Negocio del tío Bartola
El
Día.
4 de
Setiembre de 1903.
No todo lo lindo se besa
Jesús
Pérez, un personaje procedente de Galicia, con pocos días de residencia aquí,
se paseaba ayer por la plaza Zabala, soñando quizás con dar lucrativa
colocación a sus cartos, cuando se le
aproximó un individuo que, a juzgar por su aire tímido y aspecto medroso, era
evidentemente un pobre diablo llegado de campaña. El individuo ese entabló
conversación con Pérez, a quien dijo confidencialmente que andaba aquí en la
ciudad boliau, pues era la primera
vez que venía y ya iba a referir sus peripecias cuando fue interrumpido por un
vendedor de números de lotería que empezó a fastidiarle para que le comprara un
quintito.
El paisano se acordó entonces de que él
tenía un quinto, que sacó del bolsillo del chaleco, muy dobladito, y lo entregó
al lotero para que lo mirase en compañía de Pérez. Este echó la vista en el
extracto y observó en seguida que el quinto estaba premiado con la suerte, de
modo que no pudo ocultar su sorpresa al oír decir el lotero:
-Tiene 200 pesos.
-Negotium habemus, se dijo el ferrolano,
chapurriando en latín, y sin cuidarse casi de guardar las formas, hizo
comprender al lotero que había olfateado la picardía, colocándose en el caso de
obtener la mitad de las utilidades, pero como el vendedor no se hallaba en
situación de aportar ni un céntimo a la negociación, Pérez se decidió a
realizarla solo, solita su alma, ofreciendo al cándido campesino, 20 liras
esterlinas, y su reloj y cadena de oro por el codiciado quinto.
El pobre diablo aquel acertó el trato y se
mandó mudar contentísimo, el muy zonzo, mientras Pérez se dirigía a la
administración de la Lotería, ocurriéndosele por el camino que había hecho la
América en menos que canta un gallo.
Poco le duró la alegría, pues al ir a
cobrar el quinto se le hizo ver que en el extracto correspondiente a la fecha
que aquél llevaba al dorso, no tenía ni siquiera una mala suertecita de 10
pesos.
Pérez cazó una rabia tremenda, al darse
cuenta de la fumada y, mal aconsejado por ella, se presentó en la Jefatura
denunciando que en la plaza Zabala había sido asaltado por cuatro individuos,
que revolver en mano habíanle exigido el dinero que llevaba consigo, y a cadena
y el reloj.
Como puede suponerse, se dio sin demora
traslado de la denuncia al comisario de la 1ª, señor Sanguinetti, el que
iniciando una activa y eficaz indagación, tardo poco en saber la verdad de lo
ocurrido, que le fue comunicando al cónsul de España, donde el estado habíase
presentado en queja, por supuesto presentando la cuestión bajo la faz de un
atropello y robo inaudito.
¡Qué diablo Pérez!...


