viernes, 6 de marzo de 2015

El crimen de Maroñas

El crimen de Maroñas

El Día.
13 de julio de 1906.

L
as activas diligencias realizadas por el Juez de Instrucción doctor Piñeyro, dignamente secundado por elementos de la Policía de Investigaciones y el comisario de la 18ª señor Cancela, a fin de esclarecer el misterioso asesinato de Fausto Paustein, hecho acaecido en Maroñas, han dado excelentes resultados, pues anoche fue reducido a prisión en la Barra de Santa Lucía un individuo sobre quien recaen vehementes sospechas, justificadas más tarde por la propia declaración del detenido.

La forma en que se produjo la agresión, a estar a los informes suministrados el respecto por Ricardo Alcoba, único testigo presencial de aquella, y acompañante de la víctima, hizo suponer, descartada naturalmente, la suposición de que Alcoba tuviera participación en el hecho, o fuera el único culpable, hizo suponer, decimos, que el delincuente hubiera herido a Paustein en la creencia de que este se proponía ultimarlo, y partiendo de esa deducción se hicieron los trabajos que dieron por resultado la captura del presunto autor del asesinato.

Se recordará que Alcoba, la ampliar su declaración, expresó que, en circunstancias que él y Paustein se dirigían al Hipódromo, vieron venir en opuesta dirección a un sujeto empochado que cantaba alegremente, como si hubiera bebido más de lo regular. Al ver a Paustein y Alcoba trató de ocultarse, pero cuyo motivo el segundo sospechando en el desconocido malas intenciones, hizo lo mismo. Paustein avanzó resueltamente; y tropezando a poco andar con el desconocido, éste le asestó la puñalada que le causó la muerte casi instantánea.

Ahora bien: el individuo capturado en la Barra de Santa Lucía por el comisario de la 23ª señor Laborde, que ha manifestado llamarse Justo Camejo, oriental, de 22 años de edad, confesó al ser interrogado por aquel funcionario, que la noche en que fue muerto Paustein, él tuvo un encuentro con dos individuos que no conoce, y como uno de dichos individuos se agazapara y el otro viniera a su encuentro resueltamente, temió una emboscada y cree que hirió en el encuentro al desconocido.

Como se ve, las manifestaciones de Camejo, supuesto autor del asesinato, aun cuando ha hecho sólo esa confesión, coinciden con lo fundamental de la declaración prestada por Alcoba, de suerte que no es aventurado adelantar la convicción de que dicho sujeto es el matador de Paustein, pues no se tiene noticias de que esa noche haya ocurrido un hecho análogo en el cual pudiera haber actuado en esa forma Camejo.

Este, que se haya rigurosamente incomunicado en la comisaría de la 23ª, será remitido hoy en igual carácter a la jefatura, donde le tomará declaración el doctor Piñeyro.


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