viernes, 27 de marzo de 2015

El crimen de la calle Agraciada (VIII)

El crimen de la calle Agraciada

(VIII)



Opiniones de un químico
El Día.
11 de diciembre de 1906.
El reputado químico doctor Scocería, llamado a informar sobre unas manchas encontradas en un botín y en un diario objetos pertenecientes al detenido Pedro Díaz (a) Perico se ha expedido manifestando que las manchas del botín no son de sangre y las del diario son de café.
Con Bertoni padre
En el interés de saber lo que piensa de todas esta cosas Antonio Bertoni, padre del detenido Mario Bertoni, ayer nos entrevistamos con él.

El hombre no está nada contento del giro que toma este enmarañado asunto y mucho menos de la prensa, pues como se recordará un diario de la tarde llegó hasta a afirmar que Mario Bertoni había confesado lisa y llanamente su participación en el asesinato de Habbeger.

Como le advertimos que, precisamente nosotros habíamos desautorizado tal afirmación, Bertoni se humanizó manifestándose dispuesto a responder a nuestras preguntas, no sin antes pedirnos que tuviéramos en cuenta sus largos años de residencia en el país, siempre trabajando honradamente y su absoluta inocencia sobre todo lo que tenga relación con la muerte de Habbeger.

-Principio usted por decirnos algo respecto a su prisión.

-¿Mi prisión? Advierta usted que yo no he estado preso, a lo menos que lo sepa. Tuve noticia que el señor jefe de la policía de investigaciones me buscaba y me presente en el acto. Todo se redujo a ponerme en exhibición una bolsa y algunos otros objetos, preguntándome si los conocía. Respondí negativamente, recobrando pocas horas después mi libertad.

-¿Quiere usted decirme todo cuanto sepa acerca de la caja de fierro del relojero asesinado?

-No tengo ningún inconveniente. El día 5 de febrero del corriente año adquirí una caja de fierro que había pertenecido a un ex boticario de la Unión, y como después de efectuada esa operación advirtiera que era un mueble antiguo traté de colocarlo sin mayores utilidades. Por eso cuando con fecha 21 de mismo mes citado, el relojero señor Cristian Habbeger se interesó por la caja se la cedí sin ganancia casi, convencido de que me había sacado un clavo de encima.

-¿Usted ignoraba que la caja de fierro era de secreto?

-En absoluto señor y verá Usted lo que pasó. Como la caja estaba recién pintada,...

-¿Pero fue usted o su hijo Mario el que vendió la caja de fierro?

-Fui yo señor, puede garantizarlo en la época en que se efectuó la operación mi hijo Mario no tenía todavía nada que ver en mi casa, que no solo es de compra y venta sino joyería y relojería también.

-¿Qué papel desempeña en su casa Pedro Díaz?

-¿Papel? Ninguno. Ese sujeto, que es carpintero, andaba sin acomodo y yo lo tome aunque no ignoraba que había estado preso, pues entiendo que la regeneración es posible hasta en los mayores criminales.

Nada más puedo decirle...


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