lunes, 20 de abril de 2015

El crimen de la calle Agraciada (X)

El crimen de la calle Agraciada

(X)


Las metamorfosis de Oliveri
El Día.
16 de diciembre de 1906.
Luis Oliveri, el viejo biscochero.

Parece a estar a los informes que se nos suministran, que el viejo Oliveri le ha sido algunas veces infiel a su apellido actual, abandonándolo temporalmente o momentáneamente por otro que le caía en gracia.

Así, no falta quien asegure que un buen día tuvo un recio traspiés de resultas del cual compareció ante la justicia transformado en un gallardo Antonio Pini. Y al poco tiempo, y a causa de otros traspiés salió de entre las manos de la policía metamorfoseado en un gentil Pedro Pini que no había más que pedir. Y todavía no quedó satisfecho este Proteo trasnochado y cogitranco, pues en cuanto encontró coyuntara, se ofreció al público con un nuevo y flamante estado civil, y acordándose quizás de las Metamorfosis, se hizo admirar por esas calles con la flamante etiqueta de Ovidio Crespi, que le sentaba a las mil maravillas.

Como el mal ejemplo cunde sucedió que la recia trashumante de pilletes no quiso quedarse atrás y comenzó a atracarle nombre sobre nombre, de suerte que el bizcochero se convirtió en almanaque y tan pronto se oía llamar “macaquito de palo” en atención a su mezquina catadura, como “mangia galina”, en razón de su desmedida afición por las aves de corral.
Sus cuentas con la justicia
Sus biógrafos relatan algunas travesuras de Oliveri que merecen ser conocidas.

¡Años atrás cierto pillete le peló treinta y dos libras a un comerciante, y siéndose en peligro de caer en manos de la policía, resolvió aligerarse del dinero dándoselo en custodia a Oliveri. Cuando a pesar de todas sus precauciones, la policía le echó mano, al muchacho, aunque haciéndose rogar un rato, cantó por fin, narrando como había efectuado el robo y a quien había entregado las libras.

Requerido Oliveri para que las entregara, el hombre se puso furioso gritando que se le estaba calumniando, que él no tenía las libras ni conocía al muchacho. Era en aquellos tiempos la policía un poquito mano larga, y en vista de la pertinaz negativa del viejo le acomodo una paliza de línea, que tuvo la virtud de desatarle la lengua.

Se cuenta también que el viejo no fue ajeno a la muerte violenta de su cuñado que fue asesinado a palos; pues la justicia lo alojo por su cuenta una poción de tiempo. Aunque su culpabilidad no quedó bien constatada, la justicia creyó siempre pues el viejo Oliveri había sido el principal actor en aquel sombrío drama de familia.
Una zambullida
Ahora entra lo más curioso, Luis Oliveri ha desaparecido y nadie puede dar razón de su paradero.

Al principio se dijo que, acometido de un ataque furioso de locura, había sido llevado al Manicomio; pero nuestro informes nos permiten afirmar que nadie ha cargado con tan interesante bulto por la quinta del Reducto.

Se dijo después que estaba metido en su casa y decidido a no salir de ella en todo el resto de sus días, lo que tampoco era cierto. Y no falta quien afirme que el bizcochero ha puesto agua por medio y en este momento se encuentra en Buenos Aires. Otros aseguran que anda un poquito más lejos.

Sea como fuere, es el caso que Oliveri no aparece por ningún lado.

Se dice también que desde el día del crimen hasta aquél en que se fue con su estupendo cuento a la justicia Oliveri andaba inquieto, agitado, presentando en todos sus actos síntomas de una profunda alteración mental.

Su sueño era agitado, interrumpido por saltos bruscos, por gritos roncos, que tenía alarmada a la familia.

Esta empezó a sospechar que el viejo bizcochero no andana bien de la cabeza o temía de un momento a otro verse envuelto en algún mal percance.

Después, un buen día desaparece sin que la familia pueda decir donde se ha acallado.
Convengamos, pues, en que todo esto era sospechoso, cuando menos, y que se presta a los comentarios que por ahí se hacen.
Lo que se dice
Algunos cavilosos se han dedicado a buscar coincidencias, y he aquí lo que han sacado en limpio.

El relojero fue muerto a golpes, dados con una barra de fierro o cachiporra, exactamente como el cuñado de Oliveri. La autopsia señaló, aparte el golpe en el temporal, cerca de cuarenta más distribuidos por todo el cuerpo de la víctima lo que puede atribuirse a la escasez de fuerzas físicas del asesino. Parece que éste debido a su constitución débil tuvo necesidad de aplicar a Habegger un número considerable de golpes para dejarlo fuera de combate, y aún así no logró matarlo, pues es sabido que a las 8 de la mañana, cuando se presentó la policía, aún estaba con vida.

Los destrozos causados en las vitrinas y estantes de la joyería parecería la obra de un loco, que acometió de repentino furor hace pedazos cuando le cae a la mano, después de trucidar a su victima.

Y todo esto se dice, puede muy bien atribuirse a Oliveri que es un viejo escaso de fuerzas y de cerebro desequilibrado. Se señala, finalmente otra, coincidencia: la alhajas fueron dejadas en el camino de Monte Caseros en una bolsa vieja, y una y una bolsa vieja usaba Oliveri para cubrir su canasto de masas.

Repetimos que consignamos todo esto solo a título de curiosidad sin que se nos ocurra señalar a Oliveri como autor del crimen.
Diligencias judiciales
El juez sumariante doctor Gomensoro ha dispuesto que sean citados a declarar: el menor Humberto Solferino, el lechero que iba todas las mañanas a las seis a casa de Habbeger, el famoso “Cande suizo”, el relojero de la calle Cerro Largo y Cuareim y otras personas cuyos testimonios se juzga de utilidad.

La policía se ha encargado de buscar el domicilio de esas personas y notificarles la resolución judicial.


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