El crimen
de la calle Agraciada
(VII)
Pormenores
y diceres
El Día.
7 de diciembre de 1906.
El caso ha venido a complicarse nuevamente.
Cuando se creía que la novela de Montepío, en que justicia corresponde el rol
de protagonista al viejo Oliveri, tocaba a su desenlace, un hecho real,
incuestionable, por más que pueda, como indudablemente será apreciado con
distinto criterios, se produce y dar lugar a innumerables diligencias
policiales y judiciales y motivo al pueblo para que, partiendo de falsos rumores
aceptara como un hecho consumado, la prisión de los matadores de Habbeger.
Un diario de la tarde se siente contagiado
de esa nerviosidad popular que venimos observando desde que se perpetuó el
crimen, y, al son de cohetes y bombas anuncia el completo descubrimiento del
crimen de la calle Agraciada.
Las
alhajas robadas – Su hallazgo en la vía pública
Fue poco después de medio día que
principiaron a circular los rumores de que habían sido encontradas las alhajas
sustraídas en la relojería de la calle Agraciada, suponiéndose que
conjuntamente con las alhajas habría aparecido el autor del asesinato,
circunstancia que en cierto modo explica el error en que recurrieron muchos e
hicieron participes a los demás.
Nuestro cronista de policía que tuvo
conocimiento en los primeros momentos del hallazgo de las alhajas y de las
consecuencias que se sacaban de aquel, se puso inmediatamente en campaña a fin
de obtener todos los detalles de los hechos ocurridos, arribando a la
desconsoladora conclusión de que el acontecimiento de ayer no ha hecho más que
complicar el asunto, en forma bien poco satisfactoria para los que, animados de
un entusiasmo y de una fe dignas del mayor encomio, continúan debatiéndose en
las sombras con la esperanza de agrandar aquel rayo de luz de que hablábamos
hace algunos días.
Bien poco satisfactoria para la policía, y
así es en efecto. ¿Qué han ganado los que buscan a los asesinos de Habbeger,
con que hayan aparecido las alhajas robadas a la victima? ¿Constituye ese
hallazgo un hilo utilizable para la prosecución de los trabajos emprendidos
para la captura del criminal?
Desgraciadamente no. El criminal
obedeciendo a causas que la policía juzga de una manera y nosotros de otra, ha
sido desprendiéndose poco a poco de todos los objetos que pudieran comprometerle
y es probablemente que a la fecha no tenga en su poder absolutamente nada que
constituya una prueba de su culpabilidad.
He aquí como fueron halladas las alhajas:
Una niña de 14 años, llamada Sofía
Rodríguez que como a eso de las 11 de la mañana se dirigía a un terreno baldío
situado en la calle Monte Caseros esquina Figurita, fondos de la fábrica de
aguardiente del señor Brancato, con objeto de atar una chiva, observo que
dentro de una pequeña zanja, cerca de un alambrado y próximo a la vía del
Ferrocarril Central, cubierta a medias por una mata de sauce, había una bolsa
de grandes dimensiones de la que, por la parte del fondo salían algunos
estuches conteniendo alhajas.
La niña atemorizada ante semejante
hallazgo, se fue corriendo a la cancha de bochas del señor Modesta, poco
distante y encontrando allí a los señores Oscar de Palleja, domiciliado en la
calle Figurita número 384; Luis Lapeira, Monte Caseros número 80, y Eugenio
Nieto, en el mismo les comunico lo ocurrido. Dichos señores se dirigieron
apresuradamente hacia el paraje indicado por la niña Sofía Rodríguez, dando por
intermedio del niño Francisco Culse, de 12 años de edad domiciliado en la calle
Figurita núm. 361, aviso de lo acaecido al guardia civil Francisco Silva Blanco
del personal de la 9ª.
Este trasmitió sin demora la novedad a sus
superiores, concurriendo momentos después los comisarios de la expresada
sección, señores Modesto Paez y Francisco Garillo y el oficial inspector de
turno don Eduardo Gómez, los que encontraron custodiando la bolsa a los señores
de Palleja, Lapetra y Nieto, quines explicaron a los mencionados
funcionarios la forma en que habían sido
halladas las alhajas; por quién y de que modo acordándose antes de remover la
bolsa, comunicar el hallazgo a las autoridades superiores.
A poco llegaban a las calles Monte Caseros
y Figurita, el Jefe Político coronel Bernassa y Jerez, el de la Policía de Investigaciones
señor Brizuela, el segundo señor Russo, el inspector de 2º zona señor Tarlera,
varios comisarios de Investigaciones y algunos seccionales y el Juez de
Instrucción doctor Gomensoro acompañado de su actuario el señor Villalengua.
¿Quién
arrojó la bolsa?
La inspección confirmó un dato
significativo: que la bolsa estaba en un sitio muy visible, lo que quiere decir
que si no se encontró hasta ayer fue porque recién ayer fue colocada allí.
Confirma esto la circunstancia de que el día anterior hubiese andado por allí
el señor Pallejas, sin haber visto nada.
Hay más: la bolsa ni siquiera fue
depositada en el escondite la noche anterior, pues no se encuentra ni
humedecida por el roció.
Conducción
de la bolsa - Su contenido
Tan pronto como hubo llegado el doctor
Gomensoro y se adquirió el convencimiento de que las alhajas que contenía la
bolsa eran las robadas a Habbeger, se dispuso que aquella fuera llevada a la
comisaría de la 9ª efectuándose el trasporte en el carruaje del doctor Vadora,
que guiaba Luis Abbasini.
El Juez de Instrucción dispuso que el
contenido de esta bolsa fuese arrojado al suelo y entonces fueron apareciendo
todas las alhajas robadas de Habbeger, estuches grandes y chicos, hasta formar
un total de noventa y uno; treinta y tantos relojes de oro y plata, unos
ochenta anillos, cadenas de oro, plata y doublé, aros de servilletas de
diversos metales, gran cantidad de chafalonía menor, etc., etc., entre los que
se destacaba como artículo de lujo, un reloj de oro para señora con diamantes
que podrá valer unos 50 pesos y un anillo también de oro, con brillantes,
valuado en 25 pesos.
Reconociendo
las alhajas
El doctor Gomensoro quiso adquirir el
completo convencimiento de que las alhajas que contenía la bolsa eran del
joyero asesinado y al efecto dispuso que concurrieran a la comisaría los señores Angel Sorubi y
Arnoldo Habbeger, el primero establecido con taller de relojería en la calle
Cerro Largo esquina Cuareim, que mantenía relaciones con el eximio y el segundo
sobrino del asesinado.
Ambos examinaron detenidamente las alhajas,
manifestando luego que eran efectivamente las que fueron robadas en la joyería
de la calle Agraciada.
Una
prisión
El hallazgo de la bolsa dio lugar a
innumerables diligencias. Entre las que merecen citarse la detención de don
Antonio Bertoni, padre de Mario Bertoni, que como se sabe está preso desde el
día en que se perpetró el asesinato, por suponérsele complicado en él.
Antonio Bertoni fue detenido en su
domicilio calle 8 de Octubre núm. 164, distantes unas tres cuadras del sitio en
que fue hallada la bolsa, atribuyéndose a esta circunstancia y a las sospechas
que despierta su hijo, la determinación judicial a su respecto.
Bertoni padre se aloja en la oficina de la
calle Yaguarón.
Manchas
de sangre
En un reloj y en otras alhajas de las que
fueron halladas por la niña Sofía Rodríguez, se notaron pequeñas manchas de
sangre, circunstancia que ha dado lugar a que se tomen las impresiones
digitales de Mario Bertoni y Pedro Díaz (a) Perico,
sobre quienes recaen sospechas de complicidad en el asesinato.
Consecuencias
del hallazgo
Como consecuencia inmediata del hallazgo de
ayer, cabe suponer que hoy será puesto en libertad don Nicolás Amato, la
victima del cuento de Luis Oliveri, que probablemente pasará a ocupar el puesto
de Amato en la
Cárcel Correccional , siempre que no corresponda la reclusión
en el Manicomio, del embustero viejo, que ha hecho pasar días amargos a un
pobre padre de familia honrado y
trabajador como fuera de toda duda es Nicolás Amato.
La
famosa bolsa
La bolsa dentro de la cual fueron halladas
las alhajas es de grandes dimensiones, de arpillera, algo deteriorada y con un
agujero en el fondo, por donde salieron algunos estuches que sorprendieron a la
niña Sofía Rodríguez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario