sábado, 26 de octubre de 2019

Julio César Grauert


Capítulo 16

Los dolores que quedan son las libertades que faltan[1]

  
Si se cree que el acto de Baltasar Brum ponía fin a la dictadura de Terra, se está muy equivocado. Está seguirá teniendo hechos sangrientos en su haber.
En esta oportunidad se suma el cuarto recordatorio de un nuevo aniversario del fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, por tal motivo se realizaron algunos homenajes –claro con previa autorización del régimen terrista-, se realizaron una serie de actos en locales cerrados que contaban con autorización policial.  Dentro de esos límites permitidos por la autoridad, Grauert logró dicho permiso,  para celebrar un acto público en el Teatro Escudero, de la ciudad de Minas, el 23 de octubre de 1933.

Oradores bajo la lupa

El lunes 23 se realiza el acto en el Teatro Escudero de la ciudad de Minas, los oradores fuero: María Inés Navarra, Federico Capurro Calamet, Julio César Grauert, Pablo Minelli, Juan F. Guichón, Carlos Massiotti Silveira y Aldo Ciasullo.

La concurrencia fue masiva, quedo chica la sala por ello se colocaron afuera parlantes para que la concurrencia no perdiera la oratoria, que sin duda la misma traspaso al objetivo del mismo convirtiéndose en un mitin antidictatorial, reclamando el retorno de las libertades públicas.
Al finalizar la reunión, se hicieron cada vez más fuertes los rumores de que se había librado orden de arresto  para Grauert, Minelli y Guichón. La medida fue adoptada por el Jefe de Policía de Lavalleja, Sr. Bonino, dado que los discursos pronunciados por estos incitaban a la violencia contra el gobierno, siendo una clara violación de las disposiciones vigentes.
Una vez finalizado el acto, los oradores se reúnen en un café de las inmediaciones los cuales fueron acompañados por una numerosa concurrencia de los presentes. En ese lugar fue donde se le comunicó por parte de la policía que deberían presentarse como detenidos en la comisaría local.
La respuesta de Minelli fue clara y contundente, que no iban a acatar esa orden de arresto. Ante esta situación la policía de Minas desiste de arrestarlos allí, dado que llevar adelante tal medida implicaba la utilización el uso de la fuerza, pudiendo deparar consecuencias peores con una concurrencia que tomaría parte por los detenidos.

Las comunicaciones

Ante esta postura el comisario pidió instrucciones por telegrama al jefe de Policía de Montevideo, Alfredo Baldomir, quien manifiesta: “Trate de prenderlos sin recurrir a medios violentos que puedan ocasionar desgracias personales. Sugiérole idea inutilizarles autos para evitar puedan emprender viaje. Salúdalo, Coronel Baldomir”.[2] La solución estaba en que le permitieran regresar a Montevideo, Baldomir aceptó esa solución. Veamos la comunicación telegráfica:
Recibido de Minas el día 24 de octubre de 1933 las 2 y 45.
A la Presidencia de la República. Montevideo.
Oradores Guichón, Minelli y Grauert encuéntrase detenidos en las afueras de la ciudad rodeados por varios autos con familias quienes manifestaran no acatan órdenes de las autoridades expresando que están dispuestos a hacerse matar. Por tal causa espero me haga saber si proceso, no obstante la actitud de dichos señores a la detención de los mismos. Firma Jefe de Lavalleja.

Montevideo 24 de octubre de 1933.
Confidencial, directo, urgente.
Referente a su confidencial número 1 trate de prenderlos sin recurrir a medios violentos puedan ocasionar desgracias personales. Surgiérole idea inutilizarles autos para evitar puedan emprender viaje. Saludos (Firma) Coronel Baldomir”. (Recibido en Minas el día 24 de octubre de 1933 a las 4 y 25).

A coronel Baldomir. Montevideo.
Para evitar desgracias propuse se comprometieran a constituirse en prisión al llegar a esa una vez dejadas familias. No aceptaron proposición continuando primitiva actividad. Diga si sería posible dejarlos seguir hasta esa y proceder ahí a detención pudiendo escoltarlos policía. Salúdalo. (Firma Jefe de Policía de Lavalleja).

Montevideo, octubre 24 de 1933.
A Jefes de Policía de Lavalleja, Minas. Confidencial.
Puede proceder de acuerdo a su confidencial número 2. Salúdalo. (Firma) Coronel Baldomir. (Recibido en Minas, el día 24 de octubre de 1933 a las 5 y 25).

A coronel Baldomir. Montevideo.
Conforme instrucciones confidencial número 2 siguieron ésta custodiados por el oficial 1º y comisario 1ª sección en tres o cuatros autos. Ruego señor Jefe al entrar ese departamento prestarle concurso con policía a sus órdenes. Salúdalo (Firma) Jefe de Policía de Lavalleja”.[3]

Siguiendo las órdenes de los superiores, se decidió escoltar la caravana de vehículos que partió de regreso a Montevideo con los oradores y los acompañantes residentes en la capital. La misma estaba constituida por cinco vehículos entre los cuales estaba el coche de Minelli donde viajaba éste junto a Grauert y Guichón.
No fue fácil el regreso, se los detuvo en varios destacamentos, ya nomás al salir de la ciudad de Minas, en Solís, ahí el comisario local pretendió realizar el arresto. Después de idas y venidas, de acalorados diálogos, se llegó a manejar la posibilidad que se entregaran a las autoridades una vez que llegaran a Montevideo.
Continuaron el viaje rumbo a la capital. Ni las autoridades de Lavalleja, ni las de Montevideo, parece ser que no querían ser ellos los responsables de proceder a la prensión de los legisladores.

Tensión

La situación se complica cuando llegan a las inmediaciones de Pando.
A la altura de la ruta 8, en el kilómetro 34 se los intercepta por intermedio de un destacamento que comandaban los comisarios Cavassa, Berrueta y Gilomén, bastante desproporcionado; unos treinta policías de Investigaciones, armados como para la guerra, un vehículo policial se le atraviesa delante del automóvil de Minelli de forma inmediata proceden a cortarles los neumáticos. Al lado fue franqueado por dos motocicletas blindadas equipadas con elementos para el lanzamiento de gases lacrimógenos.
Una nueva negociación con ribetes de dramatismo entre los integrantes de la comitiva que acompañaba a los parlamentarios y la policía, los tres legisladores se mantenían firmemente en su posición. No se entregarían sin una orden judicial; hay versiones que dicen que manifestaron  que no los tomarían con vida.
La negativa se basaba en que no había ninguna orden de juez para su arresto. “Esperamos alrededor de una hora –recordaba Minelli–. Transcurrido ese tiempo volvió Cavassa acompañado por dos motocicletas blindadas y armadas de unos aparatos larga gases. Se colocaron las motocicletas una del lado derecho del auto y la otra por la parte de atrás, a una distancia relativamente corta. Los policías, armados a Mauser y revólver, nos apuntaban. Llamé al comisario Cavassa y le pregunté lo que haría. Me contestó que procedería a lanzarnos gases. La espera fue probablemente de poco más de un minuto. Yo sentí un conjunto de estampidos simultáneos (y) mi desvanecimiento fue inmediato y total. Afirmo bajo mi palabra de honor que no disparé un solo tiro ni siquiera al aire. Y afirmo también que tampoco lo hicieron Grauert y Guichón”.[4]

Se precipitan los acontecimientos

Después de ese dialogo Guichón recordó; “Cuando nos dieron la voz de presos, nosotros, apuntándolos con nuestras armas, les dijimos que nunca nos entregaríamos. En ningún momento pensamos en tirar contra gente inocente. Le reitero que estábamos dispuestos a ir al sacrificio pero no a provocar al sacrificio de nadie. Cuando se acercó Cavassa tuvimos un cambio de palabras bastante fuerte. Luego él fue sin duda a pedir instrucciones a Montevideo por teléfono. Al volver reunió a su gente detrás del auto y sin mediar intimación nos balearon a mansalva”.[5]
A esa altura se encontraban los actores a las 7 de la mañana del martes 24, se producen las acciones de los efectivos, gases lacrimógenos y disparos de armas largas.
Las consecuencias son prácticamente inmediatas para los civiles, Minelli se debió arrojar del vehículo, quedando desmayado en la cuneta.
Por su parte Guichón y Grauert fueron alcanzados por las balas, siendo el resultado para el primero, el brazo derecho con fractura de hueso, en la cadera y en el pie derecho; el segundo, en las piernas y en el pie. Aclaremos que no se utilizaron las balas convencionales, sino que fueron balas explosivas que producían enormes desgarros al penetrar en el cuerpo.
Otra vez entramos en el terreno de versiones diferentes y hasta contradictorias. Para la  versión de la policía, en principio estableció que se limitaron al empleo de gases lacrimógenos y que los balazos provinieron de los propios ocupantes del vehículo, las heridas sin duda  partieron de la confusión, provocándose ellos mismos las heridas.
Desde  Montevideo el Jefe de Policía Cnel. Baldomir establece la versión oficial: se establece quien inicia los disparos es Minelli contra Cavassa, motivando la respuesta de la policía, dejando en claro que los disparos fueron apuntando hacia abajo, es decir la chapa del auto.
Por su parte los parlamentarios tenían Colt calibre 32 habrían disparado 12 proyectiles contra la policía. También le paso factura a la policía de Minas,  acusándolos de haber actuado con mucha tolerancia.
Sin duda la versión no es nada convincente, la oposición la cuestiono en base a: los vidrios del coche se encontraban cerrados y se constató que solo había sólo dos perforaciones, entonces la pregunta que se hacen inmediatamente  ¿cómo era posible que se dispararan 12 tiros desde dentro del coche? Por otra parte, hubo otra rotura en los cristales producida por las bombas de gases lacrimógenos.



Algunos días después de todos estos acontecimientos el Jefe de Policía de Montevideo el Cnel. Alfredo Baldomir, fue entrevistado por el diario La Mañana –recordemos que pertenecía a la fracción colorada riverista alineada al terrismo-; “El doctor Minelli hizo un disparo contra Cavassa y al éste arrojarse a una cuneta para evitar el impacto, los agentes policiales creyendo que había sido alcanzado por un proyectil, abrieron fuego contra el automóvil, el que fue contestado por los viajeros que alcanzaron a hacer doce disparos”.[6] Pasado el tiempo se aprecia un giro en la información de los incidentes, no teniendo nada que ver con las declaraciones primarias que se hicieron sobre el mismo.
A los días se supo que el Ministro dio paso a un sumario, pero una vez conocido el mismo, quedo claro que no se quería saber lo ocurrido:
III)      A la altura del quilómetro 35 de la carretera Maldonado fuerzas policiales de los departamentos de Lavalleja, Canelones y Montevideo interceptaron el paso del automóvil en que viajaban las personas nombradas.
IV)      Al procederse a la detención de los doctores Minelli y Grauert y el señor Guichón mediante la aplicación de gases lacrimógenos, se produce un tiroteo a consecuencia del cual resultaron heridos el doctor Julio César Grauert y el señor Juan Guichón.
V) El automóvil tipo voituret o cabriolet que ocupaban presenta cuatro perforaciones producidas por proyectiles de armas de fuego.
VI)      El vehículo de la policía presenta así mismo dos perforaciones producidas por los proyectiles disparados desde el interior de la voituret.
VII)     El examen pericial de las armas pertenecientes a los Dres. Grauert y Minelli y señor Guichón denuncia que fueron utilizadas aunque no pudo comprobarse el número de cápsulas detonadas.
VIII)   Está probado en autos que los empleados policiales que intervinieron en el procedimiento, hicieron disparos con sus armas sobre el vehículo de los señores Minelli, Grauert y Guichón.
IX)      No existen en los obrados elementos de convicción en el sentido que los disparos hayan respondido a ninguna orden de los superiores que dirigieron el procedimiento explicándose esos disparos como una reacción espontánea de los empleados policiales subalternos cuyo ánimo había sido prevenido por la actitud de los señores Minelli, Grauert y Guichón al resistir enérgica y prolongadamente la acción policial.
XIV) Los funcionarios superiores que intervinieron en el procedimiento, omitieron adoptar medidas para individualizar a los empleados policiales que habían hecho disparos con armas de fuego.

¿El objetivo era detenerlos…?

Una vez ocurrido el tiroteo los heridos serán trasladados a la ciudad de Pando, en primera instancia son llevados a los calabozos de la comisaría local. Fueron prácticamente tirados en una “jaula”, no se contaba ni con camas ni sillas, un lugar sucio, no olvidemos que estaba heridos, sin ninguna atención médica.
Cerca de una hora después son trasladados al hospital de Pando, quedando su ingreso a la 9 y 15 de la mañana. Siendo atendidos en primera instancia por el Dr. Héctor Peluffo, a Grauert le practicó una cura de emergencia y vendándolo en la herida –este procedimiento será cuestionado, dado que el tipo de herida lo recomendable era dejarla expuesta al aire, para prevenir que se pudiera producir una infección.
Así lo atestigua Guichón; “Nos metieron a cada uno en un calabozo. El mío no tenía cama ni colchón y tuve que acostarme en el suelo. Al cabo de unas horas me llevaron al hospital de primeros auxilios y allí me encontré con Julio (Grauert). Las heridas de ambos, aunque dolorosas no eran graves. Julio bromeó: “¿cuándo hacemos la próxima gira?” La última impresión que tuve de él fue la de un hombre optimista, seguro de sí mismo, convencido que su sangre, nuestra sangre iba a manchar a la dictadura y a provocar la reacción de las masas”.[7]
Se apersonaron algunos médicos amigos –Julián Zavala Muniz, Rubino y Rodríguez Guerrer-, pero le fue impedido ver a los heridos, incluso no pudieron ingresar al hospital, fue aún peor, cuando son detenidos y expulsados de la ciudad de Pando.
Sobre las 19:30hs del miércoles 25, parten rumbo a Pando una comitiva constituida por: Francisco Forteza, Soria, Valiño y Sueiro, acompañados por el cirujano Nin y Silva. Se encontraron con la misma imposibilidad de ver a los heridos hasta que no llegó el Director del Hospital, Dr. Correche. Las medidas llegaron a poner en la sala en que se encontraba Grauert, un centinela armado con un máuser.
Recién a las 21hs. se dio la llegada del Director, el mismo estaba en reunión con el Ministro de Salud Pública, Eduardo Blanco Acevedo, quien dio la autorización para realizar el traslado de los heridos a Montevideo.
Habían estado detenidos más de 24hs. y a esa altura se sabía que el estado de Grauert no era bueno, dado que las heridas se estaban complicando por la gangrena, dado que no se realizó la adecuada curación de las mismas.
En ambulancia fueron trasladados al Hospital Militar de Montevideo, Grauert y Guichón, llegaron en la noche del 25 de octubre a las 22.30 hs., lo atendieron los médicos Albo, Nin y Silva y Romeu.

Un final previsible

De las medidas que se podían optar para Grauert, se descartó la intervención quirúrgica, dado el avanzado proceso de la gangrena. Por lo tanto se busca aliviarle la agonía, por intermedio de un baño de suero, transfusiones de sangre y una dosis de morfina.
Una vez que estuvo Grauert en Montevideo se dio el encuentro con su esposa; “Cuando entré en la habitación… vi que todo estaba perdido. Julio me reconoció, pronunció mi nombre muy bajito y me tendió la mano. La gangrena le impedía hablar. Le rogué al doctor Albo un médico del hospital que era amigo nuestro, que intentara cortarle la pierna, pero me contestó que ya era tarde”.[8]
Diferente era la situación de Guichón, se encontraba en condiciones más favorables, por lo cual pudo ser operado con éxito.
Para Grauert la madrugada del 26 fue difícil, le comenta a su esposa; “Te juro, Maruja, que no disparamos un solo tiro... todavía no sé por qué nos atacaron!...”.
Viendo que se acercaba el fin, mostrando una grandeza que pocos tienen en esos momentos Grauert le solicita a su esposa que saliera un instante de la sala, para poder hablar con sus compañeros políticos, para marcar la cancha en el futuro; “Que esto no sirva de pretexto para hacer locuras. No hay que precipitar los acontecimientos. Es preciso luchar, luchar hasta el fin y por el bien social...”.
Finalizada esa conversación, vuelve a sala Maruja, estrechándose en un abrazo, no eran necesarias las palabras… a las 4 de la mañana entra en estado de coma, se realizan todo lo que estaba al alcance de los médicos, incluso una segunda transfusión de sangre, peor Julio César Grauert fallecía a las 4:35hs.

Sin duda el testimonio dado por Maruja Iglesias de Grauert al periodista César Di Candia termina desarmando la versión oficial; “Mi marido no fue armado, no tenía armas ni sabía manejarlas. Íbamos al campo con frecuencia y jamás acompañaba a la gente a cazar. No le gustaban las armas, jamás había tenido una entre las manos. Julio era por encima de todo un soñador. ¡Las veces que discutí con él sobre este tema! El creía que el mundo, que la sociedad tenía que cambiar, que al capitalismo si no se le podía eliminar, había que suavizarlo. Sabía el peligro que corría en las giras pero también sabía que vivo era más útil que muerto. Nunca pensó que su sacrificio pudiera servir de guía a las masas”.[9]

El último adiós

Para muchos montevideanos todavía estaba presente en su retina la concurrencia que acompaño a los restos de Baltasar Brum, y ahora nuevamente volvían hacer testigo de una manifestación de la misma índole, capaz más enardecidos dada las circunstancias de la muerte de Julio César Grauert.
Una multitud se congrego en la principal avenida de la capital, para el Dr. Emilio Frugoni calcula que se dieron cita una diez mil personas; pretendió realizar un acto en la Plaza Cagancha, se escuchaban gritos pidiendo venganza. Uno de los oradores fue el político blanco Salvador Ferrer Serra –tío de Grauert-;  muy cerca de ahí en 18 de Julio y Cuareim –Palacio Santos- Gabriel Terra contaba con un despacho, pero solo quedo en el intento; dado que el accionar policial fue expeditivo. Las fuerzas policiales cargaron contra la multitud con bombas lacrimógenas, sablazos y golpes de machete, el féretro cayó al suelo y se produjo una escena que ni en los peores momentos se hubiera pensado que se llegara hasta esos extremos. Los resultados de la refriega fueron numerosos heridos. Entre la multitud se destacó una joven estudiante de abogacía: Alba Roballo.

Así recordaba un batllista opositor estos incidentes; “El entierro de Julio César Grauert fue algo inolvidable. Sacamos el cuerpo en hombros de la Casa del Partido, el Dieciocho frente al Gaucho, con rumbo al Cementerio Central, pero el propósito era trasladado primero a la Plaza Libertad y hacerle allí un pequeño homenaje. Íbamos cantando el Himno Nacional mientras a nuestros costados nos flanqueaban docenas de policías en motocicletas con sidecar en cuyo asiento había un agente portando una ametralladora. Cuando vieron que no doblábamos por Yaguarón hacia el Cementerio, empezó una batalla campal. Sablazos, carga de policías a caballo, tiros desde encima de la Casa de Gobierno que estaba en el Palacio Santos. Como pudimos logramos depositar el féretro frente a la estatua, cubierto por una bandera embarrada. Después hubo conversaciones y el entierro se desvió por Ibicuy hacia abajo”.[10]


Quedaba un diputado muerto y un senador herido, pero como en la nerviosidad de aquellos momentos, nadie sabía quienes habían dado la orden ni recordaba quienes habían tirado, no podían ser identificados los culpables.

El presente

El pasar del tiempo aún mantiene en la memoria este lamentable episodio de nuestra historia, así fue en el 2007, 2013, y la iniciativa del 2015 en el departamento de Colonia.
Durante 70 años, el parque de Carrasco -que es atravesado por la Av. Arocena- llevó el nombre de Gabriel Terra, por resolución del 6 de diciembre de 1937.
En 2007 fue aprobado por la Junta Departamental de Montevideo el cambio de nombre por el de Dr. Julio César Grauert. (1902-1933).[11]

A 80 años de su asesinato, Julio César Grauert es patrimonio de todos los uruguayos en la lucha histórica por un mundo mejor, más justo y solidario. El Museo de la Memoria – MUME, la Asociación de Amigas y Amigos del MUME, y la Fundación Zelmar Michelini realizan este homenaje, consecuentes con la misión de promocionar los Derechos Humanos y la Memoria de las luchas por la Libertad, la Democracia y la Justicia Social, entendiéndolos como conceptos culturales en permanente construcción. El Museo de la Memoria recibirá, en esta conmemoración, dos placas de bronce que estaban en la tumba de Julio César Grauert, una dedicada por la FEUU y la otra por la Agrupación Avanzar, donadas al museo por su hija Raquel Grauert.[12]
Con el nombre de “Julio César Grauert” los ediles del Partido Colorado, Gustavo Torres y Gabriel Gabbiani (S), plantearon denominar a la actual calle “Viena” de la ciudad de Juan Lacaze, en homenaje al periodista, abogado y político uruguayo que diera su vida en defensa de las instituciones democráticas.
Al respecto, el edil departamental (S) Gabriel Gabbiani, autor de la iniciativa, señaló que “esta idea tiene por objeto evocar y rescatar del sepulcro del olvido y la indiferencia a una figura histórica de incuestionables virtudes que, de haber sido un símbolo, con el paso de los años ha ido quedando relegado entre el silencio y el desinterés, y que, sin embargo, es junto a Baltasar Brum el modelo de lucha contra la opresión y la tiranía en suelo uruguayo”.[13]
En el lugar de la detención
Con el nombre de este capítulo, no solo está el recuerdo de Julio César Grauert, también sin duda para un Manuel Sanguinetti, y para todos aquellos que se jugaron en esos momentos cruciales de la vida del país, y que sin duda son tan héroes como los recordados por la historia.

Casi treinta años después de los acontecimientos el Dr. Juan Francisco Guichón reflexiona sobre los mismos; “Lo nuestro era como un suicidio. Nosotros sabíamos que tarde o temprano, la dictadura iba a intentar prendernos porque si no lo hacía arriesgaba perder todo su prestigio. Nosotros íbamos a resistir y morir si era preciso. Minelli y yo habíamos elaborado durante mucho tiempo esa decisión. Estábamos dispuestos a ir al sacrificio como Brum para precipitar la caída de la tiranía. Julio que no compartía esa tesis nuestra fue sin embargo el único que murió. No me cansaré de elogiar la dignidad con que lo hizo. No vaciló en acompañarnos en el auto en pleno conocimiento de que en cualquier lugar del camino estaría la policía esperándonos”.[14]

Desafiando a la autoridad

Los acontecimientos ocurridos en el cortejo de Grauert, depararon más allá de la situación personal de Leonardo Magri –que debió ser amputada una pierna-; el destierro de varios políticos de la oposición que fueron acusados de participar en las manifestaciones del cortejo y de haber pronunciado discursos en el acto del mismo.
El año termina agitado, cuando en diciembre se descubre una nueva conspiración, la que deja a políticos detenidos de ambos partidos tradicionales y varios militares de baja. Según la prensa pasaron unos 67militares por la justicia acusados de conspiración. La frontera con Brasil fue el lugar elegido para organizar la misma entre los integrantes se destacan: Tomás Berreta, Luis Batlle Berres, Ismael Cortinas, Carlos Quijano y Arturo González Vidarte.
El nuevo año deparo, la aprobación del nuevo proyecto constitucional y la elección en abril por un nuevo período presidencial a Gabriel Terra. El nuevo marco constitucional no calmo las aguas políticas, se estaba trabajando para realizar una gran manifestación  en contra de la situación, bajo el lema “por las libertades públicas”. Siendo todo un símbolo la utilización de la bandera de los 33 Orientales, destacándose Melo, Tacuarembó, San Carlos, Dolores, Salto, Paysandú. En principio para el 14 de julio, pasando después para el 11 de agosto. Por lo que en el interior del país se estaban organizando para luego converger en Montevideo; en este clima el 4 de agosto en la ciudad de Dolores se producen los siguientes acontecimientos que sufrió el Comité por la Libertad y contra la Dictadura; “Eran cerca de las 20 horas del día 4 de agosto de 1934 cuando la manifestación organizada por el “Comité por la Libertad y contra la Dictadura” de la ciudad de Dolores venía ya, cumplida la máxima parte de su recorrido... Era intenso el entusiasmo en las filas de la columna manifestante, integrada por no menos de dos mil personas,…que marchaban entonando incesantemente el Himno Nacional y La Marsellesa. …El pueblo de Dolores realizaba el acto preparatorio que le permitía organizar la columna cívica que el día…11 de agosto se incorporaría, con las procedentes de todo el país, para desfilar por las calles de Montevideo…
La manifestación ha desfilado en su mayor parte y sólo restan pasar frente al edificio de “El Momento” –periódico de orientación terrista- las últimas filas de la columna. Y lo inesperado ocurre… De una ventana del local que ocupa el periódico  -que está a oscura y con la puerta del zaguán cerrada- han partido varios disparos de arma de fuego –no menos de cinco- sembrando el explicable desconcierto… entre las nutridas filas, al ver caer fulminado a un manifestante, el apreciable vecino Manuel Sanguinetti, y herido el joven Raúl Anselmi.
El pánico más impresionante se produce entonces… poco dura, sin embargo, la indecisión en las filas populares. Con el sonar del último disparo un hombre ha derribado, con irresistible ímpetu, la puerta del zaguán. Su ejemplo es la señal con que se inicia la indignada reacción de la muchedumbre que invade el local e irrumpe entre las habitaciones en busca del autor o los autores de la incalificable agresión.
Dos hombres del pueblo,…han detenido a Correa, el director del periódico terrista, en momentos que intentaba huir por una salida situada al fondo de la finca. Todo esto ocurre en medio de la explotación clamorosa, incontenida, terrible, conque todas las muchedumbres desatan su furia vengadora. Doblado, vencido, pálido, bamboleado y sacudido como un pelele de cera, Correa recibe con el terror dibujado en el rostro los apóstrofes y las vociferaciones de la multitud que se abalanza sobre él, imprecadora y amenazante…
Con enérgica intervención el Dr. Fusco, exponiendo la suya propia, salva la vida de Correa cuando ya su linchamiento parecía decreto a cumplirse de la voluntad irresponsable y sin forma de la muchedumbre…”.[15] El resultado final fue destituciones de funcionarios públicos, muchos de ellos habían firmado el manifiesto, por lo que se les considero subversivos.





[1] Manifiesto de Córdoba 1918: en la que Grauert siguió la línea de los grandes luchadores y pensadores argentinos como fueron: Alberdi, José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Esteban Echeverría. Debemos tener presente cuando esto ocurre en la vecina orilla, Grauert también era estudiante universitario de abogacía.
[3] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[4] Diario El Ideal. Octubre 28 de 1933.
[5] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[6] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[7] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[8] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[9] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[10] Trochon, Yvette – Vidal, Beatriz- El régimen terrista (1933-1938) Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo. 1993. pp. 100-101.
[14] César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[15] Trochon pp. 101-102. Lo toman del libro de Ricardo Paseyro. Pasado y Presente pp. 168-172.

viernes, 15 de marzo de 2019

Las Machonas


Menos el honor



            Cuando Victor Margueritte dio a conocer en 1922, “La garçonne”, seguramente no pensó que el éxito editorial le trajera algunas malas consecuencias.
            La  historia es bastante simple. Monique Lerbier, una chica de buena familia, está comprometida para casarse. Descubre que su prometido le es infiel y es tan honda su desazón, que para vengarse, entrega su virginidad a un desconocido. Cuando confiesa su acción a la madre, esta le aconseja, ante la inminencia de  “no colocar a la nena”, que oculte su pecado y siga adelante con el matrimonio: “
“Mais, mon enfant, il y a des cas où le mensonge lui-même peut devenir un devoir. (...) Non et non ! Le devoir, maman, c’est de dire la vérité (...) j’ai couché, tu entends, couché avec quelqu’un. (....) Garde pour toi le secret de cette escapade  Quand je te disais qu’il y a des cas où le mensonge est un devoir, je ne pensais pas que tu me donnerais raison si complètement, et si tôt!”.[1]
           
            El padre, por su parte, que ve peligrar los negocios que había de encarar con su futuro yerno, preocupado por el posible embarazo y el honor familiar, le propone otro casamiento ventajoso. Monique profundamente decepcionada, (una “muñeca” para la madre y un “objeto de tráfico para el padre”), se va de la casa. La afortundamente triste, muerte de su tía, le proporciona por vía de herencia los recursos para su independencia. Libertad que ella usa sin hacer cuestión de sexo ni de consumos. En esa búsqueda desenfrenada encontrará su destino. La novela está cargada de escenas eróticas en una descripción de esos “años locos” que sucedieron a la Primera Guerra. Esa pintura de mujeres de melena recortada, bailando tango entre sí, fumando sustancias y esnifando “cocó” en pleno goce de su libertad.
           
            En esos tiempos, las novedades editoriales ya viajaban rápido. En Montevideo, el libro concitó la adhesión del director de Justicia, el diputado comunista Celestino Mibelli (1882-1969), que decidió publicarlo en su periódico en varias entregas. Como la obra denunciaba actitudes de doble moral de la burquesía francesa, que el diputado Mibelli también encontraba en el comportamiento de la local, decidió emular a Margueritte y dar su versión criolla del asunto.
            El problema se planteó cuando Mibelli (ya directa o interpósitamente) avanzó un paso más. Así, pasó de los personajes ficticios a otros no tanto, a quienes, si bien no nombraba, de algún modo identificaba para hacerlos reconocibles. Bajo el título de “Las machonas de Montevideo”, Justicia publicó una serie de artículos que aludían a personas y situaciones de la sociedad.
            Su idea era que la clase dirigente estaba podrida por acción u omisión y que la única solución “moralizadora” era barrer con esas estructuras y entronizar la dictadura del proletariado que al obligar a estos corruptos “a ganarse el pan con el trabajo digno, les hiciera conocer las dulzuras y el encanto de la labor honrada que purifica y redime aún a los malos...” .[2]
            Mientras, desde el poder, aprovechando el beneficio económico fruto de la guerra, se intenta construir un país creíble. En tanto Mibelli se empeña en su campaña, se inaugura el Monumento a Artigas en la Plaza Independencia; el presidente Brum y el entrante, Serrato desvelan la escultura mientras don Juan Zorrilla de San Martín hace oir su encendida palabra. El Palacio Legislativo continúa su proceso constructivo. Los cartelistas italianos de la talla de Metlicovitz y Dudovich diseñan los afiches para las fiestas de carnaval en el Solis. La Troupe Jurídico Ateniense conquista Buenos Aires y los estudiantes se van a celebrar el éxito al Cabaret Pigalle, donde Mattos Rodríguez toca por primera vez La cumparsita ante el público porteño...

Una muñequita exquisita
“Una dama que danza en el salón, contempla a su “querido” bailando con una chica hermosa, hija de un alto funcionario de empresas tranviarias. La dama se detiene un instante y los mira indignada. En sus ojos fulgurantes, abismáticos, brilla una llama siniestra, presagio de tormentas interiores. Los muchachos bailan ajenos a todos. Son novios. Él, conquistador de leyenda a pesar de sus pocos años, ha deslumbrado a la chica con su frac impecable y el brillo de su liso peinado. Ella, muñequita exquisita, es un bocado nuevo y fragante para el joven catador de presas suculentas. Pero para eso, debe irse al matrimonio. Y él pasará por sus horcas caudinas. El padre de la chica goza de excelente posición y su fama de perro perseguidor de obreros vencedor de huelgas, le ha dado preeminencia en la fuerte empresa que dirige y le ha labrado una fortuna. El muchacho obtiene así –con algo que puede ser amor o al menos lo parece- la chica y la fortuna del papá. Los amores no han sido contrariados porque el novio ostenta un apellido V.S., de gran figuración. Sus padres, sus hermanos, toda su parentela, siempre han mantenido pendientes a los cronistas sociales de todos sus pequeños movimientos. Es familia de alcurnia, de esas cuyos constipados y empachos, ocupan a un mar de gente y son minuciosamente detallados en la crónica social de los grandes rotativos. La cosa marcha, pues, sobre rieles aceitados. Siendo “de tan buena familia el muchacho”, nada importa que sea un poco libertino y un tanto canallín y... terror de maridos y pescador de dotes. Las puertas de oro de la felicidad han sido abiertas por la leyenda honrosa que gasta la familia. Y él penetra por ellas, con su fría sonrisa de imbécil. Pero allí está la “huéspeda”. Es la dama de los ojos de fuego. Se ha prendido en sus redes y no soltará la presa.El muchacho continúa danzando ensimismado, cuando de pronto en unos giros caprichosos del “shimmy”, que ejecuta con cuidada y escrupulosa precisión, se enfrenta con la dama. Ella está allí, como una conciencia. Autoritaria y exigente. La verdad es que tiene otros “caprichos” y que no es aquél su único amor. Pero no quiere, no debe, dejarse vencer por la muñequita tonta, por la casadera rica y almibarada. Su orgullo de mujer de mundo le impele a la acción, voluntariosa, le manda ser fuerte. En un arranque que no es de amor ni tiene nada de pasional, pues su psiquis es frívola y el cambiar incesante de amantes le ha traído poco a poco, el asco por los hombres, la viciosa dama se detiene en el medio del salón. Su gesto es severo, su ademán es noble. Solo su mirada es fría. Se adelanta, se acerca a la pareja y junto a ellos, sentencia, dirigiéndose a su amante:
-Si te casas con esa, te pego un balazo.

La cosa se extiende y llega a oídos del padre de la novia. El hombre, duro de carácter y fuerte por lo tanto en los procederes, llama a su escritorio al novio. Le increpa su conducta y le prohíbe toda relación con la dama casada y opulenta. El avispado prometido, finge arrepentimiento y promete enmienda. Así pasa un tiempo hasta que un día, el padre se entera de que nuevamente los ocultos amores han vuelto a tentar a su futuro yerno. Entonces, viene el rompimiento definitivo.[3]
          
Al día siguiente, Justicia agrega, para mejor proveer, que la fiesta sucedió en Carrasco durante uno de los últimos bailes de carnaval.
            La indignación pública ante la campaña de Justicia se hizo sentir de inmediato. Todas las baterías apuntaron contra el órgano comunista cargadas con adjetivos descalificadores. En el Parlamento, el senador Gallinal expresa que:

“Montevideo se ve inundado por un novelón inmundo (...) que se pregona por las plazas (...) se ofrece a cuanto peatón anda por nuestras calles (...) Ayer he visto ofrecer esa novela inmunda a dos niñas de 18 a 17  años, no más”.
            Citando una nota del diario La Mañana firmada con el seudónimo de Martín Fores[4], el legislador blanco concuerda en que el éxito de la obra:
“...es a base de pornografía vil. Explota las bajas pasiones de cierta sociedad degenerada y sin dignidad humana”.[5]
“Sachez seulement que nous avons été sous la menace d'un
esclandre terrible, coups de revolver, etc...”
La garçonne.[6]
Tiros en el Parlamento
            El Palacio Legislativo todavía estaba a dos largos años de ser inaugurado, de modo que el Parlamento funcionaba en el Cabildo.
            En la tarde del 15 de marzo de 1923 se produce un tiroteo en el Cabildo. Uno  de los contendores, es el diputado Mibelli. El otro es el gerente de la empresa tranviaria “La Comercial”, don Juan Cat.
            Según el parte policial:
“....siendo aproximadamente la dieciséis y quince (...) en circunstancias que (...) Mibelli entraba por la última puerta del Edificio de la Honorable Cámara de Representantes (...) la  que está más próxima a la calle Rincón, el señor Juan  Cat -que se encontraba en la acera,- penetró al edificio por la puerta central encontrándose ambos en el centro del vestíbulo. Entonces el segundo preguntó al primero si era el diputado Mibelli, y al obtener respuesta afirmativa le exigió una explicación (...) ante lo cual, según Cat, Mibelli hizo además de sacar un arma, por cuyo motivo también hizo lo mismo. De inmediato se cambiaron varios tiros...”.
           
            Mibelli, por su parte coincide con la versión que da Cat de los hechos salvo en lo que tiene que ver con:

“...la agresión, que dice haberla consumado Cat antes de que él pudiera darse cuanta de lo que deseaba al hablarle”.[7]

            Como fuere, los dos sufrieron heridas. Mibelli fue trasladado al Hospital Maciel y Cat al sanatorio de los Dres. Lamas y Mondino. Ambos fueron arrestados. La inmunidad parlamentaria de Mibelli cedía ante un caso de infraganti delito. Y Cat carecía de ese privilegio.
           
Proporciones y razones
            Al día siguiente la Comisión de Legislación se disponía a realizar un informe verbal sobre el “asunto relacionado con el señor diputado Minellii. Se había designado una comisión especial con carácter de grave y urgente integrada por los doctores: Arena, Polleri, Schinca, Vázquez, Ramírez y Aguirre.
Tocó al Dr. Domingo Arena la tarea de miembro informante por la mayoría:
           
“La Comisión, señor Presidente, formada creo que por siete miembros, al estudiar este asunto con la rapidez que el caso requería (de dividió en dos partes apenas desiguales, cuatro y tres. Me dicen aquí que eran cuatro y dos, porque no éramos más que seis. Pero el error de número en este caso no hace cuestión. Nos dividimos en dos partes casi iguales.[8] La mayoría opina que el diputado Mibelli debe ser puesto inmediatamente en libertad y la minoría sostiene la tesis contraria”.
           
            Las razones se encontraban en el Artículo 46 y siguientes de la Constitución[9] (texto de 1918). Se trataba de una cuestión de fueros y se debatía sobre si Mibelli había sido bien aprehendido (en lo que todos coincidían) y si debía ser liberado o mantenido en la cárcel, sobre lo que había distintas opiniones. El abanico era por cierto bastante amplio, desde los que entendían que debía ser liberado de inmediato hasta los que sostenían debía ser privado de sus fueros y sometido a la justicia. Entre estos últimos se destacaba el diputado Eduardo Rodríguez Larreta:

           “¿Acaso pueden creer los señores diputados que arbitrariamente, por sí, por un capricho, un padre de familia, puede llegar a esgrimir un revólver (...) que un hombre que es afectado en lo más hondo de su honor, en el honor de sus hijas (...) lo hace por un capricho arbitrario, o procede por altos móviles? La Comisión (...) se lava las manos como Pilatos, (...) no tiene el valor de ir al fondo del asunto.(...)Es evidente que el diputado Mibelli ha sido el provocador de la escena. Nadie podrá negar que el señor Cat no hubiera llegado al atrio del cabildo con una revólver en la mano si no lo hubiera precedido la campaña sistemática de diario que dirige el señor Mibelli. (...) De manera que no está limpio de pecado”.[10]
           
Voces airadas piden el desfuero de Mibellisu desafuero y abogan por la causa de Cat.

Justicia burguesa
El Juez Nicanor del Castillo emite el  fallo judicial:

“Resultando,... que el periódico Justicia se ha venido sindicando de un tiempo a esta parte, por una persistente propaganda, en la que se ponen de relieve vicios que atribuye a parte de nuestra sociedad.

Que esta propaganda (...) rebasó los límites de lo tolerable, al poner en la picota del escándalo, a determinada joven, ofendiendo profundamente a un hogar respetable, y con ello, a todo el pueblo honesto sin distinción de clase alguna.

Resultando: (...) que por tanto, debe tenérsela en cuenta a efecto de poder apreciar la responsabilidad del procesado Juan Cat, quien, por ser padre de la joven aludida, se consideró profundamente agraviado, a causa de aquella propaganda, Resultando: Que el prevenido, en tal estado de espíritu, armado de un revólver, salió a la calle en busca de su presunto agraviante, se encontró con él, éste se hallaba igualmente armado y luego, tras un cambio de palabras, ambos dispararon sus respectivas armas, quedando los dos heridos (...) surgen las hipótesis siguientes:

Primera: El procesado pudo haber procedido en uso de legítima defensa.

La intención que llevó a Cat, a entrevistarse con su adversario, no puede precisarse en su misteriosa elaboración, como una idea persistente de quitarle la vida; y siendo así, hay que desechar las hipótesis de la tentativa o del delito de homicidio frustrado, por falta...de...una decidida voluntad de matar.
Es cierto que el sentimiento de honor del ofendido, la profundidad del agravio; la voz pública, señalando al presunto agraviante, como adversario al duelo y partidario más bien de los encuentros de improviso, hacen suponer, que el procesado llevara la intención de matar, cuando se acercó al adversario; pero esa intención en un espíritu agitado por causas fundamentales, que le impiden controlar las pasiones, puede haber variado, en más de un momento, ese hombre, que es un padre de familia; un esposo; que comprende el alcance de las responsabilidades legales; ha pensado tal vez, que no debía llevar el dolo a su familia; y que una explicación de su presunto agraviante, habría bastado para reparar la ofensa.
 Esa explicación, pudo haber tenido lugar si factores extraños a la voluntad de los contendores, no hubieran intervenido.
Mibelli, al enfrentarse con Cat, ha de haberle notado la faz demudada y agitado el porte, y sabiéndolo un enemigo y enemigo fuerte, ha tenido natural instinto de conservación, que ponerse en actitud de defensa, e impedir así, involuntariamente quizá, que se produjeron las explicaciones aludidas. En la rapidez con que se desarrollan de ordinario estas escenas, Cat, creyendo que la actitud de Mibelli fuera de ataque, lo que no es de extrañar; pues siempre el que se defiende, ofrece una apariencia agresiva; ha pensado, que su vida se hallaba en peligro; y de ahí su reacción también, de defensa...

Se resuelve, decretar la excarcelación de Juan Cat, bajo fianza...".[11]

           Por cierto, el fallo fue interpretado por Mibelli como un producto natural de la “justicia burguesa”, el diputado comunista no esperaba otra cosa del sistema capitalista.
           Con una mirada actual, el fallo podría prefigurar literariamente un “cadáver exquisito” o algún otro juego “surrealista” de los que empezaban a gestar las vanguardias en la época.



“El honor ha formado siempre mi carácter, él reglará mis pasos”
Artigas a Sarratea, 11 de Febrero de 1813

           En su interesante trabajo citado, el historiador canadiense David S. Parker, encuentra una explicación, ya que no justificación, frente a la actitud general sobre el caso. El fallo judicial toma en cuenta como elementos sustanciales, (además, de una versión edulcorada del hecho en sí), que se configura un caso de legítima defensa, que se ha ofendido al pueblo entero y que el ofensor es “adversario del duelo”, es decir, que no hay forma de restaurar el honor vulnerado mediante un “lance “caballeresco”.
           El honor es uno de los derechos naturales del ser humano. La Constitución de la República que lo recoge invariablemente desde su primera versión establece el derecho a su protección por parte del Estado, precisamente, por ser inherente a la personalidad humana.
          
“Duelo: 3. m. desus. Pundonor o empeño de honor”                              
Diccionario de la Real Academia Española.

            En todas las culturas está presente ese sentido del honor y su defensa, como hace notar Chauchadis:
           
“...la lid era una forma de justicia particularmente apreciada de los antiguos hidalgos españoles: "la razón, porque fue fallada la lid es ésta: que tuvieron los fijosdalgo de España, que mejor les era defender su derecho por armas, que meterlo a peligro de pesquisa, o de falsos testigos".[12]
           
           El tema empezó a complicarse con el Concilio de Trento (1545 -1563) que establece que el hombre que mata a otro en un duelo es un asesino. El que muere lo hace con el estigma de que su intención última también fue un asesinato. Todos los que participen, aunque sea como espectadores, quedan excomulgados. Las autoridades que prestaran el sitio para el duelo, además, serían privadas de sus feudos. La dureza de la sanción no logró erradicar esa porción del ADN donde se registra que el honor, en última instancia, se salva con  la muerte. Los duelos se siguieron efectuando en la clandestinidad. O la venganza se cobró por otros medios. Comentando estas circunstancias, Chauchadis, apunta que en 1636:

“...don Juan de Bilbao, habiendo tenido ciertas palabras con un soldado le dio al soldado un bofetón, el cual queriéndose vengar de la afrenta recibida le tiró de ahi a tres días un pistoletazo, al bajar de las gradas de S. Felipe...”.
Y apunta que el drama se ajusta al esquema de las leyes del duelo:
de las injurias de palabra al bofetón y del bofetón a la muerte”.

Claro que en este caso no se trata de un duelo, porque Bilbao fue herido por sorpresa, pero tal vez ese fuera el inconveniente de la prohibición del Concilio. Los duelos se siguieron efectuando en la clandestinidad hasta en pleno siglo XX.
Sin embargo, en el Uruguay del affair Mibelli, regía la Ley 7253 que reglamentaba los duelos. ¿Por qué entonces no recurrió Cat a ese camino que se ajustaba doblemente a la ética y a la legislación? Y aquí aparece el otro elemento que informa el fallo judicial: Mibelli es “adversario del duelo”. Esto es, no está de acuerdo con el procedimiento. Mibelli no era ningún cobarde, pero sus códigos no eran los mismos que regían la sociedad en que le tocó vivir. Compartía los criterios de los socialistas que veían el duelo como una: “fórmula retrógrada de la justicia antigua”.
El antecedente hay que buscarlo en el reto a duelo del diputado Pelayo, al diputado Frugoni. El 18 de enero de 1913 el Comité Ejecutivo del Partido Socialista declaró:

"A raíz de un incidente parlamentario entre los diputados Frugoni y Pelayo, el primero de ellos declarándose enemigo del duelo aceptó esa forma de solucionar la cuestión. El Comité Ejecutivo del Partido Socialista se considera en el deber de hacer público el desagrado que le inspiró la actitud de su representante en el Parlamento al aceptar el duelo a que se creyó en el caso de ir otro diputado. El Comité Ejecutivo no puede silenciar esa actitud que importa legitimar un delito, sin contar con que, aceptado el duelo, la verdad y la justicia no serán ya patrimonio exclusivo de las energías del espíritu, sino que dependerán del azar de un lance absurdo y bárbaro. Por ello el Comité Ejecutivo ha creído conveniente renovar su formal condenación de ese anacronismo, humillante para la conciencia humana y abiertamente contrario a la doctrina socialista, con el propósito de recordar a todos los que en ella se inspiran, el deber de no apartarse de ella, repudiando definitivamente el duelo, fórmula retrógrada de la justicia antigua". [13]

            ¿Qué camino le quedaba a Cat vedado el judicial por los fueros parlamentarios de Mibelli, y su posición frente al duelo? Esto no lo justifica, solamente explica, su conducta y la de los demás actores.
           

Justicia comunista

            Afortunadamente Mibelli se restableció con prontitud de sus heridas, desistió de la campaña de las Machonas, y no prosperó la propuesta de desafuero en su contra. Tres años después, serán sus propios camaradas los que lo expulsarán de su banca y del Partido Comunista. Como reseña López d'Alesandro, el drama se dio en varios actos:

“En marzo de 1926 la Cámara de Diputados planteó un homenaje a Franco, que había logrado la proeza de cruzar el Atlántico en el Plus Ultra. Mibelli apoyó el homenaje, en tanto que los representantes comunistas en la Asamblea Departamental de Montevideo lo rechazaron. (...) volvió a chocar con el partido debido a su apoyo al proyecto que reglaba las jubilaciones de los diputados. Mibelli sostuvo que el proyecto era injusto, pues dejaba fuera a los representantes que no habían sido reelectos en las elecciones de 1924. El Comité Central del PCU condenó la actitud de Mibelli (...) una clara desviación de los principios comunistas, con el agravante de que la cuestión no daba lugar a dudas sobre cuál debió haber sido la actitud de un militante revolucionario.  El cerco se cerraba en torno a Don Celestino. Los espantos finales del partido contra su diputado hereje fueron un editorial de Justicia donde Mibelli sostenía que el problema del analfabetismo podía ser resuelto gracias a la legislación dentro del capitalismo -'lo que solo puede ocurrírsele a un reformista inveterado o a un socialtraidor'- y un reportaje realizado por el diario Crítica de Buenos Aires, donde supuestamente había sostenido que en caso de nueva guerra civil, los comunistas se retirarían de la lucha social 'hasta que se restableciera el régimen constitucional'. Las presiones sobre Mibelli debieron ser muy grandes, pues presentó renuncia a su puesto en el Comité Central el 22 de marzo de 1926, pero la dirección partidaria la rechazó.  Sin embargo, el diputado rebelde siguió ignorando a las autoridades comunistas y no se reintegró a su puesto (...)

El proceso contra Mibelli fue uno de los momentos culminantes del disciplinamiento estalinista del PCU. "El Partido" como un cuerpo orgánico, aplicaba una dura sanción a su principal representante público, en una atmósfera de absoluta sacralidad.

El organismo que sentenció a Mibelli (contó) con amplia participación de todos los órganos partidarios, presidido por el secretario del Buró Sudamericano de la IC, el argentino Rodolfo Ghioldi y con la presencia fiscalizadora del responsable de la COMINTERN en América Latina, el camarada Henry Raymond (...) 'el Partido está dispuesto a hacer respetar su línea política y a hacer acatar su disciplina por todos los afiliados ocupen el puesto que ocupen'. Tanto el discurso de Gómez, como los de Ghioldi y Raymond y el telegrama de saludo del Partido Comunista Argentino, se preocuparon en destacar la reunión del Ampliado como un eslabón de la bochevización del PCU, más que como una instancia disciplinaria.

Los comunistas uruguayos mostraron de esta manera su obediencia y cómo habían aprendido la lección bolchevique, sacrificando a su realengo diputado”.[14]

            Mibelli, retirado de la política partidaria por orden de Moscú, se dedicó a su otra pasión que era el fútbol. Ya ejercía desde años atrás, funciones en la AUF y en la Confederación Sudamericana de Fútbol.
           
            Son raros los motivos por los que alguien permanece en la memoria de los pueblos. Probablemente don Celestino no sea recordado por su polémica con Batlle y Ordóñez, ni sus polémicos artículos en Justicia, ni por haber asistido vestido de overol a la inauguración del Palacio Legislativo, ni por sus opiniones sobre el duelo, o por admirar la hazaña del Plus Ultra que ya se ocupó de inmortalizar Gardel[15]. Pero sin duda es nombrado y renombrado por la respuesta que le dio siendo Gerente General de la AUF en 1938 al presidente del Club Atlético Peñarol, Dr. Alberto Mantrana, que le pide la lista de los campeones uruguayos reconocidos por la AUF desde 1900. En la nómina no aparece el CURCC: siempre es Peñarol.
           
            En cuanto a Margueritte, tampoco fue bien visto después de su Garçonne. Para demostrárselo, las autoridades le retiraron la Legión de Honor. Es cierto que hizo mucho dinero con su obra, pero para el autor que murió en 1942, fue un durísimo golpe. Si bien no se le restituyó la condecoración post mortem, pese al cambio de los tiempos, de todos modos no hubiera podido quejarse: por lo menos no le pegaron un tiro.



[1]“Pero hija mía, hay casos en que la mentira misma puede transformarse en un deber. (...) ¡No y no! El deber, mamá, es decir la verdad (...) me acosté, me escuchas, me acosté con un desconocido (...) Guarda para ti el secreto de esta escapada. Cuando te decía que hay casos en que la mentira es un deber, no pensé que  me ibas a dar la razón tan completamente, y tan pronto”.   La garçonne. La Bibliothèque électronique du Québec Collection À tous les vents Volume 1297 : version 1.0 . P. 151
[2]Folleto LasMACHONAS” de Montevideo Relatos verídicos de la valiente campaña del diario “Justicia”.
[3]Justicia Folleto
[4]Seudónimo de Otto Miguel Cione. Scarone, Arturo. Diccionario de Seudónimos del Uruguay. Claudio García & Cía Editores. Montevideo. 1942. P .359
[5] Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores. 13 de marzo de 1923. T. 305. Pp.454 y 455
[6] Margueritte, Victor. La garçonne. La Bibliothèque électronique du Québec Collection À tous les vents Volume 1297 : version 1.0 .P.169.
[7]Diario de Sesiones de la Camara de Representantes. T. 305. Pp. 356-357.
[8]66%  la mayoría y 34%  la minoría no parece casi igual.
[9]El texto vigente de la Constitucion uruguaya establece los mismos principios en otra ubicación: Artículo 112.- Los Senadores y los Representantes jamás serán responsables por los votos y opiniones que emitan durante el desempeño de sus funciones.
Artículo 113.- Ningún Senador o Representante, desde el día de su elección hasta el de su cese, puede ser arrestado, salvo en el caso de delito infraganti y entonces se dará cuenta inmediata a la Cámara respectiva, con la información sumaria del hecho.
Artículo 114.- Ningún Senador o Representante, desde el día de su elección hasta el de su cese, podrá ser acusado criminalmente, ni aun por delitos comunes que no sean de los detallados en el artículo 93, sino ante su respectiva Cámara, la cual, por dos tercios de votos del total de sus componentes, resolverá si hay lugar a la formación de causa, y, en caso afirmativo, lo declarará suspendido en sus funciones y quedará a disposición del Tribunal competente.
Artículo 115.- Cada Cámara puede corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el desempeño de sus funciones y hasta suspenderlo en el ejercicio de las mismas, por dos tercios de votos del total de sus componentes.
Por igual número de votos podrá removerlo por imposibilidad física o incapacidad mental superviniente a su incorporación, o por actos de conducta que le hicieran indigno de su cargo, después de su proclamación.
Bastará la mayoría de votos de presentes para admitir las renuncias voluntarias.

[10]Diario de Sesiones de la Cámara de RR. T. 305. P.362.
[11] Parker, David S. Honor Ideology, Dueling Culture, and Judicial Lies in 1920s Uruguay. PRINTED FROM the OXFORD RESEARCH ENCYCLOPEDIA, LATIN AMERICAN HISTORY (latinamericanhistory.oxfordre.com). (c) Oxford University Press USA, 2016.
[12] Chauchadis, Claude. Libro y leyes del duelo en el Siglo de Oro. Criticón, 39, 1987 Centro Virtual Cervantes.
[13]Frugoni, Emilio. Selección de Discursos 1913-1914. T. III. Cámara de Representantes. Prisma Ltda. Montevideo.1988. Nota al pie de la página 40 . 
[14]López D'Alesandro, Fernando. “Los orígenes de la cultura estalinista en el comunismo uruguayo” en Yaffé, Jaime. Dossier ‘Cinco estudios recientes sobre el comunismo uruguayo”.
[15]La Gloria del Aguila. Letra de Enrique Nieto de Molina y música  de Martín Montserrat Guillemet. Tango que canta la hazaña de un hidroavión militar español que fue el primero en volar desde España a América. El comandante Ramón Franco era hermano de Francisco Franco, que fuera “Caudillo de España por la Gracia de Dios”.