jueves, 13 de noviembre de 2014

Familia envenenada

Familia envenenada

El Día.
30 de Marzo de 1903.

El extraño suceso ocurrido en el Barrio Reus al Norte ha preocupado y preocupa a las autoridades policiales y al Juez de Instrucción doctor Piñeyro, pues, como se verá por la narración que sigue, hay detalles que hacen suponer la existencia de un acto delictuoso fríamente calculado.


En una habitación , a los fondos de una casa, calle Porongo s/n, entre las de Bartolomé Mitre y Aramburu, viven Luis Rodríguez, sargento de policía; su pseudo esposa Sandalia Perdomo, oriental, nacida en el departamento de Canelones de 35 años de edad, sus hijos Genoveva de 16 años, José de 14, Francisco de 8 y Pedro de 17 meses.

El matrimonio anda mal avenido desde hace tiempo, porque parece que el sargento no es trigo limpio y le agrada dedicar sus horas de franquía a amores menos pegajosos que el de su consorte. Esta es celosa hasta la exageración, y no lo oculta, de manera que, valga el testimonio de los vecinos, las escenas conyugales, con su respectivo acompañamiento de recriminaciones y amenazas, se repiten con harta frecuencia en aquel hogar pequeño y pobre.


Anteayer, a eso de las 5 de la tarde, hallándose ausente Rodríguez, Sandalia Perdomo y sus hijos se sintieron atacados de un gran malestar, después de haber comido unos bifes, unos pasteles y bebido un poco de vino. El malestar se fue acentuando, a excepción de José Rodríguez, que no sintió nada, llegando a manifestarse verdaderos síntomas de intoxicación que alarmaron a los vecinos, decidiéndoles a comunicar lo ocurrido a la policía.

El oficial de la 8ª, don Ignacio Torres, que acudió en el acto, aconsejó a Sandalia que se trasladara sin demora y llevara sus hijos a la botica del Sr. Juan Bourtoule, calle José L. Terra núm. 72, donde se les suministró un medicamento, pasando luego aquel funcionario a la comisaría, a fin de trasmitir la novedad a sus superiores.

El comisario Podestá y el sub-comisario señor Sanguinetti se constituyeron en el domicilio antes mencionado, dedicándose sin pérdida de tiempo a recoger todos los informes relacionados con el hecho, buscando el esclarecimiento de éste, que se presentaba algo misterioso, por los motivos que vamos a exponer.

Sandalia Rodríguez y sus hijos no habían comido más que bifes y pasteles; los primeros los hizo aquella empleando una sartén aporcelanada, y a los segundos los adquirió en casa del vecino Donato Fernández, domiciliado en la calle Justicia número 78, quien desde los primeros momentos manifestó que podía garantir por la bondad de su factura, pues eran muchas las personas que ese día habían comido de la misma, incluso su propia familia, y nadie había sentido el más insignificante malestar.

Por su parte, don Basilio Marcé, dueño del almacén calle Porongos esquina Aramburu, donde fue adquirida la grasa con que se confeccionaron los bifes y el vino tomado por Sandalia y sus hijos, declaró que ni una cosa ni otra podían ser causa ocasional del envenenamiento, porque la misma grasa se despachó a muchas otras familias y del mismo vino llevaron varios de sus clientes que tampoco han sentido el menor trastorno.

Continuando sus indagaciones, supo el comisario Podestá que el único de la familia que se escapó, José Rodríguez, comió lo mismo que los demás sin tomar vino, y en cambio el niño Pedro, que no comió, pero bebió, fue el que estuvo en mayor peligro sin duda porque su pequeño organismo no pudo resistir el tóxico ingerido.

Los detalles precedentes demuestran claramente que la causa del envenenamiento fue el vino; pero, ¿cómo explicar entonces que nada haya sufrido las demás personas que lo bebieron ese día?

Por eso decíamos que el comisario Podestá se afana en aclarar este hecho misterioso, ocurriéndole lo propio al Juez de Instrucción, doctor Piñeyro, que intervino en él desde los primeros momentos, disponiendo que la policía se incautara de los restos de la comida y del sobrante del vino, y hasta de los vómitos, a fin de someterlos a un análisis químico que determine claramente el agente causal de la intoxicación.

Los enfermos, que fueron solícitamente atendidos, hallábase ayer completamente fuera de peligro.


Algunos vecinos a quienes interrogaron el doctor Piñeyro y el comisario Podestá, expresaron que Sandalia Perdomo, afectada sin duda por las infidelidades de su consorte había dicho más de una vez que tenía el propósito de suicidarse. La aludida niega tal afirmación.

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