viernes, 15 de marzo de 2019

Las Machonas


Menos el honor



            Cuando Victor Margueritte dio a conocer en 1922, “La garçonne”, seguramente no pensó que el éxito editorial le trajera algunas malas consecuencias.
            La  historia es bastante simple. Monique Lerbier, una chica de buena familia, está comprometida para casarse. Descubre que su prometido le es infiel y es tan honda su desazón, que para vengarse, entrega su virginidad a un desconocido. Cuando confiesa su acción a la madre, esta le aconseja, ante la inminencia de  “no colocar a la nena”, que oculte su pecado y siga adelante con el matrimonio: “
“Mais, mon enfant, il y a des cas où le mensonge lui-même peut devenir un devoir. (...) Non et non ! Le devoir, maman, c’est de dire la vérité (...) j’ai couché, tu entends, couché avec quelqu’un. (....) Garde pour toi le secret de cette escapade  Quand je te disais qu’il y a des cas où le mensonge est un devoir, je ne pensais pas que tu me donnerais raison si complètement, et si tôt!”.[1]
           
            El padre, por su parte, que ve peligrar los negocios que había de encarar con su futuro yerno, preocupado por el posible embarazo y el honor familiar, le propone otro casamiento ventajoso. Monique profundamente decepcionada, (una “muñeca” para la madre y un “objeto de tráfico para el padre”), se va de la casa. La afortundamente triste, muerte de su tía, le proporciona por vía de herencia los recursos para su independencia. Libertad que ella usa sin hacer cuestión de sexo ni de consumos. En esa búsqueda desenfrenada encontrará su destino. La novela está cargada de escenas eróticas en una descripción de esos “años locos” que sucedieron a la Primera Guerra. Esa pintura de mujeres de melena recortada, bailando tango entre sí, fumando sustancias y esnifando “cocó” en pleno goce de su libertad.
           
            En esos tiempos, las novedades editoriales ya viajaban rápido. En Montevideo, el libro concitó la adhesión del director de Justicia, el diputado comunista Celestino Mibelli (1882-1969), que decidió publicarlo en su periódico en varias entregas. Como la obra denunciaba actitudes de doble moral de la burquesía francesa, que el diputado Mibelli también encontraba en el comportamiento de la local, decidió emular a Margueritte y dar su versión criolla del asunto.
            El problema se planteó cuando Mibelli (ya directa o interpósitamente) avanzó un paso más. Así, pasó de los personajes ficticios a otros no tanto, a quienes, si bien no nombraba, de algún modo identificaba para hacerlos reconocibles. Bajo el título de “Las machonas de Montevideo”, Justicia publicó una serie de artículos que aludían a personas y situaciones de la sociedad.
            Su idea era que la clase dirigente estaba podrida por acción u omisión y que la única solución “moralizadora” era barrer con esas estructuras y entronizar la dictadura del proletariado que al obligar a estos corruptos “a ganarse el pan con el trabajo digno, les hiciera conocer las dulzuras y el encanto de la labor honrada que purifica y redime aún a los malos...” .[2]
            Mientras, desde el poder, aprovechando el beneficio económico fruto de la guerra, se intenta construir un país creíble. En tanto Mibelli se empeña en su campaña, se inaugura el Monumento a Artigas en la Plaza Independencia; el presidente Brum y el entrante, Serrato desvelan la escultura mientras don Juan Zorrilla de San Martín hace oir su encendida palabra. El Palacio Legislativo continúa su proceso constructivo. Los cartelistas italianos de la talla de Metlicovitz y Dudovich diseñan los afiches para las fiestas de carnaval en el Solis. La Troupe Jurídico Ateniense conquista Buenos Aires y los estudiantes se van a celebrar el éxito al Cabaret Pigalle, donde Mattos Rodríguez toca por primera vez La cumparsita ante el público porteño...

Una muñequita exquisita
“Una dama que danza en el salón, contempla a su “querido” bailando con una chica hermosa, hija de un alto funcionario de empresas tranviarias. La dama se detiene un instante y los mira indignada. En sus ojos fulgurantes, abismáticos, brilla una llama siniestra, presagio de tormentas interiores. Los muchachos bailan ajenos a todos. Son novios. Él, conquistador de leyenda a pesar de sus pocos años, ha deslumbrado a la chica con su frac impecable y el brillo de su liso peinado. Ella, muñequita exquisita, es un bocado nuevo y fragante para el joven catador de presas suculentas. Pero para eso, debe irse al matrimonio. Y él pasará por sus horcas caudinas. El padre de la chica goza de excelente posición y su fama de perro perseguidor de obreros vencedor de huelgas, le ha dado preeminencia en la fuerte empresa que dirige y le ha labrado una fortuna. El muchacho obtiene así –con algo que puede ser amor o al menos lo parece- la chica y la fortuna del papá. Los amores no han sido contrariados porque el novio ostenta un apellido V.S., de gran figuración. Sus padres, sus hermanos, toda su parentela, siempre han mantenido pendientes a los cronistas sociales de todos sus pequeños movimientos. Es familia de alcurnia, de esas cuyos constipados y empachos, ocupan a un mar de gente y son minuciosamente detallados en la crónica social de los grandes rotativos. La cosa marcha, pues, sobre rieles aceitados. Siendo “de tan buena familia el muchacho”, nada importa que sea un poco libertino y un tanto canallín y... terror de maridos y pescador de dotes. Las puertas de oro de la felicidad han sido abiertas por la leyenda honrosa que gasta la familia. Y él penetra por ellas, con su fría sonrisa de imbécil. Pero allí está la “huéspeda”. Es la dama de los ojos de fuego. Se ha prendido en sus redes y no soltará la presa.El muchacho continúa danzando ensimismado, cuando de pronto en unos giros caprichosos del “shimmy”, que ejecuta con cuidada y escrupulosa precisión, se enfrenta con la dama. Ella está allí, como una conciencia. Autoritaria y exigente. La verdad es que tiene otros “caprichos” y que no es aquél su único amor. Pero no quiere, no debe, dejarse vencer por la muñequita tonta, por la casadera rica y almibarada. Su orgullo de mujer de mundo le impele a la acción, voluntariosa, le manda ser fuerte. En un arranque que no es de amor ni tiene nada de pasional, pues su psiquis es frívola y el cambiar incesante de amantes le ha traído poco a poco, el asco por los hombres, la viciosa dama se detiene en el medio del salón. Su gesto es severo, su ademán es noble. Solo su mirada es fría. Se adelanta, se acerca a la pareja y junto a ellos, sentencia, dirigiéndose a su amante:
-Si te casas con esa, te pego un balazo.

La cosa se extiende y llega a oídos del padre de la novia. El hombre, duro de carácter y fuerte por lo tanto en los procederes, llama a su escritorio al novio. Le increpa su conducta y le prohíbe toda relación con la dama casada y opulenta. El avispado prometido, finge arrepentimiento y promete enmienda. Así pasa un tiempo hasta que un día, el padre se entera de que nuevamente los ocultos amores han vuelto a tentar a su futuro yerno. Entonces, viene el rompimiento definitivo.[3]
          
Al día siguiente, Justicia agrega, para mejor proveer, que la fiesta sucedió en Carrasco durante uno de los últimos bailes de carnaval.
            La indignación pública ante la campaña de Justicia se hizo sentir de inmediato. Todas las baterías apuntaron contra el órgano comunista cargadas con adjetivos descalificadores. En el Parlamento, el senador Gallinal expresa que:

“Montevideo se ve inundado por un novelón inmundo (...) que se pregona por las plazas (...) se ofrece a cuanto peatón anda por nuestras calles (...) Ayer he visto ofrecer esa novela inmunda a dos niñas de 18 a 17  años, no más”.
            Citando una nota del diario La Mañana firmada con el seudónimo de Martín Fores[4], el legislador blanco concuerda en que el éxito de la obra:
“...es a base de pornografía vil. Explota las bajas pasiones de cierta sociedad degenerada y sin dignidad humana”.[5]
“Sachez seulement que nous avons été sous la menace d'un
esclandre terrible, coups de revolver, etc...”
La garçonne.[6]
Tiros en el Parlamento
            El Palacio Legislativo todavía estaba a dos largos años de ser inaugurado, de modo que el Parlamento funcionaba en el Cabildo.
            En la tarde del 15 de marzo de 1923 se produce un tiroteo en el Cabildo. Uno  de los contendores, es el diputado Mibelli. El otro es el gerente de la empresa tranviaria “La Comercial”, don Juan Cat.
            Según el parte policial:
“....siendo aproximadamente la dieciséis y quince (...) en circunstancias que (...) Mibelli entraba por la última puerta del Edificio de la Honorable Cámara de Representantes (...) la  que está más próxima a la calle Rincón, el señor Juan  Cat -que se encontraba en la acera,- penetró al edificio por la puerta central encontrándose ambos en el centro del vestíbulo. Entonces el segundo preguntó al primero si era el diputado Mibelli, y al obtener respuesta afirmativa le exigió una explicación (...) ante lo cual, según Cat, Mibelli hizo además de sacar un arma, por cuyo motivo también hizo lo mismo. De inmediato se cambiaron varios tiros...”.
           
            Mibelli, por su parte coincide con la versión que da Cat de los hechos salvo en lo que tiene que ver con:

“...la agresión, que dice haberla consumado Cat antes de que él pudiera darse cuanta de lo que deseaba al hablarle”.[7]

            Como fuere, los dos sufrieron heridas. Mibelli fue trasladado al Hospital Maciel y Cat al sanatorio de los Dres. Lamas y Mondino. Ambos fueron arrestados. La inmunidad parlamentaria de Mibelli cedía ante un caso de infraganti delito. Y Cat carecía de ese privilegio.
           
Proporciones y razones
            Al día siguiente la Comisión de Legislación se disponía a realizar un informe verbal sobre el “asunto relacionado con el señor diputado Minellii. Se había designado una comisión especial con carácter de grave y urgente integrada por los doctores: Arena, Polleri, Schinca, Vázquez, Ramírez y Aguirre.
Tocó al Dr. Domingo Arena la tarea de miembro informante por la mayoría:
           
“La Comisión, señor Presidente, formada creo que por siete miembros, al estudiar este asunto con la rapidez que el caso requería (de dividió en dos partes apenas desiguales, cuatro y tres. Me dicen aquí que eran cuatro y dos, porque no éramos más que seis. Pero el error de número en este caso no hace cuestión. Nos dividimos en dos partes casi iguales.[8] La mayoría opina que el diputado Mibelli debe ser puesto inmediatamente en libertad y la minoría sostiene la tesis contraria”.
           
            Las razones se encontraban en el Artículo 46 y siguientes de la Constitución[9] (texto de 1918). Se trataba de una cuestión de fueros y se debatía sobre si Mibelli había sido bien aprehendido (en lo que todos coincidían) y si debía ser liberado o mantenido en la cárcel, sobre lo que había distintas opiniones. El abanico era por cierto bastante amplio, desde los que entendían que debía ser liberado de inmediato hasta los que sostenían debía ser privado de sus fueros y sometido a la justicia. Entre estos últimos se destacaba el diputado Eduardo Rodríguez Larreta:

           “¿Acaso pueden creer los señores diputados que arbitrariamente, por sí, por un capricho, un padre de familia, puede llegar a esgrimir un revólver (...) que un hombre que es afectado en lo más hondo de su honor, en el honor de sus hijas (...) lo hace por un capricho arbitrario, o procede por altos móviles? La Comisión (...) se lava las manos como Pilatos, (...) no tiene el valor de ir al fondo del asunto.(...)Es evidente que el diputado Mibelli ha sido el provocador de la escena. Nadie podrá negar que el señor Cat no hubiera llegado al atrio del cabildo con una revólver en la mano si no lo hubiera precedido la campaña sistemática de diario que dirige el señor Mibelli. (...) De manera que no está limpio de pecado”.[10]
           
Voces airadas piden el desfuero de Mibellisu desafuero y abogan por la causa de Cat.

Justicia burguesa
El Juez Nicanor del Castillo emite el  fallo judicial:

“Resultando,... que el periódico Justicia se ha venido sindicando de un tiempo a esta parte, por una persistente propaganda, en la que se ponen de relieve vicios que atribuye a parte de nuestra sociedad.

Que esta propaganda (...) rebasó los límites de lo tolerable, al poner en la picota del escándalo, a determinada joven, ofendiendo profundamente a un hogar respetable, y con ello, a todo el pueblo honesto sin distinción de clase alguna.

Resultando: (...) que por tanto, debe tenérsela en cuenta a efecto de poder apreciar la responsabilidad del procesado Juan Cat, quien, por ser padre de la joven aludida, se consideró profundamente agraviado, a causa de aquella propaganda, Resultando: Que el prevenido, en tal estado de espíritu, armado de un revólver, salió a la calle en busca de su presunto agraviante, se encontró con él, éste se hallaba igualmente armado y luego, tras un cambio de palabras, ambos dispararon sus respectivas armas, quedando los dos heridos (...) surgen las hipótesis siguientes:

Primera: El procesado pudo haber procedido en uso de legítima defensa.

La intención que llevó a Cat, a entrevistarse con su adversario, no puede precisarse en su misteriosa elaboración, como una idea persistente de quitarle la vida; y siendo así, hay que desechar las hipótesis de la tentativa o del delito de homicidio frustrado, por falta...de...una decidida voluntad de matar.
Es cierto que el sentimiento de honor del ofendido, la profundidad del agravio; la voz pública, señalando al presunto agraviante, como adversario al duelo y partidario más bien de los encuentros de improviso, hacen suponer, que el procesado llevara la intención de matar, cuando se acercó al adversario; pero esa intención en un espíritu agitado por causas fundamentales, que le impiden controlar las pasiones, puede haber variado, en más de un momento, ese hombre, que es un padre de familia; un esposo; que comprende el alcance de las responsabilidades legales; ha pensado tal vez, que no debía llevar el dolo a su familia; y que una explicación de su presunto agraviante, habría bastado para reparar la ofensa.
 Esa explicación, pudo haber tenido lugar si factores extraños a la voluntad de los contendores, no hubieran intervenido.
Mibelli, al enfrentarse con Cat, ha de haberle notado la faz demudada y agitado el porte, y sabiéndolo un enemigo y enemigo fuerte, ha tenido natural instinto de conservación, que ponerse en actitud de defensa, e impedir así, involuntariamente quizá, que se produjeron las explicaciones aludidas. En la rapidez con que se desarrollan de ordinario estas escenas, Cat, creyendo que la actitud de Mibelli fuera de ataque, lo que no es de extrañar; pues siempre el que se defiende, ofrece una apariencia agresiva; ha pensado, que su vida se hallaba en peligro; y de ahí su reacción también, de defensa...

Se resuelve, decretar la excarcelación de Juan Cat, bajo fianza...".[11]

           Por cierto, el fallo fue interpretado por Mibelli como un producto natural de la “justicia burguesa”, el diputado comunista no esperaba otra cosa del sistema capitalista.
           Con una mirada actual, el fallo podría prefigurar literariamente un “cadáver exquisito” o algún otro juego “surrealista” de los que empezaban a gestar las vanguardias en la época.



“El honor ha formado siempre mi carácter, él reglará mis pasos”
Artigas a Sarratea, 11 de Febrero de 1813

           En su interesante trabajo citado, el historiador canadiense David S. Parker, encuentra una explicación, ya que no justificación, frente a la actitud general sobre el caso. El fallo judicial toma en cuenta como elementos sustanciales, (además, de una versión edulcorada del hecho en sí), que se configura un caso de legítima defensa, que se ha ofendido al pueblo entero y que el ofensor es “adversario del duelo”, es decir, que no hay forma de restaurar el honor vulnerado mediante un “lance “caballeresco”.
           El honor es uno de los derechos naturales del ser humano. La Constitución de la República que lo recoge invariablemente desde su primera versión establece el derecho a su protección por parte del Estado, precisamente, por ser inherente a la personalidad humana.
          
“Duelo: 3. m. desus. Pundonor o empeño de honor”                              
Diccionario de la Real Academia Española.

            En todas las culturas está presente ese sentido del honor y su defensa, como hace notar Chauchadis:
           
“...la lid era una forma de justicia particularmente apreciada de los antiguos hidalgos españoles: "la razón, porque fue fallada la lid es ésta: que tuvieron los fijosdalgo de España, que mejor les era defender su derecho por armas, que meterlo a peligro de pesquisa, o de falsos testigos".[12]
           
           El tema empezó a complicarse con el Concilio de Trento (1545 -1563) que establece que el hombre que mata a otro en un duelo es un asesino. El que muere lo hace con el estigma de que su intención última también fue un asesinato. Todos los que participen, aunque sea como espectadores, quedan excomulgados. Las autoridades que prestaran el sitio para el duelo, además, serían privadas de sus feudos. La dureza de la sanción no logró erradicar esa porción del ADN donde se registra que el honor, en última instancia, se salva con  la muerte. Los duelos se siguieron efectuando en la clandestinidad. O la venganza se cobró por otros medios. Comentando estas circunstancias, Chauchadis, apunta que en 1636:

“...don Juan de Bilbao, habiendo tenido ciertas palabras con un soldado le dio al soldado un bofetón, el cual queriéndose vengar de la afrenta recibida le tiró de ahi a tres días un pistoletazo, al bajar de las gradas de S. Felipe...”.
Y apunta que el drama se ajusta al esquema de las leyes del duelo:
de las injurias de palabra al bofetón y del bofetón a la muerte”.

Claro que en este caso no se trata de un duelo, porque Bilbao fue herido por sorpresa, pero tal vez ese fuera el inconveniente de la prohibición del Concilio. Los duelos se siguieron efectuando en la clandestinidad hasta en pleno siglo XX.
Sin embargo, en el Uruguay del affair Mibelli, regía la Ley 7253 que reglamentaba los duelos. ¿Por qué entonces no recurrió Cat a ese camino que se ajustaba doblemente a la ética y a la legislación? Y aquí aparece el otro elemento que informa el fallo judicial: Mibelli es “adversario del duelo”. Esto es, no está de acuerdo con el procedimiento. Mibelli no era ningún cobarde, pero sus códigos no eran los mismos que regían la sociedad en que le tocó vivir. Compartía los criterios de los socialistas que veían el duelo como una: “fórmula retrógrada de la justicia antigua”.
El antecedente hay que buscarlo en el reto a duelo del diputado Pelayo, al diputado Frugoni. El 18 de enero de 1913 el Comité Ejecutivo del Partido Socialista declaró:

"A raíz de un incidente parlamentario entre los diputados Frugoni y Pelayo, el primero de ellos declarándose enemigo del duelo aceptó esa forma de solucionar la cuestión. El Comité Ejecutivo del Partido Socialista se considera en el deber de hacer público el desagrado que le inspiró la actitud de su representante en el Parlamento al aceptar el duelo a que se creyó en el caso de ir otro diputado. El Comité Ejecutivo no puede silenciar esa actitud que importa legitimar un delito, sin contar con que, aceptado el duelo, la verdad y la justicia no serán ya patrimonio exclusivo de las energías del espíritu, sino que dependerán del azar de un lance absurdo y bárbaro. Por ello el Comité Ejecutivo ha creído conveniente renovar su formal condenación de ese anacronismo, humillante para la conciencia humana y abiertamente contrario a la doctrina socialista, con el propósito de recordar a todos los que en ella se inspiran, el deber de no apartarse de ella, repudiando definitivamente el duelo, fórmula retrógrada de la justicia antigua". [13]

            ¿Qué camino le quedaba a Cat vedado el judicial por los fueros parlamentarios de Mibelli, y su posición frente al duelo? Esto no lo justifica, solamente explica, su conducta y la de los demás actores.
           

Justicia comunista

            Afortunadamente Mibelli se restableció con prontitud de sus heridas, desistió de la campaña de las Machonas, y no prosperó la propuesta de desafuero en su contra. Tres años después, serán sus propios camaradas los que lo expulsarán de su banca y del Partido Comunista. Como reseña López d'Alesandro, el drama se dio en varios actos:

“En marzo de 1926 la Cámara de Diputados planteó un homenaje a Franco, que había logrado la proeza de cruzar el Atlántico en el Plus Ultra. Mibelli apoyó el homenaje, en tanto que los representantes comunistas en la Asamblea Departamental de Montevideo lo rechazaron. (...) volvió a chocar con el partido debido a su apoyo al proyecto que reglaba las jubilaciones de los diputados. Mibelli sostuvo que el proyecto era injusto, pues dejaba fuera a los representantes que no habían sido reelectos en las elecciones de 1924. El Comité Central del PCU condenó la actitud de Mibelli (...) una clara desviación de los principios comunistas, con el agravante de que la cuestión no daba lugar a dudas sobre cuál debió haber sido la actitud de un militante revolucionario.  El cerco se cerraba en torno a Don Celestino. Los espantos finales del partido contra su diputado hereje fueron un editorial de Justicia donde Mibelli sostenía que el problema del analfabetismo podía ser resuelto gracias a la legislación dentro del capitalismo -'lo que solo puede ocurrírsele a un reformista inveterado o a un socialtraidor'- y un reportaje realizado por el diario Crítica de Buenos Aires, donde supuestamente había sostenido que en caso de nueva guerra civil, los comunistas se retirarían de la lucha social 'hasta que se restableciera el régimen constitucional'. Las presiones sobre Mibelli debieron ser muy grandes, pues presentó renuncia a su puesto en el Comité Central el 22 de marzo de 1926, pero la dirección partidaria la rechazó.  Sin embargo, el diputado rebelde siguió ignorando a las autoridades comunistas y no se reintegró a su puesto (...)

El proceso contra Mibelli fue uno de los momentos culminantes del disciplinamiento estalinista del PCU. "El Partido" como un cuerpo orgánico, aplicaba una dura sanción a su principal representante público, en una atmósfera de absoluta sacralidad.

El organismo que sentenció a Mibelli (contó) con amplia participación de todos los órganos partidarios, presidido por el secretario del Buró Sudamericano de la IC, el argentino Rodolfo Ghioldi y con la presencia fiscalizadora del responsable de la COMINTERN en América Latina, el camarada Henry Raymond (...) 'el Partido está dispuesto a hacer respetar su línea política y a hacer acatar su disciplina por todos los afiliados ocupen el puesto que ocupen'. Tanto el discurso de Gómez, como los de Ghioldi y Raymond y el telegrama de saludo del Partido Comunista Argentino, se preocuparon en destacar la reunión del Ampliado como un eslabón de la bochevización del PCU, más que como una instancia disciplinaria.

Los comunistas uruguayos mostraron de esta manera su obediencia y cómo habían aprendido la lección bolchevique, sacrificando a su realengo diputado”.[14]

            Mibelli, retirado de la política partidaria por orden de Moscú, se dedicó a su otra pasión que era el fútbol. Ya ejercía desde años atrás, funciones en la AUF y en la Confederación Sudamericana de Fútbol.
           
            Son raros los motivos por los que alguien permanece en la memoria de los pueblos. Probablemente don Celestino no sea recordado por su polémica con Batlle y Ordóñez, ni sus polémicos artículos en Justicia, ni por haber asistido vestido de overol a la inauguración del Palacio Legislativo, ni por sus opiniones sobre el duelo, o por admirar la hazaña del Plus Ultra que ya se ocupó de inmortalizar Gardel[15]. Pero sin duda es nombrado y renombrado por la respuesta que le dio siendo Gerente General de la AUF en 1938 al presidente del Club Atlético Peñarol, Dr. Alberto Mantrana, que le pide la lista de los campeones uruguayos reconocidos por la AUF desde 1900. En la nómina no aparece el CURCC: siempre es Peñarol.
           
            En cuanto a Margueritte, tampoco fue bien visto después de su Garçonne. Para demostrárselo, las autoridades le retiraron la Legión de Honor. Es cierto que hizo mucho dinero con su obra, pero para el autor que murió en 1942, fue un durísimo golpe. Si bien no se le restituyó la condecoración post mortem, pese al cambio de los tiempos, de todos modos no hubiera podido quejarse: por lo menos no le pegaron un tiro.



[1]“Pero hija mía, hay casos en que la mentira misma puede transformarse en un deber. (...) ¡No y no! El deber, mamá, es decir la verdad (...) me acosté, me escuchas, me acosté con un desconocido (...) Guarda para ti el secreto de esta escapada. Cuando te decía que hay casos en que la mentira es un deber, no pensé que  me ibas a dar la razón tan completamente, y tan pronto”.   La garçonne. La Bibliothèque électronique du Québec Collection À tous les vents Volume 1297 : version 1.0 . P. 151
[2]Folleto LasMACHONAS” de Montevideo Relatos verídicos de la valiente campaña del diario “Justicia”.
[3]Justicia Folleto
[4]Seudónimo de Otto Miguel Cione. Scarone, Arturo. Diccionario de Seudónimos del Uruguay. Claudio García & Cía Editores. Montevideo. 1942. P .359
[5] Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores. 13 de marzo de 1923. T. 305. Pp.454 y 455
[6] Margueritte, Victor. La garçonne. La Bibliothèque électronique du Québec Collection À tous les vents Volume 1297 : version 1.0 .P.169.
[7]Diario de Sesiones de la Camara de Representantes. T. 305. Pp. 356-357.
[8]66%  la mayoría y 34%  la minoría no parece casi igual.
[9]El texto vigente de la Constitucion uruguaya establece los mismos principios en otra ubicación: Artículo 112.- Los Senadores y los Representantes jamás serán responsables por los votos y opiniones que emitan durante el desempeño de sus funciones.
Artículo 113.- Ningún Senador o Representante, desde el día de su elección hasta el de su cese, puede ser arrestado, salvo en el caso de delito infraganti y entonces se dará cuenta inmediata a la Cámara respectiva, con la información sumaria del hecho.
Artículo 114.- Ningún Senador o Representante, desde el día de su elección hasta el de su cese, podrá ser acusado criminalmente, ni aun por delitos comunes que no sean de los detallados en el artículo 93, sino ante su respectiva Cámara, la cual, por dos tercios de votos del total de sus componentes, resolverá si hay lugar a la formación de causa, y, en caso afirmativo, lo declarará suspendido en sus funciones y quedará a disposición del Tribunal competente.
Artículo 115.- Cada Cámara puede corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el desempeño de sus funciones y hasta suspenderlo en el ejercicio de las mismas, por dos tercios de votos del total de sus componentes.
Por igual número de votos podrá removerlo por imposibilidad física o incapacidad mental superviniente a su incorporación, o por actos de conducta que le hicieran indigno de su cargo, después de su proclamación.
Bastará la mayoría de votos de presentes para admitir las renuncias voluntarias.

[10]Diario de Sesiones de la Cámara de RR. T. 305. P.362.
[11] Parker, David S. Honor Ideology, Dueling Culture, and Judicial Lies in 1920s Uruguay. PRINTED FROM the OXFORD RESEARCH ENCYCLOPEDIA, LATIN AMERICAN HISTORY (latinamericanhistory.oxfordre.com). (c) Oxford University Press USA, 2016.
[12] Chauchadis, Claude. Libro y leyes del duelo en el Siglo de Oro. Criticón, 39, 1987 Centro Virtual Cervantes.
[13]Frugoni, Emilio. Selección de Discursos 1913-1914. T. III. Cámara de Representantes. Prisma Ltda. Montevideo.1988. Nota al pie de la página 40 . 
[14]López D'Alesandro, Fernando. “Los orígenes de la cultura estalinista en el comunismo uruguayo” en Yaffé, Jaime. Dossier ‘Cinco estudios recientes sobre el comunismo uruguayo”.
[15]La Gloria del Aguila. Letra de Enrique Nieto de Molina y música  de Martín Montserrat Guillemet. Tango que canta la hazaña de un hidroavión militar español que fue el primero en volar desde España a América. El comandante Ramón Franco era hermano de Francisco Franco, que fuera “Caudillo de España por la Gracia de Dios”.