a otros compañeros más.



Penetramos al local; y allí, en el jardín, frente a una pared que miraba hacia el oeste, estaban tendidos en el suelo, sin sus ropas exteriores, los cadáveres de Gómez, Braga, Acuña y Fernández, este último de filiación colorada pero que defendía la plaza y dicen que cuando fue fusilado, tenía prendida en su casaquilla la medalla ganada en la batalla de Caseros…

-¿Y cómo, siendo colorado, peleaba contra sus correligionarios?
-Porque según lo decía el mismo, entendía que como buen militar, cumplía con su deber defendiendo al gobierno legalmente constituido.
Leandro Gómez y sus compañeros yacen en tierra minutos
después de haber sido fusilados.
La barba de Leandro Gómez
-Se ha dicho, --preguntamos al señor Dugrós, --que a Leandro Gómez, le cortaron la barba. ¿Es verdad eso?”…
 “--Es cierto el dato; pero ese acto no se ejecutó como una profanación, sino como exteriorización de sentimentalismo.
-¿Saben ustedes quién fue que le cortó la pera a Leandro Gómez? Pues nada menos que un primo de los viejos Ramírez, un tal Mujica, mayordomo del saladero Paysandú, que vestía en ese día, un traje de jaquet claro, prenda que recién se empezaba a usar.
A poco de haber ocurrido lo del gaucho, llegó el señor Mujica, quien luego de contemplar los cadáveres, nos pidió permiso para cortar la pera a Leandro Gómez con el fin, --dijo—de llevársela como recuerdo a la familia de éste.

Nosotros le contestamos que éramos simples espectadores como él; y que entendíamos que con tales propósitos, no se cometería ninguna profanación. Yo le expliqué a Núñez, que aquí era corriente cuando moría un ser querido, que sus deudos le cortasen el cabello para hacer cuadros simbólicos o cadenas para el reloj.

Y así fue que, Mujica extrajo de una cartera de bolsillo una tijerita; y agachándose cortó con sumo cuidado la barba del general, la que ató después por el centro, con una cinta celeste que extrajo del bolsillo posterior de su jaquet.

Veinte años después
Veinte años después y en circunstancias que yo regresaba de Buenos Aires, a bordo de uno de los buques de la carrera, no recuerdo si el “Minerva” o el “Apolo”, a donde había ido piloteando un barco, me encontré con mi viejo amigo, el coronel Vicente Maciel, quien viajaba acompañado de su suegro y de Leandro Gómez, hijo éste del general.
Pedí a Maciel que me presentase al joven Gómez, pues siempre tuve deseos de saber si se les había hecho entrega del recuerdo; y de boca del hijo del general, supe que Mujica había cumplido su misión entregándoles la barba que tanta marcialidad diera al enérgico rostro del bravo militar, que tan trágicamente muriera en la heroica defensa de Paysandú”.[16]


Comunicado del fusilamiento en Paysandú

“EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA AL PUEBLO ORIENTAL”
Conciudadanos.
Las fuerzas brasileras unidas á los traidores que acaudilla Venancio Flores han cometido un acto de repugnante crueldad y barbarie.
La heroica Paysandú sucumbió al fin, después de haber luchado como luchan los héroes por la independencia de la patria.
Los bárbaros y cobardes vencedores, tuvieron la vileza de mandar fusilar á los héroes Leandro Gómez, Estomba, Braga y Fernández!! [17]
Guardias Nacionales! Pueblo Oriental!! Ese nuevo y bárbaro atentado reclama de nuestra parte una actitud digna y resuelta y cual compete á la venganza de los mártires de la Patria, A los inmortales defensores de Paysandú.
Esa situación reclama la resolución hecha, el juramento inquebrantable de alistarnos para vengar á nuestros hermanos, salvando ilesa la dignidad nacional.
Pueblo Oriental! El Presidente de la República os lo promete, -desde este instante no habrá sacrificio por penoso que sea que el Gobierno no arrastre en el firme propósito de la salvación de la Independencia Nacional!
Defensores de la capital! La sangre de los mártires de Paysandú nos pide venganza –juremos todos á una que será cumplida esa venganza.

                                                                                   Atanasio C. Aguirre
                                                           Montevideo, Enero 4 de 1865[18]

Después de la ejecución el cuerpo de Leandro Gómez fue tirado en una fosa común. Pudo ser recuperado su cuerpo por su suegro el Dr. Pedro Lenguas, lo entierra cerca de la fosa común pero al ser reconocido por el Dr. Mongrell, exhuman nuevamente los restos y son colocados debajo de su cama por unos días, hasta que son llevados a Concepción del Uruguay, quedando en manos de un cura –al sacerdote Domingo Ereño y Larrea-. Los mantuvo en su residencia hasta que, obligado a marchar a Buenos Aires, transfirió a su pariente Pedro Aramburú.[19]

Se tuvo que esperar 19 años, que un 2 de enero pero de 1884, se produce la repatriación de los restos del Gral. Leandro Gómez, a la ciudad de Montevideo.
En el Cementerio Central se había realizado un túmulo, el mismo fue construido en 1866. El regreso de las cenizas del héroe son conducidas en una urna de nogal, y son recibidos por una guardia de honor, con integrantes de sus compañeros de la defensa de Paysandú, entre ellos encontramos a los Sargentos Mayores Doval, Larravide, Hernández, también excombatientes como Rafael Pons y Orlando Ribero.
Es importante recordar este es el lugar donde Leandro Gómez  había dicho que quería ser enterrado, incluso donde su familia, realizo las gestiones correspondientes para lograr dicho objetivo.


En 1964 bajo la administración del segundo colegiado del Partido Nacional, se estableció por ley al conmemorarse los 100 años de los acontecimientos, el traslado de sus restos a la ciudad de Paysandú. Esto no se pudo concretar por razones económicas.[20] En base a esta ley el 2 de enero de 1984, el gobierno militar realiza el traslado. Esto motivo el descontento de los blancos y familiares del Héroe de la Heroica. Siendo paradojal la situación ya quien lo realiza justamente son aquellos que han violado Constitución y por la construcción del fastuoso mausoleo.
Esto no quedo ahí, mientras eran trasladados los restos a la altura de la ciudad de Trinidad, son detenidos unos jóvenes militantes del Partido Nacional, al colocarse de espalda al pasaje del cortejo. En la ciudad sanducera, el pueblo no se hizo presente demostrando claramente lo impopular de los actos que el gobierno buscaba llevar adelante.
                                             Mausoleo en la Plaza Constitución en Paysandú

En la Plaza Constitución el 18 de noviembre del 2009, a las 3.30hs entraron al mausoleo del Gral. Leandro Gómez, los profanadores van directo a la urna que ocupa el lugar central del panteón y retiraron las dos tapas, una de madera y otra de chapa, las mismas fueron encontradas en el suelo.
La Justicia no ha podido establecer el verdadero móvil de tal acto vandálico.[21] Posteriormente los restos del general Leandro Gómez fueron recuperados y permanecieron en custodia de la Jefatura de Policía de Paysandú por orden del Poder Judicial.
Ante esto es bueno aclarar que algunos restos sin certeza de su autenticidad, que permanecían en custodia en la Jefatura de Policía, sean reintegrados a la Intendencia de Paysandú, quien tiene el Mausoleo bajo su jurisdicción.  “‘no tenemos ninguna seguridad’ que “todos los huesos que están en la urna pertenezcan realmente a Leandro Gómez”, dijo Secco, quien explicó que “hay tres grupos de huesos” conocidos, uno de ellos que continúa sin aparecer y que estuvo vinculado al ofrecimiento a un diario montevideano por parte de un residente en Paysandú, que resultara procesado por buscar lucro a través de esos huesos, supuestamente pertenecientes al general Leandro Gómez. “Los huesos más pequeños, son indubitativamente de Leandro Gómez, y están en la urna”. Un segundo grupo de huesos “fue recuperado de un tacho de basura, dejado por la persona que dijo tener los huesos de Leandro Gómez”. También están en la urna.
Con ambos grupos a la vista, “pedimos el apoyo de un patólogo de la Facultad de Medicina” para estudiar la posibilidad de realizar un ADN, pero “tras ver los huesos dijo que no, porque hacerlo -con los métodos actuales- sería destruir los huesos que sí sabemos pertenecen a Leandro Gómez. Los dejamos en la urna en previsión que en el futuro aparezca otra técnica menos invasiva y así poder realizar el examen de ADN”.
En cuanto al tercer grupo, “no se sabe dónde está, después que fuera recuperado tras aquel incidente con el diario montevideano. Vino a la Jefatura de Policía y fue al Instituto Médico Forense. No se sabe si no fueron devueltos o están en otro lado”.[22]

Este lamentable episodio puso nuevamente en el tapete  el destino de los restos del héroe.
A los héroes no es necesario homenajearlos llevando sus restos al sitio donde realizaron su mayor hazaña.
Bien dice Jaime Secco, “nadie pide sin embargo trasladar a Artigas a Las Piedras, Lavalleja a Sarandí o Rivera a las Misiones”.
Para los sanduceros ha llegado la hora de una reflexión colectiva, acerca de si permaneceremos siendo cómplices de una profanación de los restos, nada menos que de Leandro Gómez, un héroe que hoy todos reconocemos como un héroe de dimensión nacional.
No necesitamos de sus restos para rendirle homenaje, tal como lo hacemos los sanduceros desde siempre, junto a todos los heroicos defensores.
Sus restos deben volver al Cementerio Central para su descanso definitivo y proclamar entonces, con la frase de Zorrilla de San Martín, pronunciada por el Teniente Coronel Baudeant. “Pisan tumbas de héroes… ¡Ay del que las profane!!![23]


La masonería lo recuerda así:
El tema escogido para dirigirme a ustedes en tan solemne ocasión tiene como finalidad de brindar un merecido y apropiado homenaje al “Hermano Leandro Gómez”.[24] 
Para mí es un honor ocupar el sitial de la elocuencia para tributar un justo homenaje a una de las figuras más importantes de la Masonería del Uruguay.
En esta ocasión procuraremos poner de manifiesto el accionar de un Hermano Masón que durante toda su vida hizo un culto a la virtud, por lo que exaltó y honró las doctrinas y principios que rigen nuestra conducta moral y el conjunto de principios de nuestra Augusta Institución…
Su sacrificio final fue, para quienes no conocían su militancia masónica, solamente un hecho profano, para nosotros sus Hermanos, una consecuencia lógica y esperable de sus compromisos morales con los valores de la Institución. Como sabemos, la vida masónica de nuestros templos y la conducta de los Hermanos en el mundo profano, es una e indivisible, la que se adquiere luego de pasar por el Cuarto de Reflexiones y de haber prestado el compromiso de honor ante el Ara triangular de los juramentos, con lo que nos comprometemos definitivamente para el resto de nuestras vidas. 
Como hombre de recia personalidad, convencido defensor de sus ideales, como un ser totalmente persuadido que la dignidad del hombre no es canjeable ni renunciable, puso su espada, su voz y su corazón al servicio de una causa que entendió justa y correcta. Artiguista militante, buscó a través del ejemplo del Protector de los Pueblos Libres, armonizar las palabras con la acción, conjuntados en un ejemplo de vida que trasciende más allá de la existencia, para forjar un molde de conducta para toda la eternidad. 
Con Leandro Gómez se supieron sacrificar en defensa de la Patria y de sus instituciones legalmente constituidas, varios Hermanos entre los que descollaron Lucas Píriz, Pedro Ribero, Federico Aberasturi, Emilio Raña, Adolfo Areta, Felipe Argentó, y otros, que sobrevivieron al asedio y los fusilamientos como Federico Fernández, Vicente Mongrell, y Ovidio Warnes. 
Previamente, había sucumbido defendiendo las instituciones legales el Hermano Jacinto Párraga, de la Respetable y Augusta Logia “Fe”, que fuera vilmente fusilado tras la toma de Florida el 4 de agosto de 1864.
La defensa de Paysandú por encima de cualquier otra interpretación o apreciación, más que un hecho en los anales de nuestra historiografía nacional, más que una gesta en los anales partidarios, es un hito en la defensa de la soberanía de la Patria, de la libertad y por encima de todo el más claro y vivo ejemplo de la responsabilidad de un Jefe en el cumplimiento del Deber, aunque éste sea sellado con la propia muerte. 
El 26 de diciembre de 1864 dirá Leandro Gómez: “Pelearemos contra los brasileños y contra Flores y si nos toca morir, aquí moriremos por la independencia de la Patria”. 
Recordaba de Artigas que: “La energía es el recurso de las almas grandes”…, por lo que solo cabe entregarle el compromiso sagrado de Vencer o Morir. ¿Por qué Vencer o Morir? Porque ésta es la otra alternativa de la Independencia. Él sabía que ofrendando su vida y su ejemplo, la Independencia se salvaría. Sabía que a partir de ese momento, otras manos y otros hombres volverían a empuñar la bandera de la patria, libre, justa y soberana. 
El gobierno presidido por el Cap. Gral. Máximo Santos dispuso que el 2 de enero de 1884, que los restos de Leandro Gómez fueran trasladados al Cementerio Central, y en la ocasión el escritor, novelista y Hermano Eduardo Acevedo Díaz pronunció la siguiente alocución: “Esta urna no encierra tan solo restos helados; ella simboliza los principios de la verdad y de la Justicia, que sobreviven a los hombres y a los tiempos, principios invencibles de que el héroe fue carne y acción que en este día de apoteosis por aquí vagan con su sombra, como genios tutelares de nuestra vida y de nuestro pensamiento.......Nadie podrá remontar la corriente de nuestra historia contemporánea sin sentirse profundamente subyugado ante este ejemplo de virtud cívica, porque nunca se confió a más esforzado prócer el honor de la República y a brazo más robusto el mástil de su bandera”. 
Como soldado, disciplina a la que jamás soñó pertenecer, dignificó su uniforme sirviendo a la Patria y a las instituciones legalmente constituidas en forma valerosa, desinteresada y leal, llegando su actitud hasta el sacrificio final en aquel acto de poderosa y afirmativa fuerza moral y espiritual, como fue la defensa de la imperecedera Paysandú.
Fue uno de los grandes Hermanos que contó la Masonería uruguaya. Procuró que la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad se consolidasen en una joven República que buscaba fortalecerse, para que pudiera afirmarse en nuestra Patria de un modo definitivo, para mejorar las condiciones espirituales, morales y materiales de sus habitantes. 
Como tal, ha sido tomado como modelo por muchas generaciones de hombres libres y de buenas costumbres.

Sin lugar a dudas, la Patria, la Masonería, el Partido Nacional y el Ejército Nacional deben sentirse orgullosos de haber podido contar entre sus integrantes a tal excelso y preclaro ciudadano. 
Hoy nos descubrimos ante tu gloria inmarcesible, agradeciéndote a ti, Hermano Leandro Gómez, por el ejemplo vivificador de tus virtudes que constituyen un mandato imperativo para todas las generaciones de uruguayos.

Y al inclinarnos reverentes ante nuestro Hermano, no podemos dejar en el olvido a otros Hermanos que junto al héroe, inmolaron sus vidas o dieron lo mejor de sí, y que en medio de la acritud del combate, como decía Almafuerte, “no se dieron por vencidos, ni aún vencidos….”.[25]

Al conmemorarse los 200 años del nacimiento del General Leandro Gómez, el 13 de marzo de 2011, se llevaron diferentes actos entre ellos el intendente Bertil Bentos e integrantes de la comisión del Bicentenario colocaron una ofrenda floral en el mausoleo del general. Representantes de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay y de la Logia 25 de Agosto –este hecho es poco común de ver públicamente a integrantes de la Gran Logia-, que también homenajearon a Gómez por su carácter de masón.

El canto popular también recogió esta página de nuestra historia:
1972 Al General Leandro Gómez- Rubén Lena.
1976 Heroica Paysandú- Carlos María Fossati
1978 Leandro Gómez- Larbanois-Carrero.
1990 Hasta Sucumbir- Carlos María Fossati.
1997 Paysandú- Tabaré Etchegoyen y Alberto Candea.


Al General Leandro Gómez
Rubén Lena

El General Leandro Gómez,
señores, tengan presente,
señores, tengan presente,
el General Leandro Gómez
tenía una estrella en la frente.

El General Leandro Gómez
–Patria mía, por quererte–.
Patria mía, por quererte
el General Leandro Gómez
gritó: «Independencia o muerte».

Y en las bocas del misterio
el General Leandro Gómez,
el General Leandro Gómez
se afirmó: «Muera el imperio».
Se afirmó: «Muera el imperio».

El General Leandro Gómez
le hizo una marca de luz…
Le hizo una marca de luz,
el General Leandro Gómez,
al cielo de Paysandú.

Señores, la historia canta.
Leandro Gómez se levanta
de su muerte y se agiganta.
Leandro Gómez se levanta.
Señores, la historia canta.
Leandro Gómez se levanta
de su muerte y se agiganta.

Heroica Paysandú
Carlos María Fossati

Heroica Paysandú yo te saludo
hermana de la Patria en que nací
tus glorias y tus triunfos esplendentes
se cantan en tu tierra como aquí

Los bardos que tenemos en el plata
te dan en el olimpo su canción
dedican este pueblo de valientes
su más grande y sincera admiración
dedican este pueblo de valientes
su más grande y sincera admiración.

Hermanos en las luchas y en las glorias
lo mismo de que allá en Ituzaingó
son hechos nacionales que la historia
en uno y otro pueblo mencionó

Heroica Paysandú yo te saludo
la Troya americana porque (--)
dedican este pueblos de valientes
y cuna de los bravos 33
saludan este pueblos de valientes
y cuna de los bravos 33
Hasta Sucumbir
Carlos María Fossati

Independencia o la muerte
le proclama a sus soldados
los dados ya están echados
todos hemos de morir
mas con honor sucumbir del tirano y sus aliados

Hasta sucumbir, hasta sucumbir
liberar la patria o sino morir

Vamos valientes, les dice
toquen dianas y tambores
superemos los dolores que las heridas nos causan
defendamos nos sin pausa contra tantos invasores

Hasta sucumbir, hasta sucumbir
liberar la patria o sino morir

Ruinas, gritos, hambre, sangre
patético 2 de enero
cuando lo hacen prisionero
sin que medien condiciones
mas el pide a los mandones no lo lleve un brasilero

Hasta sucumbir, hasta sucumbir
liberar la patria o sino morir


Carlos Benavides - Carlos María Fossati
Eduardo Larbanois - Julio Mora


Carlos Benavides: Retrato de Leandro Gómez - Canción del paisanito - Los gauchos de Paysandú - Los héroes silenciosos - La rosa de los vientos de la defensa - Por la sanduceña - Mazurka de la heroica - Memoria de Leandro Gómez
Carlos María Fossati: Saludo a Paysandú – Paysandú - Encina  - Leandro Gómez
Eduardo Larbanois: ¿Quién era ese hombre?
Julio Mora: Los gauchos de Paysandú - El país de Leandro Gómez - La rosa de los vientos de la defensa - Por la sanduceña[26]






[1] Acevedo, Eduardo- Anales Históricos del Uruguay. Tomo III. Barreiro y Ramos. Montevideo. 1933. Anales.  p. 47.
[2] Ídem. p. 48.
[3] Llegando a la clausura de la Iglesia Matriz y el destierro del vicario  Jacinto Vera.
[4] Atanasio de la Cruz Aguirre Aguado: Montevideo 2 de junio de 1801- 20 de setiembre de 1875.
[5] Ob. Cit. p. 259.
[6] Ibídem.
[7] Ídem. p. 267.
[8] Ibídem.
[9] Ídem. p. 281.
[10] Bervejillos, Hugo- Una cinta ancha de bayeta colorada. Desandanzas del Goyo Jeta. Montevideo. Rumbo. 2005. p. 116.
[11] Juan Mª Braga, Federico Fernández, Eduviges Acuña, Atanasio Ribero, Belisario Estomba y Ernesto de las Carreras.
[12] Reyes Abadie, W. Vázquez Romero, A.- Crónica General del Uruguay. Tomo 4. El Estado Oriental. Montevideo. Ediciones de la Banda Oriental. 2000. p. 454.
[13] Di Candia, César- Sólo cuando sucumba. Testimonios de los que sobrevivieron al sitio de Paysandú. Fin de Siglo. Montevideo. 2003. p. 89.
[14] Ídem. p. 90.
[15] Ídem. p. 92.
[17] Aguirre recibió la noticia de que el Coronel Estomba se hallaba entre los oficiales fusilados, pero esta información fue desmentida días después.
[18] El Plata. Enero 4 de 1865.
[19] La historia esas cosas: Ereño en el Gobierno del Cerrito, es quien realiza la ceremonia de casamiento de Leandro Gómez con Faustina Lenguas, termina siendo el custodio de sus restos. En la Iglesia de la Medalla Milagrosa, en la Unión.
[20] Es necesario recordar que la única nieta uruguaya de Leandro Gómez declaró por esa fecha en el Parlamento la oposición de la familia a nuevos traslados de sus restos y reclamó que se respetara el testamento. 
[21] La Dirección Nacional de Información e Inteligencia y la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Policía de Paysandú, trabajaron en forma conjunta, logrando la recuperación de lo robado. A resultas, fue procesada una persona por encubrimiento en reiteración real con un delito de estafa en calidad de autor.
[24]El ilustre Hermano Leandro Gómez es afiliado a la Logia Fe el 7 de noviembre de 1856, siendo exaltado el 18 de noviembre del mismo año. El 3 de febrero de 1857 se le confiere el grado 18, y el 20 de noviembre de 1859 alcanza el Grado 33° del Rito Escocés, Antiguo y Aceptado. El 5 de septiembre de 1862 es nombrado miembro activo del Supremo Consejo de la Orden.
Fue electo como orador titular de la Logia Fe Nro. 8 durante seis ejercicios (1858-1863), como lo testimonian las acta de tenidas de aquellos años”. 
Alfredo Corvalán- General Leandro Gómez. http://www.gadu.org/masones-ilustres/general-leandro-gomez/
[25] Autor: R. G. R.- Logia Obreros de San Juan
En el año 2011 el ensayo anual que realiza la Gran Logia de la Masonería del Uruguay correspondió a Leandro Gómez.

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