lunes, 20 de octubre de 2014

Causa de Manuel Requeira

Causa de Manuel Requeira

El Día.
4 de Marzo de 1902.
Por una pedrada
Ayer a las 8 ½ a. m. se vió en juicio público la causa seguida a Manuel Requeira, heridor de José Carduje. Es Requeira un muchacho de aspecto simpático, más bien alto que bajo, delgado, rubio, al cual apunta recién un pequeño bozo. Tiene, según su declaración, diez y ocho años de edad, pero según nos lo garantió su tío, un excelente sujeto que Duránte largo tiempo ha sido cocinero en casa del señor José Pedro Ramírez, apenas si alcanza a diez y siete. Ergo solo tenía diez y seis cuando cometió su delito, delito que dicho sea entre paréntesis, no es de los más graves, ya que en él, como en otros muchos, es dado acusar en primer término a la casualidad y a la mala suerte.


La cosa ocurrió así: Jugaban Manuel Requiero y varios amigos una partida de dados en el almacén de Juan Carduje, español, soltero, treinta y cuatro años, Piedras 368, cuando este notó que le faltaban algunos tejos, amén de una canaleta de metal que parece desempeñar en esa especie de sport una importantísimo. Aquí las imputaciones, y la réplica del caso. Luego, como no aparecieran los tejos ni la canaleta, apareció la policía sin requisición de parte y detuvo a los presentes autores del escamoteó. Pero, como faltaran pruebas, hubo de devolverles la libertad en el acto, aunque con especial recomendaciones de “que no lo volvieran a hacer otra vez”. Mal aprovechó Requeira, sin embargo, los policiales consejos.


Cinco minutos después de haberlos recibido había regresado al almacén de Carduje y según su declaración permuto con este algunos insultos previos. Enseguida, ciego de cólera, corrió a la calle, tomó una piedra y la arrojó a su contrario con tan buena puntería y tan mala suerte que el hombre la recibió de lleno en la frente y bañado en sangre cayó al suelo sin sentido. Media hora más tarde era reducido nuevamente a prisión y se le remitía desde la comisaría seccional 12ª a  la casa central de policía con un parte tajante, donde se decía que su aprehensión no se había realizado sin resistencia de su parte, que en la comisaría “falto al respecto al  recinto”, “felicitándose por haber salido con su gusto y de haber satisfecho su venganza” y finalmente se hacía notar que el delincuente, más conocido por su apodo de  “el cantinfiero”, que por su nombre y apellido, había tenido varias entradas por distintas causas.

Entretanto, Caraduje había sido llevado al Hospital donde José Puppo, que practicó la primera cura, dio fe de una herida contusa de 4 centímetros de longitud en la región frontal, que interesaba amen del cuero cabelludo en todo su espesor, la lámina externa del hueso. El carácter de la herida era grave. Salvo complicaciones, podía curar en 15 días inhabilitando al paciente durante 10 días para el trabajo. Desgraciadamente, las complicaciones sobrevinieron. Cuando el doctor Vargas, defensor del reo, pidió su libertad fundado en el carácter relativamente leve de la herida circunstancia que excluía también la intervención de la acción pública ordenó el juez, como es de práctica, que se empleara el primer informe médico. Y el segundo informe fue deplorable para Requeira. Al día siguiente de ser herido, Carduje hubo de sufrir la trepanotomía y para su restablecimiento completo se requerían, ahora según el doctor Groleio, de tres a cuatro semanas.

Con todo: el señor Vargas insistió en pedir la libertad de su defendido bajo fianza. En su escrito que fue desechada se hacía notar que Caraduje había tratado a Requeira de ladrón por tres veces consecutivas, que este último, al atacar al primero es estado de ofuscación y arrebato, había obrado sin premeditación, como lo prueba el hecho de que no llevaba armas y que en el exceso de su enojo, le tiró con la primera piedra que encontró a mano. En cambio el fiscal del crimen, H. Rerl, pedía para el heridor dos años de penitenciaria.

El veredicto del jurado no es favorable al reo. En él se establece aunque el encausado no ha justificado su buena conducta, a pesar de que por ella abonan tres vecinos, los señores José Insúa, Ramón Guardiola y Martidiano Guañolera, quienes conocen a Requiera por un mozo trabajador y de buenas costumbres. Uno de los jurados, el señor Julio  Chucarro, firmo discorde.



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