viernes, 27 de marzo de 2015

El crimen de la calle Agraciada (VI)

El crimen de la calle Agraciada

(VI)



Una novela de Montepin
El Día.
4 de diciembre de 1906.

Los rumores que circularon durante todo el día de ayer, y de que medio Montevideo se hizo eco, llegándose hasta creer sinceramente en su completa exactitud, tienen todos los caracteres de un romance de Lavier de Montepin,[1] hasta en el hecho de que, en medio de todas las exageraciones e inverosimilitudes que se han esparcido a los cuatro vientos, hay en rigor algo de verdad que el cronista policial de este diario hubiera querido reservar, no obstante estar perfectamente enterado de lo ocurrido, desde antes que los hechos se hicieran públicos a no ser que los diarios de la mañana suministran pormenores más o menos bien fundados respecto a aquellos.
Lo que se dice
Un diario de la mañana, el más explicito, explica así los rumores circulantes:

Los hechos habían ocurrido en la forma siguiente: La comisaría de la 6ª recibió el sábado pasado una denuncia que presentaba como ejecutor de actos considerados como sospechosos a un individuo que, según decimos, se domicilia en el Barrio Reus.

El denunciante, aseguró que la persona de que se trata había sido vista el día del crimen en la calle Agraciada en momentos que, llevando un bulto, dejó caer al suelo un estuche, agregando que, al pretender  recogerlo cayéronsele otros varios. Dijo también que al ser visto por la persona que indica ésta recomendó guardara reserva de lo ocurrido, prometiéndole que si así lo hacía le daría una buena gratificación. En caso contrario como premio a su indiscreción lo mataría. Que desde un principio, por no verse envuelto en tan enojoso asunto, resolvió guardar secreto de lo que mencionaba, pero que, como la intranquilidad de su conciencia no lo dejaba dormir, resolvió hacer participe a la policía de su secreto.

Como se comprenderá, ante tal denuncia el comisario Apotheloz comenzó las diligencias necesarias llenando los requisitos que la delicadeza del hecho reclamaba. Como el denunciante agregara que conocía al personaje aludido e indicara el domicilio del presunto criminal y sus más mínimos detalles personales, se resolvió realizar su aprehensión, la que se efectuó en la madrugada de ayer.

Nuestros informes presentan al preso negando toda participación en el hecho que se le imputa. Sabemos así mismo que no ha podido acumularse en su contra cargo alguno que pueda comprometerlo.
A última hora se nos avisa que la policía ha decretado la detención del denunciante del caso que relatamos con objeto de someterlo a un careo con el preso, del cual se espera surja alguna luz.

Los demás diarios hacen publicaciones análogas y algunos acogen paternalmente una de las muchas versiones relacionadas con la prisión del “criminal”, según la cual, este, había caído en las redes policiales merced a la indiscreción de uno de sus hijos menores.
Lo que hay de verdad
Bueno; los rumores tienen en realidad algún fundamento; pues es exacto que el comisario de la sección 6ª señor Apotheloz, aprehendió ayer de madrugada en una casa del Barrio Reus al Norte a un sujeto acusado de participación, o mejor dicho,  de ser el principal ejecutor del asesinato de Habbeger, siendo causas de esa detención, las que expresa el colega en la trascripción precedente, con algunas salvedades que es necesario consignar.

En efecto; no es cierto que mediasen amenazas del señalado como delincuente para el que formuló la denuncia. En esta no se dice nada de so, ni aparecen las manifestaciones que se pretenden, que pueden considerarse puramente imaginarias, toda vez que el denunciante no ha hablado con nadie y el comisario de la 6ª, se ha negado obstinadamente a suministrar pormenores, fundándose en que todo lo que se diga es temerario desde que no existen pruebas de la culpabilidad de determinadas personas.

Lamentamos, por nuestra parte, tener que llevar la desilusión al ánimo público, que se había encariñado ya con la noticia de que el asesino de Habbeger estaba preso.


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