jueves, 11 de octubre de 2018

Uruguay siglo XIX Bustamante


Cuando la política estaba entre la Barbarie y la Civilización











Una vez finalizada la Guerra Grande el país debió enfrentar una dura realidad, en el plano económico-social afecto directamente a toda la población y a su actividad político-económica, dejando una honda huella en el Uruguay que se marca en su división para siempre.
La división después del conflicto armado no se pudo disimular por muchísimo tiempo, un hombre de aquella época era antes blanco o colorado que oriental.
Esa dualidad se plasmó en las intenciones políticas, la tendencia fusionista partidista, opuesta al mantenimiento de los partidos y al caudillismo, ya que eran considerados un factor de rivalidad nacional, desunión y violencia. La prédica de esta tendencia promovió la unión de las divisas, sustituyéndolas por los más elevados principios de gobierno, la paz, la nacionalidad y el respeto a la Constitución.
Quien llevó adelante esta política fusionista fue una minoría culta y doctoral, respondiendo a sectores urbanos de ambos partidos. Su influencia se vio en los gobiernos de Giró, Pereira y Berro.
En contraposición a la fusión, se opuso la de pacto, defensora del mantenimiento de los partidos y conducida por los caudillos colorados y blancos, los problemas nacionales se resuelven por intermedio de un sistema de convenios entre ambos. Teniendo sus seguidores en el medio rural.
Nuestra salvación está entera en el espíritu nacional. Sin él nada lograremos que no sea precario e inseguro. Seamos por tanto, en todo y ante todo orientales. No haya más ídolo que la patria Oriental… Nuestra persuasión íntima nos dice que esa larga discordia y esos largos extravíos que han puesto en problema el patriotismo de los orientales, se debe en gran parte a la disminución del apego a la nacionalidad. Las complicaciones ocurridas en el curso de la reñida y prolongada lucha que se ha sustentado con elementos ya propios, ya extraños, nos habían hecho olvidar que peleábamos en nuestra tierra, y que debíamos contender por los intereses de ella”.[1]
Los esfuerzos de Manuel Herrera y Obes –ministro de Gobierno de la Defensa-, de Eduardo Acevedo –miembro destacado del grupo principista del Cerrito- y el Gral. Eugenio Garzón, para constituir lista fusionista para designar los nuevos legisladores nacionales, este intento se vio ante la difícil situación de la muerte de Garzón.
Mientras tanto Montevideo era la Nueva Troya; “…está construida en anfiteatro sobre una especie de península, en el descenso de una colina que se avanza en el medio del río, cuyas olas la enlazaran por sus dos costas.
Vista desde la rada, en su situación pintoresca, esas blancas casas que se dirían talladas como peldaños en una cantera de mármol, esos techos de terrazas como los de Oriente, esos gráciles miradores que se elevan sobre varias azoteas; viendo todo ese riente cuadro del movimiento de las chalupas en el puerto de las curvas del río y de los verdes cercos de la Aguada que, desde las fortificaciones de la ciudad, se extienden hasta la montaña del Cerro, no se imaginaría que es ésta la ciudad agitada desde su origen por tantas luchas sucesivas, esta nueva Troya, asediada más de siete años por un ejército implacable que puede tener la astucia y la tenacidad de Ulises, pero que no será ilustrado por el coraje de un Aquiles, por la sabiduría de un Néstor y no  tendrá nunca un Homero para cantarlo.
Al verlo la primera vez, en su interior no se adivinarían los profundos dolores que ella ha sufrido en diversas ocasiones, y el deplorable estado al que la ha arrojado la cólera de su enemigo.
Yo os escribo desde una linda habitación frente a la colina del Cerro, dorada por los rayos del sol, frente al puerto donde flotan los pabellones de varios navíos extranjeros, y de una rada en la que he hecho distintas excursiones y que veo con un vivo interés…”.[2]
El Gral. Eugenio Garzón con destacados antecedentes militares, políticos, combatiente incorporado a la revolución oriental desde 1811, soldado de la revolución hispanoamericana en su marco continental, coronel del ejército nacional durante la presidencia de Oribe y principalmente subalterno de Urquiza, en las últimas etapas de la Guerra Grande fue considerado por todos, el candidato con mejores aptitudes para ocupar la Presidencia de la República al restablecerse el régimen constitucional. Aceptó su designación, para gravemente enfermo, falleció en diciembre de 1851.[3]


Gral. Eugenio Garzón
El 15 de febrero de 1852 al quedar instalada la Asamblea General, presidida por Bernardo Berro, comenzaron las conversaciones para la designación del Presidente de la República. Los legisladores colorados consideran a Juan Francisco Giró –es electo con 35 votos en 38- un ciudadano vinculado al partido blanco, pero dan sus votos en la convicción de que realizaría una política prudente en el exterior y en el interior una política liberal, de fusión y de olvido absoluto del pasado con exclusión completa de toda tendencia reaccionaria.

De esta forma se dirigió el nuevo presidente de la República a la Asamblea General; “…casi olvidadas nuestras prácticas constitucionales durante el largo período a que puso fin el memorable acontecimiento del ocho de octubre de 1851, todo pasó, … La actualidad de nuestros negocios domestico es tan  satisfactoria cuanto podía esperarse atento el estado de desorganización, de pobreza y de postración en que quedó el país a la cesación de la guerra.
Estamos en paz con todas las naciones y en las mejores relaciones con las que se hallan en más inmediato contacto con nosotros, por pactos expresos o por intereses no menos exigentes de política o de vecindad.
Celebrado el tratado de quince de mayo de 1852, con S.M. el emperador del Brasil, entró en la política nacional el respeto de todos los que por él se declararon válidos y subsistentes. El empeño con que el Poder Ejecutivo se dedicó a llevar a efecto aquellos pactos le ha atraído la confianza del Gobierno brasilero, que sostenida por leales procederes afirma en el país la paz, que es la condición de vida para las naciones…
El gobierno lamenta el estado de guerra civil en que se encuentra la República Argentina, nuestra vecina y hermosa, que por lo mismo de serlo afecta en cierto modo nuestra situación.
La política de estricta y severa neutralidad que el Gobierno ha adoptado en las cuestiones que allí se debaten afianza nuestro estado pacífico.
Esa neutralidad salvadora, preservándonos de los males que en ese otro tiempo pasaron sobre nosotros, nos ha habilitado también para ofrecer a los partidos contendientes de la Confederación nuestros buenos oficios, mediando ente ellos para promover la paz que le deseamos, tanto como para nosotros mismos.
Este paso, sea o no sea bien acogido, honrará siempre nuestros principios y nuestras intenciones.
De todos modos, el Gobierno hace votos para el restablecimiento de la paz en aquella república, y espera que los sentimientos de concordia y de confraternidad penetrarán al fin en el corazón de todos…”.[4]

Parecía que comenzaba a andar el país, en marzo se instala el primer servicio de diligencia de Montevideo a Santa Lucía; en abril se da la experiencia de la iluminación a gas en la capital y sobre el mes de diciembre se establece la línea fluvial entre el puerto de Montevideo y Salto tanto para pasajeros como para carga.
Una de las primeras acciones que realizó Giró fue recorrer el interior de la República, para de esa forma tener de primera mano la paupérrima situación en que se encontraba la campaña oriental después de la prolongada guerra civil que vivió, es así que el 12 de octubre emprendió la marcha, regresando el 7 de enero de 1853.
Se encontró con un panorama desolador; “El Departamento de Maldonado es lindísimo, y aunque muy pobre por haber sufrido más que ninguno de la guerra empieza a reponerse… El robo de vacas va cesando mucho. La ciudad presenta un triste aspecto: falta todavía muchos de sus habitantes: hay bastantes casas arruinadas o inhabitadas, mas empieza a respirar, van volviendo algunas gentes de las antiguas y estableciéndose otras. El valle y abra entre San Carlos y Mataojo, camino de Minas, es lo más fértil y pintoresco que puede uno imaginarse, y está bien poblado, principalmente de labradores. De Mataojo a las Minas es una serranía desierta de hombres y de ganados. Era la guardia de los guerrilleros de ambos partidos.
El departamento de Minas tiene más hacienda que el de Maldonado, tal vez el doble, pero hay mucha menos labranza y más robo de ganado, aunque menos que antes”.[5]
Trato de poner el equilibrio político, para ello mantuvo en sus cargos a los militares colorados, en nombrar a César Díaz como ministro de Guerra y a Venancio Flores como Jefe Político de Montevideo.
Pero la real urgencia de la administración de Giró estaba en:
1.      Rescatar las rentas que pertenecían al Estado y estaban en manos de particulares, con lo cual lesionaba intereses privados.
2.      La ratificación de los tratados de 1851 con el Imperio del Brasil.
Este último punto cuando fue abordado en el Parlamento, la mayoría blanca inicio una discusión sobre la validez de los mismos. Esto fue interpretado por los colorados y la diplomacia brasileña como síntoma de resurrección del Partido Blanco. No olvidarse que el país transitaba por un período de recisplatinización.[6]
El ambiente se fue haciendo adverso al Presidente Giró, se le acuso de tendencioso a favor del Partido Blanco; motivando que el Dr. Juan Carlos Gómez hiciera un llamamiento a la reconstrucción del Partido Colorado, logra dicho objetivo bajo el nombre de Partido Conservador.
La diplomacia brasileña apoyaba la propuesta del Partido Conservador, con el fin de intervenir en la política interna del país y mantener el cumplimiento de los tratados.
Los acontecimientos se precipitaron, el presidente dispuso para el 18 de julio de 1853, la conmemoración con toda solemnidad. En la parada militar las tropas de líneas, al mando por jefes colorados, atacaron a balazos a la Guardia Nacional formada en su mayoría, por elementos del Partido Blanco.
Ese mismo día se inauguraba la iluminación a gas en Montevideo. “Empresa del gas. Siguen colocando los caños principales y accesorios y se están echando los cimientos de la columna que ha de ir en medio de la plaza Constitución.
En los lados de la plaza también parece que habrá iluminado permanentemente desde 158 de Julio en adelante.
La base de la columna del centro, que dicen será de mármol, nos aseguran llevarán esta leyenda: ’18 de Julio de 1853 Montevideo fecha de su inauguración’”.[7] El día antes de la inauguración Manuel Oribe partió de viaje con destino España.
Las consecuencias de este motín significaron, el movimiento de colorados a integrar ministerios, y el triunfo brasileño en el mantenimiento de los tratados.
Flores se perfilo en la persona más influyente del momento, renuncia a su cargo del Ministerio de Guerra; el Presidente Giró se encontró falto de apoyo político, lo que motivo que el 24 de setiembre de 1853, dejara la Presidencia y por razones de seguridad personal se asiló en la Legación de Francia. A bordo de la fragata Andromede presenta renuncia formal a su cargo de presidente de la República. El día 26, a las ocho de la mañana se reúne en el Fuerte, Lavalleja, Melchor Pacheco y Obes, César Díaz, Enrique Martínez, Flores, Lavandera, José Mª Muñoz, Juan C. Gómez, Fermín Ferreira, Francisco Hordeñana y Manuel Basilio Bustamante, tratando de buscar una solución a la situación del vació de poder por la renuncia de Giró, se instalará un Triunvirato constituido por los generales Fructuoso Rivera –en el exilio en Brasil-, Juan Antonio Lavalleja y Venancio Flores.

Los tiempos habían cambiado desde la instalación del nuevo gobierno, Lavalleja mantenía correspondencia con Rivera, el 22 de octubre le escribía; “Mi estimado compadre y amigo. Su favorecida del 13 a que contesto me fue muy grata al saber el rápido restablecimiento de su salud que me tenía en gran cuidado por las noticias exageradas que corrieron de su mal estado. Ahora confió en que pronto tendré el gusto de abrazarlo en está y conjuntamente podamos concurrir a asegurar la paz y prosperidad de nuestra infortunada Patria. Ya hemos conseguido el reconocimiento del Gobierno Provisorio en toda la República sin desgracia ni perjuicio alguno, nos ahora establecer un Gobierno permanente que marcha con paso firme la senda de la justicia. Si esto logramos habremos hecho el complemento de nuestros servicios como verdaderos patriotas cuyos títulos hemos siempre proclamado. Devuelve a Ud. sus recuerdos su Comadre y familia, y dándolos igualmente a Comadre,se repite de Ud. Afectísimo compadre y amigo Q.B.S.M. Jn. Ant. Lavalleja”.[8]
En realidad, el Triunvirato nunca llego a funcionar, a los veintiún días de su creación el día 22 de octubre a las 15hs. Se produce la muerte repentina del Gral. Lavalleja en la Casa de Gobierno –ubicado en la actual Plaza Zabala-, a esa hora el General se encontraba en sus tareas habituales, firmando la documentación en compañía de Venancio Flores y los ministros, Juan Carlos Gómez, Lorenzo Batlle y Sayago. Cuando Lavalleja le alcanza un documento a su auxiliar Mariano Ferreira se incorporó bruscamente y cae fulminado al piso. De inmediato los doctores Michaelson y Muñoz lo asisten, practicándole una sangría, pero todo esfuerzo fue en vano, su muerte fue fulminante.
La noticia corre como reguero de pólvora en la ciudad, rumores de las apetencias de Flores lo llevaron a cometer un asesinato. El mismo día Juan Carlos Gómez, ordena al Cirujano Mayor del Ejército Fermín Ferreira, y al escribano de Gobierno y Hacienda Juan José Aguiar, para que dispongan todo lo necesario para elevar un acta de la autopsia del General. La crónica local establecía; “Tenemos entendido que el gobierno ha dispuesto se hagan hoy la autopsia del cadáver del Sr. Brigadier General Lavalleja, para lo cual ha obtenido la equisencía de desolada esposa. Es hoy una práctica generalmente seguida, cuando fallece repentinamente una persona de la posición que tenía el ilustre finado, la de proceder a la autopsia, para que sean evidentemente conocidas las causas de la muerte.
Los profesores que acudieron a prestar socorros al Sr. General Lavalleja fueron los doctores  Michaelsson y Muñoz.
Hallábase con aquel en el momento de su ataque el Sr. Coronel Flores y el Sr. Zubillaga, miembros del gobierno provisorio y también los tres ministros como que era esa la hora del acuerdo. Acudió a la noticia del suceso el General Pacheco, el coronel Muñoz y otras personas y cuando fue el General conducido a su casa, llevábanle en brazos los Sres. ántes mencionados”.[9]

Documentos Oficiales
Ministro de Gobierno.

Montevideo, octubre 23 de 1853
Debiendo el cuerpo médico en el día de la autopsia del cadáver del finado Brigadier Jeneral, miembro del Gobierno provisorio de la República D. Juan Antonio Lavalleja, y conviniendo revestir ese acto de todas las formalidades; se ordena a Ud. que de acuerdo con el Sr. Cirujano mayor del ejército y residente de la junta de higiene pública doctor D. Fermin Ferreira, asista á él y en su calidad de escribano público. Labre acta de todo lo que resultase la operación y fallo del cuerpo a quien le está encomendada.
Dios guarde á Ud. Muchos años.
Juan Carlos Gómez
Al Sr. Escribano de gobierno y hacienda D. Juan F. Aguiar
En la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo á 23 días del mes de octubre de 1853; hallándose reunidos en la casa del finado Sr. Brigadier General Juan Antonio Lavalleja los Sr. Doctores D. Fermin Ferreira, D. Enrique Muñoz, D. Gabriel Mendoza, D. Bartolomé Odicini, D. Teodoro Vilardebó, D. Martín Moussy, D. Luis Michaelson, D. Bernardo Constant, D. Francisco Correa, D. Pedro Vavasseur y D. Juan Carlos Neves con el objeto de proceder a la autopsia del cadáver del mencionado Sr. Brigadier Jeneral que estaba de manifiesto en la sal principal del edificio; presente el Oficial mayor del ministerio de gobierno y relaciones exteriores D. Alberto Flangini, con asistencia también de mi el Escribano, siendo las tres horas y media de la tarde dieron principio a la operación en presencia de gran número de jefes y oficiales del ejercito; y resuelto de aquella. Según la opinión unánime de los Sr. Facultativos, que el referido Sr. Brigadier General D. Juan Antonio Lavalleja había fallecido de una cogestión sanguínea del cerebro según lo detallara la junta de Higienes pública en su informe.
En prueba de la cual lo firman los S.S. mencionados por ante mi de que doi fé –F. Ferreira- Martín Moussy –Emrique Muñoz- Luis Michaelsson- Bernardo Constant – Pedro Vavasseur – Bartolomé Odicini – Francisco Correa – Teodoro Vilardebó – Juan Carlos Neves – Gabriel Mendoza- el oficial mayor del ministerio de gobierno y relaciones exteriores –Alberto Frangini- ante mí Juan José F. Aguiar Escribano de gobierno y Hacienda…”.[10]

De la práctica de la autopsia se estableció; “La conclusión es que Lavalleja murió por “una congestión cerebral… la que produjo la ruptura del seno lateral ya descripta”. AL abierto el cráneo, había salido algo así como 2 libras de sangre fluida y negruzca (la libra farmacéutica, dice Bonavita, citado, es de 12 onzas, o sea ¡¡¡700 gramos!!!). No es creíble, pues tal cantidad habría aplastado como una hoja al cerebro. Luis Bonavita revisó el protocolo en 1939, e hizo diagnóstico retrospectivo por los antecedentes familiares y personales, brusquedad de la muerte, descripción del corazón, y lo increíble de la cantidad de sangre que salía del cráneo, de muerte por “infarto de miocardio” y no por apoplejía cerebral. No hubo pues muerte violenta ni traumática ni tóxica”.[11]

Ya al otro día de la muerte de Lavalleja, y ver que el Triunvirato no llegó a conformarse, se levantaron voces reclamando la necesidad de reformar la Constitución, por ello se entiende la necesidad de convocar a elecciones para conformar una “Gran Asamblea Constituyente-Legislativa”, con el doble número de sus integrantes.[12]
El propulsor de esta idea fue Juan C. Gómez, predica iniciada desde el órgano de prensa “El Orden”, argumentaba la defensa de la soberanía. Siendo enfrentado por Manuel Herrera y Obes, quien calificaba la idea de extravagante y solamente un analfabeto cualquiera podía llevar adelante la misma.
Con la renuncia de Juan C. Gómez, Flores pudo normalizar la situación, nadie cuestionaría su autoridad, incluso el propio ex presidente Giró, quien volvió a su casa, abandonando su asilo, aceptando los hechos.
Pero la diplomacia brasileña seguía de cerca los acontecimientos en nuestra capital, la misma había colaborado de forma activa en la caída de Giró, comenzó gestiones para ayudar al presidente “derrocado” para desplazar a Flores.

No todo era tranquilidad. Desde fines de octubre y principios de noviembre aún quedaban departamentos en armas, como es el caso del Cnel. Dionisio Coronel (Cerro Largo), Cnel. Diego Lamas (San José), Cnel. Bernardino Olid (Maldonado), Cnel. Jacinto Barbat (Tacuarembó) y Cnel. Lucas Moreno (Colonia). Mientras por estos lares, más específicamente por la zona de las chacras de Manga, Bernardo Berro, poniéndose en contacto con los caudillos, lo que motiva que Flores salga a enfrentarlo. Por lo que el Gral. César Díaz al frente del gobierno, llegando a decretar el arresto de Bernardo Berro, bajo advertencia a las autoridades que debían pasarlos “por las armas, sin más formalidad que la justificación de la identidad de su persona”.
Las consecuencias de estos acontecimientos fue el destierro de Berro, Cándido Juanico, Eduardo Acevedo, Francisco Solano de Antuña, Jaime Estrázula, Bernabé Caravia y Ambrosio Velazco.
De los convulsionados acontecimientos la prensa solamente recogió el fusilamiento del Cap. Javier Amarillo en Paysandú acusado de traición.[13] Pero el Dr. Antonio de las Carreras aumentó la nómina (8 años después): Alférez Justino Bolarte, asesinado en su casa; N. Silveira y S. Sánchez, degollados en Minas; el Sargento Alejandro, asesinado en Florida; el Comandante Polanco y sus compañeros, asesinados en Tacuarembó después de rendidos; el Comandante Reyes, degollado en el Colla; los hermanos Mieres, León Urán y Juan Cepeda, asesinados en Cerro Largo.
Los revolucionarios no supieron sacar provecho a la derrota de Flores y a la desbandada de sus fuerzas a manos del Cnel. Lucas Moreno, permitiendo que Flores reasumiera el control de la situación.
A principios de enero Venancio Flores se encentraba en Montevideo, por lo cual retoma el Poder Ejecutivo, desde el 12 de diciembre se insiste con la convocatoria de la “Doble Asamblea”, a los pocos días llega a la capital noticias de interior…

El inicio de un nuevo año deparaba a la ciudad de Montevideo, desde Nueva York la llegada de la primera máquina de coser, una vez que se encuentra en la ciudad es llevada en forma inmediata a la casa del presidente Flores, el asombro de los presentes cuando se puso en funcionamiento la misma. El 1º de diciembre se inaugura la iluminación a gas en la Villa de la Unión. Por otra parte, el gobierno pone su fuerzas por la reapertura de algunas de las escuelas, dado que el año anterior por la caída de Giró y la crisis financiera quedaron clausuradas casi todas las escuelas del país.
Después de varios años de extravío de una nota, en enero donde se solicitaba la repatriación de los restos de Artigas por parte de los deudos, el gobierno tomo la resolución de atenderla y para tal finalidad envió al Paraguay una misión especial presidida por Manuel Acosta y Lara, quedando nuevamente en el olvido cuando es llamado a ocupar la cartelera de Hacienda.
Mientras tanto Rivera que se encontraba desde 1847 en el Brasil, desterrado por los propios hombres de la Defensa, falleció cuando regresaba al país el 13 de enero de 1854, a orilla del arroyo Conventos (Cerro Largo). “Trabajado por una dolencia continua, los grandes esfuerzos que hizo para volver a su patria a contribuir al triunfo de la causa que había sido, produjeron al fin una recaída que le llevo rápidamente al sepulcro, en la mañana del 13 de este mes.
Duelo- Ayer desde temprano la fortaleza del San José hizo disparos de cañón periódicos, y las banderas nacionales estuvieron a media asta todo el día…
Las campanas de los templos plañeros también desde temprano. Eran demostraciones de duelo dispuestos así que se recibió oficialmente la noticia del fallecimiento del general Rivera, miembro del gobierno provisorio.
Las legaciones, consulados y estaciones extranjeras tuvieron sus banderas respectivas de duelo, acompañando con esta demostración amistosa lo que el gobierno hacía…
El cadáver del Jeneral había sido perfectamente acomodado en Cerro Largo: fue puesto sin ropas en una gran caja de hojas de lata, la cual se llenó luego de alcohol concentrado ajustado con algodón los estremos: esta caja soldada fue metida dentro de otra de manera que cerró herméticamente, y así fue el cadáver colocado en el carruaje.
Ese esmerado cuidado ha hecho que el cadáver se conservase sin descomposición.
Desde Mansevillagra continuó el convoi para Montevideo poniéndose en marcha en la mañana del 18, y llegando a la Unión en la tarde del 20”.[14]

El domingo 18 se dio la inauguración de las corridas de toros; “Hallándose la Plaza de Toros, aunque no concluida en estado de poder dar corridas y habiendo la empresa conseguir organizar provisoriamente una campaña de aficionados, entre los cuales, hai varios que conocen prácticamente el arte de torear, ha resuelto dar la primera función el día indicado con el doble objeto de satisfacer la ansiedad pública y crear fondos que son aun necesarios para llevar a término la magnífica obra de la Plaza.
Si la ejecución de esta función merece la aprobación del público, se repetirán algunas más durante la presente estación.
En la primera función se lidiaran seis toros y llenarán los internados diferentes piezas ejecutadas por una hermosa bandera de música.
En el actual estado de la plaza solo un lienzo tiene asientos preferencia, divididos en lunetas y bancos. Fuera de estos asientos, las demás gradería y azoteas se consideran localidades iguales, sin más privilegios que la primera ocupación.
Los precios de entrada son los siguientes:
Entrada y luneta medio patacón.
Ídem y banco 18 vintenes.
Ídem y localidad en las gradas o azotea 12 veintenes.
Las función dará principio a las tres y media de la parte en punto”.[15]
El evento no tuvo una feliz presentación: “El domingo tuvo lugar la primera corrida anunciada en la nueva Plaza, formada en la villa de la Unión, y tres desgracias sucesivas probaron que no había elemento para semejantes empresas.
Diseños que ni los toros, ni los lidiadores eran regulares siquiera, y uno de ellos quedó gravemente maltratado y dos de sus compañeros heridos también notablemente.
No conocemos pormenores sobre las tristes escenas de la primera corrida, pero nos aseguraran que los aficionados no quedaron en manera alguna satisfechos del estreno”.[16] Recién el 18 de febrero de 1855 se inaugura la plaza de toros de la Villa de la Unión por Norberto Larravide.

En tanto cuatro meses de un Triunvirato se pasó a una dictadura de Flores. “La consecuencia inmediata de la muerte de Rivera fue el predominio absoluto del Partido Blanco hasta el año 65, en que el triunfo del General Flores le erige en caudillo del Partido Colorado recuperando el poder”.[17] Recién el 30 de enero Flores contaba con el visto bueno para su gestión en el gobierno por parte del Imperio del Brasil.

Después de todos estos acontecimientos el 5 de febrero se llevaron adelante las elecciones. El 7 de marzo Venancio Flores deja el gobierno en manos del Presidente del Senado, Manuel Basilio Bustamante[18] mientras sale a la campaña.
La nueva Asamble se instaló el 12 de marzo, donde enfrento a dos posturas, la primera sostenía que la misma debería funcionar como un solo Cuerpo y no había que avocarse a la designación del Presidente de la República, continuando el gobierno provisorio, sus integrantes buscaba un distanciamiento de las tendencias caudillistas. Mientras la otra entendía que era una Legislatura como cualquier otra, es decir constituirse en las dos Cámaras y nombrar un titular para el ejecutivo, sin perder de vista la posibilidad de reforma constitucional.
El pleito se zanjo cuando el 28 de marzo Venancio Flores es designado Presidente de la República por el período complementario de la Presidencia de Giro hasta marzo de 1856. Desde mediados de 1854 la política del Brasil comienza a tomar distancia de la administración de Flores, teniendo por parte de Amaral un coqueteo con los blancos.
Mientras en setiembre Flores se encontraba en la campaña preparando las elecciones que se realizaran entre noviembre y enero de 1855.

Sin lugar a duda la turbulencia continuaba con su rumbo y la crónica roja no es patrimonio de ninguna época. El 19 de diciembre estando en audiencia el Superior Tribunal de Justicia el que se componía por los señores Dr. D. Salvador Tort, D. Antonio Rodríguez y el Dr. D. Florencio Castellanos, e integrada con los hombres buenos (9 personas más), siendo la causa seguida de oficio contra Policarpio Ximenez (20) y Francisco Bornefeld. Dado que se comprobó el hecho de se concertaron para matar a Francisco Bornefeld vecino de la 3ª sección de Juzgado de Paz del departamento de San José. De forma deliberada procedieron a ejecutar la muerte del susodicho en la casa habitación el día 2 de mayo de 1853 después de la puesta del sol. Siendo Ximenez el primero que le dio puñaladas con una daga, que Núñez uso su cuchillo con igual objeto; y que muerto aquel, arrastraron el cadáver hasta adentro de la casa. Que Ximenez rompió la caja del muerto donde saco de ella cuatro onzas, 12 patacones y dio 2 a Núñez, y que Ximenez había convidado muchas veces antes a Núñez para matar a Bornefeld.
Por lo tanto se decretó la sentencia, a la pena de muerte impuesta a Policarpio Ximenez, y la de cuatro años al servicio de las armas a Francisco Núñez con calidad de presenciar la ejecución de aquel y devuélvase. El año finalizo con un fusilamiento por el delito de homicidio en la Plaza Cagancha.

En el último día del año se dio a conocer el alevoso crimen realizado a las dos de la tarde del 22 de diciembre del  joven Adolfo Lemos (26), por un cadete y un cabo brasilero que lo conducía preso al pueblo de San Juan Bautista, por sospechas de que fuese uno de los de la partida de Vilche. El parte del comandante de la fuerza estaba conforme con las declaraciones que dieron el cadete y el cabo, pues decía, que habiendo hallado aquel hombre en el campamento, le enviaba a la autoridad de San Juan, desconfiando que fuera alguno de los malhechores. “El desgraciado de Lemos fue muerto en el monte por sus conductores, y se le encontró con diez y ocho puñaladas y un tiro. Los conductores del preso dijeron por única disculpa que habiendo intentado huir éste, el cabo le había tirado pero que ignoraba si había muerto alcanzado por la bala”.[19]

Enero un mes complicado, continuaban las elecciones en la Villa de la Unión para la elección de Alcalde Ordinario, donde fue cometido el crimen de los señores Quesada y Machado, miembros de la mesa que se constituyó en el atrio de la iglesia de San Agustín. “Entretanto existe por castigar un delito públicamente: el cuerpo del delito son dos ciudadanos heridos y las listas de votación rotas, los autores del atentado son conocidos y sin embargo están en libertad! Son colorados y agentes del poder unos![20]

Desde el sábado 6 de enero a estado llegando mucha gente desde Bs. As. para presenciar las primeras carreras inglesas en la ciudad. “La inmensa concurrencia a pie y en carruaje que se veía por todas partes, era otra tentación para los que no podían asistir al espectáculo, y hora por hora nuestras calles fueron quedando casi desiertas.
Así se pasó toda la mañana, cuya repetición no dejarán de anhelar los coches y los dueños de las pasterias que quedaron sin un caballo, porque fueron alquilados con anticipación, y según dicen, a triple precio que él de costumbre…
…sigamos las oleadas que hace ese numeroso concurso de ambos sexos, de bellas jóvenes y graves matronas; de niños y ancianos, en carruaje, a pie y a caballo, bajo un cielo nebuloso pero sereno, propio para el caso, hasta llegar al sitio de la diversión”.[21] De las cinco carreras programadas, solo pudo realizarse tres, dada la multitud que se agolpaba impidieron la realización de las restantes. En la primera corrieron cinco caballos; en la segunda seis y en la tercera fueron siete. El caballo que más sobresalió en la jornada fue un tal Bonilla.

Al instalarse el 15 de febrero la XV Legislatura, queda en evidencia el alejamiento total del Brasil a Flores, cuando el Ministro Amaral y ninguno de los colaboradores se hicieron presentes en la Asamblea General cuando es de forma asistir por el Mensaje Presidencial.
El carnaval aflojo las tensiones y en marzo Flores quiso renunciar, pero fue un amago simplemente se resolvió con una salida a campaña, regresa el 28 para recibir el bastón de mando de Bustamante. La situación económica no le es favorable al gobierno. A esto se le suma los trabajos del Partido Conservador y del Partido Blanco, como también el conocimiento en el país del Manifiesto de Andrés Lamas.[22]
En agosto se produce un levantamiento revolucionario, llegando el 28 apoderarse del Fuerte el Cnel. Lorenzo Batlle y el Dr. José Mª Muñoz con un grupo de ciudadanos; dando paso inmediato a la conformación de un gobierno provisional, presidido por Luis Lamas. Venancio Flores se retiró a la Villa de la Unión, poniendo sitio a Montevideo.
Sucesos de los días 28 y 29. Pronunciamiento popular – Gobierno Provisorio – Nueva situación. Unión de todos los Orientales.
Después de los sucesos que se estaban presenciando en Montevideo de algún tiempo a esta parte y que éste momento mal podríamos enumerar, el divorcio que existía entre el Jeneral Flores y el pueblo, debía necesariamente conducir a un cambio de situación.
Este cambio ha sido fundamental.
Al orden de cosas existentes hasta el martes al medio día, se ha sustituido otro en el cual el pueblo de la capital ha reasumido su soberanía, declarado decaído de la presidencia del Estado al general D. Venancio Flores.
Antes de este resultado material el hecho existente en los espíritus de todos los ciudadanos en la población entera y el hecho del domingo de haber el general Flores presentándose ante el pueblo reunido delante de la casa de D. José Mª Muñoz amenazando a los ciudadanos con la tropa de línea teniendo luego que retirarse con ella sin haberlos intimidado, acabó de probar que el general Flores estaba abandonado por la opinión y que la violación de la Constitución hecha por él en su decreto contra la prensa había roto los lazos legalistas que ligaban al pueblo.
Entretanto el general Flores proseguía activamente en sus medidas bélicas creando fuerzas en los departamentos, enviando armamento y reforzando las de la capital […] El general Flores había declarado a la comisión popular el domingo que era para defender la dignidad nacional, al mismo tiempo que hizo notorio que había avisado al general del ejército brasilero, que aquellas fuerzas eran destinadas para sojuzgar a media docena de revoltosos.
Repentinamente empieza a saberse en la mañana del lunes que se recojían firmas entre los empleados públicos, rogando al general Flores tomase las medidas que creyera convenientes para asegurar la paz.
Este nuevo hecho causó una profunda alarma. Violada una vez más la Constitución del Estado se temía que no hubiera límites para esas medidas que se pedían al Jeneral Flores. […]
Su retiro espontáneo había evitado el movimiento popular, que nada detenía en caso contrario.
El movimiento tuvo lugar.
Serian como las 12 de la mañana del martes cuando apareció D. José Mª Muñoz y el Coronel Batlle a la cabeza de treinta y tantos ciudadanos armados, jóvenes en su mayor parte, que rodearon el fuerte dando vivas a la Constitución a las instituciones, a la unión de los orientales, abajo el dictador, abajo la tiranía […]
La población acudía de todas partes a aquella escena terrible en la cual un puñado de ciudadanos decididos desafiaban el poder del Jeneral Flores, a quien se suponía en su despacho. Pero todos acudían desarmados en los primeros momentos.
El Sr. Muñoz se dirigió a la multitud, diciendo que todos los ciudadanos debían tomar un puesto, al lado del pueblo o al lado de la dictadura: dice a los extranjeros que él respondía del órden público, del respeto de las propiedades de todos; que se trataba solamente de reivindicar el pueblo sus derechos […]
A las dos de la tarde era cada vez más numerosa […] Según la versión que hemos oído como más exactamente, el Jeneral Díaz usando el franco lenguaje de la amistad, dejo al Jeneral Flores que vistas las cosas desapasionadamente no le restaba más que dos caminos: renunciar la presidencia del Estado o hacer derramar sangre […] El Jeneral Flores dijo que veía que en efecto era aquella la disyuntiva: que lo pensaría y que seguir para Canelones. […]
A las 9 de la mañana súpose que el Jeneral Flores se acercaba extramuros de la ciudad con una fuerza de caballería, que se calculaba en 150 hombres. Se vieron poco después las avanzadas sobre el Cordón y más acá. Las fuerzas de la ciudad ocuparon la plaza Cagancha, desprendiendo a su vez avanzadas de Caballería. En esta situación se pasaron dos horas, hasta que se desató una guerrilla sobre aquella fuerza, y el Jeneral Flores se retiró no vérsela de las alturas de la ciudad”.[23]
Flores y sus fuerzas permitieron el abastecimiento de carne, ya que esta se encontraba desabastecida. El 10 de agosto se había producido el desembarco de Manuel Oribe. Se logra reunir un número importantes de legisladores el 10 de setiembre en la quinta de Hernández en la zona del Cardal para poder seccionar la Asamblea General; en otra habitación de la casa conversan Oribe, su hermano, Flores, el Cnel. Costa y Francisco Agell. También se hicieron presentes los ministros de Francia, Inglaterra y España, no querían perderse los acontecimientos.

Comienza la sección de la Asamblea bajo la presidencia de Manuel Bustamante leyendo la carta de renuncia de Flores; “Quiera la divina Providencia, decía en su nota, que este paso a que me resigno con gusto en obsequio al bienestar y felicidad de mi patria, para evitarle que corra sangre de hermanos, sea acogido saludablemente por todos: de no, la responsabilidad recaerá sobre quien tenga la culpa”.[24] Al finalizar afuera se escucharon gritos: “Viva el General Flores! Viva el General Oribe!

Los sucesos del día anterior determino que el Presidente del Senado asuma las funciones del ejecutivo, la misma recayó en Manuel B. Bustamante, Presidente de la República que asumirá el 11 de setiembre; “Cuento con el concurso de todos los buenos, con el patriotismo de todos los orientales… decía en su proclama. En respeto a la Constitución y a la ley, la más completa imparcialidad, con toda prescindencia de afecciones o partidos políticos y el mejor deseo de mantener el orden y la paz en toda la República, son y serán mis invariables principios y nada podrá apartarme de ellos”.[25]
Si bien en un principio su actuar no daba señales de una rápida solución  a la crisis que vivía el país, al nombrar a Juan Miguel Martínez como Ministro general, paro todo movimiento. Como la disolución de la Guardia Nacional y el regreso a sus departamentos de las fuerzas que se encontraban en Montevideo, permitió que a los pocos días Flores pudiera instalarse sin problema en su casa de Montevideo.
La situación se normaliza, se restablecieron las garantías individuales, se restauró la libertad de imprenta y se respira un movimiento cívico de concordia.
Pero no todo era viento en popa para Bustamante, en varios departamentos del interior se cuestionaban las elecciones realizadas bajo el gobierno de Flores, por lo cual exigían la realización de nuevos comicios. Por su parte el Partido Conservador estaba dispuesto a derribar a Bustamante por sus vinculaciones con el florismo.
El gobierno no las tenía todas consigo, a mediados de año se presentan unos doscientos empelados militares y civiles, entre los cuales se podía contar varios generales, reclamando una solución, dado que su situación era complicada debido al atraso en el pago de sus sueldos desde enero, amén de los atrasos de años anteriores.
Agosto nuevamente traía vientos de revolución, todo apuntaba a Bustamante, a quien se le veía como continuación de la influencia del ex presidente Venacio Flores.
En este ambiente se produce el 19 de setiembre la llegada desde Bs. As. En el vapor Uruguay al puerto de Montevideo los restos de D. José G. Artigas, exhumados del cementerio de Asunción el 20 de agosto de 1855.
Los acontecimientos políticos van hacer que la urna permanezca depositada en la Aduana hasta mayo de 1856. La urna es recibida por el Ministro de Relaciones Exteriores, un Edecán del Presidente y Juan P. Artigas, nieto del Prócer.

Por otra parte se continuaban los trabajos para la instalación de la Sociedad Unión Liberal, convocándose para el domingo 7 de octubre en la Cancha de Pelota de Casanave ubicada en la calle Rincón a las 12 del mediodía, donde asisten más de 500 personas.
En el día 11 se encuentra en Montevideo un niño artista de 11 años, Santiago Lloveras llevo como juguete un pequeño violín que compro en Montevideo, ello deparo la revelación del genio, alcanzo los aplausos en Valparaíso en conciertos públicos, cuando apenas tenía 7 años.

Pero la situación tuvo un momento inesperado, en la noche del jueves 11 a las veintidós horas dispararon dos tiros en las ventanas de la casa del Sr. Presidente de la República, las consecuencias de esta acción estropeo algunos muebles, también apareció un pasquín que fue colocado en la puerta de la casa. El primero de los tiros quedo aplastado en un travesaño de la ventana de la calle, el segundo ha traspasado el postigo de una ventana, pasando por encima de la mesa redonda del medio de la sala y ha roto algunos objetos que se hallaban en ella, por fin contra una de la sillas que rompió después quedó aplastada en la pared de la misma sala. “El escandaloso conato de asesinato que ha tenido lugar anoche en la casa habitación del primer magistrado de la República, es un hecho sin ejemplo entre nosotros, cuya gravedad y trascendencia exige el más decidió empeño y actividad de parte de la Policía. Ese hecho sin ejemplo entre nosotros, cuya gravedad y trascendencia compromete los más serios intereses del país no podría quedar impune, sin ofensa de la moral pública, vergonzosamente ultrajada y sin agravio de los principios de moderación y de órden que constituyen la marcha de la administración.
El gobierno que no acepta ni participa de odios personales y que no da oídos a la exaltación de las pasiones que pueden dejar de rechazar con la mas profunda indignación un acto de venganza personal, que a mas de bárbaro y atrozmente criminal, impondría una mancha de perdurabilidad ignominia a esta sociedad”,[26] estas son las palabras del Jefe Político de Montevideo, Adolfo Rodríguez.

El episodio despertó reacciones de la sociedad; “Es tiempo señor Bustamante deje ese espíritu de contradicción que hasta esta fecha haber observado con vuestros ministros en perjuicio de los hombres que os elevaron al puesto que hoy ocupais; pues de los contrario se aproxima vuestra caída y tal vez con ella la tumba.
Ved lo que haceis y no despreciéis este pronóstico que será […] dentro de algunos días.
Mientras tanto es notorio que el ministro marche de acuerdo con S. E., desde que todos hemos visto decretarse varias mutaciones de jefes políticos, y que se sabe que se trata de efectuar las demás que el ministerio ha creido deber someter a S. E.
Y por ventura el movimiento popular del 28 de agosto tuvo nada en su orijen, medios y fines que sirva escuchar esa marcha que el pasquín quiere arrojar sobre él, quien sabe con cuales intenciones?
En prueba pues de la indignación que ha causado en todos aquel atentado, hacemos comunicado que muchos jóvenes de la guardia nacional, queriendo protestar abiertamente contras semejante, tienen el pensamiento de ofrecer al presidente de la República una guardia de noche para su morada.
La juventud oriental quiere probar así su patriotismo, su respeto a la autoridad constituida y que está siempre pronta a servir de escudo, contra golpes de mano criminales.
Por nuestra parte aplaudiríamos esta determinación patriótica de la juventud oriental, tan decidida a la vez a sostener las libertades públicas como la autoridad en la lei.
Cerremos estas líneas transcribiendo las juiciosas palabras con que concluye la Nación de ayer un artículo sobre el hecho de la noche del jueves
Respétese el principio de autoridad, por Dos! A dónde vamos, que se espera conseguir con ese atentado! Nuevos males para el país! Nuevos estravios! Nuevos trastornos! Nueva calamidad!
No es necesario que el buen sentido del pueblo no se estravie; es necesario mucho juicio, mucha abnegación, mucho patriotismo. Legalicemos precisamente la situación y respetemos el principio de autoridad”.[27]
El atentado determino la conformación e3 una comisión de cuatro diputados que se apersonaron ante el Presidente de la República, para que este convocara a la Asamblea a los efectos de designar a un sucesor en caso de renuncia o muerte de su persona.

La prensa en el mes de noviembre reflejaba vacilante la autoridad del presidente Bustamante. El acercamiento entre Flores y Oribe llevan a la concreción del Pacto de la Unión el 11 de noviembre, más allá de ser una repuesta al Manifiesto de Lamas, también
Es el manejo de la candidatura presidencial para el próximo período, la renunciar ambos a dicha magistratura y en cambio apoyar a Gabriel Pereira para ese cargo.
Fue frecuente las reuniones nocturnas en la casa de Bustamante, por lo general concurría a las mismas Oribe; la noche del viernes 23 de noviembre Oribe salió de la Unión acompañado por el Sr. Botana en una volanta, también los Capitanes Martínez y Egaña además dos o tres militares amigos suyos quienes acompañaron la volanta a caballo.
Cuando Oribe estaba reunido con el Presidente había pasado una veintena de personas armadas rumbo a la Villa de la Unión. Al rato un amigo aviso a Oribe que estas personas se habían apostado en el Cordón. Al finalizar la reunión Manuel tomo las precauciones del caso, hizo que la volanta volviera a la Unión, y él tomo un caballo y se retiró con el Sr. Botana por otro camino. “La volanta partió sola en efecto, pero fue detenida en el Cordón, por hombres que apuntaban con sus armas al cochero, pidiéndole cuenta del general Oribe, que creían en el carruaje.
Convencidos de su decepción hirieron al infeliz cochero, que ignoraba la causa de aquel alevoso ataque”.[28]
Enrique de Zuñiga que pasaba en esos momentos por donde estaba detenida la volanta fue detenido e interrogado por el que mandaba la partida. El cochero pudo llegar a la Unión, donde refiere lo ocurrido, provocando la alarma de todos, calmándose al ver la llegada de Oribe, sin haberse encontrado en el camino con sus agresores.
La noticia se conoció inmediatamente en Montevideo, a la salida de la gente del teatro, no dando crédito al mismo. “Parece imposible; que en un pueblo de valientes, haya hombres que quieran ocupar el lugar del homicidio. Justamente en el caso se han colocado, los que salen a los caminos a asesinos a traición, y para esos hombres la sociedad debe tener desprecio y horror.
¿Qué pretenden los hombres que así se ocupan de trastornar más y más? ¿Qué principios de bien y de orden buscan en el homicidio? Ya intentaron contra el Presidente de la República, contra el anciano venerable, a quien la patria no podrá acusar de una traición, ni el ciudadano de un crimen; ahora intentado alevosamente contra el general de la nación, y mañana será contra el ciudadano pacifico, más tarde, y adonde nos llevara el caos?[29]

El ambiente lejos de calmarse precipito el levantamiento armado, dado que la actitud de Flores y Oribe realizada en el Pacto sin ninguna duda terminaría en la designación del nuevo Presidente de la República. El 25 de noviembre las acciones encabezadas por José Mª Muñoz y los colorados conservadores para tomar la casa de gobierno y deponer a Bustamante, este convoca a Flores nombrándolo Comandante General de Armas.
La lucha dura cuatro días al cabo de los cuales es sofocada y los subversivos parten como exiliados a Bs. As. el 29 de noviembre.[30]





[1] Reyes Abadie, W. – Vázquez Romero, A.- Crónica General del Uruguay. Tomo 4. El Estado Oriental. Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo. 2000. p. 347.
[2] Xavier Marmier, de la Academia Francesa- Lettres sur L’Amerique. París. 1852.
[3] Por lo que su médico de cabecera el Dr. Enrique Muñoz, nos dejó que Garzón pareciera ser que tenía una grave enfermedad. Dado que una junta de galenos realizada en octubre no quedaba duda de su gravedad. Quien no acompañaba el diagnóstico fue el Dr. Pedro Capdehourat, quien se desempeñó como tal en el campo sitiador, según él era, “reumatismo muscular complicado con una pericarditis latente”. “El 1º de diciembre, a las 2 de la tarde, estando bajo tratamiento de Capdehourat, quien había descartado todo peligro de muerte y medicado al paciente con sublimado corrosivo, kermes y sulfato de quinina (tratamiento a todas luces antisifilíticos), el general Garzón murió”.
Rápidamente la noticia corrió por la ciudad de Montevideo, conjuntamente con la sospecha de un rumor de posible envenenamiento. Todo pintaba como una muerte sospechosa, por lo cual se realiza al día la autopsia a cargo de los doctores. Oliveira, Brunel, Odicini, Michaelson, Muñoz, Ferreira, Marrouin, Bruno y Capdehourat; “El pericardio al ser abierto no mostró nada anormal; el corazón ligeramente dilatado; pero la aorta en su cayado presentaba un saco aneurismático del volumen de la cabeza de un niño recién nacido, comprimiendo el pulmón izquierdo, y además una ruptura del tamaño de la moneda de seis vintenes, dando lugar a una hemorragia que infiltraba el pulmón. La pieza anatómica fue conservada en un frasco (corazón y grandes vasos): éste y los restos del general se conservan en el Panteón Nacional”. Esto deparo que Capdehourat, que había ignorado, “…los síntomas relevantes que traducían nada menos que un aneurisma de aorta casi al romperse”. En consecuencia, fue suspendido en su ejercicio, por el fallecimiento prematuro de Garzón, por seis meses se le retiro el título médico. En Soiza Larrosa, Dr. Augusto- Historia de la medicina legal y los peritajes médicos forenses en el Uruguay (1724-1883).
[4] D.S.A.G. Tomo II, 2º período de la 6ª legislatura, sesión del 15 de febrero de 1852.
[5] La Constitución. Noviembre, 14 de 1852.
[6] También la podemos denominar la Segunda Cisplatina, en una clara alusión e innegable entrometimiento en nuestros asuntos de los brasileños. Más allá de los Tratados del 51, la presencia en una primera instancia fue militar, para luego pasar a una dependencia económica, y no falto que gobiernos cayeran o se designaran presidentes según el beneplácito imperial.
[7] Comercio del Plata. Julio, 3 de 1853.
[8] Reyes Abadie, W.-Vázquez Romero, A.-Ob. Cit. p. 364.
[9] Comercio del Plata. Octubre, 22 de 1853.
[10] Ibidem.
[11] Soiza Larrosa, Dr. Augusto- Historia de la medicina legal y los peritajes médicos forenses en el Uruguay (1724-1883). p. 31.
[12] Recordemos que la Constitución de 1830, establecía como procedimiento de reforma la necesidad de tres legislaturas consecutivas: la primera propone la reforma, la segunda realiza la misma y por último la tercera la aprueba o la rechaza.
[13] Para algunos historiadores el Indio Amarillo es considerado como el último cacique de los charrúas, estaba al frente de unos 50 hombres; tres meses antes había protagonizado un incidente en Salto, atemorizó con sus bravos a los desprevenidos habitantes de la ciudad. A las 11 de la mañana del 21 de setiembre de 1853, Amarillo y su tribu irrumpieron en la capital salteña, llegando por la calle Uruguay hasta Sarandí. En ese punto clavaron sus lanzas en el suelo y tras una serie de parlamentos con las autoridades locales depusieron su actividad. Pese a ser indultado tras ese levantamiento y posterior retirada, Amarillo fue rodeado en las afueras de Paysandú y ejecutado en forma sumaria el 1º de diciembre de 1853, por orden del comandante militar de la guarnición.
[14] Comercio del Plata. Enero, 16 al 20 de 1854.
[15] Aviso. Toros, Primera función con permiso de la autoridad. Comercio del Plata. Enero, 18 de 1854.
[16] Comercio del Plata. Enero, 20 de 1854.
[17] Zum Felde, Alberto- Proceso Histórico del Uruguay. Arca. Montevideo. 1987. pp. 169-170.
[18] Manuel Basilio Bustamante Piris (20 de junio de 1785, San Carlos, Maldonado – 11 de noviembre de 1863, Montevideo), político de larga actuación, legislador en 1834-37 y reelecto en 1839-41.
[19] La Nación. Enero, 4 de 1855.
[20] Ibídem.
[21] La Nación. Enero, 8 de 1855.
[22] Dicho documente marca la postura de Lamas, en delimitar la ruta política que se debía de seguir, por un lado abandonar las divisas, que fueron las responsabilidades de las penurias por la cual atravesó el país, y que los elementos cultos de la República se fusionen y creen un único partido de la nacionalidad oriental.
[23] Comercio del Plata. Agosto, 30 de 1855.
[24] Acevedo, Eduardo- Anales Históricos del Uruguay. Tomo II. Barreiro y Ramos. Montevideo. 1933. p. 536.
[25] Ibídem.
[26] Comercio del Plata. Octubre, 13 de 1855.
[27] Comercio del Plata. Octubre, 14 de 1855.
[28] La República. Noviembre, 25 de 1855.
[29] Ibídem.
[30] Con el pacto de la Unión vuelven la hora de los caudillos. El 11 de noviembre Flores y Oribe bosquejaron un “programa” cuyo rasgo más elocuente era no aceptar la fusión y desaparición de las viejas divisas sino por el contrario, diseñar un esquema de concordancia entre ellas.
En Montevideo, se festejó el hecho ruidosamente, mostrando que el ciudadano medio continuaba en alguna forma, conmoviéndose más con las figuras emergidas del campo de batalla, que aquellas que ocupaban la cátedra de las ideas liberales en boga.
Pero la palabra final no estaba dada: Muñoz dispuesto a un último intento de torcer el brazo a sus adversarios, eligió un grupo de corajudos, pelo en pecho para asaltar el Cabildo y adueñase del recinto. La ciudad volvió a dividirse pero en fondo resulto un intento estéril ya que muchos de los miembros de la Unión Liberal, constituida por Luis Lamas en el momento de suprema gloria fusionista no lo acompañaron en el nuevo “golpe de mano” cuyo éxito se veía prácticamente imposible de alcanzar. En Arocena Olivera, Enrique. La rebeldía de los doctores. El Uruguay del fusionismo al militarismo 1851-1886. Montevideo. 1998.