Peripecias de un rapto
El Día
12 de Noviembre de 1901
Josefa Babastro es
una muchacha aparadora, no mal parecida, morena, de grandes ojos oscuros, que a
fuerza de ir de casa al taller y del taller a su casa; calle Paysandú Nº [...]
había hecho varias conquistas. Entre ellas, se distinguía por su tenacidad, su
consecuencia y su adoración a la joven,
raras virtudes éstas en los enamorados, un mozo del gremio, zapatero de fino,
que des de luego reclamó la atención de Josefa, a quien no disgustaba quizás
eso de casarse con un hombre tímido, promesa segura de una paz paradisíaca en
lo futuro.
Por eso el zapatero de fino fue aceptado oficialmente como
novio de la muchacha, y cuando ya se realizaban preparativos para la boda se
atravesó entre los amantes un jovencito llamado F. R., que se ingenió de tal
suerte, que desbarató el casorio, desbancó al cuasi marido y se hizo admitir en
el carácter de reemplazante oficial del émulo de San Crispín.
A poco a los padres de
Josefa antójeseles que su hija nada había ganado con el cambio y entonces
pensaron en restablecer las cosas de manera que F. R. fuera a su vez sustituido
por el zapatero, y dicho y hecho; pero a la joven aparadora no le hizo gracia
la evolución hacia la timidez, y aunque resignada en apariencia, juró allá en sus
interioridades guardar la mayor fidelidad al mocito rubio, con quien principio
a cartearse no sin dificultades, pues los viejos no confiaban gran cosa en la
santa resignación de la muchacha.
El carteo continuó a pesar de todo y merced a él se convino
entre F. R. Y Josefa nada menos que un rapto, que se efectuó el miércoles último,
a altas horas de la noche, con todos los pormenores del caso, sin faltar el
carruaje prevención, los jeremiadas de la muchacha y el último adiós al hogar
paterno entre sollozos sofocados por mil caricias del raptor.
Cuando los papás de Josefa notaron su ausencia, al día
siguiente, se presentaron en una de las comisarías seccionales narrando lo
ocurrido y pidiendo la restitución de la joven; pero allí se les notificó que
debían recurrir al Fiscal de Menores, lo que hicieron, y entonces el doctor Martínez
dictó auto de prisión contra la enamorada pareja, que fue sorprendida en un
nido de la calle Brecha.
A Josefa se le condujo a la comisaría de la segunda, donde le
esperaban un sermón de sus padres y las recriminaciones de su antiguo novio, el
generoso zapatero, que mostrando en la ocasión un corazón más grande que un
edificio de tres piso, no sólo acabó por perdonar a la muchacha, sino que
actualmente se da prisa en terminar las diligencias matrimoniales.
No sea cosa que aparezca un segundo raptor.

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