Importante pesquisa
El Día.
27 de enero de 1906.
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H
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ará próximamente un mes, el Sr. Jefe de la
Policía de Investigaciones Don Juan Levratto, se enteró por telegramas
publicados en la prensa con procedencia de Santa Ana, que en la frontera
brasilera circulaban en gran cantidad billetes falsos de 50.000 reis y deseando
tomar una participación activa para el descubrimiento de esa falsificación,
llamo a su presencia al Inspector Don Salvador Russo con quien tuvo un cambio
de ideas al respecto, resolviendo de común acuerdo que varios empleados a sus
órdenes hicieran por tierra continuas viajes fingiéndose comisionistas viajeros
con el fin de ver si alguno de ellos se encontraba a mano con los circuladores
para proceder a su arresto. Al mismo tiempo, dispusieron ejercer severa
vigilancia sobre todo sujeto radicado en ésta y que ofreciera sospechas como
circulador de monedas, de esos que ya han tenido que ventilar cuentas con la
policía del país y del extranjero.
Como se esperaba, la adopción de tales
medidas obtuvo un resultado por demás satisfactorio, como se verá a
continuación.
Entre los sujetos vigilados, se encontraba
un tal Juan Carlini, que hará próximamente un año salió de la ciudad de Buenos
Aires con dirección al Brasil, conduciendo billetes de esta nación,
falsificados, y debido a un ardid de los que hubieron de comprarlos, se vio
obligado a abandonarlos, huyendo de la autoridad policial acto continúo.
Como de la vigilancia que se observaba
contra Carlini se hubiera comprobado que hacia frecuentes viajes a la Estación
del Ferrocarril Central, donde en uno de ellos trabó relaciones con un señor
desconocido, que a juzgar por su indumentaria demostraba ser habitantes de
nuestra campaña, los señores Levratto y Russo acordaron llamar al último para
interrogarlo acerca de las relaciones que lo ligaban a Carlini, obteniendo como
única respuesta que lo desconocía en absoluto y sólo se le había aproximado
ofreciéndole en venta billetes brasileños de curso legal a un precio inferior
al del cambio corriente. Agregó que él no rehusó el negocio propuesto por
Carlini por considerarlo conveniente a sus intereses.
Ante tal declaración, los señores Levratto
y Russo se convencieron de que los billetes ofrecidos en venta eran falsos, por
lo cual resolvieron hacerlo saber al futuro comprador para librarlo de la
estafa que contra él se tramaba, conviniendo al mismo tiempo que debía aceptar
la operación para facilitarle a la policía la ocasión de tomar en fragante
delito a los falsificadores.
El señor Mariano González, que así resultó
llamarse el desconocido no tuvo inconveniente en aceptar la proposición de los
señores Levratto y Russo y a tal efecto se entrevistó de nuevo con Carlini para
ultimar el negocio, y entonces éste último le presentó al individuo Sebastián
Frasea, diciéndole que era con éste con quien debía entenderse por ser el
verdadero dueño de los billetes ofrecidos en venta.
Frasca concertó la operación con González a
condición de que los billetes se los entregaría en un paraje oculto, cláusula
que rechazó González por indicación de los señores Levratto y Russo. Ante tal
actitud, Frasca reaccionó y le propuso realizar la venta en el murallón
existente en la calle Miguelete frente a la estación del ferrocarril Central
donde ambos se dirigieron seguidos por los sabuesos de la policía de
Investigaciones, que obedeciendo las órdenes de sus jefes no los perdían de
vista.
En el preciso momento que Frasca entregaba
a González un paquete de cien
billetes de 50.000 reis cada uno y le decía tener para vender ochocientos más, le echaron el guante y
condujeron a esta oficina a comprador y vendedor para efectuar la declaraciones
indispensables.
Una vez en la Oficina de Investigaciones,
Frasca no negó haber intentado vender los billetes en cuestión a González, pero
agregó que ellos eran de propiedad de Juan Carlini quien se los dio para
negociarlos. Aprehendido Carlini y sometido a un interrogatorio, expresó ser
cierto que le había ofrecido en venta unos billetes a González, pero que lo
hizo por encargo de Frasca.
Ahora bien: después de activas y hábiles
investigaciones al respecto, la policía de Investigaciones obtuvo el
convencimiento de que esos billetes son de la misma clase de los que, como ya
dejamos dicho, intento vender en el Brasil Carllini y los cuáles sacaba de la ciudad
de Buenos Aires donde se hace la falsificación y se entrega para la
circulación.
Esta última circulación ha movido al señor
Levratto para ponerse en comunicación con el señor Rossi, Comisario de
Investigaciones de Buenos Aires, a objeto de poder apresar la placa y demás
útiles de que hacían uso los falsificadores.
Por nuestra parte, hemos tenido ocasión de
tener en nuestras manos uno de esos billetes y podemos afirmar que es de un
parecido casi análogo a los legítimos. En lo único que se diferencia de éstos,
es en la calidad del papel, que resulta algo inferior. Teniendo en cuenta estas
circunstancias, es dable suponer que en la actualidad ellos circularan en el
Brasil en gran cantidad, pues como dejamos dicho es muy difícil su
comprobación.
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