El crimen
de la calle Agraciada
(VI)
Una
novela de Montepin
El Día.
4 de diciembre de 1906.
Los rumores que circularon durante todo el
día de ayer, y de que medio Montevideo se hizo eco, llegándose hasta creer
sinceramente en su completa exactitud, tienen todos los caracteres de un
romance de Lavier de Montepin,[1]
hasta en el hecho de que, en medio de todas las exageraciones e
inverosimilitudes que se han esparcido a los cuatro vientos, hay en rigor algo
de verdad que el cronista policial de este diario hubiera querido reservar, no
obstante estar perfectamente enterado de lo ocurrido, desde antes que los
hechos se hicieran públicos a no ser que los diarios de la mañana suministran
pormenores más o menos bien fundados respecto a aquellos.
Lo
que se dice
Un diario de la mañana, el más explicito,
explica así los rumores circulantes:
Los hechos habían ocurrido en la forma
siguiente: La comisaría de la 6ª recibió el sábado pasado una denuncia que
presentaba como ejecutor de actos considerados como sospechosos a un individuo
que, según decimos, se domicilia en el Barrio Reus.
El denunciante, aseguró que la persona de
que se trata había sido vista el día del crimen en la calle Agraciada en
momentos que, llevando un bulto, dejó caer al suelo un estuche, agregando que,
al pretender recogerlo cayéronsele otros
varios. Dijo también que al ser visto por la persona que indica ésta recomendó
guardara reserva de lo ocurrido, prometiéndole que si así lo hacía le daría una
buena gratificación. En caso contrario como premio a su indiscreción lo
mataría. Que desde un principio, por no verse envuelto en tan enojoso asunto,
resolvió guardar secreto de lo que mencionaba, pero que, como la intranquilidad
de su conciencia no lo dejaba dormir, resolvió hacer participe a la policía de
su secreto.
Como se comprenderá, ante tal denuncia el
comisario Apotheloz comenzó las diligencias necesarias llenando los requisitos
que la delicadeza del hecho reclamaba. Como el denunciante agregara que conocía
al personaje aludido e indicara el domicilio del presunto criminal y sus más
mínimos detalles personales, se resolvió realizar su aprehensión, la que se
efectuó en la madrugada de ayer.
Nuestros informes presentan al preso
negando toda participación en el hecho que se le imputa. Sabemos así mismo que
no ha podido acumularse en su contra cargo alguno que pueda comprometerlo.
A última hora se nos avisa que la policía
ha decretado la detención del denunciante del caso que relatamos con objeto de
someterlo a un careo con el preso, del cual se espera surja alguna luz.
Los demás diarios hacen publicaciones
análogas y algunos acogen paternalmente una de las muchas versiones
relacionadas con la prisión del “criminal”, según la cual, este, había caído en
las redes policiales merced a la indiscreción de uno de sus hijos menores.
Lo
que hay de verdad
Bueno; los rumores tienen en realidad algún
fundamento; pues es exacto que el comisario de la sección 6ª señor Apotheloz,
aprehendió ayer de madrugada en una casa del Barrio Reus al Norte a un sujeto
acusado de participación, o mejor dicho,
de ser el principal ejecutor del asesinato de Habbeger, siendo causas de
esa detención, las que expresa el colega en la trascripción precedente, con
algunas salvedades que es necesario consignar.
En efecto; no es cierto que mediasen
amenazas del señalado como delincuente para el que formuló la denuncia. En esta
no se dice nada de so, ni aparecen las manifestaciones que se pretenden, que
pueden considerarse puramente imaginarias, toda vez que el denunciante no ha
hablado con nadie y el comisario de la 6ª, se ha negado obstinadamente a
suministrar pormenores, fundándose en que todo lo que se diga es temerario
desde que no existen pruebas de la culpabilidad de determinadas personas.
Lamentamos, por nuestra parte, tener que
llevar la desilusión al ánimo público, que se había encariñado ya con la
noticia de que el asesino de Habbeger estaba preso.
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