El crimen
de la calle Agraciada
(VIII)
Opiniones
de un químico
El Día.
11 de diciembre de 1906.
El reputado químico doctor Scocería,
llamado a informar sobre unas manchas encontradas en un botín y en un diario
objetos pertenecientes al detenido Pedro Díaz (a) Perico se ha expedido manifestando que las manchas del botín no son
de sangre y las del diario son de café.
Con
Bertoni padre
En el interés de saber lo que piensa de
todas esta cosas Antonio Bertoni, padre del detenido Mario Bertoni, ayer nos
entrevistamos con él.
El hombre no está nada contento del giro
que toma este enmarañado asunto y mucho menos de la prensa, pues como se
recordará un diario de la tarde llegó hasta a afirmar que Mario Bertoni había
confesado lisa y llanamente su participación en el asesinato de Habbeger.
Como le advertimos que, precisamente
nosotros habíamos desautorizado tal afirmación, Bertoni se humanizó
manifestándose dispuesto a responder a nuestras preguntas, no sin antes
pedirnos que tuviéramos en cuenta sus largos años de residencia en el país,
siempre trabajando honradamente y su absoluta inocencia sobre todo lo que tenga
relación con la muerte de Habbeger.
-Principio
usted por decirnos algo respecto a su prisión.
-¿Mi
prisión? Advierta usted que yo no he estado preso, a lo menos que lo sepa. Tuve
noticia que el señor jefe de la policía de investigaciones me buscaba y me
presente en el acto. Todo se redujo a ponerme en exhibición una bolsa y algunos
otros objetos, preguntándome si los conocía. Respondí negativamente, recobrando
pocas horas después mi libertad.
-¿Quiere
usted decirme todo cuanto sepa acerca de la caja de fierro del relojero
asesinado?
-No
tengo ningún inconveniente. El día 5 de febrero del corriente año adquirí una
caja de fierro que había pertenecido a un ex boticario de la Unión , y como después de
efectuada esa operación advirtiera que era un mueble antiguo traté de colocarlo
sin mayores utilidades. Por eso cuando con fecha 21 de mismo mes citado, el
relojero señor Cristian Habbeger se interesó por la caja se la cedí sin
ganancia casi, convencido de que me había sacado un clavo de encima.
-¿Usted
ignoraba que la caja de fierro era de secreto?
-En
absoluto señor y verá Usted lo que pasó. Como la caja estaba recién pintada,...
-¿Pero
fue usted o su hijo Mario el que vendió la caja de fierro?
-Fui
yo señor, puede garantizarlo en la época en que se efectuó la operación mi hijo
Mario no tenía todavía nada que ver en mi casa, que no solo es de compra y
venta sino joyería y relojería también.
-¿Qué
papel desempeña en su casa Pedro Díaz?
-¿Papel?
Ninguno. Ese sujeto, que es carpintero, andaba sin acomodo y yo lo tome aunque
no ignoraba que había estado preso, pues entiendo que la regeneración es
posible hasta en los mayores criminales.
Nada
más puedo decirle...
No hay comentarios:
Publicar un comentario