El crimen
de la calle Agraciada
(V)
Sigue
la pesquisa
El Día.
1º de diciembre de 1906.
La pista nueva que sigue ahora la policía
de Investigaciones parece que conducirá a buen término. Los trabajos en ese
sentido continúan con toda actividad y guardándose la mayor reserva.
Un
sujeto sospechoso
El mismo día del crimen la policía tuvo
conocimiento de que un sujeto que vive por los alrededores de la casa de
Habbeger había intentado suicidarse. Nada tendría esto de particular si no
fuera que los vecinos comenzaron a comentar el suceso y a darle carácter
misterioso a las causas que impulsaron al referido sujeto a atentar contra su
vida.
Se decía por ejemplo, que el suicida había
andado todo el día nervioso, febriciente, hablando solo y hasta no faltó quien
agregara que en un momento de nerviosidad dijo: “Estoy perdido, estoy perdido”, mirando unas huellas de sangre que
hay en el portón de su casa.
Tanto se comentó el suceso, que la policía
se creyó en el deber de averiguar lo que hubiera de verdad a ese respecto y con
ese fin resolvió tomar declaración al misterioso individuo, que en el momento
actual se encuentra en asistencia en el Hospital
de Caridad.
Poco se ha podido adelantar al respecto,
pues el sujeto aquel dice que intentó matarse porque le dio la real gana; que
no es cierto que hubiera dicho lo de “estoy
perdido”, etc., y que, en cuanto a una herida que presenta en una mano, no
puede precisar de qué manera se la ha hecho. Agregamos, para finalizar, que la
pesquisa, en ese sentido, no se ha dado por terminada.
Las
pistas falsas
Con motivo de la barra de hierro que fue
encontrada en el teatro del crimen, y con la que se supone que fue asesinado
Habbeger, hicimos referencia los otros días de las pistas falsas que suelen
dejar los ladrones y asesinos a fin de desorientar a la justicia o encaminarla
por rumbo distinto. Ahora para complementar aquella breve información y
robustecer lo que entonces decíamos, creemos oportuno citar algunos casos
concretos con toda brevedad.
En un robo efectuado en París, el ladrón
dejó un pañuelo que al parecer se había quitado del cuello para llevarse varios
objetos que después dejó en el sitio del delito. Examinada la prenda, pudo
comprobarse que el ladrón que había cortado el pelo antes del delito era un
hombre anciano pues se encontraron adheridos a él varios pelos canosos. Pues
bien, cuando se descubrió el robo, se supo con sorpresa que el autor era un
hombre joven, como de veinte y tantos años.
Como es sabido, el menor Pedro Pablo Díaz
suministró a la policía la filiación de un individuo que dijo había visto salir
del sitio del crimen a eso de las 7 ½ de la mañana.
Lo que quizás no se sepa es que el referido
menor, que es alumno de un colegio de robustos frailes establecido en la acera
opuesta a la casa de Habbeger, contó a sus maestros lo que había visto y que el
cura jefe, a penas lo oyó lo amenazó con las penas del infierno si llegaba a
contar una sola palabra. El menor Díaz, atemorizado ante la inminencia de la
cólera celeste, guardó silencio en los primeros momentos, hasta que se decidió
a narrar todo lo que sabía a la policía.
La verdad es que no deja de ser curiosa esa
moral fácil y dulce de los reverendos curas, porque sin violentarse muchos se
podría llegar hasta la ocultación de los crímenes más brutales, lo que
constituiría una complicidad pasiva con los señores asesinos.
Por lo demás, semejante actitud de los
curas de la referencia no nos sorprende,
porque estos de allí y los otros de allá tienen cada cosa…
La
cartera de Habbeger
Anteayer a las 10 de la mañana, el menor Tomás Acosta domiciliado en la calle
Vecinal núm. 8, encontró en la calle Maldonado esquina Florida, una cartera de
bolsillo de grandes dimensiones, repleta de papeles, que llevó a su casa y
entregó a su padre Ignacio Acosta.
Este que no sabe leer, vio que la cartera
no tenía dinero concediendo poquísima importancia al hallazgo; pero como
alguien leyera algunos documentos y por ellos advirtieron que la cartera había
pertenecido a Crisitian Habbeger,
comunicó el hecho al comisario del a 6ª señor Apetheloz, el que procedió a la
detención de la familia Acosta, trasmitiendo noticia de lo ocurrido al jefe de
Investigaciones señor Russo.
El Juez de Instrucción ordenó anoche la
libertad de la familia Acosta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario