Cuando la política estaba entre la Barbarie
y la Civilización
Una vez
finalizada la Guerra Grande el país
debió enfrentar una dura realidad, en el plano económico-social afecto
directamente a toda la población y a su actividad político-económica, dejando
una honda huella en el Uruguay que se marca en su división para siempre.
La división
después del conflicto armado no se pudo disimular por muchísimo tiempo, un
hombre de aquella época era antes blanco o colorado que oriental.
Esa
dualidad se plasmó en las intenciones políticas, la tendencia fusionista
partidista, opuesta al mantenimiento de los partidos y al caudillismo, ya que
eran considerados un factor de rivalidad nacional, desunión y violencia. La
prédica de esta tendencia promovió la unión de las divisas, sustituyéndolas por
los más elevados principios de gobierno, la paz, la nacionalidad y el respeto a
la Constitución.
Quien
llevó adelante esta política fusionista fue una minoría culta y doctoral,
respondiendo a sectores urbanos de ambos partidos. Su influencia se vio en los
gobiernos de Giró, Pereira y Berro.
En
contraposición a la fusión, se opuso la de pacto, defensora del mantenimiento
de los partidos y conducida por los caudillos colorados y blancos, los
problemas nacionales se resuelven por intermedio de un sistema de convenios
entre ambos. Teniendo sus seguidores en el medio rural.
“Nuestra salvación está entera en el espíritu
nacional. Sin él nada lograremos que no sea precario e inseguro. Seamos por
tanto, en todo y ante todo orientales. No haya más ídolo que la patria
Oriental… Nuestra persuasión íntima nos dice que esa larga discordia y esos
largos extravíos que han puesto en problema el patriotismo de los orientales,
se debe en gran parte a la disminución del apego a la nacionalidad. Las
complicaciones ocurridas en el curso de la reñida y prolongada lucha que se ha
sustentado con elementos ya propios, ya extraños, nos habían hecho olvidar que
peleábamos en nuestra tierra, y que debíamos contender por los intereses de
ella”.[1]
Los
esfuerzos de Manuel Herrera y Obes –ministro de Gobierno de la Defensa-, de
Eduardo Acevedo –miembro destacado del grupo principista del Cerrito- y el
Gral. Eugenio Garzón, para constituir lista fusionista para designar los nuevos
legisladores nacionales, este intento se vio ante la difícil situación de la
muerte de Garzón.
Mientras
tanto Montevideo era la Nueva Troya; “…está
construida en anfiteatro sobre una especie de península, en el descenso de una
colina que se avanza en el medio del río, cuyas olas la enlazaran por sus dos
costas.
Vista desde la rada, en su situación
pintoresca, esas blancas casas que se dirían talladas como peldaños en una
cantera de mármol, esos techos de terrazas como los de Oriente, esos gráciles
miradores que se elevan sobre varias azoteas; viendo todo ese riente cuadro del
movimiento de las chalupas en el puerto de las curvas del río y de los verdes
cercos de la Aguada que, desde las fortificaciones de la ciudad, se extienden
hasta la montaña del Cerro, no se imaginaría que es ésta la ciudad agitada
desde su origen por tantas luchas sucesivas, esta nueva Troya, asediada más de
siete años por un ejército implacable que puede tener la astucia y la tenacidad
de Ulises, pero que no será ilustrado por el coraje de un Aquiles, por la
sabiduría de un Néstor y no tendrá nunca
un Homero para cantarlo.
Al verlo la primera vez, en su interior no se
adivinarían los profundos dolores que ella ha sufrido en diversas ocasiones, y
el deplorable estado al que la ha arrojado la cólera de su enemigo.
Yo os escribo desde una linda habitación
frente a la colina del Cerro, dorada por los rayos del sol, frente al puerto
donde flotan los pabellones de varios navíos extranjeros, y de una rada en la
que he hecho distintas excursiones y que veo con un vivo interés…”.[2]
El
Gral. Eugenio Garzón con destacados antecedentes militares, políticos,
combatiente incorporado a la revolución oriental desde 1811, soldado de la
revolución hispanoamericana en su marco continental, coronel del ejército
nacional durante la presidencia de Oribe y principalmente subalterno de
Urquiza, en las últimas etapas de la Guerra Grande fue considerado por todos,
el candidato con mejores aptitudes para ocupar la Presidencia de la República
al restablecerse el régimen constitucional. Aceptó su designación, para
gravemente enfermo, falleció en diciembre de 1851.[3]
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| Gral. Eugenio Garzón |
El 15 de febrero
de 1852 al quedar instalada la Asamblea General, presidida por Bernardo Berro,
comenzaron las conversaciones para la designación del Presidente de la
República. Los legisladores colorados consideran a Juan Francisco Giró –es
electo con 35 votos en 38- un ciudadano vinculado al partido blanco, pero dan
sus votos en la convicción de que realizaría una política prudente en el
exterior y en el interior una política liberal, de fusión y de olvido absoluto
del pasado con exclusión completa de toda tendencia reaccionaria.
De esta
forma se dirigió el nuevo presidente de la República a la Asamblea General; “…casi olvidadas nuestras prácticas
constitucionales durante el largo período a que puso fin el memorable
acontecimiento del ocho de octubre de 1851, todo pasó, … La actualidad de
nuestros negocios domestico es tan
satisfactoria cuanto podía esperarse atento el estado de
desorganización, de pobreza y de postración en que quedó el país a la cesación
de la guerra.
Estamos en paz con todas las naciones y en las
mejores relaciones con las que se hallan en más inmediato contacto con
nosotros, por pactos expresos o por intereses no menos exigentes de política o
de vecindad.
Celebrado el tratado de quince de mayo de
1852, con S.M. el emperador del Brasil, entró en la política nacional el
respeto de todos los que por él se declararon válidos y subsistentes. El empeño
con que el Poder Ejecutivo se dedicó a llevar a efecto aquellos pactos le ha
atraído la confianza del Gobierno brasilero, que sostenida por leales procederes
afirma en el país la paz, que es la condición de vida para las naciones…
El gobierno lamenta el estado de guerra civil
en que se encuentra la República Argentina, nuestra vecina y hermosa, que por
lo mismo de serlo afecta en cierto modo nuestra situación.
La política de estricta y severa neutralidad
que el Gobierno ha adoptado en las cuestiones que allí se debaten afianza
nuestro estado pacífico.
Esa neutralidad salvadora, preservándonos de
los males que en ese otro tiempo pasaron sobre nosotros, nos ha habilitado
también para ofrecer a los partidos contendientes de la Confederación nuestros
buenos oficios, mediando ente ellos para promover la paz que le deseamos, tanto
como para nosotros mismos.
Este paso, sea o no sea bien acogido, honrará
siempre nuestros principios y nuestras intenciones.
De todos modos, el Gobierno hace votos para
el restablecimiento de la paz en aquella república, y espera que los
sentimientos de concordia y de confraternidad penetrarán al fin en el corazón
de todos…”.[4]
Parecía
que comenzaba a andar el país, en marzo se instala el primer servicio de
diligencia de Montevideo a Santa Lucía; en abril se da la experiencia de la
iluminación a gas en la capital y sobre el mes de diciembre se establece la
línea fluvial entre el puerto de Montevideo y Salto tanto para pasajeros como
para carga.
Una de
las primeras acciones que realizó Giró fue recorrer el interior de la
República, para de esa forma tener de primera mano la paupérrima situación en
que se encontraba la campaña oriental después de la prolongada guerra civil que
vivió, es así que el 12 de octubre emprendió la marcha, regresando el 7 de
enero de 1853.
Se
encontró con un panorama desolador; “El
Departamento de Maldonado es lindísimo, y aunque muy pobre por haber sufrido
más que ninguno de la guerra empieza a reponerse… El robo de vacas va cesando
mucho. La ciudad presenta un triste aspecto: falta todavía muchos de sus
habitantes: hay bastantes casas arruinadas o inhabitadas, mas empieza a
respirar, van volviendo algunas gentes de las antiguas y estableciéndose otras.
El valle y abra entre San Carlos y Mataojo, camino de Minas, es lo más fértil y
pintoresco que puede uno imaginarse, y está bien poblado, principalmente de
labradores. De Mataojo a las Minas es una serranía desierta de hombres y de
ganados. Era la guardia de los guerrilleros de ambos partidos.
El departamento de Minas tiene más hacienda
que el de Maldonado, tal vez el doble, pero hay mucha menos labranza y más robo
de ganado, aunque menos que antes”.[5]
Trato
de poner el equilibrio político, para ello mantuvo en sus cargos a los
militares colorados, en nombrar a César Díaz como ministro de Guerra y a
Venancio Flores como Jefe Político de Montevideo.
Pero la
real urgencia de la administración de Giró estaba en:
1. Rescatar las rentas que
pertenecían al Estado y estaban en manos de particulares, con lo cual lesionaba
intereses privados.
2. La ratificación de los tratados
de 1851 con el Imperio del Brasil.
Este
último punto cuando fue abordado en el Parlamento, la mayoría blanca inicio una
discusión sobre la validez de los mismos. Esto fue interpretado por los
colorados y la diplomacia brasileña como síntoma de resurrección del Partido
Blanco. No olvidarse que el país transitaba por un período de recisplatinización.[6]
El
ambiente se fue haciendo adverso al Presidente Giró, se le acuso de tendencioso
a favor del Partido Blanco; motivando que el Dr. Juan Carlos Gómez hiciera un
llamamiento a la reconstrucción del Partido Colorado, logra dicho objetivo bajo
el nombre de Partido Conservador.
La
diplomacia brasileña apoyaba la propuesta del Partido Conservador, con el fin
de intervenir en la política interna del país y mantener el cumplimiento de los
tratados.
Los
acontecimientos se precipitaron, el presidente dispuso para el 18 de julio de
1853, la conmemoración con toda solemnidad. En la parada militar las tropas de
líneas, al mando por jefes colorados, atacaron a balazos a la Guardia Nacional
formada en su mayoría, por elementos del Partido Blanco.
Ese
mismo día se inauguraba la iluminación a gas en Montevideo. “Empresa del gas. Siguen colocando los caños
principales y accesorios y se están echando los cimientos de la columna que ha
de ir en medio de la plaza Constitución.
En los lados de la plaza también parece que
habrá iluminado permanentemente desde 158 de Julio en adelante.
La base de la columna del centro, que dicen
será de mármol, nos aseguran llevarán esta leyenda: ’18 de Julio de 1853
Montevideo fecha de su inauguración’”.[7]
El día antes de la inauguración Manuel Oribe partió de viaje con destino
España.
Las
consecuencias de este motín significaron, el movimiento de colorados a integrar
ministerios, y el triunfo brasileño en el mantenimiento de los tratados.
Flores
se perfilo en la persona más influyente del momento, renuncia a su cargo del Ministerio
de Guerra; el Presidente Giró se encontró falto de apoyo político, lo que
motivo que el 24 de setiembre de 1853, dejara la Presidencia y por razones de
seguridad personal se asiló en la Legación de Francia. A bordo de la fragata Andromede presenta renuncia formal a su
cargo de presidente de la República. El día 26, a las ocho de la mañana se
reúne en el Fuerte, Lavalleja, Melchor Pacheco y Obes, César Díaz, Enrique
Martínez, Flores, Lavandera, José Mª Muñoz, Juan C. Gómez, Fermín Ferreira,
Francisco Hordeñana y Manuel Basilio Bustamante, tratando de buscar una
solución a la situación del vació de poder por la renuncia de Giró, se instalará
un Triunvirato constituido por los generales Fructuoso Rivera –en el exilio en
Brasil-, Juan Antonio Lavalleja y Venancio Flores.
Los
tiempos habían cambiado desde la instalación del nuevo gobierno, Lavalleja
mantenía correspondencia con Rivera, el 22 de octubre le escribía; “Mi estimado compadre y amigo. Su favorecida
del 13 a que contesto me fue muy grata al saber el rápido restablecimiento de
su salud que me tenía en gran cuidado por las noticias exageradas que corrieron
de su mal estado. Ahora confió en que pronto tendré el gusto de abrazarlo en
está y conjuntamente podamos concurrir a asegurar la paz y prosperidad de
nuestra infortunada Patria. Ya hemos conseguido el reconocimiento del Gobierno
Provisorio en toda la República sin desgracia ni perjuicio alguno, nos ahora
establecer un Gobierno permanente que marcha con paso firme la senda de la
justicia. Si esto logramos habremos hecho el complemento de nuestros servicios
como verdaderos patriotas cuyos títulos hemos siempre proclamado. Devuelve a
Ud. sus recuerdos su Comadre y familia, y dándolos igualmente a Comadre,se
repite de Ud. Afectísimo compadre y amigo Q.B.S.M. Jn. Ant. Lavalleja”.[8]
En realidad,
el Triunvirato nunca llego a funcionar, a los veintiún días de su creación el
día 22 de octubre a las 15hs. Se produce la muerte repentina del Gral.
Lavalleja en la Casa de Gobierno –ubicado en la actual Plaza Zabala-, a esa
hora el General se encontraba en sus tareas habituales, firmando la
documentación en compañía de Venancio Flores y los ministros, Juan Carlos
Gómez, Lorenzo Batlle y Sayago. Cuando Lavalleja le alcanza un documento a su
auxiliar Mariano Ferreira se incorporó bruscamente y cae fulminado al piso. De
inmediato los doctores Michaelson y Muñoz lo asisten, practicándole una
sangría, pero todo esfuerzo fue en vano, su muerte fue fulminante.
La
noticia corre como reguero de pólvora en la ciudad, rumores de las apetencias
de Flores lo llevaron a cometer un asesinato. El mismo día Juan Carlos Gómez,
ordena al Cirujano Mayor del Ejército Fermín Ferreira, y al escribano de
Gobierno y Hacienda Juan José Aguiar, para que dispongan todo lo necesario para
elevar un acta de la autopsia del General. La crónica local establecía; “Tenemos entendido que el gobierno ha
dispuesto se hagan hoy la autopsia del cadáver del Sr. Brigadier General
Lavalleja, para lo cual ha obtenido la equisencía de desolada esposa. Es hoy
una práctica generalmente seguida, cuando fallece repentinamente una persona de
la posición que tenía el ilustre finado, la de proceder a la autopsia, para que
sean evidentemente conocidas las causas de la muerte.
Los profesores que acudieron a prestar
socorros al Sr. General Lavalleja fueron los doctores Michaelsson y Muñoz.
Hallábase con aquel en el momento de su
ataque el Sr. Coronel Flores y el Sr. Zubillaga, miembros del gobierno
provisorio y también los tres ministros como que era esa la hora del acuerdo.
Acudió a la noticia del suceso el General Pacheco, el coronel Muñoz y otras
personas y cuando fue el General conducido a su casa, llevábanle en brazos los
Sres. ántes mencionados”.[9]
Documentos Oficiales
Ministro de Gobierno.
Montevideo,
octubre 23 de 1853
Debiendo el cuerpo médico en el día de la
autopsia del cadáver del finado Brigadier Jeneral, miembro del Gobierno
provisorio de la República D. Juan Antonio Lavalleja, y conviniendo revestir
ese acto de todas las formalidades; se ordena a Ud. que de acuerdo con el Sr.
Cirujano mayor del ejército y residente de la junta de higiene pública doctor
D. Fermin Ferreira, asista á él y en su calidad de escribano público. Labre
acta de todo lo que resultase la operación y fallo del cuerpo a quien le está
encomendada.
Dios guarde á Ud. Muchos años.
Juan Carlos Gómez
Al Sr. Escribano de gobierno y hacienda D.
Juan F. Aguiar
En la ciudad de San Felipe y Santiago de
Montevideo á 23 días del mes de octubre de 1853; hallándose reunidos en la casa
del finado Sr. Brigadier General Juan Antonio Lavalleja los Sr. Doctores D.
Fermin Ferreira, D. Enrique Muñoz, D. Gabriel Mendoza, D. Bartolomé Odicini, D.
Teodoro Vilardebó, D. Martín Moussy, D. Luis Michaelson, D. Bernardo Constant,
D. Francisco Correa, D. Pedro Vavasseur y D. Juan Carlos Neves con el objeto de
proceder a la autopsia del cadáver del mencionado Sr. Brigadier Jeneral que
estaba de manifiesto en la sal principal del edificio; presente el Oficial
mayor del ministerio de gobierno y relaciones exteriores D. Alberto Flangini,
con asistencia también de mi el Escribano, siendo las tres horas y media de la
tarde dieron principio a la operación en presencia de gran número de jefes y
oficiales del ejercito; y resuelto de aquella. Según la opinión unánime de los
Sr. Facultativos, que el referido Sr. Brigadier General D. Juan Antonio
Lavalleja había fallecido de una cogestión sanguínea del cerebro según lo
detallara la junta de Higienes pública en su informe.
En prueba de la cual lo firman los S.S.
mencionados por ante mi de que doi fé –F. Ferreira- Martín Moussy –Emrique
Muñoz- Luis Michaelsson- Bernardo Constant – Pedro Vavasseur – Bartolomé Odicini
– Francisco Correa – Teodoro Vilardebó – Juan Carlos Neves – Gabriel Mendoza-
el oficial mayor del ministerio de gobierno y relaciones exteriores –Alberto
Frangini- ante mí Juan José F. Aguiar Escribano de gobierno y Hacienda…”.[10]
De la
práctica de la autopsia se estableció; “La
conclusión es que Lavalleja murió por “una congestión cerebral… la que produjo
la ruptura del seno lateral ya descripta”. AL abierto el cráneo, había salido
algo así como 2 libras de sangre fluida y negruzca (la libra farmacéutica, dice
Bonavita, citado, es de 12 onzas, o sea ¡¡¡700 gramos!!!). No es creíble, pues
tal cantidad habría aplastado como una hoja al cerebro. Luis Bonavita revisó el
protocolo en 1939, e hizo diagnóstico retrospectivo por los antecedentes
familiares y personales, brusquedad de la muerte, descripción del corazón, y lo
increíble de la cantidad de sangre que salía del cráneo, de muerte por “infarto
de miocardio” y no por apoplejía cerebral. No hubo pues muerte violenta ni
traumática ni tóxica”.[11]
Ya al
otro día de la muerte de Lavalleja, y ver que el Triunvirato no llegó a
conformarse, se levantaron voces reclamando la necesidad de reformar la
Constitución, por ello se entiende la necesidad de convocar a elecciones para
conformar una “Gran Asamblea Constituyente-Legislativa”,
con el doble número de sus integrantes.[12]
El
propulsor de esta idea fue Juan C. Gómez, predica iniciada desde el órgano de
prensa “El Orden”, argumentaba la
defensa de la soberanía. Siendo enfrentado por Manuel Herrera y Obes, quien
calificaba la idea de extravagante y solamente un analfabeto cualquiera podía
llevar adelante la misma.
Con la
renuncia de Juan C. Gómez, Flores pudo normalizar la situación, nadie
cuestionaría su autoridad, incluso el propio ex presidente Giró, quien volvió a
su casa, abandonando su asilo, aceptando los hechos.
Pero la
diplomacia brasileña seguía de cerca los acontecimientos en nuestra capital, la
misma había colaborado de forma activa en la caída de Giró, comenzó gestiones
para ayudar al presidente “derrocado”
para desplazar a Flores.
No todo
era tranquilidad. Desde fines de octubre y principios de noviembre aún quedaban
departamentos en armas, como es el caso del Cnel. Dionisio Coronel (Cerro
Largo), Cnel. Diego Lamas (San José), Cnel. Bernardino Olid (Maldonado), Cnel.
Jacinto Barbat (Tacuarembó) y Cnel. Lucas Moreno (Colonia). Mientras por estos
lares, más específicamente por la zona de las chacras de Manga, Bernardo Berro,
poniéndose en contacto con los caudillos, lo que motiva que Flores salga a
enfrentarlo. Por lo que el Gral. César Díaz al frente del gobierno, llegando a
decretar el arresto de Bernardo Berro, bajo advertencia a las autoridades que
debían pasarlos “por las armas, sin más
formalidad que la justificación de la identidad de su persona”.
Las
consecuencias de estos acontecimientos fue el destierro de Berro, Cándido
Juanico, Eduardo Acevedo, Francisco Solano de Antuña, Jaime Estrázula, Bernabé
Caravia y Ambrosio Velazco.
De los
convulsionados acontecimientos la prensa solamente recogió el fusilamiento del
Cap. Javier Amarillo en Paysandú acusado de traición.[13]
Pero el Dr. Antonio de las Carreras aumentó la nómina (8 años después): Alférez
Justino Bolarte, asesinado en su casa; N. Silveira y S. Sánchez, degollados en
Minas; el Sargento Alejandro, asesinado en Florida; el Comandante Polanco y sus
compañeros, asesinados en Tacuarembó después de rendidos; el Comandante Reyes,
degollado en el Colla; los hermanos Mieres, León Urán y Juan Cepeda, asesinados
en Cerro Largo.
Los
revolucionarios no supieron sacar provecho a la derrota de Flores y a la
desbandada de sus fuerzas a manos del Cnel. Lucas Moreno, permitiendo que
Flores reasumiera el control de la situación.
A
principios de enero Venancio Flores se encentraba en Montevideo, por lo cual
retoma el Poder Ejecutivo, desde el 12 de diciembre se insiste con la
convocatoria de la “Doble Asamblea”,
a los pocos días llega a la capital noticias de interior…
El
inicio de un nuevo año deparaba a la ciudad de Montevideo, desde Nueva York la
llegada de la primera máquina de coser, una vez que se encuentra en la ciudad
es llevada en forma inmediata a la casa del presidente Flores, el asombro de
los presentes cuando se puso en funcionamiento la misma. El 1º de diciembre se
inaugura la iluminación a gas en la Villa de la Unión. Por otra parte, el
gobierno pone su fuerzas por la reapertura de algunas de las escuelas, dado que
el año anterior por la caída de Giró y la crisis financiera quedaron clausuradas
casi todas las escuelas del país.
Después
de varios años de extravío de una nota, en enero donde se solicitaba la
repatriación de los restos de Artigas por parte de los deudos, el gobierno tomo
la resolución de atenderla y para tal finalidad envió al Paraguay una misión
especial presidida por Manuel Acosta y Lara, quedando nuevamente en el olvido
cuando es llamado a ocupar la cartelera de Hacienda.
Mientras
tanto Rivera que se encontraba desde 1847 en el Brasil, desterrado por los
propios hombres de la Defensa, falleció cuando regresaba al país el 13 de enero
de 1854, a orilla del arroyo Conventos (Cerro Largo). “Trabajado por una dolencia continua, los grandes esfuerzos que hizo
para volver a su patria a contribuir al triunfo de la causa que había sido,
produjeron al fin una recaída que le llevo rápidamente al sepulcro, en la
mañana del 13 de este mes.
Duelo- Ayer desde temprano la fortaleza del
San José hizo disparos de cañón periódicos, y las banderas nacionales
estuvieron a media asta todo el día…
Las campanas de los templos plañeros también
desde temprano. Eran demostraciones de duelo dispuestos así que se recibió
oficialmente la noticia del fallecimiento del general Rivera, miembro del
gobierno provisorio.
Las legaciones, consulados y estaciones
extranjeras tuvieron sus banderas respectivas de duelo, acompañando con esta
demostración amistosa lo que el gobierno hacía…
El cadáver del Jeneral había sido
perfectamente acomodado en Cerro Largo: fue puesto sin ropas en una gran caja
de hojas de lata, la cual se llenó luego de alcohol concentrado ajustado con
algodón los estremos: esta caja soldada fue metida dentro de otra de manera que
cerró herméticamente, y así fue el cadáver colocado en el carruaje.
Ese esmerado cuidado ha hecho que el cadáver
se conservase sin descomposición.
Desde Mansevillagra continuó el convoi para
Montevideo poniéndose en marcha en la mañana del 18, y llegando a la Unión en
la tarde del 20”.[14]
El
domingo 18 se dio la inauguración de las corridas de toros; “Hallándose la Plaza de Toros, aunque no
concluida en estado de poder dar corridas y habiendo la empresa conseguir
organizar provisoriamente una campaña de aficionados, entre los cuales, hai
varios que conocen prácticamente el arte de torear, ha resuelto dar la primera
función el día indicado con el doble objeto de satisfacer la ansiedad pública y
crear fondos que son aun necesarios para llevar a término la magnífica obra de
la Plaza.
Si la ejecución de esta función merece la
aprobación del público, se repetirán algunas más durante la presente estación.
En la primera función se lidiaran seis toros
y llenarán los internados diferentes piezas ejecutadas por una hermosa bandera
de música.
En el actual estado de la plaza solo un
lienzo tiene asientos preferencia, divididos en lunetas y bancos. Fuera de
estos asientos, las demás gradería y azoteas se consideran localidades iguales,
sin más privilegios que la primera ocupación.
Los precios de entrada son los siguientes:
Entrada y luneta medio patacón.
Ídem y banco 18 vintenes.
Ídem y localidad en las gradas o azotea 12
veintenes.
Las función dará principio a las tres y media
de la parte en punto”.[15]
El
evento no tuvo una feliz presentación: “El
domingo tuvo lugar la primera corrida anunciada en la nueva Plaza, formada en
la villa de la Unión, y tres desgracias sucesivas probaron que no había
elemento para semejantes empresas.
Diseños que ni los toros, ni los lidiadores
eran regulares siquiera, y uno de ellos quedó gravemente maltratado y dos de
sus compañeros heridos también notablemente.
No conocemos pormenores sobre las tristes
escenas de la primera corrida, pero nos aseguraran que los aficionados no
quedaron en manera alguna satisfechos del estreno”.[16]
Recién el 18 de febrero de 1855 se inaugura la plaza de toros de la Villa de la
Unión por Norberto Larravide.
En
tanto cuatro meses de un Triunvirato se pasó a una dictadura de Flores. “La consecuencia inmediata de la muerte de
Rivera fue el predominio absoluto del Partido Blanco hasta el año 65, en que el
triunfo del General Flores le erige en caudillo del Partido Colorado
recuperando el poder”.[17]
Recién el 30 de enero Flores contaba con el visto bueno para su gestión en el
gobierno por parte del Imperio del Brasil.
Después
de todos estos acontecimientos el 5 de febrero se llevaron adelante las
elecciones. El 7 de marzo Venancio Flores deja el gobierno en manos del
Presidente del Senado, Manuel Basilio Bustamante[18]
mientras sale a la campaña.
La
nueva Asamble se instaló el 12 de marzo, donde enfrento a dos posturas, la
primera sostenía que la misma debería funcionar como un solo Cuerpo y no había
que avocarse a la designación del Presidente de la República, continuando el
gobierno provisorio, sus integrantes buscaba un distanciamiento de las
tendencias caudillistas. Mientras la otra entendía que era una Legislatura como
cualquier otra, es decir constituirse en las dos Cámaras y nombrar un titular
para el ejecutivo, sin perder de vista la posibilidad de reforma
constitucional.
El
pleito se zanjo cuando el 28 de marzo Venancio Flores es designado Presidente
de la República por el período complementario de la Presidencia de Giro hasta
marzo de 1856. Desde mediados de 1854 la política del Brasil comienza a tomar distancia
de la administración de Flores, teniendo por parte de Amaral un coqueteo con
los blancos.
Mientras
en setiembre Flores se encontraba en la campaña preparando las elecciones que
se realizaran entre noviembre y enero de 1855.
Sin
lugar a duda la turbulencia continuaba con su rumbo y la crónica roja no es
patrimonio de ninguna época. El 19 de diciembre estando en audiencia el
Superior Tribunal de Justicia el que se componía por los señores Dr. D.
Salvador Tort, D. Antonio Rodríguez y el Dr. D. Florencio Castellanos, e
integrada con los hombres buenos (9 personas más), siendo la causa seguida de
oficio contra Policarpio Ximenez (20) y Francisco Bornefeld. Dado que se
comprobó el hecho de se concertaron para matar a Francisco Bornefeld vecino de
la 3ª sección de Juzgado de Paz del departamento de San José. De forma
deliberada procedieron a ejecutar la muerte del susodicho en la casa habitación
el día 2 de mayo de 1853 después de la puesta del sol. Siendo Ximenez el
primero que le dio puñaladas con una daga, que Núñez uso su cuchillo con igual
objeto; y que muerto aquel, arrastraron el cadáver hasta adentro de la casa.
Que Ximenez rompió la caja del muerto donde saco de ella cuatro onzas, 12
patacones y dio 2 a Núñez, y que Ximenez había convidado muchas veces antes a
Núñez para matar a Bornefeld.
Por lo
tanto se decretó la sentencia, a la pena de muerte impuesta a Policarpio
Ximenez, y la de cuatro años al servicio de las armas a Francisco Núñez con
calidad de presenciar la ejecución de aquel y devuélvase. El año finalizo con
un fusilamiento por el delito de homicidio en la Plaza Cagancha.
En el
último día del año se dio a conocer el alevoso crimen realizado a las dos de la
tarde del 22 de diciembre del joven
Adolfo Lemos (26), por un cadete y un cabo brasilero que lo conducía preso al
pueblo de San Juan Bautista, por sospechas de que fuese uno de los de la
partida de Vilche. El parte del comandante de la fuerza estaba conforme con las
declaraciones que dieron el cadete y el cabo, pues decía, que habiendo hallado
aquel hombre en el campamento, le enviaba a la autoridad de San Juan,
desconfiando que fuera alguno de los malhechores. “El desgraciado de Lemos fue muerto en el monte por sus conductores, y
se le encontró con diez y ocho puñaladas y un tiro. Los conductores del preso
dijeron por única disculpa que habiendo intentado huir éste, el cabo le había
tirado pero que ignoraba si había muerto alcanzado por la bala”.[19]
Enero
un mes complicado, continuaban las elecciones en la Villa de la Unión para la elección
de Alcalde Ordinario, donde fue cometido el crimen de los señores Quesada y
Machado, miembros de la mesa que se constituyó en el atrio de la iglesia de San
Agustín. “Entretanto existe por castigar
un delito públicamente: el cuerpo del delito son dos ciudadanos heridos y las
listas de votación rotas, los autores del atentado son conocidos y sin embargo
están en libertad! Son colorados y agentes del poder unos!”[20]
Desde
el sábado 6 de enero a estado llegando mucha gente desde Bs. As. para
presenciar las primeras carreras inglesas
en la ciudad. “La inmensa concurrencia a
pie y en carruaje que se veía por todas partes, era otra tentación para los que
no podían asistir al espectáculo, y hora por hora nuestras calles fueron
quedando casi desiertas.
Así se pasó toda la mañana, cuya repetición
no dejarán de anhelar los coches y los dueños de las pasterias que quedaron sin
un caballo, porque fueron alquilados con anticipación, y según dicen, a triple
precio que él de costumbre…
…sigamos las oleadas que hace ese numeroso
concurso de ambos sexos, de bellas jóvenes y graves matronas; de niños y
ancianos, en carruaje, a pie y a caballo, bajo un cielo nebuloso pero sereno,
propio para el caso, hasta llegar al sitio de la diversión”.[21]
De las cinco carreras programadas, solo pudo realizarse tres, dada la multitud
que se agolpaba impidieron la realización de las restantes. En la primera
corrieron cinco caballos; en la segunda seis y en la tercera fueron siete. El
caballo que más sobresalió en la jornada fue un tal Bonilla.
Al
instalarse el 15 de febrero la XV Legislatura, queda en evidencia el
alejamiento total del Brasil a Flores, cuando el Ministro Amaral y ninguno de
los colaboradores se hicieron presentes en la Asamblea General cuando es de
forma asistir por el Mensaje Presidencial.
El
carnaval aflojo las tensiones y en marzo Flores quiso renunciar, pero fue un
amago simplemente se resolvió con una salida a campaña, regresa el 28 para
recibir el bastón de mando de Bustamante. La situación económica no le es
favorable al gobierno. A esto se le suma los trabajos del Partido Conservador y
del Partido Blanco, como también el conocimiento en el país del Manifiesto de
Andrés Lamas.[22]
En
agosto se produce un levantamiento revolucionario, llegando el 28 apoderarse
del Fuerte el Cnel. Lorenzo Batlle y el Dr. José Mª Muñoz con un grupo de
ciudadanos; dando paso inmediato a la conformación de un gobierno provisional,
presidido por Luis Lamas. Venancio Flores se retiró a la Villa de la Unión,
poniendo sitio a Montevideo.
“Sucesos de los días 28 y 29. Pronunciamiento
popular – Gobierno Provisorio – Nueva situación. Unión de todos los Orientales.
Después de los sucesos que se estaban
presenciando en Montevideo de algún tiempo a esta parte y que éste momento mal
podríamos enumerar, el divorcio que existía entre el Jeneral Flores y el
pueblo, debía necesariamente conducir a un cambio de situación.
Este cambio ha sido fundamental.
Al orden de cosas existentes hasta el martes
al medio día, se ha sustituido otro en el cual el pueblo de la capital ha
reasumido su soberanía, declarado decaído de la presidencia del Estado al
general D. Venancio Flores.
Antes de este resultado material el hecho
existente en los espíritus de todos los ciudadanos en la población entera y el
hecho del domingo de haber el general Flores presentándose ante el pueblo
reunido delante de la casa de D. José Mª Muñoz amenazando a los ciudadanos con
la tropa de línea teniendo luego que retirarse con ella sin haberlos
intimidado, acabó de probar que el general Flores estaba abandonado por la
opinión y que la violación de la Constitución hecha por él en su decreto contra
la prensa había roto los lazos legalistas que ligaban al pueblo.
Entretanto el general Flores proseguía
activamente en sus medidas bélicas creando fuerzas en los departamentos,
enviando armamento y reforzando las de la capital […]
El general Flores había declarado a la comisión popular el domingo que era para
defender la dignidad nacional, al mismo tiempo que hizo notorio que había
avisado al general del ejército brasilero, que aquellas fuerzas eran destinadas
para sojuzgar a media docena de revoltosos.
Repentinamente empieza a saberse en la mañana del
lunes que se recojían firmas entre los empleados públicos, rogando al general
Flores tomase las medidas que creyera convenientes para asegurar la paz.
Este nuevo hecho causó una profunda alarma.
Violada una vez más la Constitución del Estado se temía que no hubiera límites para
esas medidas que se pedían al Jeneral Flores. […]
Su retiro espontáneo había evitado el movimiento
popular, que nada detenía en caso contrario.
El movimiento tuvo lugar.
Serian como las 12 de la mañana del martes cuando
apareció D. José Mª Muñoz y el Coronel Batlle a la cabeza de treinta y tantos
ciudadanos armados, jóvenes en su mayor parte, que rodearon el fuerte dando
vivas a la Constitución a las instituciones, a la unión de los orientales,
abajo el dictador, abajo la tiranía […]
La población acudía de todas partes a aquella
escena terrible en la cual un puñado de ciudadanos decididos desafiaban el
poder del Jeneral Flores, a quien se suponía en su despacho. Pero todos acudían
desarmados en los primeros momentos.
El Sr. Muñoz se dirigió a la multitud, diciendo
que todos los ciudadanos debían tomar un puesto, al lado del pueblo o al lado
de la dictadura: dice a los extranjeros que él respondía del órden público, del
respeto de las propiedades de todos; que se trataba solamente de reivindicar el
pueblo sus derechos […]
A las dos de la tarde era cada vez más numerosa
[…] Según la versión que hemos oído como más exactamente, el Jeneral Díaz
usando el franco lenguaje de la amistad, dejo al Jeneral Flores que vistas las
cosas desapasionadamente no le restaba más que dos caminos: renunciar la
presidencia del Estado o hacer derramar sangre […] El Jeneral Flores dijo que
veía que en efecto era aquella la disyuntiva: que lo pensaría y que seguir para
Canelones. […]
A las 9 de la mañana súpose que el Jeneral Flores
se acercaba extramuros de la ciudad con una fuerza de caballería, que se
calculaba en 150 hombres. Se vieron poco después las avanzadas sobre el Cordón
y más acá. Las fuerzas de la ciudad ocuparon la plaza Cagancha, desprendiendo a
su vez avanzadas de Caballería. En esta situación se pasaron dos horas, hasta
que se desató una guerrilla sobre aquella fuerza, y el Jeneral Flores se retiró
no vérsela de las alturas de la ciudad”.[23]
Flores y sus
fuerzas permitieron el abastecimiento de carne, ya que esta se encontraba
desabastecida. El 10 de agosto se había producido el desembarco de Manuel
Oribe. Se logra reunir un número importantes de legisladores el 10 de setiembre
en la quinta de Hernández en la zona del Cardal para poder seccionar la
Asamblea General; en otra habitación de la casa conversan Oribe, su hermano,
Flores, el Cnel. Costa y Francisco Agell. También se hicieron presentes los
ministros de Francia, Inglaterra y España, no querían perderse los
acontecimientos.
Comienza la
sección de la Asamblea bajo la presidencia de Manuel Bustamante leyendo la
carta de renuncia de Flores; “Quiera la
divina Providencia, decía en su nota, que este paso a que me resigno con gusto
en obsequio al bienestar y felicidad de mi patria, para evitarle que corra
sangre de hermanos, sea acogido saludablemente por todos: de no, la
responsabilidad recaerá sobre quien tenga la culpa”.[24]
Al finalizar afuera se escucharon gritos: “Viva
el General Flores! Viva el General Oribe!”
Los sucesos del
día anterior determino que el Presidente del Senado asuma las funciones del
ejecutivo, la misma recayó en Manuel B. Bustamante, Presidente de la República
que asumirá el 11 de setiembre; “Cuento
con el concurso de todos los buenos, con el patriotismo de todos los
orientales… decía en su proclama. En respeto a la Constitución y a la ley, la
más completa imparcialidad, con toda prescindencia de afecciones o partidos
políticos y el mejor deseo de mantener el orden y la paz en toda la República,
son y serán mis invariables principios y nada podrá apartarme de ellos”.[25]
Si bien en un
principio su actuar no daba señales de una rápida solución a la crisis que vivía el país, al nombrar a
Juan Miguel Martínez como Ministro general, paro todo movimiento. Como la
disolución de la Guardia Nacional y el regreso a sus departamentos de las
fuerzas que se encontraban en Montevideo, permitió que a los pocos días Flores
pudiera instalarse sin problema en su casa de Montevideo.
La situación se
normaliza, se restablecieron las garantías individuales, se restauró la
libertad de imprenta y se respira un movimiento cívico de concordia.
Pero no todo era
viento en popa para Bustamante, en varios departamentos del interior se
cuestionaban las elecciones realizadas bajo el gobierno de Flores, por lo cual
exigían la realización de nuevos comicios. Por su parte el Partido Conservador
estaba dispuesto a derribar a Bustamante por sus vinculaciones con el florismo.
El gobierno no
las tenía todas consigo, a mediados de año se presentan unos doscientos
empelados militares y civiles, entre los cuales se podía contar varios
generales, reclamando una solución, dado que su situación era complicada debido
al atraso en el pago de sus sueldos desde enero, amén de los atrasos de años
anteriores.
Agosto nuevamente
traía vientos de revolución, todo apuntaba a Bustamante, a quien se le veía
como continuación de la influencia del ex presidente Venacio Flores.
En este ambiente
se produce el 19 de setiembre la llegada desde Bs. As. En el vapor Uruguay al puerto de Montevideo los
restos de D. José G. Artigas, exhumados del cementerio de Asunción el 20 de
agosto de 1855.
Los
acontecimientos políticos van hacer que la urna permanezca depositada en la
Aduana hasta mayo de 1856. La urna es recibida por el Ministro de Relaciones
Exteriores, un Edecán del Presidente y Juan P. Artigas, nieto del Prócer.
Por otra parte se
continuaban los trabajos para la instalación de la Sociedad Unión Liberal, convocándose para el domingo 7 de octubre
en la Cancha de Pelota de Casanave ubicada en la calle Rincón a las 12 del
mediodía, donde asisten más de 500 personas.
En el día 11 se
encuentra en Montevideo un niño artista de 11 años, Santiago Lloveras llevo
como juguete un pequeño violín que compro en Montevideo, ello deparo la
revelación del genio, alcanzo los aplausos en Valparaíso en conciertos
públicos, cuando apenas tenía 7 años.
Pero la situación
tuvo un momento inesperado, en la noche del jueves 11 a las veintidós horas
dispararon dos tiros en las ventanas de la casa del Sr. Presidente de la
República, las consecuencias de esta acción estropeo algunos muebles, también
apareció un pasquín que fue colocado en la puerta de la casa. El primero de los
tiros quedo aplastado en un travesaño de la ventana de la calle, el segundo ha
traspasado el postigo de una ventana, pasando por encima de la mesa redonda del
medio de la sala y ha roto algunos objetos que se hallaban en ella, por fin
contra una de la sillas que rompió después quedó aplastada en la pared de la
misma sala. “El escandaloso conato de
asesinato que ha tenido lugar anoche en la casa habitación del primer
magistrado de la República, es un hecho sin ejemplo entre nosotros, cuya
gravedad y trascendencia exige el más decidió empeño y actividad de parte de la
Policía. Ese hecho sin ejemplo entre nosotros, cuya gravedad y trascendencia
compromete los más serios intereses del país no podría quedar impune, sin
ofensa de la moral pública, vergonzosamente ultrajada y sin agravio de los
principios de moderación y de órden que constituyen la marcha de la
administración.
El gobierno que no acepta ni participa de odios
personales y que no da oídos a la exaltación de las pasiones que pueden dejar
de rechazar con la mas profunda indignación un acto de venganza personal, que a
mas de bárbaro y atrozmente criminal, impondría una mancha de perdurabilidad
ignominia a esta sociedad”,[26]
estas son las palabras del Jefe Político de Montevideo, Adolfo Rodríguez.
El episodio
despertó reacciones de la sociedad; “Es
tiempo señor Bustamante deje ese espíritu de contradicción que hasta esta fecha
haber observado con vuestros ministros en perjuicio de los hombres que os
elevaron al puesto que hoy ocupais; pues de los contrario se aproxima vuestra
caída y tal vez con ella la tumba.
Ved lo que haceis y no despreciéis este pronóstico
que será […] dentro de algunos días.
Mientras tanto es notorio que el ministro marche
de acuerdo con S. E., desde que todos hemos visto decretarse varias mutaciones
de jefes políticos, y que se sabe que se trata de efectuar las demás que el
ministerio ha creido deber someter a S. E.
Y por ventura el movimiento popular del 28 de
agosto tuvo nada en su orijen, medios y fines que sirva escuchar esa marcha que
el pasquín quiere arrojar sobre él, quien sabe con cuales intenciones?
En prueba pues de la indignación que ha causado en
todos aquel atentado, hacemos comunicado que muchos jóvenes de la guardia
nacional, queriendo protestar abiertamente contras semejante, tienen el
pensamiento de ofrecer al presidente de la República una guardia de noche para
su morada.
La juventud oriental quiere probar así su
patriotismo, su respeto a la autoridad constituida y que está siempre pronta a
servir de escudo, contra golpes de mano criminales.
Por nuestra parte aplaudiríamos esta determinación
patriótica de la juventud oriental, tan decidida a la vez a sostener las
libertades públicas como la autoridad en la lei.
Cerremos estas líneas transcribiendo las juiciosas
palabras con que concluye la Nación de ayer un artículo sobre el hecho de la
noche del jueves
Respétese el principio de autoridad, por Dos! A
dónde vamos, que se espera conseguir con ese atentado! Nuevos males para el
país! Nuevos estravios! Nuevos trastornos! Nueva calamidad!
No es necesario que el buen sentido del pueblo no
se estravie; es necesario mucho juicio, mucha abnegación, mucho patriotismo.
Legalicemos precisamente la situación y respetemos el principio de autoridad”.[27]
El atentado
determino la conformación e3 una comisión de cuatro diputados que se
apersonaron ante el Presidente de la República, para que este convocara a la
Asamblea a los efectos de designar a un sucesor en caso de renuncia o muerte de
su persona.
La prensa en el
mes de noviembre reflejaba vacilante la autoridad del presidente Bustamante. El
acercamiento entre Flores y Oribe llevan a la concreción del Pacto de la Unión el 11 de noviembre,
más allá de ser una repuesta al Manifiesto
de Lamas, también
Es el manejo de
la candidatura presidencial para el próximo período, la renunciar ambos a dicha
magistratura y en cambio apoyar a Gabriel Pereira para ese cargo.
Fue frecuente las
reuniones nocturnas en la casa de Bustamante, por lo general concurría a las
mismas Oribe; la noche del viernes 23 de noviembre Oribe salió de la Unión
acompañado por el Sr. Botana en una volanta, también los Capitanes Martínez y
Egaña además dos o tres militares amigos suyos quienes acompañaron la volanta a
caballo.
Cuando Oribe
estaba reunido con el Presidente había pasado una veintena de personas armadas
rumbo a la Villa de la Unión. Al rato
un amigo aviso a Oribe que estas personas se habían apostado en el Cordón. Al
finalizar la reunión Manuel tomo las precauciones del caso, hizo que la volanta
volviera a la Unión, y él tomo un caballo y se retiró con el Sr. Botana por
otro camino. “La volanta partió sola en
efecto, pero fue detenida en el Cordón, por hombres que apuntaban con sus armas
al cochero, pidiéndole cuenta del general Oribe, que creían en el carruaje.
Convencidos de su decepción hirieron al infeliz
cochero, que ignoraba la causa de aquel alevoso ataque”.[28]
Enrique de Zuñiga
que pasaba en esos momentos por donde estaba detenida la volanta fue detenido e
interrogado por el que mandaba la partida. El cochero pudo llegar a la Unión,
donde refiere lo ocurrido, provocando la alarma de todos, calmándose al ver la
llegada de Oribe, sin haberse encontrado en el camino con sus agresores.
La noticia se
conoció inmediatamente en Montevideo, a la salida de la gente del teatro, no
dando crédito al mismo. “Parece
imposible; que en un pueblo de valientes, haya hombres que quieran ocupar el
lugar del homicidio. Justamente en el caso se han colocado, los que salen a los
caminos a asesinos a traición, y para esos hombres la sociedad debe tener
desprecio y horror.
¿Qué pretenden los hombres que así se ocupan de
trastornar más y más? ¿Qué principios de bien y de orden buscan en el
homicidio? Ya intentaron contra el Presidente de la República, contra el
anciano venerable, a quien la patria no podrá acusar de una traición, ni el
ciudadano de un crimen; ahora intentado alevosamente contra el general de la nación,
y mañana será contra el ciudadano pacifico, más tarde, y adonde nos llevara el
caos?[29]
El ambiente lejos
de calmarse precipito el levantamiento armado, dado que la actitud de Flores y
Oribe realizada en el Pacto sin ninguna duda terminaría en la designación del
nuevo Presidente de la República. El 25 de noviembre las acciones encabezadas
por José Mª Muñoz y los colorados conservadores para tomar la casa de gobierno
y deponer a Bustamante, este convoca a Flores nombrándolo Comandante General de
Armas.
La lucha dura
cuatro días al cabo de los cuales es sofocada y los subversivos parten como
exiliados a Bs. As. el 29 de noviembre.[30]
[1]
Reyes Abadie, W. – Vázquez Romero, A.- Crónica
General del Uruguay. Tomo 4. El Estado Oriental. Ediciones de la Banda
Oriental. Montevideo. 2000. p. 347.
[3]
Por lo que su médico de cabecera el
Dr. Enrique Muñoz, nos dejó que Garzón pareciera ser que tenía una grave
enfermedad. Dado que una junta de galenos realizada en octubre no quedaba duda
de su gravedad. Quien no acompañaba el diagnóstico fue el Dr. Pedro
Capdehourat, quien se desempeñó como tal en el campo sitiador, según él era, “reumatismo muscular complicado con una
pericarditis latente”. “El 1º de diciembre, a las 2 de la tarde, estando bajo
tratamiento de Capdehourat, quien había descartado todo peligro de muerte y
medicado al paciente con sublimado corrosivo, kermes y sulfato de quinina
(tratamiento a todas luces antisifilíticos), el general Garzón murió”.
Rápidamente
la noticia corrió por la ciudad de Montevideo, conjuntamente con la sospecha de
un rumor de posible envenenamiento. Todo pintaba como una muerte sospechosa,
por lo cual se realiza al día la autopsia a cargo de los doctores. Oliveira,
Brunel, Odicini, Michaelson, Muñoz, Ferreira, Marrouin, Bruno y Capdehourat; “El pericardio al ser abierto no mostró nada
anormal; el corazón ligeramente dilatado; pero la aorta en su cayado presentaba
un saco aneurismático del volumen de la cabeza de un niño recién nacido,
comprimiendo el pulmón izquierdo, y además una ruptura del tamaño de la moneda
de seis vintenes, dando lugar a una hemorragia que infiltraba el pulmón. La
pieza anatómica fue conservada en un frasco (corazón y grandes vasos): éste y
los restos del general se conservan en el Panteón Nacional”. Esto deparo
que Capdehourat, que había ignorado, “…los
síntomas relevantes que traducían nada menos que un aneurisma de aorta casi al
romperse”. En consecuencia, fue suspendido en su ejercicio, por el
fallecimiento prematuro de Garzón, por seis meses se le retiro el título
médico. En Soiza Larrosa, Dr. Augusto-
Historia de la medicina legal y los
peritajes médicos forenses en el Uruguay (1724-1883).
[4] D.S.A.G. Tomo II, 2º período de la 6ª
legislatura, sesión del 15 de febrero de 1852.
[5] La Constitución. Noviembre, 14 de 1852.
[6]
También la podemos denominar la
Segunda Cisplatina, en una clara alusión e innegable entrometimiento en
nuestros asuntos de los brasileños. Más allá de los Tratados del 51, la
presencia en una primera instancia fue militar, para luego pasar a una
dependencia económica, y no falto que gobiernos cayeran o se designaran
presidentes según el beneplácito imperial.
[10]
Ibidem.
[11]
Soiza Larrosa, Dr. Augusto- Historia de la medicina legal y los
peritajes médicos forenses en el Uruguay (1724-1883). p. 31.
[12]
Recordemos que la Constitución de
1830, establecía como procedimiento de reforma la necesidad de tres
legislaturas consecutivas: la primera propone la reforma, la segunda realiza la
misma y por último la tercera la aprueba o la rechaza.
[13]
Para algunos historiadores el Indio
Amarillo es considerado como el último cacique de los charrúas, estaba
al frente de unos 50 hombres; tres meses antes había protagonizado un incidente
en Salto, atemorizó con sus bravos a los desprevenidos habitantes de la ciudad.
A las 11 de la mañana del 21 de setiembre de 1853, Amarillo y su tribu
irrumpieron en la capital salteña, llegando por la calle Uruguay hasta Sarandí.
En ese punto clavaron sus lanzas en el suelo y tras una serie de parlamentos
con las autoridades locales depusieron su actividad. Pese a ser indultado tras
ese levantamiento y posterior retirada, Amarillo fue rodeado en las afueras de
Paysandú y ejecutado en forma sumaria el 1º de diciembre de 1853, por orden del
comandante militar de la guarnición.
[15]
Aviso. Toros, Primera función con
permiso de la autoridad. Comercio del
Plata. Enero, 18 de 1854.
[18]
Manuel Basilio Bustamante Piris (20
de junio de 1785, San Carlos, Maldonado – 11 de noviembre de 1863, Montevideo),
político de larga actuación, legislador en 1834-37 y reelecto en 1839-41.
[20]
Ibídem.
[22]
Dicho documente marca la postura de
Lamas, en delimitar la ruta política que se debía de seguir, por un lado
abandonar las divisas, que fueron las responsabilidades de las penurias por la
cual atravesó el país, y que los elementos cultos de la República se fusionen y
creen un único partido de la nacionalidad oriental.
[24]
Acevedo, Eduardo- Anales Históricos del Uruguay. Tomo II. Barreiro
y Ramos. Montevideo. 1933. p. 536.
[25]
Ibídem.
[29]
Ibídem.
[30]
Con el pacto de la Unión vuelven la
hora de los caudillos. El 11 de noviembre Flores y Oribe bosquejaron un “programa” cuyo rasgo más elocuente era
no aceptar la fusión y desaparición de las viejas divisas sino por el
contrario, diseñar un esquema de concordancia entre ellas.
En
Montevideo, se festejó el hecho ruidosamente, mostrando que el ciudadano medio
continuaba en alguna forma, conmoviéndose más con las figuras emergidas del
campo de batalla, que aquellas que ocupaban la cátedra de las ideas liberales
en boga.
Pero la
palabra final no estaba dada: Muñoz dispuesto a un último intento de torcer el
brazo a sus adversarios, eligió un grupo de corajudos, pelo en pecho para
asaltar el Cabildo y adueñase del recinto. La ciudad volvió a dividirse pero en
fondo resulto un intento estéril ya que muchos de los miembros de la Unión
Liberal, constituida por Luis Lamas en el momento de suprema gloria fusionista
no lo acompañaron en el nuevo “golpe de
mano” cuyo éxito se veía prácticamente imposible de alcanzar. En Arocena Olivera, Enrique. La rebeldía de los doctores. El Uruguay del
fusionismo al militarismo 1851-1886. Montevideo. 1998.

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