Capítulo 16
“Los
dolores que quedan son las libertades que faltan”[1]
Si se
cree que el acto de Baltasar Brum ponía fin a la dictadura de Terra, se está
muy equivocado. Está seguirá teniendo hechos sangrientos en su haber.
En
esta oportunidad se suma el cuarto recordatorio de un nuevo aniversario del
fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, por tal motivo se realizaron algunos
homenajes –claro con previa autorización del régimen terrista-, se
realizaron una serie de actos en locales cerrados que contaban con autorización
policial. Dentro
de esos límites permitidos por la autoridad, Grauert logró dicho permiso, para celebrar un acto público en el Teatro Escudero, de la ciudad de Minas,
el 23 de octubre de 1933.
Oradores bajo la lupa
El lunes 23 se realiza el acto en el Teatro Escudero de la ciudad de Minas, los oradores fuero: María
Inés Navarra, Federico Capurro Calamet, Julio César Grauert, Pablo Minelli,
Juan F. Guichón, Carlos Massiotti Silveira y Aldo Ciasullo.
La concurrencia fue masiva, quedo chica la sala por ello
se colocaron afuera parlantes para que la concurrencia no perdiera la oratoria,
que sin duda la misma traspaso al objetivo del mismo convirtiéndose en un mitin
antidictatorial, reclamando el retorno de las libertades públicas.
Al finalizar la reunión, se hicieron cada vez más fuertes
los rumores de que se había librado orden de arresto para Grauert, Minelli y Guichón. La medida
fue adoptada por el Jefe de Policía de Lavalleja, Sr. Bonino, dado que los
discursos pronunciados por estos incitaban a la violencia contra el gobierno, siendo
una clara violación de las disposiciones vigentes.
Una vez finalizado el acto, los oradores se reúnen en un
café de las inmediaciones los cuales fueron acompañados por una numerosa
concurrencia de los presentes. En ese lugar fue donde se le comunicó por parte
de la policía que deberían presentarse como detenidos en la comisaría local.
La respuesta de Minelli fue clara y contundente, que no
iban a acatar esa orden de arresto. Ante esta situación la policía de Minas
desiste de arrestarlos allí, dado que llevar adelante tal medida implicaba la
utilización el uso de la fuerza, pudiendo deparar consecuencias peores con una
concurrencia que tomaría parte por los detenidos.
Las comunicaciones
Ante esta postura el comisario pidió instrucciones por
telegrama al jefe de Policía de Montevideo, Alfredo Baldomir, quien manifiesta:
“Trate de prenderlos sin recurrir a
medios violentos que puedan ocasionar desgracias personales. Sugiérole idea
inutilizarles autos para evitar puedan emprender viaje. Salúdalo, Coronel
Baldomir”.[2]
La solución estaba en que le permitieran regresar a Montevideo, Baldomir
aceptó esa solución. Veamos la comunicación telegráfica:
“Recibido de Minas
el día 24 de octubre de 1933 las 2 y 45.
A la Presidencia
de la República. Montevideo.
Oradores Guichón,
Minelli y Grauert encuéntrase detenidos en las afueras de la ciudad rodeados
por varios autos con familias quienes manifestaran no acatan órdenes de las
autoridades expresando que están dispuestos a hacerse matar. Por tal causa
espero me haga saber si proceso, no obstante la actitud de dichos señores a la
detención de los mismos. Firma Jefe de Lavalleja.
Montevideo 24 de
octubre de 1933.
Confidencial, directo,
urgente.
Referente a su
confidencial número 1 trate de prenderlos sin recurrir a medios violentos
puedan ocasionar desgracias personales. Surgiérole idea inutilizarles autos
para evitar puedan emprender viaje. Saludos (Firma) Coronel Baldomir”.
(Recibido en Minas el día 24 de octubre de 1933 a las 4 y 25).
A coronel Baldomir.
Montevideo.
Para evitar desgracias
propuse se comprometieran a constituirse en prisión al llegar a esa una vez
dejadas familias. No aceptaron proposición continuando primitiva actividad.
Diga si sería posible dejarlos seguir hasta esa y proceder ahí a detención
pudiendo escoltarlos policía. Salúdalo. (Firma Jefe de Policía de Lavalleja).
Montevideo, octubre 24
de 1933.
A Jefes de Policía de
Lavalleja, Minas. Confidencial.
Puede proceder de
acuerdo a su confidencial número 2. Salúdalo. (Firma) Coronel Baldomir.
(Recibido en Minas, el día 24 de octubre de 1933 a las 5 y 25).
A coronel Baldomir.
Montevideo.
Conforme instrucciones
confidencial número 2 siguieron ésta custodiados por el oficial 1º y comisario
1ª sección en tres o cuatros autos. Ruego señor Jefe al entrar ese departamento
prestarle concurso con policía a sus órdenes. Salúdalo (Firma) Jefe de Policía
de Lavalleja”.[3]
Siguiendo las órdenes de los superiores, se decidió
escoltar la caravana de vehículos que partió de regreso a Montevideo con los
oradores y los acompañantes residentes en la capital. La misma estaba
constituida por cinco vehículos entre los cuales estaba el coche de Minelli
donde viajaba éste junto a Grauert y Guichón.
No fue fácil el regreso, se los detuvo en varios
destacamentos, ya nomás al salir de la ciudad de Minas, en Solís, ahí el
comisario local pretendió realizar el arresto. Después de idas y venidas, de
acalorados diálogos, se llegó a manejar la posibilidad que se entregaran a las
autoridades una vez que llegaran a Montevideo.
Continuaron el viaje rumbo a la capital. Ni las
autoridades de Lavalleja, ni las de Montevideo, parece ser que no querían ser
ellos los responsables de proceder a la prensión de los legisladores.
Tensión
La situación se complica cuando llegan a las inmediaciones
de Pando.
A la altura de la ruta 8, en el kilómetro 34 se los
intercepta por intermedio de un destacamento que comandaban los comisarios
Cavassa, Berrueta y Gilomén, bastante desproporcionado; unos treinta policías
de Investigaciones, armados como para la guerra, un vehículo policial se le
atraviesa delante del automóvil de Minelli de forma inmediata proceden a cortarles
los neumáticos. Al lado fue franqueado por dos motocicletas blindadas equipadas
con elementos para el lanzamiento de gases lacrimógenos.
Una nueva negociación con ribetes de dramatismo entre los integrantes
de la comitiva que acompañaba a los parlamentarios y la policía, los tres legisladores
se mantenían firmemente en su posición. No se entregarían sin una orden
judicial; hay versiones que dicen que manifestaron que no los tomarían con vida.
La negativa se basaba en que no había ninguna orden de
juez para su arresto. “Esperamos
alrededor de una hora –recordaba Minelli–. Transcurrido ese tiempo volvió
Cavassa acompañado por dos motocicletas blindadas y armadas de unos aparatos
larga gases. Se colocaron las motocicletas una del lado derecho del auto y la
otra por la parte de atrás, a una distancia relativamente corta. Los policías,
armados a Mauser y revólver, nos apuntaban. Llamé al comisario Cavassa y le
pregunté lo que haría. Me contestó que procedería a lanzarnos gases. La espera
fue probablemente de poco más de un minuto. Yo sentí un conjunto de estampidos
simultáneos (y) mi desvanecimiento fue inmediato y total. Afirmo bajo mi
palabra de honor que no disparé un solo tiro ni siquiera al aire. Y afirmo
también que tampoco lo hicieron Grauert y Guichón”.[4]
Se precipitan los acontecimientos
Después de ese dialogo Guichón recordó; “Cuando nos dieron la voz de presos,
nosotros, apuntándolos con nuestras armas, les dijimos que nunca nos
entregaríamos. En ningún momento pensamos en tirar contra gente inocente. Le
reitero que estábamos dispuestos a ir al sacrificio pero no a provocar al sacrificio
de nadie. Cuando se acercó Cavassa tuvimos un cambio de palabras bastante
fuerte. Luego él fue sin duda a pedir instrucciones a Montevideo por teléfono.
Al volver reunió a su gente detrás del auto y sin mediar intimación nos
balearon a mansalva”.[5]
A esa altura se encontraban los actores a las 7 de la
mañana del martes 24, se producen las acciones de los efectivos, gases
lacrimógenos y disparos de armas largas.
Las consecuencias son prácticamente inmediatas para los
civiles, Minelli se debió arrojar del vehículo, quedando desmayado en la
cuneta.
Por su parte Guichón y Grauert fueron alcanzados por las
balas, siendo el resultado para el primero, el brazo derecho con fractura de
hueso, en la cadera y en el pie derecho; el segundo, en las piernas y en el
pie. Aclaremos que no se utilizaron las balas convencionales, sino que fueron balas
explosivas que producían enormes desgarros al penetrar en el cuerpo.
Otra vez entramos en el terreno de versiones diferentes y
hasta contradictorias. Para la versión de
la policía, en principio estableció que se limitaron al empleo de gases
lacrimógenos y que los balazos provinieron de los propios ocupantes del vehículo,
las heridas sin duda partieron de la
confusión, provocándose ellos mismos las heridas.
Desde Montevideo el
Jefe de Policía Cnel. Baldomir establece la versión oficial: se establece quien
inicia los disparos es Minelli contra Cavassa, motivando la respuesta de la
policía, dejando en claro que los disparos fueron apuntando hacia abajo, es
decir la chapa del auto.
Por su parte los parlamentarios tenían Colt calibre 32 habrían
disparado 12 proyectiles contra la policía. También le paso factura a la
policía de Minas, acusándolos de haber
actuado con mucha tolerancia.
Sin duda la versión no es nada convincente, la oposición la cuestiono
en base a: los vidrios del coche se encontraban cerrados y se constató que solo
había sólo dos perforaciones, entonces la pregunta que se hacen inmediatamente ¿cómo
era posible que se dispararan 12 tiros desde dentro del coche? Por otra
parte, hubo otra rotura en los cristales producida por las bombas de gases
lacrimógenos.
Algunos días después de todos estos acontecimientos el
Jefe de Policía de Montevideo el Cnel. Alfredo Baldomir, fue entrevistado por
el diario La Mañana –recordemos que
pertenecía a la fracción colorada riverista alineada al terrismo-; “El doctor Minelli hizo un disparo contra
Cavassa y al éste arrojarse a una cuneta para evitar el impacto, los agentes
policiales creyendo que había sido alcanzado por un proyectil, abrieron fuego
contra el automóvil, el que fue contestado por los viajeros que alcanzaron a
hacer doce disparos”.[6]
Pasado el tiempo se aprecia un giro en la información de los incidentes, no
teniendo nada que ver con las declaraciones primarias que se hicieron sobre el
mismo.
A los días se supo que el Ministro dio paso a un sumario,
pero una vez conocido el mismo, quedo claro que no se quería saber lo ocurrido:
III) A la
altura del quilómetro 35 de la carretera Maldonado fuerzas policiales de los
departamentos de Lavalleja, Canelones y Montevideo interceptaron el paso del
automóvil en que viajaban las personas nombradas.
IV) Al
procederse a la detención de los doctores Minelli y Grauert y el señor Guichón
mediante la aplicación de gases lacrimógenos, se produce un tiroteo a
consecuencia del cual resultaron heridos el doctor Julio César Grauert y el
señor Juan Guichón.
V) El automóvil
tipo voituret o cabriolet que ocupaban presenta cuatro perforaciones producidas
por proyectiles de armas de fuego.
VI) El
vehículo de la policía presenta así mismo dos perforaciones producidas por los
proyectiles disparados desde el interior de la voituret.
VII) El
examen pericial de las armas pertenecientes a los Dres. Grauert y Minelli y
señor Guichón denuncia que fueron utilizadas aunque no pudo comprobarse el
número de cápsulas detonadas.
VIII) Está
probado en autos que los empleados policiales que intervinieron en el
procedimiento, hicieron disparos con sus armas sobre el vehículo de los señores
Minelli, Grauert y Guichón.
IX) No
existen en los obrados elementos de convicción en el sentido que los disparos
hayan respondido a ninguna orden de los superiores que dirigieron el
procedimiento explicándose esos disparos como una reacción espontánea de los
empleados policiales subalternos cuyo ánimo había sido prevenido por la actitud
de los señores Minelli, Grauert y Guichón al resistir enérgica y
prolongadamente la acción policial.
XIV) Los funcionarios superiores que intervinieron en el
procedimiento, omitieron adoptar medidas para individualizar a los empleados
policiales que habían hecho disparos con armas de fuego.
¿El objetivo era detenerlos…?
Una vez ocurrido el tiroteo los heridos serán trasladados
a la ciudad de Pando, en primera instancia son llevados a los calabozos de la
comisaría local. Fueron prácticamente tirados en una “jaula”, no se contaba ni con camas ni sillas, un lugar sucio, no
olvidemos que estaba heridos, sin ninguna atención médica.
Cerca de una hora después son trasladados al hospital de
Pando, quedando su ingreso a la 9 y 15 de la mañana. Siendo atendidos en
primera instancia por el Dr. Héctor Peluffo, a Grauert le practicó una cura de
emergencia y vendándolo en la herida –este procedimiento será cuestionado, dado
que el tipo de herida lo recomendable era dejarla expuesta al aire, para
prevenir que se pudiera producir una infección.
Así lo atestigua Guichón; “Nos metieron a cada uno en un calabozo. El mío no tenía cama ni
colchón y tuve que acostarme en el suelo. Al cabo de unas horas me llevaron al
hospital de primeros auxilios y allí me encontré con Julio (Grauert). Las
heridas de ambos, aunque dolorosas no eran graves. Julio bromeó: “¿cuándo
hacemos la próxima gira?” La última impresión que tuve de él fue la de un
hombre optimista, seguro de sí mismo, convencido que su sangre, nuestra sangre
iba a manchar a la dictadura y a provocar la reacción de las masas”.[7]
Se apersonaron algunos médicos amigos –Julián Zavala
Muniz, Rubino y Rodríguez Guerrer-, pero le fue impedido ver a los heridos,
incluso no pudieron ingresar al hospital, fue aún peor, cuando son detenidos y
expulsados de la ciudad de Pando.
Sobre las 19:30hs del miércoles 25, parten rumbo a Pando
una comitiva constituida por: Francisco Forteza, Soria, Valiño y Sueiro, acompañados
por el cirujano Nin y Silva. Se encontraron con la misma imposibilidad de ver a
los heridos hasta que no llegó el Director del Hospital, Dr. Correche. Las
medidas llegaron a poner en la sala en que se encontraba Grauert, un centinela
armado con un máuser.
Recién a las 21hs. se dio la llegada del Director, el
mismo estaba en reunión con el Ministro de Salud Pública, Eduardo Blanco
Acevedo, quien dio la autorización para realizar el traslado de los heridos a
Montevideo.
Habían estado detenidos más de 24hs. y a esa altura se
sabía que el estado de Grauert no era bueno, dado que las heridas se estaban
complicando por la gangrena, dado que no se realizó la adecuada curación de las
mismas.
En ambulancia fueron trasladados al Hospital Militar de
Montevideo, Grauert y Guichón, llegaron en la noche del 25 de octubre a las
22.30 hs., lo atendieron los médicos Albo, Nin y Silva y Romeu.
Un final previsible
De las medidas que se podían optar para Grauert, se
descartó la intervención quirúrgica, dado el avanzado proceso de la gangrena.
Por lo tanto se busca aliviarle la agonía, por intermedio de un baño de suero,
transfusiones de sangre y una dosis de morfina.
Una vez que estuvo Grauert en Montevideo se dio el
encuentro con su esposa; “Cuando entré en
la habitación… vi que todo estaba perdido. Julio me reconoció, pronunció mi
nombre muy bajito y me tendió la mano. La gangrena le impedía hablar. Le rogué
al doctor Albo un médico del hospital que era amigo nuestro, que intentara
cortarle la pierna, pero me contestó que ya era tarde”.[8]
Diferente era la situación de Guichón, se encontraba en condiciones
más favorables, por lo cual pudo ser operado con éxito.
Para Grauert la madrugada del 26 fue difícil, le comenta a
su esposa; “Te juro, Maruja, que no
disparamos un solo tiro... todavía no sé por qué nos atacaron!...”.
Viendo que se acercaba el fin, mostrando una grandeza que
pocos tienen en esos momentos Grauert le solicita a su esposa que saliera un
instante de la sala, para poder hablar con sus compañeros políticos, para
marcar la cancha en el futuro; “Que esto
no sirva de pretexto para hacer locuras. No hay que precipitar los acontecimientos.
Es preciso luchar, luchar hasta el fin y por el bien social...”.
Finalizada esa conversación, vuelve a sala Maruja,
estrechándose en un abrazo, no eran necesarias las palabras… a las 4 de la
mañana entra en estado de coma, se realizan todo lo que estaba al alcance de
los médicos, incluso una segunda transfusión de sangre, peor Julio César
Grauert fallecía a las 4:35hs.
Sin duda el testimonio dado por Maruja Iglesias de Grauert
al periodista César Di Candia termina desarmando la versión oficial; “Mi marido no fue armado, no tenía armas ni
sabía manejarlas. Íbamos al campo con frecuencia y jamás acompañaba a la gente
a cazar. No le gustaban las armas, jamás había tenido una entre las manos.
Julio era por encima de todo un soñador. ¡Las veces que discutí con él sobre
este tema! El creía que el mundo, que la sociedad tenía que cambiar, que al
capitalismo si no se le podía eliminar, había que suavizarlo. Sabía el peligro
que corría en las giras pero también sabía que vivo era más útil que muerto.
Nunca pensó que su sacrificio pudiera servir de guía a las masas”.[9]
El último adiós
Para muchos montevideanos todavía estaba presente en su
retina la concurrencia que acompaño a los restos de Baltasar Brum, y ahora
nuevamente volvían hacer testigo de una manifestación de la misma índole, capaz
más enardecidos dada las circunstancias de la muerte de Julio César Grauert.
Una multitud se congrego en la principal avenida de la
capital, para el Dr. Emilio Frugoni calcula que se dieron cita una diez mil
personas; pretendió realizar un acto en la Plaza Cagancha, se escuchaban gritos
pidiendo venganza. Uno de los oradores fue el político blanco Salvador Ferrer
Serra –tío de Grauert-; muy cerca de ahí
en 18 de Julio y Cuareim –Palacio Santos- Gabriel Terra contaba con un despacho,
pero solo quedo en el intento; dado que el accionar policial fue expeditivo.
Las fuerzas policiales cargaron contra la multitud con bombas lacrimógenas, sablazos
y golpes de machete, el féretro cayó al suelo y se produjo una escena que ni en
los peores momentos se hubiera pensado que se llegara hasta esos extremos. Los
resultados de la refriega fueron numerosos heridos. Entre la multitud se
destacó una joven estudiante de abogacía: Alba Roballo.
Así recordaba un batllista
opositor estos incidentes; “El entierro de Julio César Grauert fue algo
inolvidable. Sacamos el cuerpo en hombros de la Casa del Partido, el Dieciocho
frente al Gaucho, con rumbo al Cementerio Central, pero el propósito era
trasladado primero a la Plaza Libertad y hacerle allí un pequeño homenaje.
Íbamos cantando el Himno Nacional mientras a nuestros costados nos flanqueaban
docenas de policías en motocicletas con sidecar en cuyo asiento había un agente
portando una ametralladora. Cuando vieron que no doblábamos por Yaguarón hacia
el Cementerio, empezó una batalla campal. Sablazos, carga de policías a
caballo, tiros desde encima de la Casa de Gobierno que estaba en el Palacio
Santos. Como pudimos logramos depositar el féretro frente a la estatua,
cubierto por una bandera embarrada. Después hubo conversaciones y el entierro
se desvió por Ibicuy hacia abajo”.[10]
Quedaba un diputado muerto y un senador herido, pero como en
la nerviosidad de aquellos momentos, nadie sabía quienes habían dado la orden
ni recordaba quienes habían tirado, no podían ser identificados los culpables.
El presente
El pasar del tiempo aún mantiene en la memoria este
lamentable episodio de nuestra historia, así fue en el 2007, 2013, y la
iniciativa del 2015 en el departamento de Colonia.
Durante 70 años, el parque de Carrasco -que es atravesado
por la Av. Arocena- llevó el nombre de Gabriel Terra, por resolución del 6 de
diciembre de 1937.
En 2007 fue aprobado por la Junta Departamental de Montevideo el cambio de nombre por el de Dr.
Julio César Grauert. (1902-1933).[11]
A 80 años de su asesinato, Julio César Grauert es
patrimonio de todos los uruguayos en la lucha histórica por un mundo mejor, más
justo y solidario. El Museo de la Memoria – MUME, la Asociación de Amigas
y Amigos del MUME, y la Fundación Zelmar Michelini realizan este homenaje,
consecuentes con la misión de promocionar los Derechos Humanos y la Memoria de
las luchas por la Libertad, la Democracia y la Justicia Social, entendiéndolos
como conceptos culturales en permanente construcción. El Museo de la Memoria
recibirá, en esta conmemoración, dos placas de bronce que estaban en la tumba
de Julio César Grauert, una dedicada por la FEUU y la otra por la Agrupación
Avanzar, donadas al museo por su hija Raquel Grauert.[12]
Con el nombre de “Julio
César Grauert” los ediles del Partido Colorado, Gustavo Torres y Gabriel
Gabbiani (S), plantearon denominar a la actual calle “Viena” de la ciudad de Juan Lacaze, en homenaje al periodista,
abogado y político uruguayo que diera su vida en defensa de las instituciones
democráticas.
Al respecto, el edil departamental (S) Gabriel Gabbiani,
autor de la iniciativa, señaló que “esta idea tiene por objeto evocar y
rescatar del sepulcro del olvido y la indiferencia a una figura histórica de
incuestionables virtudes que, de haber sido un símbolo, con el paso de los años
ha ido quedando relegado entre el silencio y el desinterés, y que, sin embargo,
es junto a Baltasar Brum el modelo de lucha contra la opresión y la tiranía en
suelo uruguayo”.[13]
En el lugar de la
detención
Con
el nombre de este capítulo, no solo está el recuerdo de Julio César Grauert,
también sin duda para un Manuel Sanguinetti, y para todos aquellos que se
jugaron en esos momentos cruciales de la vida del país, y que sin duda son tan
héroes como los recordados por la historia.
Casi
treinta años después de los acontecimientos el Dr. Juan Francisco Guichón
reflexiona sobre los mismos; “Lo nuestro
era como un suicidio. Nosotros sabíamos que tarde o temprano, la dictadura iba
a intentar prendernos porque si no lo hacía arriesgaba perder todo su
prestigio. Nosotros íbamos a resistir y morir si era preciso. Minelli y yo
habíamos elaborado durante mucho tiempo esa decisión. Estábamos dispuestos a ir
al sacrificio como Brum para precipitar la caída de la tiranía. Julio que no
compartía esa tesis nuestra fue sin embargo el único que murió. No me cansaré
de elogiar la dignidad con que lo hizo. No vaciló en acompañarnos en el auto en
pleno conocimiento de que en cualquier lugar del camino estaría la policía
esperándonos”.[14]
Desafiando a la autoridad
Los acontecimientos ocurridos en el cortejo de Grauert,
depararon más allá de la situación personal de Leonardo Magri –que debió ser
amputada una pierna-; el destierro de varios políticos de la oposición que
fueron acusados de participar en las manifestaciones del cortejo y de haber
pronunciado discursos en el acto del mismo.
El año termina agitado, cuando en diciembre se descubre
una nueva conspiración, la que deja a políticos detenidos de ambos partidos
tradicionales y varios militares de baja. Según la prensa pasaron unos
67militares por la justicia acusados de conspiración. La frontera con Brasil
fue el lugar elegido para organizar la misma entre los integrantes se destacan:
Tomás Berreta, Luis Batlle Berres, Ismael Cortinas, Carlos Quijano y Arturo
González Vidarte.
El nuevo año deparo, la aprobación del nuevo proyecto
constitucional y la elección en abril por un nuevo período presidencial a
Gabriel Terra. El nuevo marco constitucional no calmo las aguas políticas, se
estaba trabajando para realizar una gran manifestación en contra de la situación, bajo el lema “por
las libertades públicas”. Siendo todo un símbolo la utilización de la
bandera de los 33 Orientales,
destacándose Melo, Tacuarembó, San Carlos, Dolores, Salto, Paysandú. En
principio para el 14 de julio, pasando después para el 11 de agosto. Por lo que
en el interior del país se estaban organizando para luego converger en
Montevideo; en este clima el 4 de agosto en la ciudad de Dolores se producen
los siguientes acontecimientos que sufrió el Comité por la Libertad y contra
la Dictadura; “Eran cerca de las
20 horas del día 4 de agosto de 1934 cuando la manifestación organizada por el
“Comité por la Libertad y contra la Dictadura” de la ciudad de Dolores venía
ya, cumplida la máxima parte de su recorrido... Era intenso el entusiasmo en
las filas de la columna manifestante, integrada por no menos de dos mil
personas,…que marchaban entonando incesantemente el Himno Nacional y La
Marsellesa. …El pueblo de Dolores realizaba el acto preparatorio que le
permitía organizar la columna cívica que el día…11 de agosto se incorporaría,
con las procedentes de todo el país, para desfilar por las calles de
Montevideo…
La manifestación ha
desfilado en su mayor parte y sólo restan pasar frente al edificio de “El
Momento” –periódico de orientación terrista- las últimas filas de la columna. Y
lo inesperado ocurre… De una ventana del local que ocupa el periódico -que está a oscura y con la puerta del zaguán
cerrada- han partido varios disparos de arma de fuego –no menos de cinco-
sembrando el explicable desconcierto… entre las nutridas filas, al ver caer
fulminado a un manifestante, el apreciable vecino Manuel Sanguinetti, y herido
el joven Raúl Anselmi.
El pánico más
impresionante se produce entonces… poco dura, sin embargo, la indecisión en las
filas populares. Con el sonar del último disparo un hombre ha derribado, con
irresistible ímpetu, la puerta del zaguán. Su ejemplo es la señal con que se
inicia la indignada reacción de la muchedumbre que invade el local e irrumpe
entre las habitaciones en busca del autor o los autores de la incalificable
agresión.
Dos hombres del
pueblo,…han detenido a Correa, el director del periódico terrista, en momentos
que intentaba huir por una salida situada al fondo de la finca. Todo esto
ocurre en medio de la explotación clamorosa, incontenida, terrible, conque
todas las muchedumbres desatan su furia vengadora. Doblado, vencido, pálido,
bamboleado y sacudido como un pelele de cera, Correa recibe con el terror
dibujado en el rostro los apóstrofes y las vociferaciones de la multitud que se
abalanza sobre él, imprecadora y amenazante…
Con enérgica
intervención el Dr. Fusco, exponiendo la suya propia, salva la vida de Correa
cuando ya su linchamiento parecía decreto a cumplirse de la voluntad
irresponsable y sin forma de la muchedumbre…”.[15]
El resultado final fue destituciones de funcionarios públicos, muchos de ellos
habían firmado el manifiesto, por lo que se les considero subversivos.
[1] Manifiesto de Córdoba 1918: en la que Grauert siguió
la línea de los grandes luchadores y pensadores argentinos como fueron:
Alberdi, José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Esteban Echeverría. Debemos tener
presente cuando esto ocurre en la vecina orilla, Grauert también era estudiante
universitario de abogacía.
[3]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[4]
Diario El Ideal. Octubre 28 de 1933.
[5]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[6]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[7]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[8]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[9]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 22 de 2003.
[10]
Trochon, Yvette – Vidal, Beatriz- El régimen terrista (1933-1938)
Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo.
1993. pp. 100-101.
[14]
César Di Candia- Historias coleccionables. Diario El País. Febrero, 15 de 2003.
[15]
Trochon pp. 101-102. Lo toman del
libro de Ricardo Paseyro. Pasado y Presente pp. 168-172.



