El robo en lo de
Mantegani
El Día.
29 de enero de 1906.
Dos presuntos
culpables
Desde el primer momento que la Policía de
Investigaciones tuvo conocimiento del robo de alhajas en la Joyería propiedad
del Sr. Mantegani, el Sr. Levratto, el Inspector Sr. Russo, y varios empleados
a sus órdenes, de común acuerdo con el Comisario Fontana, no se dieron un
momento de reposo, con el fin de obtener algún data, que pudiera servir de
partida, para la iniciación de la pesquisa.
Recién esta madrugada, siendo como las 2,
visitaron, casi podríamos decir con alguna seguridades, que su labor no tardará
en verse coronada por el éxito.
Sucede que el Sr. Levratto, ordenó a sus
subordinados fueran a la Oficina, todos los individuos que hubieran tenido
cuentas con la autoridad por comisión de robos.
Cumpliendo las órdenes recibidas, los
sabuesos del Sr. Levratto, llegaron a atrapar diez y seis sujetos; de los cuales, uno de ellos, declaró, que
teniendo sumo interés en poder prestar un servicio a la policía le comunicaba
lo siguiente: Que en la madrugada del día martes pasado, siendo como las 3 se
encontró en la Plaza Independencia con tres individuos. Uno de éstos le era
desconocido pero, en cambio, los otros dos eran pajarracos antiguos, muy
conocidos en la policía, por su larga actuación, y tener en ella su fotografía,
en paraje visible. Agregó el declarante, que en razón de la estrecha amistad
que lo ligaba a esos dos sujetos, se les aproximó y entonces, uno de ellos, le
dijo andaba muy pobre pero que en breve hará un buen trabajo (trabajo, en
lunfardo, quiere decir robo).
Ahora bien, en virtud de esos datos se
dispuso la captura de los sujetos en cuestión que resultaron ser: Emilio Ponce
que en la Galería de Investigaciones ocupa el Nº 32 y Manuel García cuyo número
era esa misma Galería es el 64. El primero hará próximamente dos meses abandonó
la Cárcel Correccional donde estuvo preso por ser autor de los robos efectuados
en la Peluquería de las calle Colón y 25 de Agosto y en la también Peluquería
de Arapey y Colonia. En cuanto al segundo, hará un mes salió de la Cárcel donde
se encontraba por haber cometido un robo en una barraca.
Los tales pájaros, una vez en presencia del señor Levratto, negaron
rotundamente haber tenido la entrevista que se decía tuvieron con un desconocido
el día martes en la Plaza Independencia. En virtud de tal contradicción, se dio
aviso al señor Juez de Instrucción doctor Piñeyro, cuyo celoso magistrado no
había descansado un solo momento desde que tuvo aviso del robo cometido en lo
del señor Mantegani. El doctor Piñeyro, dispuso de inmediato un registró
minuciosos en las habitaciones que ocupaban Ponce y García en la calle
Washington núm. 100. ¡Cuál seria la sorpresa del señor Juez y de los Jefes de
la Policía de Investigaciones y comisario señor Fontana, cuando tropezaron con
todo un arsenal de ganzúas, en número de diez
y seis, tres llaves para abrir
cajas de fierro, una palanqueta, y una lima, un cortafierro y varios pedazos de
velas “estearinas”. García dice que todo lo hallado pertenece a Ponce, y éste a
su vez manifiesta que ello es de la exclusiva propiedad de García.
En lo único que ambos están de acuerdo, es
en declarar que no han tenido conferencia alguna en la Plaza Independencia, ni
conocen para nada al desconocido,
que, como ya lo dejamos dicho, se encontraba con ellos en la madrugada del día
martes.
Según parece, los Sres. Levratto, Russo y
Fotana, están de acuerdo en que la reunión que tuvieron en la Plaza
Independencia, los individuos aludidos, se realizó después de algunas pruebas
hechas con la cerradura de la puerta de la casa del Sr. Mantegani, y en cuya
operación utilizaron los instrumentos de que se incautó la policía por orden
del Dr. Piñeyro.
Como se ve no puede precisarse el móvil
perseguido por García y Ponce al negar ambos la propiedad de las ganzúas, etc.
Secuestradas; y el nombre y domicilio del desconocido
que tuvo con ellos una reunión la noche del martes pasado.
Todo, pues hace suponer, que los autores
del robo no son otros que Ponce, García y el desconocido, siendo éste el guardador de las alhajas sustraídas,
razón probable, para que García y Ponce oculten su nombre y domicilio.
Los presos se encuentran rigurosamente
incomunicados en la Policía de Investigaciones, y se espera de un momento a
otro la captura del compinche de Ponce y García. Si esto se realiza queda
descifrado el enigma que en estos momentos tiene preocupadísimos al personal de
la Policía de Investigaciones.
He aquí la nómina de los objetos robados:
83
pares de rosetas con brillantes y diamantes, 53 medios aderezos, 3 pulseras de
oro, 1 collar de plata dorada, 26 prendedores con brillantes y diamantes, 110
anillos con brillantes y diamantes, 9 diamantes, 9 medallones de oro con
brillantes y diamantes, 9 diamantes, 9 alfileres con brillantes, diamantes y
perlas, 1 par gemelos con diamantes, 8 relojes de oro para hombre, 3 ídem de
plata, 1 ídem de acero, 4 collares de oro con perlas finas, 11 pares de gemelos
de cadenita con diamantes, 7 medallones de oro, 1 pulsera de oro con diamantes,
rubíes y zafiros, 1 porta moneda de oro con rubíes, 5 gemelos de oro con
diamantes, 4 anillos de oro art novvesu, 3 cadenas enchapadas, 1 anillo oro con
esmeraldas.
Han sido robados además muchos otros
objetos cuya falta advirtió posteriormente el señor Mantegani. Este cree que lo
sustraído alcanza a la suma de 8 a 10 mil
pesos.
Como lo dijimos en nuestro número anterior,
la puerta de entrada no presenta la menor huella de violencia, de manera que
desde los primeros momentos se tuvo la seguridad de que los ladrones habían
penetrado a la joyería valiéndose de ganzúas, detalle este que compromete
seriamente a los presos, dada la circunstancia de habérseles hallado en su
poder gran cantidad de esos instrumentos.
El robo fue advertido por el propio señor
Mantegani al penetrar a su casa a eso de las 6 de la mañana. Antes de las 7, ya
se encontraban en la joyería el señor Levratto, su segundo el señor Russo y el
comisario Fontana, detalle que evidencia el celo y actividad de esos
funcionarios.
Uno de los asaltantes de la joyería, dejo
en el cristal de la vitrina la huella de dos dedos de la mano derecha, que
fueron reproducidos por el doctor Alejandro Saráchaga, con arreglo al sistema
dactiloscópico.

