Novio que mata a su
novia
El Día
16 de Febrero de 1902
Anoche a las
11 y media, en la calle Monte Caseros, se desarrolló un bárbaro hecho
sangriento que ha impresionado sobremanera a todo el vecindario. En la casa
referida se efectuaba una tertulia familiar, a la cual asistía una regular
concurrencia, entre la cual se encontraba la joven Venera Pérez, prometida de
Antonio Duarte y Trus.
Este había prohibido terminantemente a su novia que
asistiese a la fiesta, pero Venera, no oyó aquellas prohibiciones y fue a él
con ánimo de pasar algunos ratos alegres entre sus relaciones.
Su novio, un
celoso sabedor de que su prometida estaba en el baile en brazos de otro hombre,
resolvió presentarse en el lugar de aquella alegre reunión familiar. Así lo
hizo, penetrando en la pieza donde se efectuaba el baile, armado de un
cuchillo, atropellando a todo el mundo hasta encontrar a Venera y sin decirle
palabra alguna le acometió, infiriéndole seis mortales puñaladas, que le
produjeron la muerte.
El alboroto que se produjo después, fue tremendo. Los
gritos, los desmayos hacían causa común, haciéndose imposible restablecer el
orden.
La autoridad policial no tardó en acudir reduciendo a
prisión al criminal y tomando todas aquellas medidas que el caso requería.
Al lugar del suceso concurrieron el Jefe Político coronel
Bazzano, el juez de instrucción doctor Teófilo D. Piñeyro, su actuario señor
Arturo Barriere, el inspector de policía de la 2ª zona coronel Herrera.
El juez doctor Piñeyro inició inmediatamente el sumario,
ordenando el traslado del criminal a la Jefatura donde se encuentra
incomunicado.
Mañana a las 9
a. m. en el Cementerio Central le será
practicada la auptosia al cadáver de la joven Venera Pérez por los médicos
forenses Ferrer y Felippeno.
Datos posteriores hacen saber que el criminal aprovechó el
momento en que no había hombres en la casa, para cometer el crimen.
El número de puñaladas que recibió la víctima son siete,
seis en el costado izquierdo y la otra en el vientre, muriendo inmediatamente.
La casa del crimen:
una finca antigua, mezcla de quinta y jardín en el período de decadencia. La
casa abrigada por un espeso parral.
-Ah señor, quien había
de pensarlo... En esta casa donde no
se ha bailado nunca, nunca, pero nunca, venir a suceder esa gran desgracia. Y
esa infeliz muchacha que por primera vez llegaba aquí... No en balde mi marido
no quería saber de fiesta: parece que tenía un presentimiento.
El baile lo había organizado una sociedad de doce muchachos
entre los que se cuenta sus hijos y Venera fue llevada por su amiga íntima
Angelina. Duarte no había sido invitado, sin embargo, en cuanto empezó a sonar
la música apareció, recostándose contra el marco de la puerta, mirando para
adentro con aire amenazador. Los muchachos que le conocían las intenciones
salieron varias veces a pedir que se fuera.
Pero no hubo forma. Cuando lo apuraron mucho, rogó que lo
dejaran tranquilo, dando su palabra de no faltar a nadie el respecto. Así
pasaron unas dos horas. De repente, cuando nadie pensaban en él, aprovechando
un momento en que se había dejando de bailar y la sala estaba sin hombres, se
precipitó sobre Venera y la costó a puñaladas, en medio del espanto de las
muchachas.
El presidente de los organizadores: ellos se habían
resistido a que Duarte entrase a la sala, lo habían hecho por que les constaba
que se había estado jactando de que esa noche iba a matar a su novia y a la
madre de la misma.
Hasta era público y notorio que para consumar su obra había
mandado afilar una pequeña daga con mango de plata y doble filo. La causa eran
los celos y la resistencia que según él la familia de la novia ponía a sus
amores. Si Duarte pudo cometer con facilidad y hasta impunemente el crimen, fue
porque ellos se descuidaron de la casa: era justamente cuando había ido al
almacén de la esquina a juntar coraje para dar el golpe.
Una relación de unos diez meses. Duarte iba una 3 o 4 veces
por día a la casa de Venera, sin contar las visitas oficiales que eran los
jueves y los domingos, por la noche. Según su amiga Angelita.
El hermano de Venera, estaba dispuesto a comprarle los
muebles -conocido corredor Pérez.
Angelita “malos
consejos”, según Duarte.
Cuando Duarte fue conducido a la comisaría de la 6ª,
reemitido por la 15ª permaneció largo rato en un mutismo. Al ser interrogado
por el Dr. Piñeyro y su actuario Barriere.
-Soy culpable, sí
señor, confieso mi falta; he muerto a la mujer que más quería.
-¿Por qué la mató
entonces?
-Tenía celos, señor,
unos celos, unos celos terribles, ella era ingrata era ingrata...



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